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Sociedades matrilineales y el origen del patriarcado

Escupamos La Historia27:45

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Marín, con puro e hinche. También te qué bueno que me atacan. Payment, el infame patriarcado. Concepto que no dejamos de escuchar o leer, pero ¿qué es el patriarcado? Podemos decir que es una sociedad organizada por un patriarca, un padre de familia, el pater familias, que es definido como un ciudadano independiente que posee control de los bienes de las familias y de las personas que la componen: es decir, sus hijos, hijas, esposa y, en otros tiempos, sus esclavos. Palabras como patriarcado, patriarca, patronal, patrón, patria, patriota, patrimonio, patrocinio tienen su raíz en el pater o padre. Pero no debemos preguntar si acaso en la sociedad siempre se organizó en el patriarcado. Bueno, pues aquí vamos de nuevo. El humano es un animal, y ya sabemos que las diferentes especies de animales se desenvuelven con sus pares de una u otra forma. Todas las especies animales se rigen por el macho. ¡Claro que no! Si has visto una abeja recolectando néctar, de seguro es una hembra. Las abejas tienen una organización compleja basada en una abeja reina. ¡Enojada porque te comes el dulce vómito de su enjambre! Los machos se aparean y suelen morir. O las orcas, suelen pasar la vida entera con sus madres, aún teniendo descendencia; son lideradas por la mayor de las hembras, cazan, bonitas poquitas y cuidan a sus crías en comunidad. Según algunos estudios, un tipo de simio dividió su población por la formación del río Congo en África. Parte de ellos quedaron en el mismo territorio que los gorilas, los chimpancés, así que, ¡off!, la vieron muy difícil y se volvieron ultra violentos, y son liderados por el macho; resuelven sus conflictos de forma más violenta. La otra parte quedó del otro lado del río; los bonos se establecieron en una sociedad matrilineal, mucho más tranquila, una comunidad que podríamos decir de amor libre y liderada por hembras; resuelven sus conflictos con cariñitos y favores sexuales, muchas veces entre dos hembras. Es de las pocas especies que consiguen la sexualidad más que con solo fines reproductivos, y ahí tienen, evangélicos, como un lobo acuoso. Las manadas de elefantes son comandadas por la mayor de las hembras, la matriarca; es respetada por su experiencia, sabe dónde encontrar el agua y defiende a las crías como nadie. Las leonas lideran sus manadas en un sistema matrilineal; las hembras dividen sus tareas de forma comunitaria y, además, cuidan a sus crías de forma comunitaria; son quienes consiguen el alimento para la manada. Las hembras mantienen su linaje en el tiempo, y el león reproductor es externo; por lo que, en cualquier momento, llega otro más fuerte y te expulsa, querido Mufasa. Y hasta las hormigas tienen una forma de organización similar a las abejas, pero fíjate que incluso hay una especie de hormiga en Amazonas, la Mycocepurus smithii, que solo son hembras; aprendieron a cultivar pequeños organismos que se reproducen de forma asexual, o sea, sin ni kim, y que así es que pudieron asimilar las mismas formas. Entonces, ahora nos volvemos a preguntar: ¿Será que las y los humanos siempre nos hemos organizado en el patriarcado?

