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El día que Europa dividió a China como si fuera un pastel

Historia Critica26:14

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Octubre de 1860. Tras feroces combates, los británicos y franceses toman la ciudad de Pekín, la capital del imperio chino. El emperador Xianfeng, desesperado, tiene que huir a último momento para no ser capturado por los europeos.

Pero esto solo empeora las cosas. En un acto de furia y descontrol, los anglo-franceses queman el Palacio de Verano chino, el Versalles de Oriente. Durante tres días, los europeos queman y saquean este hermoso complejo, simbolizando la humillación de China ante las potencias colonialistas. Tras esto, el monarca oriental debe reconocer los tratados de Tianjin, los cuales obligan a China a abrir el comercio, vuelven a legalizar la venta del opio, como también a abrir puertos y embajadas para los países agresores, además de indemnizarlos. Mientras esto sucede, China se encuentra en la peor guerra civil de su historia: la rebelión del Reino Celestial, la cual costará entre 20 y 30 millones de muertos. Esta es la historia de cómo China sufrió las agresiones de las potencias imperialistas durante el 1800 y cómo eso repercutió en graves conflictos internos y en la caída de la dinastía Qing hacia 1912.

Hacia inicios del 1800, China es gobernada por la dinastía Qing y viene de derrotar a la llamada rebelión del Loto Blanco. Esta rebelión había sido impulsada por una secta de la región montañosa de Sichuan y se había extendido por todo el país en forma de guerrillas. Los trabajadores descontentos se habían unido para protestar en contra de la corrupción rampante del Estado chino. Tras varios años de conflicto, el gobierno logra imponerse y derrotar a los rebeldes, pero a un costo muy alto: en sus finanzas se habían gastado lo equivalente a 5 años de ingresos del fisco, dejando al gobierno muy golpeado. La dinastía Qing nunca recuperó el prestigio anterior, siendo este el primer punto de caída en un derrotero que recién estaba por empezar.

Para el 1800, China posee ya 450 millones de habitantes, alrededor del 36% de la población mundial. Más allá de las rebeliones, en esa misma época el aumento poblacional de China se dio en parte gracias al cultivo de maní, papa y batata, los cuales podían crecer en condiciones más adversas que los clásicos como el arroz o el trigo. La llegada de estos nuevos cultivos se dio gracias a la apertura del comercio privado. En el año 1685 se fundaron aduanas en las ciudades costeras, siendo la más importante la de Cantón, al sur de China y al lado del Macao portugués y del futuro Hong Kong. Luego de varias décadas, los chinos comenzaron a controlar el comercio con más atención, dejando a Cantón como único puerto legal para el intercambio con Occidente y creando un gremio de mercaderes que eran los únicos habilitados a comerciar con los europeos. Este gremio era llamado Cohong y manejó durante 80 años el comercio entre China y Europa. El encargado de supervisar todo era el Supervisor de Comercio, también apodado Hoppo, quien era responsable ante el emperador. Los comerciantes europeos solamente podían tratar con mercaderes del Cohong o con el supervisor aduanero Hoppo, y nunca con el gobernador provincial u otra autoridad china. El intercambio era así muy controlado y favorecía a China enormemente, dado que solamente aceptaban plata española como forma de pago y tampoco demandaban tantos bienes como los europeos. A ellos, los europeos compraban principalmente té o porcelana y los pagaban con monedas de plata; pero los chinos no compraban ni la quinta parte de ese volumen en bienes occidentales. Esto generaba un déficit comercial muy alto para los europeos que no conseguían vender sus productos al mercado chino. China había encontrado la manera de enriquecerse y tener la situación controlada como nunca en su historia, pero eso estaba a punto de empezar a cambiar.

Ya desde inicios del 1700, el Imperio británico había comenzado a vender de forma ilegal el opio que cultivaba en la India. El opio es una droga que mezcla sustancias con tabaco para ser fumado, teniendo un efecto sedante y siendo muy adictivo. El contrabando de opio en China había sido prohibido en 1729 y en varias ocasiones más, llegando su condena a la pena de muerte. Pero esto no detuvo ni a los ingleses ni a la mafia china que lo comercializaban. Para el año 1810, el tráfico de opio se había extendido tanto en China que el propio emperador Jiaqing emite un edicto desesperado diciendo: “El opio hace daño, el opio es un veneno que mina nuestras buenas costumbres y moralidad; su uso está prohibido por la ley”. El consumo de opio, además, iba en contra de la filosofía de Confucio, tan difundida en China. Una de sus frases célebres decía: “Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos”. El opio se vende a comerciantes británicos que operan principalmente en Cantón, que a su vez lo revenden a los comerciantes chinos que conforman una red de distribución que llega a gran parte del país. En este sistema, Inglaterra llega a vender ilegalmente unas 14.400 millones de toneladas de opio a China. Irónicamente, mientras lo venden en China, lo prohíben en la India británica. La situación estaba fuera de control y para 1829 el emperador prohíbe de nuevo la venta y el consumo de opio.

