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Saca El ANATEMA ⚠️ 🔥 // Predica: Pastor Elías Estigarribia - I.E.P.C.E.R Adonai (01/09/24)

Camii Soria58:11

Transcription

Gloria a Dios, Gloria a Dios, Gloria a Dios. Alabe al Señor en esta tarde. Que Él está en este lugar. Iglesia, puede alabarle, puede glorificarle con plena y total libertad. Que si usted vino enfermo, aquí está el que sana. Si usted vino atado, aquí está el que hace libre. Si usted vino cansado, la Biblia dice que Él renueva la fuerza. En esta tarde, alábalo, alábalo, alábalo. Que a Él no le gusta cuando hay alabanza en medio del pueblo. Él no puede soportar. Los demonios son atormentados cuando la iglesia alaba.

[Música]

Alábalo a Su Nombre sea la gloria. Queridos hermanos, qué privilegio, qué sorpresa, qué honra. Amén. Estoy agradecido, queridos hermanos, verdaderamente. Hoy por la mañana nosotros también, junto a la iglesia, tuvimos allí Santa Cena con los hermanos. Y tenemos una vez al mes por la mañana. Amén. Y si siempre nos quedamos a descansar, pero hoy hacía mi corazón así para venir a este lugar. Así que estoy agradecido, queridos hermanos. Gracias al pastor por la confianza, los siervos del Señor, y primeramente a Dios, que Él nos honra con esta gran bendición. No somos merecedores, no somos nada. Somos polvo levantado de la tierra, al cual Dios da forma y usa conforme a Su voluntad.

Queridos hermanos, sabe que la Biblia dice, Gloria a Dios. Jesucristo enseñó algo muy importante. Cuando seas invitado, ocupa el último asiento. Ocupa el último asiento, porque entonces, Aleluya, ahí seremos exaltados para la gloria del Señor. Pero si ya queremos el primer lugar, vamos a terminar allá la puerta. Alabado sea el Señor. ¿Cuántos quieren el primer lugar en esta noche? Pero, ¿cuántos quieren estar en la puerta?

[Música]

Puerta. ¿Cuántos quieren estar limpiando los baños? ¿Cuántos quieren estar repasando? Entonces Dios te va a exaltar para la gloria de Su Nombre. Damos gloria al Señor en esta tarde, queridos hermanos. Sin extendernos tanto, Gloria a Dios. En esta sorpresa que el Señor nos regala, Gloria a Dios. Amado hermano, vamos a abrir nuestra Biblia en el Libro de Josué. Gloria a Dios. Libro de Josué, queridos hermanos, el capítulo número 7 de la palabra del Señor. Libro de Josué, capítulo número 7 y versículo, Gloria a Dios, número 10 de las sagradas escrituras. En esta hermosa tarde, vamos a leer todos juntos capítulo 7, versículo 10 del Libro de Josué. Y dice así la poderosa y eterna palabra del Señor:

"Y Jehová dijo a Josué: Levántate. ¿Por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aun ha quebrantado mi pacto que yo les mandé, y también han tomado del anatema; y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres. Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos; volverán la espalda por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyere al anatema de medio de vosotros."

Eso era declarado, queridos hermanos. Y dice: "volverán la espalda por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyere al anatema de medio de vosotros." ¿Cuántos dicen Gloria a Dios? ¿Cuántos dan Gloria al Señor en esta noche? Tome su asiento, pero siéntese, pero mantenga allí la alabanza de parte del Señor. Aleluya, porque se sienta el cuerpo, pero la lengua se mantiene en actitud de alabanza delante del Señor. Porque si, amado hermano, el sentarse nos apaga el fuego, preferimos estar parados en esta noche. Preferimos estar de pie para la gloria del Señor.

Venía esta palabra, querido hermano, a mi corazón y a mi vida. Y yo pensaba, meditando primeramente en mí. Amado hermano, que cada vez que tenemos una victoria, tenemos que guardarnos aún más. Porque es fácil estar humillado delante de Dios cuando estamos bien atribulados. Es fácil estar en la presencia del Señor y velando cuando hay varias pruebas por delante. Es fácil estar, Aleluya, velando cuando, amado hermano, hay enfermedad, hay una crisis económica, hay un problema en el hogar, hay una situación que nos aflige. Allí el hombre tiende a volcarse más en la presencia del Señor. Pero, amado hermano, cuando hubo una victoria, es cuando más tenemos que guardarnos. Cuando hemos alcanzado algo de parte del Señor, es cuando más tenemos que velar. Alabado sea el Señor.

