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En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella mientras decía: "Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz, pero ahora está escondido a tus ojos, pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro y no dejarán piedra sobre piedra porque no reconociste el tiempo de tu visita."
Palabra del Señor.
Nos podemos sentar, hermanos. Pues palabra que nos invita a la conversión. Prácticamente todas las palabras siempre nos invitan a convertirnos. El Señor nos da la posibilidad de convertirnos todas las mañanas con esta palabra que nos da, hablándonos, amándonos, queriéndonos, teniendo paciencia con nosotros, levantándonos de nuevo, etcétera. Todo esto sirve para que podamos ser hombres nuevos hoy, para que hoy seas diferente a ayer, para que hoy puedas amar más que ayer, si es que amaste algo ayer.
Claro, por eso, bueno, esta palabra está muy unida a la de ayer. No sé si os acordáis de la de ayer. ¿Alguno se acuerda? O ya se la llevó el pajarito que comió la semilla en el camino. Rapidito se la llevó el pájaro, el hombre noble que se va de viaje y deja unas minas de oro a sus criados. Pero cuando se va, acordaros que los habitantes de aquel país dicen: "No queremos que reine sobre nosotros." ¿Os acordáis? Envían un mensaje: "No queremos que reine sobre nosotros porque iba a conseguir el título real." Y está muy unido a esto hoy.
Y de hecho empezaba el evangelio ayer diciendo: "De camino a Jerusalén." Iba Jesús delante de sus discípulos, camino a Jerusalén. Y llega hoy a Jerusalén, hermanos, y esta es es parecidísima esta palabra, porque así como muchas veces, hermano, nosotros no queremos que Jesús reine en nosotros. ¿Cómo te parece eso? ¿Será que sí? ¿Será que sí? ¿Será que hay algún lugar donde no dejas que Cristo reine en tu vida? ¿Tú dejas que Cristo reine en tu sexualidad? Que sea el rey de tu sexualidad. Sí. Me extraña, me extraña, me extraña en tu matrimonio. ¿Tú te has abierto a la vida? ¿Has dejado que sea Cristo rey de tu sexualidad matrimonial o has hecho trampitas? Así les quiero ver. Callaos. Muy bien. ¿Has dejado que Dios reine, que Cristo sea rey en la relación con el dinero o has acumulado para ti y no en orden a Dios? ¿Has dejado que Dios sea rey en la relación con tus hijos o tú eres el rey en la relación con tus hijos? ¿Has dejado que Dios sea rey en la relación con tu hermano, con tu padre? ¿O eres tú? Y no queremos que reine. Aquí en este paréntesis, aquí no te metas, Jesús. Aquí no te metas. Aquí reino yo. Y hoy igual. Porque podemos decirle: "Aquí no te metas tú. Aquí no reines tú. Aquí no entres tú. Aquí en Jerusalén no entras." Porque esa Jerusalén somos tú y yo.
Y dice: "Si reconocieras en este día lo que conduce a la paz." No lo hemos reconocido. Tú y yo hemos reconocido verdaderamente que es Cristo el que nos conduce a la paz, que es Cristo el que nos da la paz. Porque muy bonito decirlo, muy bonito. Nosotros somos expertísimos en frases hechas, en frases hechas católicas, eh, me estoy refiriendo cristianas, católicas, lo que quieras. "Ay, Dios es todo para mí, eh, con Diosito no me falta nada. Dios provee y es bueno." Sí, pero eso es es realidad en tu vida. Dios te da la paz o lo que te da la paz es tener plata en la cuenta de ahorros. Dios te da la paz. Lo que te da la paz es que tu esposo no joda y que te quiera. ¿Quién te da a ti la paz? ¿Qué te da a ti la paz? Tú has reconocido verdaderamente lo que te conduce a la paz.
