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Hola a todos, a todas, muy buenas.
Cada día tarda más el anochecer. Cada día hay más luz en nuestras vidas. Un buen comienzo para hablar acerca de la compasión por mí mismo. Que nunca falte la luz en tu vida. Luz para entender, luz para aceptarte, luz para transformar, luz para soltar y luz para recargarte.
Hoy vamos a ver cómo tener autocompasión no implica que nos sintamos como apenados por nosotros mismos ni cabiz bajos, sino todo lo contrario. Es aprender a mirarnos con ojos de autorrespeto y saber cuál es la dirección más apropiada que de adoptar. Así que suelta por un momento, quizás incluso la visión de lástima que puedas tenerte o hayas tenido. Y concéntrate este momento en estar aquí ahora contigo mismo en soledad. Incluso aunque escuches a otros o estés con otras personas, ese sentido de saber estar, de saber soltar y relajarme, de sentir que este tiempo lo estoy creando para mí, que estás cultivando un momento especial para estar contigo mismo, para saber que no solo existes, sino que eres especial por decidir transformar algo, por decidir avanzar, por servirte valioso y no en un estado de dependencia y necesidad. Porque puedes discernir, darte algo auténtico y no perseguir lo que es falso.
Este paso de valentía trae un impulso para ese salto que estás dando o estás a punto de dar. Un salto de transformación, un salto de fortaleza, sin miedo, sin dudas, con seguridad. Es como una decisión del alma de no volver a sufrir por cosas que sabes que te han dado sufrimiento y ahora estás determinado, determinada, en soltar esas ataduras y cultivar algo hermoso para ti. Eres tu propio jardinero. Siembro algo lleno de fruto, lleno de fragancia, nutritivo, verdadero. Así son mis pensamientos y así me siento. No sigo dándole vida a esos pensamientos que me cansan, que me hacen perder el entusiasmo, que me hacen imaginar lo que no es, que me hacen sentir víctima y tener lástima de mí. Suelto todo eso porque mi decisión es ese paso interno. No. Valentía, de determinación.
Aunque no veas la luz, la luz forma parte de ti. Tu propia luz siempre está contigo. Tú eres un ser de luz y hay otra luz que te acompaña [música] que te envuelve con su benevolencia. Solo un pensamiento te lleva a esa fuente compasiva, benevolente. Inspiro sintiendo esta calidez interna. Si cerré mis ojos, los voy abriendo.
Muy bien. Pues retomamos este tema que a veces no hemos entendido del todo porque esa compasión por mí mismo es como si me diese pena y entonces me autocompadezco. No tengo compasión hacia mí, sino que me autocompadezco. Es el camino, la dirección equivocada, porque ese hábito de ver mis errores y de alguna manera castigarme por mis errores o sentirme víctima de ellos, no es la actitud de ese ser valiente que hay en mí que quiere salir del error, aprender, crecer con ello, y realmente llenarse de autorrespeto y autoestima, de volver a confiar en sus posibilidades y en mí mismo. Iniciemos con este aspecto, cuánto confío en mí. Cuando empiezo a tener fe en mí mismo, en quién soy, no solo los buenos resultados de lo que hago. A lo mejor hay otras personas que tienen muchísimas más habilidades, físicas, mentales, muchas más capacidades. Pero si mi corazón es honesto, si mi intención es limpia, si mi objetivo es claro, sincero y realmente quiero avanzar, no a costa de nadie y no a costa de que perjudique nada, pero hay esa meta delante como muy clara. Definitivamente en ti estás creando una gran fortaleza espiritual y aquellas cosas que sabes que sabemos más de lo que pensamos no se escuchan por aquí por allá y tenemos muchas teorías pero aquel que la teoría que escoja la aplica está siendo compasivo con sí mismo, consigo misma, porque está traduciendo eso que es teórico y que ha escuchado o que ha entendido en su vida práctica, en su actitud, en su comportamiento, incluso en su sentir.