Porque verdaderamente estamos, Aleluya, enfrentando, Aleluya, los últimos tiempos. Y una de las cosas muy importantes que estamos luchando contra huestes espirituales de maldad. Usted y yo somos de carne y nos cansamos, pero el enemigo allí está, amado hermano, siempre al acecho. Y por eso, en esta historia, podemos mirar cómo Dios le había entregado la victoria al pueblo sin necesidad de pelear. La Biblia dice que Dios le dio una estrategia. Gloria a Dios. Le dio para hacer una marcha de victoria antes de conquistar. Y, amado hermano, si usted quiere conquistar, primero tiene que hacer la marcha de victoria. El problema dentro de la iglesia es que muchos no alcanzan la victoria porque primeramente no le alaban a Dios. Ellos comenzaron a dar, amado hermano, una marcha de victoria. Empezaron a celebrar la victoria antes de pelear, antes de entrar. Porque esas son las cosas que Dios nos manda a hacer. Dios no nos manda a pelear, Dios nos manda a celebrar la victoria, porque el enemigo está derrotado. Usted, cuando viene a la casa del Señor, mientras los muros de Jericó están de pie, usted tiene que alabarle. Usted tiene que dar esa marcha de victoria. Usted tiene que glorificarle. Gloria a Dios. Y el enemigo va a preguntar: "¿Y por qué le alaba?". Porque yo sé que si yo vuelvo a casa alabando a Dios, puede ser que la muralla hayan caído. Puede ser que las murallas han caído. Puede ser que las murallas hayan caído. Alabado sea Dios. Gloria. ¿Quién celebra la victoria antes de conquistar? ¿Quién da una marcha de éxito antes de entrar? Solamente eso nos manda a hacer Dios. Alabado sea. El problema es que nosotros tenemos la muralla de Jericó y estamos todos atribulados, estamos todos abatidos, no podemos levantar las manos. Alabado sea el Señor. Pero cuando uno comienza, amado hermano, a alabarle al Señor, cuando la muralla ahí, Aleluya, el enemigo va a decir: "¿Qué le pasa a estos pentecostales? Están gritando, están alabando, están celebrando". Es que a nosotros no se nos mandó hacer otra cosa que alabarle al Rey de Gloria, que glorificarle al Rey de Gloria.

Pero no había necesidad de pelear. Ellos entraron, comenzaron a conquistar, comenzaron a tomar territorios. Pero la Biblia dice, Gloria a Dios, que había una ciudad llamada Hai, una ciudad pequeña. Y dice que Josué mandó a los espías a averiguar cómo era la ciudad. Gloria a Dios. Ya él no consultó con Dios. Porque, amado hermano, eso tenemos nosotros que cuando Dios nos bendice y nos honra y nos da la victoria, ya nos cuesta consultarle a Dios. Ya nos cuesta volcarnos a orar para ver qué Dios quiere hacer en la próxima etapa de nuestras vidas. Es como que Dios nos dio algo y nos conformamos, amado hermano. Gloria a Dios. Y ya no queremos orar. Él mandó a los espías para averiguar. Y yo me imagino que ellos vinieron y dijeron: "Bueno, Josué, esta ciudad no tiene murallas, esta ciudad es muy pequeña, allí es imposible que nos venzan". Alabado sea Dios. "No moleste a todo el ejército, manda unos cuantos nada más para que vayan a pelear". Y ya no consultó con Dios, ya no se volcó a orar para ver qué Dios quería hacer. Alabado sea el Señor. ¿Cuántos en este tiempo Dios lo bendice un poco y ya ni congregan? Amado hermano, ¿cuánto en este tiempo Dios lo bendice, amado hermano, en una manera especial y ya no quieren orar? Amado hermano, estaban bien atribulados, estaban bien afligidos, estaban en derrota, pero Dios le conquistó una victoria y ya no vienen al culto de oración. Alábate si puedes en esta noche. Oraron la iglesia, los siervos te entregó victoria y no aparece en el ayuno. Alabado sea Dios. Diga Gloria a Dios. Puede tragar en esta noche. Si usted ve que se le atraganta la palabra, diga Gloria a Dios. Y si no pasa, mándele una aleluya al fondo, que ahí va a bajar por abajo. Alabado sea Dios.

Amados hermanos, y él, Gloria a Dios, bueno, no molestó a todo el pueblo. Dijo: "Vaya". No consultó ya con Dios. Aleluya. Por eso, cuando está la victoria, cuando Dios nos bendice, cuando Dios nos entrega algo en nuestras manos, es cuando más tenemos que humillarnos a consultar con Dios. No importa cuán pequeño sea el enemigo, cuán pequeño sea el propósito, no importa cuán pequeño sea lo que tengamos que hacer. Porque a veces doblamos rodillas para las cosas grandes y en las cosas pequeñas las queremos hacer nosotros a nuestra manera. A veces, amado hermano, queremos doblar rodillas cuando se trata, Gloria a Dios, de algo algo grande, pero cuando es algo sencillo, no queremos orar, no queremos consultar con Dios. Nos acomodamos. Y Josué, amado hermano, Gloria a Dios, número uno, dejó de consultar con Dios, dejó de orar a Dios, dejó de pedirle a Dios la guía, dejó de consultarle a aquel que le entregó la victoria, que derribó los muros. Tenía que haber orado antes de enviarlos. Clamado. Él tenía que moverse la oración antes de ir. Amado hermano, por más pequeño sea el desafío, por más pequeño sea lo que tengamos que hacer, nunca te olvides de doblar rodillas delante de Dios. Nunca te olvides de doblar rodillas delante de Dios.

