📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Homilía Miércoles 22 de Abril 2026 - Parroquia Santa María de los Ángeles

Parroquia Santa María De Los Ángeles Medellín10:01

Transcription

El libro de los Hechos de los Apóstoles, que cuenta la experiencia de la primera comunidad cristiana caminando de la mano del Resucitado o viviendo esa experiencia resucitada de Cristo, impactada por ese gran acontecimiento, pareciera que fuera el reflejo de la vida de cada uno de nosotros. Pareciera que ahí, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, estuvieran contando los hechos de la vida de cada uno de nosotros.

Y comienza uno a identificarse como con lo que están viviendo aquellos hombres. Hombres que se dejaron tocar por el Evangelio, hombres que se dejaron tocar por la vida resucitada de Cristo y entendieron que no se podían quedar quietos después de eso. Después de ese impacto tan grande de un hombre llamado Jesús, ellos no se pueden quedar quietos.

Pero de la mano de ese impacto se va a empezar a cumplir en los apóstoles, en los discípulos, algo que la palabra de Dios nos ha recordado con frecuencia. Si te metes con Dios, te metes con la tentación. Si te metes con Dios, te metes con la persecución. Si te metes con Dios, te metes con el sufrimiento. Y eso es lo que nos ha estado contando este libro maravilloso, que estos hombres están siendo muy perseguidos.

A uno se le puede volver paisaje o uno se puede acostumbrar a estar en medio de una situación. Y entonces yo me acostumbré a que siempre nos tratamos mal, o yo me acostumbré a que siempre estás haciendo mala cara, o yo me acostumbré a que siempre me saludas con un reclamo, o yo me acostumbré a tus pullas que siempre las estás tirando. O yo me acostumbré a esos ambientes incómodos. O yo me acostumbré a vivir maluco.

Entonces, la vida, con una pedagogía especial, pareciera que te dijera: "Es que vos no te tenés que acostumbrar a eso." No vinimos a ser felices. No vinimos a ser felices. Entonces, ¿por qué te vas a acostumbrar a esa incomodidad y a esas situaciones cuando no son propias, cuando vos sos un ser para la felicidad?

Y pareciera que eso fuera lo que pasara con los discípulos, que se acostumbraron a esas situaciones y llega la vida y les mueve el piso. Llega la vida y les mueve el piso. Y entonces, cuando les mueve el piso, pareciera que ellos abrieran los ojos. Cuando les mueve el piso, ellos se pellizcan. Cuando les mueve el piso, se sacuden. Cuando les mueve el piso, les toca salir de su tierra.

Y por eso, queridos amigos, cuando está pasando algo en la vida de una persona que nos sacude, no es que esté pasando algo malo. Padre, ¿por qué nos está pasando esto a nosotros? Y yo les pregunto: ¿Y por qué no les puede pasar? Le tiene que pasar a la vecina y no le puede pasar a usted. Le puede pasar al señor que vive allí en la esquina y no le puede pasar a usted.

Qué bueno que te está pasando, porque detrás de esa sacudida de la vida, Dios está obrando algo bonito. Que te está pasando algo en tu vida afectiva, no está Dios purificando algo en tu relación. Que te está pasando algo en tu matrimonio. Le decía yo esta semana a una parejita muy triste: "¿Por qué nos pasa esto?" Porque yo creo que Dios les está salvando la relación. Una relación tan aburrida, una relación tan monótona, una relación tan triste... Es que si yo fuera usted, le dije, ya me hubiera ido de ahí. Pero Dios, que tanto los ama, les está sacudiendo la relación para que ustedes se den cuenta las cosas bonitas que tienen, para que ustedes se den cuenta la apuesta que un día hicieron el uno por el otro y que no han sido capaces de renovar.

Y entonces, eso es muy especial, queridos amigos. Cuando llegan esas situaciones que nos aporrean un poquito, uno tiene que pensar: Dios, ¿qué estará cuadrando? Dios, ¿qué estará acomodando? Dios, ¿qué nos estará diciendo? ¿Qué mensaje nos está mandando Dios? Yo no me puedo acostumbrar a estar siempre así, home. No.

Entonces, los discípulos estaban como que ahí, eh, eh, medio campantes, seguramente tocaditos por la alegría del Resucitado, pero venga, que esto es muy bueno. Y no, llegó la persecución, llegó la prueba y les tocó salir de la ciudad. Y nos muestra la primera lectura que empezaron a dispersarse por todas partes, pero iban anunciando la palabra de Dios. Lo sacaron de su tierra, pero ellos se fueron a otros lados y allá empezaron a regar la semilla, empezaron a anunciar el Evangelio, empezaron a contarle al mundo que había una razón para ser feliz aún en medio de la prueba.

Y entonces dice la palabra que la ciudad se llenó de alegría. ¿Cómo es posible que en la persecución se llenen de alegría? ¿Cómo es posible que en la angustia ellos sean capaces de encontrar la alegría? Porque es que el desacomodo va a traer siempre cosas buenas. Por eso no le dé miedo cuando en su familia estén moviéndole el piso, porque seguramente lo que la vida está trabajando es que a su familia vuelva a llegar la alegría. Y no le dé miedo a su matrimonio cuando lo estén sacudiendo, porque seguramente lo que la vida está trabajando es que a su matrimonio vuelva a llegar la alegría.

Es que se acabó el vino. Se acabó el vino en su matrimonio. Se acabó la alegría. Y a veces necesitamos ese simbronazo grande para que tu matrimonio se vuelva a llenar de alegría. No es justo que vos seas feliz con la pareja que Dios te regaló. Porque esa vida tan amargada, esa vida tan triste, esa vida de acostumbrarme a estar con usted... Padre, es que a veces me da pereza llegar a la casa para no encontrármela. Qué pereza eso, hombre. Usted se casó para eso. Se hubiera quedado solito. Usted se casó para que su vida se llenara de alegría, para que su matrimonio se llenara de alegría, para que su hogar con sus hijos se llenara de alegría.

Su empresa está siendo sacudida. Maravilloso, porque a su empresa, que en algún momento marchaba muy bien, tiene que volver a llegar la alegría. ¿Cómo llegó la alegría a esa ciudad? Por medio de unos hombres que se dejaron mover el piso y entendieron que esa es la forma como trabaja Dios: sacudiéndonos para volver a poner todo en su lugar.

Vamos a pedirle al Señor esa gracia. Primero, la gracia de entender eso, porque hay gente que no lo entiende y empiezan a renegar y empiezan a pelear con Dios y empiezan a reclamar, y están matando la fuente de la alegría. La gracia de entenderlo, ¿para qué? Para dejar que Dios, en su pedagogía, lo vaya haciendo. Amigos, Dios es perfecto. Y mire lo que les voy a decir: les aseguro, sin miedo a equivocarme, que ustedes ahí sentados han pasado muchas pruebas, muchas que creyeron que no iban a ser capaces, y fueron esas pruebas las que hoy han hecho de ustedes personas maravillosas, incluso capaces de abrazar hoy la alegría prometida por el Señor.

Que nos conceda Dios la gracia de entender esta palabra en nuestra propia vida. Digan conmigo: Amén.