Este señor, el antropólogo Louis Morgan, planteaba que la humanidad se ha organizado de diversas formas a lo largo de su historia; que las formas matrilineales habían sido reemplazadas por las patrilineales a consecuencia de que se empezaron a acumular los excedentes de producción. Junto con ellos surgieron las clases sociales, y ¡crunch! Puntual, Frederick Engels, muy fan de Marx, quedó alucinado con esta teoría; indagó mucho en esto y llegó a la conclusión de que las sociedades primitivas se basaban en sistemas comunitarios para la recolección, la caza, la pesca, etcétera. Si, todo muy bonito, pero eso ya no era una novedad. Pero de pronto concluye que las mujeres tienen una participación muy activa en la sociedad, en igualdad con los varones, sin una división sexual del trabajo. ¡Querido Twitter, hombre descubre que las mujeres tienen una participación activa en la sociedad! Punto. Las mujeres dan la vida y, por ende, son creadoras de la comunidad; así que los lazos de parentesco se determinaban por la línea materna, y de forma comunitaria se criaban a los hijos e hijas. De pronto, a alguien se le ocurrió que la comida crece si tienes una semilla, la pones en la tierra, y el ingrediente más mágico de toda la vida paleolítica y neolítica: el agua. Surgió la agricultura. Imagínate ese hombre o esa mujer que llegó con tal revolución; de seguro se le concibió como un dios o una diosa. El humano sintió que estaba un paso sobre la naturaleza y los dioses con forma de animalitos y que representaban a la naturaleza, bien, serían reemplazados ya por dioses antropomórficos. ¿Para qué estamos cocos? Con la agricultura se nos cambió la vida, señora. La vida nómada se volvió sedentaria y los recursos se empezaron a acumular, y surgió el excedente de producción. Se formó una división, entonces, entre las personas que trabajan, que producen, y una minoría que posee el excedente y no trabaja, pero que controla los recursos y, con el tiempo, las armas, el ejército, el gobierno, la propiedad de la tierra y la religión. Usted, señora del Neolítico, pudo ver el nacimiento de la propiedad privada, el estado y las clases sociales en su fase prehistórica, ¡ya! ¿Y cómo afectó todo esto a las mujeres? Si hay excedente, hay que mantenerlo por generaciones de varones; para que esto pase, hay que asegurar la descendencia para heredar las tierras, las posesiones y el poder. Para eso debían ser hijos varones legítimos, o sea, que ahora la herencia pasa del padre al hijo macho, y la mujer debía mantenerse en el hogar, muy sumisa al pater familias y, obviamente, condenada a la monogamia, porque no deben haber dudas sobre la paternidad del heredero. Así que el cuerpo de la mujer pasa a ser controlado por el marido, y la infidelidad de la mujer es castigada de mil formas, como usted puede leer en libros como la Biblia. A la infidelidad masculina, bueno, mira, es bien vista y demuestra virilidad. Bueno, pequeñas comunidades sedentarias pusieron murallas para cuidar la propiedad privada y fueron surgiendo las ciudades. Con esto, la forma patriarcal de organizar la vida se propagó a las clases explotadas por medio de las leyes, la religión y el… la mujer pasaría a ser una herramienta de la sociedad explotadora patriarcal para traer a la vida nuevos esclavos y explotados para llenar las arcas del patrón.

A ti, a mí, nos enseñaron que el cuento siempre ha sido el mismo, que no se puede cambiar, que la jerarquía, que las familias encabezadas por el patriarca, que las fronteras de las patrias, mientras que la mujer era silenciada de la historia como un anexo al hombre, una costilla de un hombre ocioso y solitario, siempre detrás del gran héroe o motivando al héroe con sus atributos, pero en silencio, mientras que lo que realmente importaba en la historia patriarcal era memorizar el linaje de los hombres que ostentaban el poder, las guerras, la muerte de una nación por otra más fuerte y brutal. La sociedad matrilineal fue quedando en el mundo del mito. Mira, la activista italiana Lea Melandri hablaba sobre la infamia originaria: “Es necesario reconstruir la contradicción hombre-mujer a partir de la negación del cuerpo de la mujer y, por tanto, lo que en el psicoanálisis tradicional aparece como problema de neurosis, de esa adaptación, etcétera, se convierte en una contradicción material. La mujer se encuentra desde el principio sin una forma propia de existir, como si el existir de la mujer se hallara ya incluido en una forma de existencia: mujer, madre e hija, que la niegan. En contra de la mujer, la negación