Y qué pasó cuando él dejó de consultar a Dios, comenzó a consultar con los hombres. Él empezó a decirle a los hombres: "¿Cómo está la ciudad?". Qué triste que hoy en día ya no haya hombres ni mujeres de Dios que consulten con Dios. Ahora se consulta con los hombres. Ahora se consulta, alabado sea el Señor, con el que tengo al lado. Ya no somos capaces de doblar rodillas. Alabado sea el Señor. La Biblia dice que aquel varón que fue y profetizó contra el altar, Aleluya, Gloria a Dios, el altar falso, él vino con un mensaje: "No comas ni bebas en esa ciudad, no vuelvas por el mismo camino". Y se le apareció otro profeta diciéndole, Aleluya: "Dios me ha hablado". Él no consultó, él no oró. Él tenía una palabra. Hoy en tiempo también es igual, amado hermano. Y este joven, Aleluya, pensó que Dios cambia. Dios le mandó con una palabra y juró que no comiera, que no bebiera. Pero, amado hermano, él se detuvo. ¿Por qué? Porque él no aceptó, Gloria a Dios, Aleluya, la invitación del rey que estaba más perdido que él. Pero le vino uno que le dijo: "Yo soy profeta también". Y a veces, alabado sea el Señor, no escuchamos consejos de los inconversos, pero escuchamos consejos de aquel que tiene traje y corbata, que está más perdido que él también. Aleluya, de aquellos que están en las iglesias perdidos también, amado hermano. Pero dice: "Yo soy profeta, yo soy, Aleluya, fulano de tales". Pero ese estaba caído hace rato. Ese tenía solamente título. Pero él ya no le incomodaba el pecado. Era profeta viejo. Él estaba en Betel. ¿Sabe lo que significa Betel? Casa de Dios. Pero, ¿por qué no se levantó a demandar el falso altar? Aleluya, porque ya Dios no hablaba con él. Porque Dios ya no habla con los que están desviados. Amado hermano. Por qué Dios lo tuvo que traer a otro de otros lugar para censurar al altar falso y no lo usó al que estaba ahí, que se decía ser profeta, porque ese estaba ya caído. Alabado sea Dios.

¿Cuántos son, Aleluya, Gloria a Dios, hombres y mujeres de Dios que no están perdidos en esta noche?

[Música]

De una cosa, si usted se acostumbra al ambiente de pecado, usted ya está caído. Este estaba en Betel, este estaba al lado del altar falso, este veía el culto falso, pero ya no se incomodaba. Porque el que ya es profeta viejo, ya no se incomoda. Se acostumbra al ambiente, se acostumbra donde hay pecado. Alabado sea Dios. ¿Cuántas personas hoy, amado hermano, ya son profeta viejo? Hay pecado en tu casa y no te levantas a demandarlo. Alabado sea Dios. Este tenía título, este era profeta, Aleluya, pero estaba caído. A él ya no le incomodaba. Gloria a Dios. ¿Cuánto hay en este tiempo que ya se acostumbran al pecado? ¿Cuántos ministerios? ¿Cuántos, Aleluya, que eran hombres de Dios, hoy ya no le incomoda que hayan pecado los altares? Hoy no le incomoda que haya pecado dentro de la iglesia. Se acostumbra. Pero Dios va a levantar a un varón que se levante contra ese altar. Dios va a levantar a ese varón que diga: "¡Altar, altar!". Alabado sea Dios.

[Música]

¿Cuántas abuelas que cuando eran jóvenes y un poquito más jovencitas eran celosas? Pero hoy ya nos ponemos un poquito más ancianos y ya no nos, ya no nos incomoda nada que el nieto haga lo que quiera. ¿Cuántos padres que cuando estaban bien con el Señor, Aleluya, eran celosos? Pero como ya hoy, hoy es viejo profeta, hijo, haz lo que quieras en la casa. Alábalo esta noche. Aleluya. Cuando estábamos bien metidos con el Señor, estábamos activos, eh, amado hermano, éramos celosos de las cosas de Dios. Pero como ya hoy Dios no nos usa para censurar el pecado porque estamos desviados, nos acostumbramos al ambiente. Este estaba ahí en Betel, casa de Dios, pero se acostumbró al ambiente, se acostumbró al pecado, se acostumbra a ver el falso altar, la falsa adoración. Porque, amado hermano, hoy hay iglesias así también, donde tienen rótulo, donde tienen título, donde también las puertas están abiertas, pero los que están presidiendo son viejos profetas. Alabado sea Dios. Pero usted dele Gloria, que aquí no hay viejo profeta. Aquí hay un hombre de Dios. Aquí hay un hombre de Dios que no se acostumbra al pecado, que todavía le molesta cuando hay abominación en la casa de Dios. Pero este viejo profeta, amado hermano, Gloria a Dios.

Querido hermano, y dice que el joven no consultó con este hombre, no consultó con Dios antes de ir con él. Pero dice la Biblia, amado hermano, que Josué envió. Mire lo que dice la palabra del Señor: Josué, capítulo 7, dice la Biblia, el verso 2: "Después Josué envió hombres desde Jericó, ahí que estaba junto a Betel, a Bet-aven, hacia el oriente de Betel, y les habló diciendo: Subid, reconoced la tierra. Y ellos subieron, reconocieron allí, y volvieron a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo; sin no suba como 2000 o 3000 hombres, y tomarán allí; no fatigue a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos." No importa cuán pequeño sea el enemigo, siempre tenemos que depender de Dios. Estos ya estaban bien formados como un ejército y dijeron: "Si pudimos entrar en Jericó y si las murallas cayeron, ahora con un poquito de nosotros vamos a tomar también esa ciudad". Y ya no oraron, ya no consultaron a Dios, ya no doblaron rodillas, ya no dependieron de Dios. Y consultaron a los hombres. Porque si, amado hermano, Josué hubiese orado antes, ¿usted cree que Dios no le iba a mostrar que había pecado?

[Música]

Porque antes de que te lamentes por Dios no hace algo, primero ora. Que Dios te va a mostrar que hay ahí detrás. El anexo no crece. Arrodíllate, que Dios te va a mostrar qué hay ahí. Por qué no crece la obra, por qué damos la espalda a los enemigos, por qué no podemos alcanzar. Para esto es que dejaste de orar y de consultar a Dios. Hoy en día se quiere hacer la obra de Dios de una manera profesional, por la logística, Aleluya, por lo que tenemos. No, no, nunca se hizo la obra de Dios así. La obra de Dios se hace con hombres y mujeres que doblan rodillas delante de Dios, que doblan rodillas delante de Dios. Aleluya. El problema es que cómo cuesta orar. Alabado sea el Señor. El problema es que son pocos, amado hermano, los que quieren orar. Bendito sea el Nombre de Jesús.