Parece extraño que hayamos embebido algo y nuestros sentimientos cambien, pero es posible. Puede haber la transformación de sentimientos heridos en sentimientos benévolos. Puede haber esa transformación porque ese conocimiento que estás adquiriendo, eso que sabes, te has llenado de suficiente silencio como para que haya una especie de metamorfosis y eso se pueda aplicar y eso es ser compasivo hacia mí mismo cuando mi práctica, el saber poner virtud en lo que hago, virtud cuando comparto contigo, virtud cuando tengo que poner un punto final a algo y veo que realmente eso está ocurriendo. No es algo simplemente superficial, sino que hay una profundidad en aquello que me estoy proponiendo.
Y ese paso de autorrespeto, ese paso de valentía, trae una ayuda que también es benevolente, que es la ayuda de el ser más compasivo del universo. En Hindi, la palabra es muy bonita, caruna. Caruna quiere decir Dios el compasivo. Él es capaz de dar beneficio a sus hijos, cómo sea que sean, y sacarles de donde están, donde sea que estén. Cuando el hijo tiene un pensamiento de quiero estar contigo, quiero salir de aquí, algo honesto, porque si no no puede ir, Dios no puede ir en contra de la voluntad de nadie, cada uno tiene su propia libertad, pero cuando le llega una petición, por llamarlo de alguna manera genuina, sincera. Eso alcanza. Llega al océano y del océano viene una ola silenciosa que te ayuda, que te sientes apoyado, que sientes un soporte muy silencioso, muy invisible, pero hay un sentimiento de fortaleza. Es como si en ti estuviera hubiera estabilidad, hubiera fortaleza, hubiera determinación y estás recuperando la fe en ti mismo. Y esa confianza me ayuda realmente a salir de muchas emboscadas, incluso de las que mi propia mente ha creado. El autoengaño que mi mente crea cuando soy capaz de dialogar conmigo mismo, con mi propio ser, no como el juez, no críticamente, porque entonces ese diálogo no me fortalece, me hace sentir culpable y lo que queremos es salir de ahí como cuando somos compasivos y tenemos buenos sentimientos hacia otros. Queremos sacarles de su pesar.
Estoy apegado al sufrimiento que a veces no quiero salir de mi pesar. Es algo a reflexionar y es profundo porque a veces nos podemos apegar a sufrir. La víctima está apegada a su sufrimiento, por eso no cambia. Y su canción es "Me siento mal, todo me pasa a mí". Y sin embargo, puede que las oportunidades le vengan enfrente, puede que la mano le sea tendida por Dios, por otros, pero sigue la canción. "Me siento mal, me siento culpable, me han hecho esto, yo no sirvo". Y es una canción como un disco que cuesta salir de ese disco, salir de ese círculo de autoengaño. No soy la víctima, soy el amo de mí mismo, maestro de mi propio ser, rey de mí mismo. Eso es compasión. Es una energía esperanzadora que te permite renovarte y, por lo tanto, transformarte.
Por eso podemos podemos realmente sentir como uno con esa paciencia, con ese autodiálogo, con ese silencio y queriendo, teniendo amor por salir de ese autoengaño y querer salir de cualquier tipo de pesar. Como cualquier tipo de dependencia, es como si te llegase esa mano amiga. Dios te va a ayudar. Claro que te va a ayudar. M confía, cuídate. Aprende a cuidarte. Es darte tiempo y espacio de calidad, no si tienes tiempo, no si te sobran 5 minutos después de un día ocupado, no. Y no solo tiempo para hacer cosas que te gusten, que también es bueno definitivamente y tu deporte y tu buena comida y salir con. Cuídate, cuida el alma. Te eres tú. Cuídate a ti mismo, no solo tu cuerpo y no solo el personaje. Cuidar el alma es darle al alma lo que necesita, el silencio necesario para conocerte, para amarte a ti mismo, para aceptarte y para cultivar ese entendimiento espiritual donde aquellas cosas que olvido porque no practico. Y cuando no practicamos olvidamos, empiecen a ser recordadas porque lo estás integrando en tu vida, no solo cuando estás de lunes a domingo de 7 a 8, 8 menos cuarto, no, no es algo que forma parte natural de ti, que te acompaña. Una práctica donde cada uno libremente puede sentirla y darse cuenta que esa autocompasión es muy digna, te ayuda a saberte cuidar, a saberte escuchar, a saberte poner en tu posición que no es superior a otros, que no es inferior a otros. Tu posición es tu asiento de autorrespeto, de autoconfianza, donde soy único como tú eres único y como cada uno somos únicos.