de sí misma empieza a funcionar desde el nacimiento, a partir de la primera relación con la madre, donde la madre no está presente como mujer con su cuerpo de mujer, sino que está allí como mujer del hombre, para el hombre.” Las mujeres estamos divididas en nuestra historia desde siempre, no solo porque cada una de nosotras está unida socialmente al propio marido, a los propios hijos; este es el aspecto visible de la separación. La división se da a un nivel más profundo al no conseguir mirarnos la una a la otra, a nuestros… capaces de contemplar nuestro cuerpo sin tener siempre presente la mirada. La sociedad matrilineal no solo considera las relaciones de parentesco a partir de la madre, sino que la sociedad es matrilocal, es decir, pertenece al lugar donde habita la madre; es ella quien está dotada de una sabiduría natural que no se expresa por escrito, sino es la relación interpersonal con ella. Esto, incluso, lo podemos ver en sociedades primitivas; la figura de la mujer directamente implicada en la religión como figura creadora o de gran sabiduría: Isis, Neith, y Estar Galla. Para el judeocristianismo, todo eso es paganismo, y en sus textos la mujer aparece como la representación del pecado: mujeres que se follan al padre, reinas que incitan al pecado o como objetos de intercambio. Su contraparte: la mujer santa, sumisa, que se abstiene del deseo y del placer para dar a luz al hijo heredero de Dios. La transición de las religiones matrilineales a patriarcales a veces se lúdica en la isla griega de Creta, en donde los sacerdotes varones se castraban para ser como la diosa y oficiaban vestidos de mujer. En poco tiempo, el dios asirio Marduk ya era 100% patriarcal. Milenios después podemos ver cómo en las iglesias cristianas requerían voces consideradas como femeninas, pero a las mujeres no se les permitía cantar por ser impuras; entonces, mejor los hombres se castraban para mantener una voz que pudiera asemejarse a la que buscaban: es decir, los castrati. Para las sociedades matrilineales, la madre era la fundadora de generaciones de descendientes femeninas, cabeza de familia, a la vez que estaba inmersa en la realidad económica y social. El principio femenino sostenía el mundo sobrenatural, pues la humanidad era obra exclusiva de la madre, descendientes de una madre ancestral. Vamos a ir a sociedades donde la mujer tiene la posesión de la tierra, da de comer, viste a sus hijos e hijas, en trabajar la cerámica, y los varones se dedican a la pesca, a la caza y, en ocasiones, la guerra. En estas sociedades, la importancia de la mujer por parte de los varones recae en no perder a quien provee vida, alimentos y sabiduría. Los primeros occidentales que se encontraron con esta forma de sociedad quedaron así como sorprendidos; estaban acostumbrados a la forma patriarcal, en donde todo se concentraba en las manos masculinas; así que calificaron a las mujeres autónomas de forma machista: “¡Miren, son esclavas! ¡No! O si quieren ser hombres…” De todos modos, no era importante para esos occidentales que predicaban civilización, pues, de todos modos, metieron a hombres y mujeres en los barcos, les pusieron cadenas y les llevaron como esclavas y esclavos, y con el látigo y la cruz debieron trabajar en las tareas que siguen principalmente las mujeres en el campo, en las sociedades indígenas matrilineales que se conocen. Prevalece el sentido de comunidad y respeto por la naturaleza.

En Sumatra Occidental, parte de lo que hoy es Indonesia y Malasia, y mira ahí donde te dejo en el mapa, existen las y los Minangkabau. Ah, bueno, disculpen si lo pronuncio mal. Son más de 4 millones de personas; son, en este momento, la sociedad matrilineal más grande del mundo. Las madres ocupan el centro de la sociedad, toman las decisiones y protegen la naturaleza; además, gestionan la agricultura. Todas y todos tienen derecho a acceder a los frutos de la naturaleza y los recursos de forma equitativa; las tierras las pueden gestionar entre todas y todos, pero no se pueden vender porque son comunitarias. Los hombres deben plantar árboles para poder tener cocos, mangos y paltas, esto antes de casarse, para así asegurarse los ingresos. Según las y los miembros de la comunidad, existe igualdad de género, pues ellos también ejercen como líderes; el nombre de sus madres y hermanas son famosas y famosos por su literatura; buscan documentar sus conocimientos para que sobrevivan en un mundo vertiginoso y patriarcal. Fíjate que no muy lejos en el mapa existen pequeñas comunidades matrilineales del pueblo Naga; casi