Y amado hermano, dice la palabra del Señor, verso 3: "Y volviendo a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suba como 2000 o 3000 hombres, y tomarán allí; y no fatigue a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos." Y subieron allá del pueblo como 3000 hombres, los cuales huyeron de delante de Hai, y los de Hai mataron de ellos a unos 36 hombres. Mire las consecuencias de no consultar con Dios. Porque si dejamos de orar y dejamos de depender de Dios para nuestro caminar diario, hay pérdida, amado hermano. Gloria a Dios. Si Josué hubiese orado antes, estos 36 hombres no hubieran muerto, porque Dios le hubiera mostrado, alabado sea el Señor, lo que había detrás.

Y dice la Biblia, Gloria a Dios, que Josué le reclamó a Dios. Y mire lo que le dice el verso 7: "Y Josué dijo: Ah, Señor Jehová, ¿por qué hiciste pasar a este pueblo del Jordán?" Las quejas. Claro, si no te gusta orar, te vas a quejar. El que, dígale, el que no ora se queja. El que no ora se queja, murmura. Amén. El que no ora, lo único que tiene que es avanzar y murmuración. "¿Por qué, Señor, esto? ¿Y por qué aquello? ¿Y por qué la iglesia? ¿Y por qué las luces?". Mira, ponte a orar mejor. Alabado sea Dios. Porque el que ora mucho, amado hermano, usted poco lo va a ver resonando donde hay mucha murmuración, mucho cuestionamiento, donde hay mucha queja. Eso es señal que falta oración. Eso es señal que falta consultar con Dios. Hay obreros que quieren ser usados, pero están llenos de queja, cuestionamientos, burbules. Dobla rodilla delante de Dios.

[Música]

Aleluya. Dobla rodilla delante de Dios primero. Y amado hermano, dice: "Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán". Y dice la Biblia, el verso 10: "Y Jehová dijo a Josué: Levántate". Porque hay momento de orar, pero hay momento de actuar. Donde hay pecado, la oración no sirve. Aleluya. Donde está la anatema, vamos a clamar hasta el día de juicio, pero Dios no va a hacer nada. Donde hay anatema en el corazón, te puedes amanecer de vigilia orando, pero Dios no va a hacer nada contigo. Tiene que sacar al anatema del corazón. Limpia el corazón de anatema en esta hora. "Ay, pero yo oro mucho, yo ayuno mucho, yo canto mucho, pero hay anatema dentro". Dios no puede hacer nada. Hay rebeldía, hay rebeldía, insujeción, orgullo. Eso es anatema guardado en el corazón. Y usted dice: "¿Por qué el pastor Villana a mí no me ve? Si yo oro mucho, si yo ayuno mucho, si yo canto mucho". Es que el pastor Villana ve tu corazón. El que sabe tu corazón es Dios. Y Dios te dice: "Ya no clames. Levántate y saca el anatema que tienes adentro". Alá en esta noche.

Y dice la palabra del Señor, Aleluya: "Ha quebrantado mi pacto". Porque siempre hay un Acán que no se conforma con la heredad que Dios le ha dado. El que es como Acán, ya tiene la salvación, pero quiere el lingote de oro también. El que es como Acán, ya participa en una banda, en un coro, ya le dan una participación, pero también él quiere el lingote de oro, el manto babilónico. Este no se conformó con que tuviera una tierra y dijo: "Ay, eh, eh, eh, después de que pase toda la guerra, nos salvamos". Y le dijo: "Y la esposa también lo vio y le dice: ¿Qué hace? Cállate, mujer, que cuando termine la guerra te voy a comprar todo". Y tal vez el hijo lo miró y le dice: "Papá, ¿qué hace?". "Cállate, hijo, que termina la guerra y te voy a comprar todos los juguetes que no te compré nunca". ¿Cuánto Acán tienes en tu casa que lo está respaldando? ¿Cuánto Acán hay a tu lado que lo está respaldando, que sabe que está en el pecado y no lo denuncia? Y eso trae miseria, sequedad. Eso trae. Esta mujer y estos hijos, Aleluya, participaron también de eso, por eso fueron destruidos. Porque si la mujer hubiese salido y Josué, mira, él es mi esposo, él es mi esposo, es mi compañero, pero yo vengo a darte esto que él tomó. Este perverso, Aleluya, porque yo no quiero perecer. No, Josué, yo y mi hijo no queremos perecer. Pero, ¿cuántos pecados ocultos hoy nadie dice nada?