En 1839, el emperador Daoguang nombra al gobernador de Cantón, Lin Zexu, como comisario imperial para erradicar el consumo de opio en la provincia de Guangdong, donde se hallaba la ciudad de Cantón, el punto de entrada hacia toda China. Lin Zexu, justo antes de actuar, procede a escribir una carta a la reina Victoria de Inglaterra a modo de aviso: “Parece ser que esta mercancía envenenada es fabricada por algunas personas diabólicas en lugares sometidos a vuestra ley. He oído decir que en vuestro país está prohibido fumar opio; ello significa que no ignoráis hasta qué punto resulta nocivo. Pero en lugar de prohibir el consumo del opio, valdría más que prohibieseis su venta, o mejor aún, su producción. Todo opio que se descubre en China se echa en aceite hirviendo y se destruye; en lo sucesivo, todo barco extranjero que llegue con opio a bordo será incendiado. Entonces no solo no obtendréis ningún beneficio de nosotros, sino que os arruinaréis en el negocio. No digáis luego que no se os avisó a tiempo”. Esta carta jamás llegaría a la reina inglesa, pero sí sería publicada en el diario Times de Londres ese mismo año. El funcionario Lin Zexu procede a confiscar y destruir 20.000 cajas de opio que valían 5 millones de libras de la época que se hallaban en manos de narcotraficantes británicos. Las autoridades británicas en Cantón prometieron a los comerciantes ingleses que el gobierno inglés iba a indemnizarlos. Aunque en realidad, el gobierno inglés no estaba en una situación financiera buena como para pagarles. Esta incautación masiva de opio es la que termina por desatar la guerra, la cual es votada en el parlamento inglés por 272 votos a favor contra 262 en contra. A pesar de que buena parte de la población y la mitad del parlamento estaban en contra de la venta de opio como droga en China, el ala dura británica se las ingenió para ir a la guerra y abrir el comercio a punta de cañón.

Poco a poco, el Reino Unido comenzó a reunir una flota sobre Cantón, enviando barcos desde sus colonias en India, Singapur y Australia. Luego de esto, los británicos bloquearon la salida al mar de la ciudad y proceden a ocupar la isla de Hong Kong en enero de 1841. Para marzo, los británicos habían desembarcado y tomado la ciudad de Cantón sin muchas bajas, mientras que los chinos, debido a su armamento anticuado, no podían oponer una resistencia efectiva. Los barcos chinos no eran rivales para los buques de guerra modernos de la Royal Navy y su organización superior. Luego de esto y para mayo de 1842, los británicos ocuparon también el actual Xiamen y varios otros puertos en la costa de China. Los ingleses decidieron entonces asestar un golpe definitivo a las finanzas del imperio Qing atacando el río Yangtsé, por donde pasaba el comercio interno chino, con una fuerza de 25 barcos de guerra y 10.000 soldados. Los británicos lograron tomar Nanjing y también capturar barcasas con muchos impuestos que se habían recaudado en esos meses. Los ingleses, si bien eran mucho menos en número, estaban mejor organizados y tenían un armamento muy superior. Toda esta situación terminó generando que los chinos aceptaran negociar en la ciudad de Nanjing.

Hacia agosto de 1842, se firma así el primer tratado desigual que le imponen a China. Los chinos debían indemnizar al Reino Unido por los costos de la guerra y también a los traficantes de opio. Además de esto, se eliminan los aranceles para todos los productos británicos, se termina con el sistema de comercio único de Cantón, se libera el comercio de opio y se reconoce la soberanía inglesa sobre la isla de Hong Kong para siempre. También los súbditos ingleses en China serán juzgados por leyes inglesas y no las chinas. Este tratado de 1842 es el comienzo del llamado Siglo de la Humillación, el cual está caracterizado por invasiones extranjeras, tratados injustos, hambrunas y rebeliones.

Apenas dos años después, y debido a la debilidad absoluta de China, los Estados Unidos y Francia logran obtener condiciones similares en los tratados de Huangpu y Whampoa. De esta manera, los chinos terminan perdiendo el control de su comercio a favor de las potencias occidentales, y el desgaste económico y humillación nacional hunde al gobierno imperial en una crisis de la que jamás se recuperará.