no superan las 400 personas. Aquí las mujeres se reúnen en el congreso local para expresarse y exponer sus puntos de vista, gestionar los recursos de la comunidad, afrontar problemas como la falta de oportunidades laborales y su lucha contra los monocultivos, expresión del extractivismo; buscan crear un banco de semillas para ampliar el mercado agrícola, no sin llevar la agroecología a las escuelas y potenciar el derecho de las y los campesinos. No obstante, el avance del cristianismo y, por consiguiente, el patriarcado han volcado a muchas y muchos integrantes a su conversión, lo cual ha hecho que algunas tradiciones matrilineales vayan cediendo a la dictadura del patriarca divino. Cerca de la frontera con el Tíbet, por allá para la China, viven los y las Mosuo. En su sociedad no se consigue como tal el matrimonio ni la paternidad. Tradicionalmente se agrupan tres generaciones de mujeres y sus hijos e hijas viven en la misma casa; pero en este pueblo la presencia del padre o el esposo no existe como tal; se admiten tíos, hermanos, hijos o sobrinos. Al no existir el matrimonio, digamos que la sexualidad se vive de forma libre y abierta, sin poseer la fidelidad; es una herejía. Eliges con quien pasar la noche, y según ellos, si, ellos están muy desligadas de los celos. Así que, en general, es como la antítesis del cristianismo y el amor bajo las lógicas occidentales. Si de pronto te despiertas siendo una mujer Mosuo, sabrás que cuando te sientes atraída a alguien, que sea alguien también pasan un tiempo en que se relacionan mucho, trabajan a la par, se reúnen en algún centro recreativo, regalito, bailes, cantos, todo muy bonito, pero las ancianas deben aprobar para que pase a ser un compromiso, y bueno, nada más, porque no se habla de matrimonio ni de “hasta que la muerte los separe” ni nada, ¿ves? Desde ahora se llamarán “azul”, es decir, querido compañero o compañera, pero no hay espacio para ilusiones; no es como que vayan a ir a vivir a la misma casa; él sigue en su casa, en la casa de su madre, pero en la noche sí que va a ir a visitar para compartir la noche, las estrellas, una lluvia nocturna y el goce sexual. Tendrán un hijo o una hija si lo desean; los tíos maternos serán quienes aporten en la educación y los cuidados. Así es que si no querías tener hijos o hijas, pero has nacido Mosuo y tu hermana tiene hijos, pues bueno, prevalece el sentido de la comunidad. Cuando esas niñas y niños crezcan, tendrán que cuidar de esos tíos que ya serán ancianos. Para esta sociedad, una mujer con hijo que ha estado con muchos hombres no será despreciada como aún sucede en nuestras sociedades patriarcales; se prioriza el amor libre, en donde ambos participantes son libres de buscar a un o una nueva amante, pero ojo, que el pueblo Mosuo insiste en que un acto sexual antojadizo y por diversión es diferente al amor libre; no hacen una condena del uno al otro, pero sí que destaca en esa diferencia. Ideas como el matrimonio les resultan problemáticas, pues al sujetarse a las leyes de una persona deja de amar; se puede optar al divorcio, pero junto a eso vienen problemas con los hijos e hijas, con la propiedad de las tierras; ships, no quieren tener esos problemas. Pero la mayoría de los chinos consideran depravados sexuales a los y las Mosuo. Con la llegada de los años 60, bajo el dedo de Mao Tse Tung y su rey cultural, el régimen chino consideró las costumbres Mosuo como depravadas, así que les impuso la monogamia; la ley dictaba que las parejas debían casarse, pero en cuanto pudieron muchos, sin muchas Mosuo, se divorcian. El Partido Comunista Chino dividió los géneros, por ejemplo, en los baños grupales. Con el tiempo, este pueblo se volvió un destino turístico importante; la mayoría de los turistas curiosos de la cultura se sorprenden al ver que las mujeres aman y viven su sexualidad en libertad, y estos turistas no dudan en juzgar bajo su mirada occidental que las mujeres Mosuo son promiscuas, impulsivas y lo que denominan como fáciles, sin considerar que su tradición se basa en el amor en libertad; no dudan en acosarlas y creer que pueden violarlas y decir: “Ah, pero si a ellas les gusta…” Con el tiempo, las lógicas capitalistas han generado competición entre familias, y las mujeres ven alterado su derecho a elegir libremente con quién o quiénes compartir su vida sexual. La juventud, ya educada en el sistema educativo chino, van perdiendo el interés en la tradición Mosuo, la cual está destinada a desaparecer por la uniformidad cultural que pretende China entre sus habitantes.