[Música]

Alá, si puedes, en esta hora. Tiene alrededor tuyo que no lo denuncia. Estamos en la iglesia, amado hermano. Llegó un pastor, no voy a decir el nombre. Comenzamos ahí a tener un tiempo, amado hermano, y después de un tiempo le comenzó a dar una oportunidad, amado hermano, Gloria a Dios, y parecía algo lindo, pero poco a poco fue manifestando lo que era. Y ese, ese, esa doctrina terrible, hoy está arruinando la iglesia. Escuche, escuche, iglesia, porque se ha venido como una avalancha la doctrina de "salvo siempre salvo". Y este pastor que comenzaba a hablar cosas, y un día lo llevo allí, amado hermano, Aleluya, en mi casa, y le digo: "A ver, ¿qué es lo que usted cree? Dígame". Y ahí comenzamos a salir uno para el norte y otro para el sur. Ya mañana no lo quiero más aquí. Se fue. Porque como yo voy a predicar una cosa y él va a subir a predicar otra, ¿cómo Dios va a obrar? Él decía que ya los milagros no eran para este tiempo, que ya el bautismo del Espíritu Santo no era para esta época, que ya, Aleluya, la salvación no se perdía. Y cuántas cosas que el Señor reprenda al en esta hora. Hay que mantenernos. La permanencia del cristiano, Aleluya, en Cristo es fundamental para salvarnos. Y esos están arropando la iglesia. Puede haber bendición de eso, pero, amado hermano, qué terrible. Este hombre no se conformó con heredad. Amado hermano, porque a veces, cuando no nos conformamos con lo que Dios nos da, es que no entra el deseo de tomar de la anatema. Cuando usted no tiene lo que es el contentamiento y la satisfacción en Cristo, la gente se desespera y comienza a tomar de la anatema desesperadamente quiere algo, Aleluya, y a toda costa la quiere conseguir. Alabado sea el Señor.

Ahora viene la jovencita, Gloria a Dios, y Dios la salva, Dios la limpia, Aleluya, pero quiere la anatema. El joven del mundo quiere, viene el jovencito, Dios lo está usando, Dios lo limpia, Dios lo lava, quiere la anatema que está fuera. No se conforma en esperar de aquí adentro. No, no. Pone sus ojos afuera. Y, amado hermano, dice la palabra del Señor: "Y Jehová le dijo: Levántate". Porque, amado hermano, cuando hay algo que a Dios no le agrada, la oración no va a anular esas cosas. El clamor no va a anular esas cosas. Sí, hay cosas a las cuales hay que tenerle paciencia, hay cosas a las cuales hay que, Aleluya, adornarla con ferviente oración hasta que Dios haga. Pero hay cosas que ya están hediondas allí, que hace rato había que sacarla. "Ora por mí, pastor, ora por mí, la iglesia". Y la iglesia ora, la iglesia tiene misericordia y ora, pero hace rato ya tenía que sacar eso que tiene dentro. Ya era tiempo de sacarlo. Aleluya. Hay que orar por el hermano, hay que orar por la hermana. Ya la rebeldía se tenía que haber ido hace rato. Ya la niñería, ya la inmadurez se tenía que haber ido hace rato. Pablo dice: "Debiendo ya ser maestro, amado hermano, tiene necesidad, Aleluya, y por eso no crece". ¿Cuántos tienen que crecer esta noche en el Señor? Ya no es cuestión de orar, ni que la iglesia clame por usted. Es usted que ya tiene que crecer y madurar en el Señor. Ya es usted que tiene que pasar de comer vianda, Aleluya, leche a comer vianda sólida. Aleluya, Gloria a Dios.

Y la Biblia dice que Josué le reclamó, pero Jehová le dice: "Levántate". "¿Por qué te postras?". Esto pensaron, amado hermano, que con silicio, que con tirarse tierra, que con arrastrarse iban a cambiar la voluntad de Dios. Mire qué severo es Dios. Que cuando hay algo que a Él no le agrada, nada puede cambiar eso. La única manera de cambiar eso es hay que matar a Acán. Aleluya. Porque, amado hermano, mientras la anatema estuvo ahí adentro, sabe lo que le dijo Dios: "Dos cosas: no podrán hacer frente a sus enemigos". Donde hay pecado, en vano estás luchando si no lo sacas y te arrepientes. No vas a poder hacer frente a tus enemigos. Y otra cosa le dice: "Y ya no estaré con vosotros". Pero en esta noche, el Señor está aquí. Este lugar, porque Él sabe que cada día estamos limpiándonos delante de Su presencia. Hay que arrancar. No se puede servir al Señor con el anatema en el corazón metido. Hay personas, Aleluya, que tienen adulterio en el corazón. Está el manto babilónico, pornografía metido dentro, está el manto babilónico, ver la sivia metido dentro, está el manto babilónico, amado hermano, Gloria a Dios, de la división. Estás enfrente de los siervos y aparentemente está todo bien, pero por detrás estás haciendo planes. "Subamos nosotros, le vamos a consultar al pastor, vamos nosotros, ahí vamos a pelear nosotros". Y después vienen derrotados, porque necesitaban estar con Josué allí. Porque el siervo de Dios no se mueve con su intuición. Él está orando todo el tiempo para que Dios lo guíe a hacer en la obra. Usted no crea que el hombre de Dios se maneja por sus emociones o siente en su corazón esto, lo otro. No. El hombre que está puesto por Dios, ese tiene que estar orando para que Dios lo guíe a hacer en la obra. No importa cuán sea el tamaño del enemigo, pero siempre uno consulta, siempre uno ora, porque la batalla no depende de nosotros, la victoria depende de Dios.