Y en un país como Colombia que necesitamos paz, todo el mundo necesita paz. El mundo está verdad está horrible, ¿no? Ucrania, Rusia, Estados Unidos, ahora Venezuela. Bueno, ahora no, Venezuela ya lleva bastante, ¿eh? Colombia, Israel, Palestina, no sé qué, todo el mundo, Nigeria. Un país como Colombia, insisto, que sabemos lo que es la paz o buscar la paz, ¿no? Es es es la promesa de todos los presidentes de la República en Colombia, encontrar la paz. Es gracias a eso llegan a ser presidentes. El que mejor lo promete, ese es el que sale. ¿Qué nos da la paz? piénsalo, porque también puedes creer que la paz, que el Señor está en tu casa porque tienes un cuadrito de Sagrado Corazón o porque tienes un altarcito o porque tienes allí una cruz en la pared. Yo a veces pienso que ese Jesús que tienes allí en la pared se debe de sentir muy solo en esa casa. Dice: "Aquí estoy solo. Me dejaron solo. Aquí no hay ningún cristiano. Estoy solo aquí." O ese altarcito que tienes o ese cuadro del Sagrado Corazón, eso es la paz. La paz está donde hay un cristiano. Y si tú eres cristiano, en tu casa hay paz. Si tú eres cristiano, en tu país hay paz. La paz no la da a firmar un papel. La paz no la da a que dialoguemos y lleguemos a un acuerdo. La paz la da Jesucristo. Y nosotros, insisto, los colombianos somos expertos en saber que la paz no la da un papel, que la paz la da el Señor. Y empieza, hermanitos, y lo sabemos muy bien, por tu matrimonio, por tu casa, por tu edificio. Pero, ¿cómo va a haber paz en Colombia si en el edificio las asambleas esas del edificio son ahí hay paz en una manada de víboras o no? Al menos en el mío y yo ni voy mal hecho. Debería ir por lo menos para, no sé, para otra víbora más.
Pero es a esto estamos llamados, hermanos. a reconocer la llegada del Señor a nuestra vida, a reconocer que el Señor ha venido. Dice que Jesús lloró sobre la ciudad allí en Jerusalén, frente a la explanada del templo, frente al templo, allí como la vista que siempre se ve, está el monte de los Olivos. Es un monte enorme. Eh, digamos que Getsemaní, que es el huerto de los Olivos, es la parte baja del monte, pero en la parte un poquito más alta está hay una zona, hay una iglesia allí que han construido los franciscanos, se llama Dominus Flevit, donde el Señor lloró. Tú llegas allí y allí se ve perfectamente toda la vista de Jerusalén y allí Jesús lloró.
Vemos en el evangelio que Jesús llora. Lloró por Lázaro, lloró por Jerusalén, llora por ti y por mí. Fijaros el amor que nos tiene el Señor que llora por nosotros. Si reconocieras, dice, "Pero ahora está escondido a tus ojos. Somos ciegos." Por eso a mí siempre me ha impactado mucho el la curación del ciego. Creo que es lo primero que debe hacer el Señor con todos nosotros. Bueno, hay una cosa previa, que reconozcas que eres ciego y entonces podrá curarte. Y ya después viendo podemos seguir a Jesucristo, pero ciegos no podemos seguir a Jesucristo. Ciegos no podemos reconocer lo que Cristo quiere hacer en nuestra vida, en el matrimonio, en las en la vejez, en la enfermedad, en tantas cosas, hermanos. Ciegos no podemos verlo. Lo primero que debe hacer el Señor con nosotros es darnos la vista para poder reconocer la paz que viene de él.
La paz cristiana que no es no tener problemas. Porque para eso que no es como marihuana espiritual, no, no, no, eso no es la paz cristiana. Para eso te fumas un bareto y ahí tienes más paz. No es esa. La paz cristiana es la cruz. Mira qué paz. Mira la paz. La paz cristiana es la cruz. Es dar la vida por el otro. Eso trae paz cuando el cristiano se deja matar. Cuando el cristiano es una oveja rodeada de lobos y se deja comer y se deja triturar. y da la vida por el enemigo. Eso es la paz que trae Cristo y la paz que estamos llamados nosotros a vivir, hermanos.
Que así sea.