Muy bien. Pues tiempo para experimentar. Tiempo para ir dentro y sentir esta verdadera compasión, este verdadero amor por el ser. ¿Dónde quiero sintonizar? Sintonizar con mi esencia. Sintonizar con esa estrella luminosa que soy. Soy ayuno conmigo mismo cuando sintonizo. No estoy aquí, mi mente está en otros sitios. Estoy aquí y estoy dentro de mí conectado [música] con esa estrella. Sintiendo presente y recordándome que es más importante seguir aparentando verdaderamente, cuidar el alma. Nutrir el alma. Crea este tiempo para ser tu propio jardinero en tu jardín interior. Aprecia la belleza de tus virtudes, como si apreciaras flores tan hermosas. Acepta espinas o otro tipo de cosas que haya en el jardín. Se irán, han venido y se irán. Y mira al sol por un momento en tu jardín. No solo tú puedes hacer algo con el agua del amor de ese diálogo interno. Puedes dejar que el sol también con su energía benevolente cuide de ti, que libere todo aquello a lo que me resisto todavía. Puedo recibir ese amor de ese océano del amor y salir de cualquier confusión, cualquier [música] olvido. Este amor y cuidado del sol saca lo original de mí y esas cualidades originales se convierten en la fundación de mi vida. Paz, amor, pureza, fortaleza, sabiduría. Felicidad. Él puede ver estas cualidades en mí. Y si Dios las ve, yo también las acepto y las veo. Verlas es sentirlas. Las siento dentro de mí. Es como un redespertar de mi espíritu que se había dormido en la ignorancia o en el estado de víctima. Y ahora me siento despierto.
Cultivo la generosidad y suelto el egoísmo. Cultivo la verdad y suelto la falsedad y las mentiras. Cultivo el amor y suelto todo apego. Cultivo el autorrespeto [música] y suelto la arrogancia. Cultivo el silencio y mi jardín empieza hacerse tan florecido y fragante. Puedo verlo. Tos rayos de luz, Padre, va disolviendo todo dolor del alma. Me va llenando de amor, un amor que no había experimentado antes y es el amor que puedo dar en verdad. No hay miedo cuando hay amor verdadero. Nada puede pasar. Me siento protegido, aceptado, amado tal y como soy. Sí. No pido, pero absorbo. Y todos mis vacíos se llenan de algo limpio y verdadero que viene de ti. Esa compasión se convierte en la mejor nutrición para el alma. El mejor cuidado para ti. Disfrutas de estar contigo y cuando estás con otros das lo mejor. Amén.
Silencio. Cultivar el silencio es el mejor cuidado porque desarrollas paciencia contigo y aprendes a escucharte, a hablarte y a desapegarte de tu [música] propia historia, poniendo atención a tu ser original y verdadero. Inspiro. Poco a poco voy volviendo con esta fragancia.
Muy bien. Pues que hemos cultivado hoy, sí, autocompasión, pero también virtudes. Y este libro de virtudes, que alguna vez lo hemos anunciado, es un bonito recordatorio de todo lo que Dad Yan ha hablado de virtudes y me gustaría leer lo que dice sobre la compasión. Una persona compasiva sabe ver en los demás las cualidades que los hacen especiales. Aún cuando alguien esté en su peor momento, es posible ayudarlo a recuperar la confianza en sí mismo. Si se conserva una clara visión de todo lo bueno y especial que hay en él. Si sé dar aliento con delicadeza, nunca daré a nadie por perdido. Pues así es, nunca dar a nadie por perdido, ni siquiera a ti mismo. Hm.
Muy bien, pues que estéis bien, que estéis contentos, que disfrutéis de este momento contigo y con todo lo que te rodea. Y hasta pronto. Seguimos ahí en este aprendizaje maravilloso de la vida donde nos conocemos, nos cuidamos y nos transformamos. Om. Hasta pronto.