Por eso es que, amado hermano, muchos hay estadística, escuche esto, registros bíblicos y también estadística de hombres de Dios que después de tremenda victoria cayeron. Pregúntele al profeta Elías, qué se siente estar en el mejor escenario, la mejor plataforma que todo predicador quisiera estar, frente a los 800 falsos profetas y él con una oración de fuego. Pero al otro día está tirado en el desierto. Tenga cuidado cuando Dios lo está bendiciendo, iglesia. Tenga cuidado cuando Dios lo está. Es ahí donde más se tiene que guardar para el Señor. Aleluya. Nosotros somos vulnerables ante los ataques del enemigo. Si queremos permanecer con nuestra fuerza, por eso el apóstol Pedro dice: "Aleluya, someteos pues al Señor tu Dios, resistid al diablo, y huirá". Dios te dio victoria hoy, sométe aún más todavía mañana. "Ay, como Dios usó la banda, cómo se derramó la gloria". Bien, por eso. Pero mañana estamos más en la presencia de Dios. "Como Dios bendijo la venta, tú, como Dios bendijo a los siervos, Aleluya, qué lindo fue el congreso, qué lindo fue, amado hermano, la victoria". Pero ahí es donde muchos se descuidan. Después de eso, muchos dejan de velar, de consultar, de meterse en la presencia del Señor. Aleluya. Y el enemigo no descansa, no duerme. Él está ahí, amado hermano, Gloria a Dios, queriendo destruir, siempre esperando al acecho.

Sabe que, amado hermano, a veces usted gana una victoria y no se termina de gozar. ¿Será que ya Satanás le tira otra? Y uno, y los siervos de Dios pueden testificar esto. A veces Dios nos saca de una, pero, Señor, permíteme gozarme un poquito. Vencimos una prueba, pero ya nos tiran otra. Aquí no hay tiempo para vacaciones. Aquí hay que orar siempre, someternos a la presencia del Señor. Yo he tenido experiencia en mi vida personal, amado hermano, después de periodos de ayuno, de oraciones, de búsqueda y de grandes victorias, como terribles dardos de desánimo vinieron a mi vida. Y usted dice: "¿Qué pasó? Si ayer estaba en el fuego, estaba orando, estaba ayunando". Y pareciera ser que el otro tiempo está seco. Porque, amado hermano, él siempre busca algo nuevo para poder acechar. Por eso Josué tenía que consultar. Él no oró a Dios, él no consultó con Dios, consultó con los hombres. Y, amado hermano, después vino lamento.

En esta noche, amado hermano, el propósito de este mensaje es llevarte que después de cada victoria de lo que Dios está con tu vida, no te puedes descuidar. No te puedes descuidar. Dios está bendiciendo la obra, no te descuides. Dios está prosperando el lugar de trabajo espiritual, no te descuides. Velad y orad, dice la Biblia, todo el tiempo. Aleluya. Tenemos que estar con los ojos velando. Los jovencitos, Dios te alcanzó victoria, te está usando. Las hermanas, Dios está bendiciendo. No te consultas con Dios. Porque a veces dice: "Yo creo que esto es de parte de Dios". Esa palabra "yo creo" no existe en el evangelio. Es doblar rodilla y Dios te va a decir si sí o no. Dios no tiene media tinta. Que yo creo, yo pienso. Dios no es otra. No, Dios conoce lo que es un sí o conoce lo que es un no. Y tenemos que consultar y orar con Dios para que Él nos dé la forma.

Pero, amado hermano, dice la Biblia, verso número 13: "Levántate, santifica al pueblo, santificaos para mañana, porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos hasta que hayáis quitado el anatema de medio de vosotros." Amado hermano, a pesar de que el enemigo sea pequeño, si hay, amado hermano, pecados o cosas que a Dios no le agradan, mire, el enemigo se agiganta en ese momento. Lo único que le cierra las puertas al enemigo es cuando estamos orando y viviendo en santidad, íntegros. Allí él no puede hacer nada. Allí él tiene que escapar. Allí él tiene que ser vencido. Allí él tiene que ser derrotado. Allí él tiene que ser humillado. Pero donde hay cosas guardadas que no le agradan a Dios, él se agiganta en ese momento. Por eso, queridos hermanos, tuvieron que tomar una drástica decisión. Verso 20: "Acán respondió a Josué, diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel; así y así he hecho; pues vi de los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido debajo de la tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ellos."

Amado hermano, Gloria a Dios. Un solo hombre que pecó, tomó del anatema que Dios, Aleluya, Gloria a Dios, no le agradaba, perturbó a toda una nación. Porque somos un cuerpo en Cristo. Yo sé que hay muchas cosas que cambiar, pero usted no vive una vida independiente. Usted pertenece al cuerpo de Cristo y a la iglesia de Adonay. Tiene que cuidarse lo que hace allí.

[Música]

Afuera. Ama la obra. Si usted ama a los siervos, si usted ama a Dios, y usted quiere el avance y la prosperidad de la iglesia, entonces, amado hermano, cuando se presente, Aleluya, el manto babilónico y el lingote, vamos a rechazarlo. ¿Cuántos dicen Gloria a Dios? "No, pero el pastor no va a ver, el hermano no va a ver, no lo va a ver nadie". Vamos a guardarlo aquí. Y después usted va a la iglesia, todos están gozosos y usted está más seco. Por eso, alá en esta noche. Si no, voy a pensar que hay lingote de oro ahí.

[Música]

Porque dice la Biblia que Josué le dijo: "E...". Da Gloria a Dios. Pero acá no podía. El que está en pecado no puede alabar. No se puede gozar. El que está en el pecado no puede avanzar en la obra de Dios. El que tiene guardado algo que a Dios no le agrada, no puede hacerle frente al enemigo. Todos oran por él, todo ayunan, pero usted dice: "¿Qué me pasa?". Es que tiene que sacar el anatema. Hay que sacar. Dios nos pueda bendecir. Consultar a Dios, orar a Dios para que Él pueda guiarnos a hacer Su voluntad. Ellos menospreciaron a esa pequeña nación de Hai. Y, amado hermano, Gloria a Dios, no podemos menospreciar al enemigo. No hay que tenerle miedo, pero no podemos menospreciarlo. Lo único que prevalece contra el enemigo es la santidad. Porque hoy hay muchas iglesias que no pueden hacerle frente al enemigo, porque, Aleluya, hay anatema desde que entra de la puerta hasta el altar, y no pueden hacer frente al enemigo. Los brujos entran, los hechiceros entran y hacen y deshacen como ellos quieren. Pero si hay brujos y hechiceros que quieren entrar esta noche, se tienen que perturbar allí en el asiento, tienen que perturbarse. Alabado sea Dios, porque hay una iglesia que ama la santidad de Dios. Aleluya.