Como resultado de la bancarrota del gobierno chino y de los tratados firmados, se produce la mayor rebelión de la historia china: la Rebelión de Taiping. En enero de 1851, esta revuelta genera una guerra civil total como nunca había ocurrido, liderada por Hong Xiuquan. Esta revuelta tuvo como objetivo eliminar al gobierno manchú de China, que era considerado el demonio en la tierra, e implantar de nuevo la dinastía Ming, pero con cambios importantes: en primer lugar, las mujeres estarían al mismo nivel que los hombres y no debería haber clases sociales; en segundo lugar, toda propiedad privada pasaría a ser parte del reino; en tercer lugar, el calendario pasaría a ser solar en vez de lunar; en cuarto lugar, se prohibió la monogamia, como también el opio, el tabaco, la esclavitud, los juegos de azar y la prostitución. La religión era una mezcla de confucianismo, cristianismo y budismo única, donde el líder Hong decía ser el hermano menor de Jesús y enviado del dios Shangdi chino. El ejército rebelde era la principal fortaleza del movimiento, alcanzando el millón de soldados, teniendo una absoluta disciplina y fanatismo, y estando compuesto por un alto número de mujeres. El territorio que era conquistado se repartía entre distintos reyes o príncipes que se conocían entre sí. Debido a la decadencia de la dinastía Qing, la revuelta se encendió como la pólvora y para 1853 lograron tomar la ciudad de Nanjing y fundar el Reino Celestial de la Paz, cuyo líder era Hong Xiuquan. En cada pueblo o ciudad que tomaban los rebeldes, obligaban a que al menos un adulto de cada casa se una al ejército del reino y, más importante, procedían a matar a todos los manchúes que estuvieran allí, sin importar si eran niños, mujeres u hombres. Para mediados de 1850, China estaba partida en dos y se desangraba con batallas enormes y masacres todos los meses.

Como si esto fuera poco, en 1856 se inicia la Segunda Guerra del Opio, luego de que los chinos confiscaran un barco inglés. A los británicos se unieron los franceses, y juntos ocuparon la provincia de Hangzhou sin mayores problemas. Para mediados de 1858, los chinos ya estaban firmando otro tratado que incluía a Rusia, Estados Unidos, Francia e Inglaterra. El pacto incluía embajadas en la ciudad de Pekín, la apertura de 10 puertos comerciales extra y la libre navegación del río Yangtsé. También, obviamente, China debería pagar por todos los costos del conflicto. Pero a pesar de esto, para 1859 los chinos se negaron a abrir embajadas extranjeras en Pekín, lo que generó el reinicio de las hostilidades. En septiembre de 1860, los chinos fueron derrotados en la batalla de Palikao, donde sufrieron 10.000 bajas frente a apenas 55 occidentales. Esta victoria abrió el camino hacia Pekín para los anglo-franceses, que tomaron la ciudad y el emperador tuvo que huir a toda velocidad. Tras esto, los chinos manchúes ejecutaron a varios prisioneros que habían capturado de manera terrible, dejándolos irreconocibles, lo que motivó la furia de los anglo-franceses. En un acto de venganza, los occidentales saquearon y destruyeron por completo el enorme Palacio de Verano Imperial, el cual era considerado el Versalles chino. Este palacio, a 12 km de Pekín, era un gran parque de 300 hectáreas a orillas del lago Kunming. Estaba compuesto por palacios, pagodas, teatros, fuentes y jardines que se habían construido por el emperador Qianlong en el año 1750. Los occidentales demostraron especial ira en la destrucción del complejo, estando tres días enteros para destruirlo y no llegando ni siquiera a llevarse muchos objetos preciosos que se terminaron quemando de forma inútil.

Tras estos hechos, Xianfeng, el noveno emperador de la dinastía manchú Qing, no tuvo más remedio que firmar el tratado de Tientsin con el Imperio británico, el francés, el Imperio ruso y los Estados Unidos. Acepta delegaciones extranjeras en Pekín, impone a China reparaciones de guerra, legaliza la importación de opio y la llegada de misioneros cristianos. Más puertos deben ser abiertos al comercio y se puede circular libremente por los ríos. Rusia aprovecha la debilidad de China para firmar su propio tratado desigual, el tratado de Aigun. Como resultado, obtiene la orilla izquierda del río Amur, donde fundará Vladivostok. China debe renunciar a sus derechos sobre la isla Sajalín y, como parte del acuerdo, China debe ceder parte de Manchuria al imperio ruso. Como si esto fuera poco, esta debilidad llevó a las potencias a dividir China en zonas de influencia, al igual que harían con África unos años después. Para Rusia, toda la frontera desde Asia central hasta el límite de Corea en el río Yalu; para Francia, las áreas limítrofes con el sudeste de Asia, lo que abriría el camino a la futura colonia Indochina francesa; y para Gran Bretaña, las regiones limítrofes con la India y Nepal. Los puertos quedan abiertos al comercio total y se mantienen los enclaves coloniales como Hong Kong y Macao.