Estas sociedades matrilineales no eran tan escasas en Abya Yala antes de la invasión y la repartición europea; en muchos casos los vestigios de estas sociedades quedaron atrapadas en el mundo del mito. Por ejemplo, en la región austral, el pueblo Selknam contaba que en la época de los Jo Wing, hace ya millones de generaciones atrás, las mujeres gobernaban, dirigidas por Crewe; ellas tomaban las decisiones y se reunían en el Jaén, una ceremonia secreta y femenina para iniciar a las jóvenes en la vida adulta. De todo eso, mucho más te habló en este vídeo. Este enfoque matrilineal Selknam se terminó cuando Creen, esposo de Crewe, descubrió la ceremonia secreta y todas las mujeres ya iniciadas sucumbieron en charcos de sangre en el fin. Entonces, Creen persiguió a Crewe, quien huyó a los cielos y se transformó en la luna; fue que Creen también subió al cielo convirtiéndose en el sol; de ese modo se iban a perseguir eternamente; así se explicaba el ciclo del día y la noche. La organización matrilineal Selknam entraba al relato mítico, y el Jaén sería la ceremonia de iniciación masculina a la adultez. El pueblo Yagán, muy cerca de los Selknam, también cuenta un pasado matriarcal, en donde las mujeres lideraban con magia y astucia, según el relato, hasta que los hombres se reunieron y decidieron dominar la sociedad. Si nos trasladamos a África, al norte de Kenia, existe la aldea Omoja; es bastante reciente, nació como un refugio de la violencia sexual de los militares británicos; aquí es donde llegan las mujeres y se ha convertido en una comunidad y un espacio de apoyo entre ellas; juntas sostienen un camping y venden las joyas que crean con sus manos.

Los valores que, en el contexto del patriarcado, se formaron se han perpetuado en el tiempo en instituciones como el estado, la religión, las tradiciones patriarcales y las leyes. La mujer debía estar al servicio de la familia; no es coincidencia que la palabra familia venga del latín famula, es decir, sirvienta. Los primeros estados pusieron leyes para desplazar a las mujeres fuera de las decisiones políticas, sin poder participar activamente en la organización social y en la religión; y mientras estas instituciones crecen, la idea de inferioridad de la mujer también crece. Por ejemplo, el Código de Derecho Canónico en 1917 considera la mujer bajo los ojos de la iglesia como un niño, un deficiente mental, bajo sus propias palabras: “La mujer es una aberración del único sexo fundamental que es el masculino; como la mujer sería un varón deficiente, depende del varón auténtico, pues la mujer solo actúa como depósito de la simiente viril.” Todo este pensamiento misógino es perfectamente avalado por muchos de los influencers de otras épocas: Aristóteles, San Pablo o Tomás de Aquino, quienes de estar vivos ahora de seguro subirían vídeos a YouTube con títulos como “Hombre destrozado”, “Discurso de fémina”, “Acción 30 segundos”, se espantarían al saber qué a menor vivía en las montañistas corriente del cristianismo primitivo que reverencian a Cristo, pero como mujer; mujeres que en el pasado propagaban el amor de Cristo como un amor sexual y reivindicaban una tradición matriarcal con igualdad de género para un cristianismo primitivo; fueron acusadas de herejía y sus rituales, como lesbianismo, fueron quemadas públicamente. En el siglo XIX, Elisabeth Kate Stanton hace una biblia de las mujeres, pues dice que el origen de la injusticia y desigualdad entre los sexos se propagan desde la Biblia, particularmente en el Viejo Testamento, que es una mezcla entre Juego de Tronos, El Señor de los Anillos, algún sitio porno y misoginia avanzada. En alguna versión del mito judeocristiano del Génesis se hablaba de la primera mujer antes de Eva, la insumisa Lilith, creada desde el barro al igual que Adán, por ende, en igualdad de género, pero castigada, exiliada y condenada por el macho creador, reemplazada por una versión sumisa de la mujer, convertida desde el mito en una costilla del hombre; simbolismo del orden masculino sobre el caos femenino. La idea hegemónica sobre la mujer iba hacia dos opciones principales: ella santa, pura, virgen, abnegada de los placeres del cuerpo; por otro lado, la mujer que, frente al avance del cristianismo, quiso buscar su propia conexión con Dios, renegando de la falocracia divina, encontrándose a sí misma en los bosques, buscando medicina, bailando con sus compañeras bajo la luna, experimentando el placer del cuerpo, que para el ojo de la religión sería un privilegio masculino; por ende, a la mujer hambrienta de libertad se le ató un madero y se le quemó; asesinadas por atentar contra la omnipotencia del viejo dios cristiano, por exaltar el poder de las plantas, el