Poderoso Dios. Por eso, querido hermano, Gloria a Dios, son pocas las iglesias que están haciendo frente al enemigo. Nuestro querido hermano, siervo de Dios, en la apertura hablaba de esa apostasía, hablaba, Aleluya, Gloria a Dios, con referencia también al anatema que hoy la iglesia ha tomado. Gloria a Dios, dirigidos por por viejos profetas que ya no se incomodan. Aleluya, que un tiempo fueron, que un tiempo estuvieron activos, que un tiempo amaban la palabra, que un tiempo amaban la santidad, que un tiempo se incomodaban cuando había algo raro dentro de la iglesia, pero hoy están sentados y ya no dicen nada. Bueno, y Dios dijo: "Si este no hace nada, tengo que enviar un varón de Dios". Y el varón de Dios fue y reprendió el altar y le dijo: "Dios no coma ni beba". Porque el hombre de Dios, cuando tiene un llamado de parte de Dios, cuando tiene un propósito de parte de Dios, va y hace lo que se le envió a hacer y no se contamina con el mundo. No toma de dos aguas, toma de Dios y toma del mundo. No, no, no. Toma del agua del mundo. El hombre de Dios que tiene un llamado, un ministerio de parte de Dios, no come pan de Dios aquí adentro y también lo inmundo de ahí afuera. A Dios. Ese tiene que estar allí haciendo solamente la voluntad de Dios.

Y, amado hermano, la Biblia dice que cuando ellos, Gloria a Dios, destruyeron a Acán y a toda la familia allí, amado hermano, sacando el anatema del medio, allí vino el favor de Dios. Esto, amado hermano, no se trata de sentimiento. Yo le voy a decir una cosa: hay mucha gente que se mueve por emociones y el sentimiento y las emociones nos juegan en contra. No sabes lo que hace el sentimiento y las emociones. "Ay, pobrecito, ay".

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"Déjalo". Abraham dijo: "Aleluya, no Sara, ¿cómo lo vamos a echar a Ismael si Ismael es mi hijo también? ¿Cómo lo vamos a echar?". Jehová le dijo: "Abraham, saca Ismael, sácalo, échalo. No te muevas por tu sentimiento. Abraham, échalo, porque no puede heredar, Aleluya, Isaac es la promesa, no es Ismael". Aleluya. Y por qué tuvo que sacar a Ismael, porque Ismael, tarde o temprano, iba a matar a Isaac. Y si no hacemos morir las obras de la carne, que es un tipo de Ismael, va a prevalecer y va a matar el espíritu que llevamos dentro. Ismael es un tipo perfecto de la vieja naturaleza, del viejo hombre, de las obras de la carne. Y estaban en conflicto Ismael e Isaac. Dice que Ismael se burlaba. Y Sara le dijo: "E, Abraham, echa esta sierva y a su hijo de este lugar". Y Abraham se vino noche, porque era el padre, pero, ¿cómo me vas a pedir eso? ¿Cómo vamos a hacer esto? Y Dios le dice: "Sácalo, sácalo, Abraham, sácalo, sácalo, porque esto va a traer problema". Aleluya. Si no mata el deseo de la carne, si no mata la carnalidad, si no sacas al Ismael, te va a terminar matando, querido hermano. No dejes guiarte por tu sentimiento, por tus emociones. Ese pecado que te gusta, eso que te está agradando, eso que te complace, aunque te duela, sácalo fuera en esta noche. Aleluya, porque la promesa estaba en Isaac. Le dijo Dios a Abraham: "Porque en Isaac está la promesa". Y sabe lo que dice Gálatas, capítulo 6 y verso 9: "Dice que el que siembra para la carne, de la carne no tiene promesa, de la carne recibirá corrupción; pero hay promesa para el espíritu". Amén. El que siembra para el espíritu, del espíritu recibirá vida eterna. Abraham tenía que quedarse con Isaac, sacar a Ismael, porque estos estaban en conflicto. Amado hermano, Gloria a Dios, como está la carne, como está el espíritu, como están los deseos de la carne contra los frutos del espíritu, batallando. Y hay gente que no saca al Ismael, hay gente que no se decide verdaderamente. Alabado sea el Señor. Pero en esta noche, quédate con el que tiene promesa, con la vida del espíritu. En esta noche, quédate, Aleluya, con el que tiene promesa, la vida del espíritu.