Mientras todo esto sucedía, la guerra civil china entre la dinastía Qing y el Reino Celestial de la Paz continuaba con intensidad. Hacia junio de 1861, se inició la batalla de Zhenjiang, la cual duraría un año y tendría como ganadora la dinastía Qing. En esta lucha, los británicos y franceses ayudaron a los Qing a defender la ciudad utilizando artillería moderna y entrenando a un grupo especial de soldados chinos apodado “El ejército que siempre vence”. Era liderado por el inglés Charles George Gordon y fue entrenado en las tácticas occidentales de guerra y con equipamiento moderno. Este grupo de hasta 5.000 soldados sería clave para que la rebelión pueda ser sofocada de forma definitiva. La batalla final contra el Reino Celestial se daría en marzo de 1864 en la ciudad capital del reino, la ciudad de Nanjing. Las tropas leales a la dinastía Qing se hicieron con la victoria tras tomar el monte Púrpura, donde instalaron cañones. Mientras esto sucedía, el líder rebelde Hong Xiuquan moría envenenado a causa de comer plantas del jardín de su palacio. Tras la muerte de Hong, el general Li Xiucheng tomó el mando de la defensa para oponerse a su rival imperial, el general Zeng Guofan. Zeng Guofan, siendo un general muy resolutivo, ordenó y logró cavar un túnel bajo tierra para volar la muralla que cubría Nanjing. La explosión que voló la muralla fue particularmente fuerte, volando los escombros varios kilómetros y matando cientos de personas al caer. Tras abrirse una brecha en la defensa, se desató una feroz lucha calle a calle, aunque al final las tropas imperiales terminaron ganando y saqueando toda la urbe. La batalla de Nanjing se cierra con el asesinato de Li Xiucheng, quien había reemplazado a Hong tras su muerte. Las bajas del combate fueron poco claras, aunque se consideran más de 100.000 entre ambos bandos. La rebelión del Reino Celestial terminaría de morir en las batallas finales de Anhui y Fujian, donde las bajas se contaron también por decenas de miles. En números totales, el conflicto entre la dinastía Qing y el Reino Celestial se terminó cobrando entre 20 y 30 millones de personas a lo largo de sus 14 años de duración. Para finalizar de pacificar el imperio, tanto el ejército de Zeng Guofan como el “Ejército que siempre vence” de George Gordon fueron enviados al norte para vencer a la mucho más desorganizada y pequeña rebelión Nian. Esta rebelión, principalmente campesina, había existido hace una década desconociendo a la autoridad imperial. Muy pronto fue aplastada y el orden general volvió al imperio de la dinastía Qing, que ahora se encontraba en un estado de coma grave. Tanto la rebelión del Reino Celestial como las dos guerras del opio, junto a los tratados desiguales, sumieron al imperio chino de la dinastía Qing en una crisis que no tardaría en volver a estallar.

Pero mientras el caos reinaba en China, al otro lado del mar, en Japón se estaba dando la Restauración Meiji. Esta era un proceso económico y político que en apenas tres décadas lanzaría a Japón a la modernidad industrial. El Japón feudal de los daimyo y los samuráis había muerto para dar lugar a un país industrial pujante y con grandes ambiciones para Asia. Los japoneses, gozando de orden social y una industria en crecimiento, terminan por ir a la guerra contra la golpeada China en el año 1894. A raíz de turbulencias políticas, ambos países enviaron tropas a Corea para proteger sus intereses. Los nipones terminaron imponiendo un gobierno pro-japonés en junio de aquel año y, para rematar la situación, también hundieron un buque chino sin previo aviso. La guerra, y los japoneses se lucen ganando batalla tras batalla. El ejército chino, si bien se había modernizado tras las Guerras del Opio, carecía de entrenamiento y disciplina, lo que terminó por inclinar la balanza del lado japonés. Para abril de 1895, el gobierno chino capitula y firma otra rendición humillante: el Tratado de Shimonoseki. En este, China acepta pagar indemnizaciones de guerra, abrir sus ríos y puertos al comercio, reconoce la independencia de Corea (país que queda de ahora en adelante bajo la influencia japonesa) y también cede la isla de Taiwán y el archipiélago de las Islas Pescadores al imperio de Japón como indemnización de guerra. Japón se queda también con el estratégico enclave de Port Arthur en el noreste de China y el resto de la península de Liaodong, pero por presiones diplomáticas finalmente debe cederlos al imperio ruso. China solo puede observar todo esto con impotencia. Hasta aquel momento, Japón había sido visto por los chinos como un país menor que absorbía la cultura que ellos tenían, pero ahora el discípulo humillaba al maestro y no había nada que pudieran hacer para evitarlo.