conocimiento, la química, el fruto prohibido de todas las ciencias. Ya vemos que en sociedades matrilineales la mujer siente con el útero; el nuevo orden patriarcal se decidió a paralizar el útero y, con esto, la importancia social y el valor humano de las mujeres. El patriarcado reemplazó en el imaginario simbólico el útero por el corazón, en donde una buena persona es de corazón compasivo, con dioses y vírgenes cuyos corazones sangran o tiran rayitos láser de compasión y bondad. Ya no es la libido y la autorregulación de la vida, sino que pesa sobre nosotras y nosotros la ley del dios casto virginal que promueve sumisión y resignación para construir la sociedad desigual, lejos del vientre materno; pues la mujer que ama con el útero no puede tolerar el sacrificio de sus hijos e hijas, adiós al estado para hacerlo aún más explícito. Dijeron que la histeria estaba relacionada particularmente a las mujeres; la palabra histeria viene del griego hystera, o sea, útero. Dijeron que la histeria se producía por una alteración rara en la matriz, y la mujer dejaba de ser piadosa, bondadosa y sumisa; se tornaba violenta, no se dejaba abusar ni matar; así que propusieron como solución la extirpación del útero, el simbolismo rebelde de lo que fue un pasado matrilineal. Y hoy en día el patriarcado sigue siendo hegemónico, sigue siendo la plataforma en la que se sustenta la desigualdad entre los géneros. Si no me crees, espera leer alguno de los comentarios que van a estar aquí abajo del vídeo. Y es que usted, querida persona, debe saber que el patriarcado no solamente se expresa en la violencia ejercida por su jefe hacia la secretaria hipersexualizada por la cultura patriarcal del trabajo; no solo somos vehículos de este patriarcado con esa galantería nacida en la sociedad de la miseria, galantería que se basa en el contexto en que una mujer tiene, por su belleza y su sexualización, un poder con el cual estar a la altura en que el patriarcado nos puso a los varones para así poder tener la oportunidad de negociar su lugar en el mundo, un mundo en que las explotadas en el hogar asumen su derecho a ser explotadas en el trabajo, ganando menos que un hombre por el mismo trabajo; no solo se expresan nuestra noción sobre la sexualidad, en donde parece ser que el placer de ambos, junto con el orgasmo masculino… El patriarcado es el escenario en donde un hombre mató a una mujer por celos y en reclamo de lo que considera una posesión, mientras otro hombre no asume que no tiene cabida en una manifestación feminista, pues nuestra labor es la traición al patriarcado y a sus estructuras. Ahora ya sabes que el camino es largo, no existe el de construido al cien por ciento en dos añitos tras miles de años de todo esto; ni tú, ni yo, ni nadie, y nos toca esperar que cuando cuestionamos a este patriarcado nos dirán “el de construir”. Por si la pongo esto en Chile, en otro país habrá otra frase que busca expresar que bajo la mirada del macho orgulloso el sistema construido, cualquier hombre que busque traicionar ese modelo lo hará solo para saber si logra [__] sea alguien tras su cuestionamiento. Como sea, espero que este vídeo te haya gustado; lo hice con mucho respeto y tras mucha investigación. Bueno, ya sabes que puedes seguirme en estas redes sociales y que también puedes apoyarme en Page si es que quieres, claro, a ver si algún día logré subir vídeos más seguido. Desde… gracias por ver este contenido, recuerda bañarte y comer sano.

Que busca el computer, como casi exclusivamente quienes han contado la historia hasta hace muy poco tiempo han sido los hombres, eso ha hecho que se pongan en primera fila, que se pongan como elementos de explicación social aquellas actividades y trabajos que tienen que ver con el mundo masculino. ¿Qué consecuencia tiene eso para las mujeres y para los hombres? Que cuando nosotros trasladamos el conocimiento científico que generamos con la investigación histórica, lo trasladamos a la ciudadanía, lo hacemos poniendo en paneles, poniendo en textos, poniendo en imágenes, única y exclusivamente una historia masculinizada. Así, las niñas, las mujeres que van a ver un museo no se ven reflejadas ahí, no se ven como parte de la historia. Si observan esta imagen, en la que hay una mujer pintando, haciendo pinturas rupestres, una imagen bellísima de Arturo Asensio, es probablemente muchos de ustedes preguntarían: “¿Y cómo sabe que era una mujer? ¿Cómo saben cómo tienen ese conocimiento?” Sin embargo, si le hubiera puesto un nombre, un alto porcentaje no hubiera hecho, porque lo que hemos hecho a lo largo de la historia es que la representación masculina es la norma y la representación femenina es la anécdota, los extraños.