En esta noche, queridos hermanos, tres puntos muy importantes: consultar a Dios, no consultar a los hombres, y no menospreciar al enemigo. Ante la guerra, si hay victoria, dale Gloria al Señor, pero al otro día estamos metidos en la presencia de Dios. Si Dios nos dio para conquistar algo, si Dios nos entregó victoria grande, al otro día, después de escuchar este mensaje, "Ah, no, yo escuché que ahora es que más firme tengo que estar, ahora es donde no me tengo que dormir, ahora donde no tengo que descansar". Y si vi allí, Gloria a Dios, un pequeño asunto, un pequeño problema, le dice a tu esposa y a tu esposo: "No, no, espera, mi amor, primero vamos a la rodilla a ver qué dice Dios". Hay que hacer algo, pastor, hay que hacer un evento, algo, algo. Pero pareciera que está todo favorable. "Ya lo tenemos todo, pastor". Bueno, vamos a orar a ver qué dice Dios, para ver qué dice Dios, porque quizás, Aleluya, Dios nos habla que hay algo raro que no le gusta. Hoy el Espíritu Santo habló, Aleluya, y dijo: "Aleluya, que mi altar es santo". Yo lo escuché, no sé si usted lo escuchó. Y esa palabra viene para todos, porque si, amado hermano, está allí, Aleluya, acá no se puede tener victoria. Pero en esta noche, yo sé, amado hermano, que después de lo que Dios nos entregue grande victoria, hay que consultar todo el tiempo con Dios. Aleluya. No menosprecie ningún movimiento, ninguna insinuación del enemigo. No tomes, Aleluya, decisiones con tu fuerza, ni con tu voluntad, ni porque ya pareciera que lo tienes todo. No te muevas, Aleluya, porque Dios ya te dio una victoria. Ahora ya consultas a los hombres y ya no consultas a Dios. Ahora te mueves por tus sentimientos y tus emociones, y ya no doblas tu rodilla delante de Dios.

La iglesia clamar más que nunca en estos últimos tiempos. Todos los siervos de Dios coincidimos que vivimos tiempos terriblemente finales. Yo no sé cuánto más faltará para que suene las trompetas y volemos con el Señor. Pero este llamado de parte del Señor que Dios pone en mi corazón es: consultemos ante la victoria, oremos al Señor ante, Aleluya, problemas que tengamos, oremos al Señor para que después no queden las quejas ni las murmuraciones, para que después no queden, Aleluya, los lamentos como lo hizo Josué y querer orar después, Aleluya, que ya no valía la pena orar. Por eso hay mucha gente lastimada, desprevenida, la obra del Señor, porque el problema no es que no oran, el problema es que oran después de que ya fracasaron y no oran cuando tienen que orar. Alabado sea el Señor.

Amado hermano, en esta noche, yo espero que el Señor pueda advertirnos nuestro corazón. Yo no sé por qué hablo esto, pero Dios está diciendo que quizás viene una grande victoria, pero no nos descuidemos. No nos descuidemos, amado hermano. Yo sé que Dios bendice, Dios nos da la victoria en todo tiempo, pero ante cualquier situación, siempre velamos, siempre oremos, siempre estemos velando delante del Señor. Aleluya. Y que no nos entre esa apostasía como le entró al profeta viejo, de que ya no le incomodaba nada. Hoy hay gente que quizás, amado hermano, ya no le incomoda. Vuelve a despertar, que hay cosas que quizás en tu casa o en tu vida Dios no le agrada y tienes que ponerla en orden. Si queremos volar con el Señor, yo te invito a estar de pie en esta noche todos juntos. La iglesia tiene que volver a consultar y orar con Dios. Lo que caracterizaba la iglesia en los primeros tiempos era que todo se hacía bajo la oración de Dios. La iglesia primitiva no sabía enfrentar otra de otra manera los conflictos que no sea con la oración. Bien dijo el siervo que mientras Pedro estaba encarcelado, la iglesia profundamente oraba sin cesar. Lo único que revela, Aleluya, si va a haber victoria o no va a haber victoria, es el clamor, es la oración, es consultar, es decirle al Señor: "Señor, este asunto pareciera pequeño, Señor, esta decisión pareciera insignificante, pero yo quiero consultarte antes que nada, Señor". Dios te va a decir: "Me agrada que aunque sea insignificante, vengas a tus rodillas a orar". Oh, Gloria a Dios, que aunque la actividad sea pequeña, grande, que aunque la decisión sea grande o pequeña, Aleluya, oh, no menosprecies y oremos y consultemos siempre a Dios, aún para poner a orar y a clamar y a servir a alguien. Aleluya, Gloria a Dios. Tenemos que orar, hermanos.

Yo doy gracias al Señor en este tiempo, amado hermano, que Dios tiene todavía en este lugar y en este altar hombres que no son viejos profetas, que están activos por la palabra y están, Aleluya, velando y consultando siempre con Dios. Aleluya. Pero en esta noche hay un llamado. ¿Quieres victoria? ¿Quieres victoria? Sácala, sácala anatema, sácalo, sácalo, sácalo, sácalo en esta noche. Que el altar está abierto para usted. No le puedes hacer frente al enemigo. Mira, sácalo, sácalo en esta noche, que Dios te va a entregar victoria. Sácalo y vuelve a consultar con Dios en esta noche. Alabado sea Dios.

En esta hora, si alguien, Aleluya, con el respeto del siervo, quiere pasar al altar, está abierto. Yo quiero orar por ti en esta noche. Oramos al Señor. Señor, venimos a consultar contigo en esta noche, Padre. Venimos a orar, Señor, porque sabemos, Aleluya, que la oración, Padre mío, si hay pecado, no cambia, Aleluya, tus designios, Padre. Sabemos que si hay algo que a Ti no te agrada, Señor, eso no va a cambiar la oración. Hay que sacarlo. Y en esta noche queremos quitarlo, queremos sacar a Acán fuera, Señor. Queremos consultar y orar contigo, Padre. Orar en esta noche, Padre mío, Señor, para que Tú seas ministrando en el nombre poderoso de Cristo.