La humillación con Japón y el resto de las potencias extranjeras generó que en 1898 comenzara a gestarse el Levantamiento de los Boxers, compuesto por practicantes de artes marciales. En un inicio, la situación comienza con ataques a iglesias y cristianos bajo el mote de apoyar a los Qing y destruir a los extranjeros. Los Boxers juran lealtad a la emperatriz Cixi, y el sentimiento anti-extranjero se extiende por China. La penetración de misioneros cristianos, para los Boxers, es vista como una invasión cultural, y a quienes aceptan estas ideas se los trata de traidores. Debido a esto, extranjeros, comerciantes y misioneros se refugian en el barrio de las legaciones, un recinto amurallado cerca de la Ciudad Prohibida donde están las sedes diplomáticas extranjeras. Para ese momento, unos 500 soldados occidentales protegían el distrito y unos 2.000 soldados extras estaban en camino para sumarse, pero fueron emboscados arriba del ferrocarril. Luego de esto, el 21 de junio, la emperatriz Cixi emite un decreto declarando la guerra a las potencias extranjeras con un mensaje encendido: “Ahora ellos, los poderes, han iniciado la agresión y la extinción de nuestra nación es inminente. Si nos cruzamos de brazos y nos rendimos ante ellos, no tendría rostro para ver a nuestros antepasados después de la muerte. Si debemos perecer, ¿por qué no luchamos hasta la muerte?”. A pesar de esta postura, los gobernadores regionales chinos a cargo de sus ejércitos provinciales no declararon la guerra y mantuvieron oculta la declaración en el sur, ya que entendían que una guerra abierta con el mundo industrial no llegaría a buen puerto.

Las potencias colonialistas contestan, sin embargo, formando una coalición y enviando un ejército de 54.000 soldados para enfrentar a la rebelión de los Boxers. Estos países son el Imperio alemán, el británico, el francés, el ruso y el austrohúngaro, junto a Italia, Japón y Estados Unidos. Desembarcan en la costa y avanzan por tren gracias a que los gobernadores les permiten viajar. Además de los gobernadores del sur, también el general manchú Ronglu concluyó que era inútil luchar contra todos los poderes simultáneamente y se comenzó a colaborar con ellos. Ronglu bloqueó la transferencia de artillería a las tropas que estaban sitiando el barrio y también envió comida a los extranjeros sitiados. El sitio del barrio se extendió por 55 días mientras el ejército de coalición se abría paso para llegar a liberarlo. En su camino, la coalición venció en varias batallas a los rebeldes, tras las cuales se cometieron atrocidades por parte de ambos bandos. Finalmente, en agosto, las potencias levantaron el sitio y sofocaron el levantamiento. La ciudad de Pekín fue saqueada impunemente por los invasores, que realizaban subastas cada mañana con los elementos pillados. En general, se estima que la rebelión costó unas 100.000 vidas y, tras la rendición, la dinastía Qing tuvo que firmar el Protocolo Boxer, por el que aceptaba indemnizar a los aliados. La reina Cixi, al ver que la oferta de las potencias le permitía seguir en el cargo y que no incluía tampoco pérdidas de territorio, accedió a firmar el protocolo y a pagar indemnizaciones todos los años a los países colonialistas involucrados.

El episodio de los Boxers, sin embargo, marcaría un punto de no retorno para la historia de China, siendo el punto final de un largo derrotero. Las Guerras del Opio, la guerra civil del Reino Celestial, la guerra sino-japonesa y la rebelión de los Boxers, junto a todos los tratados desiguales, fueron los golpes de gracia para la dinastía Qing, de los que nunca se recuperaría hasta su caída final en 1912. Sobre cómo se termina de dar la caída de los Qing y cómo continúa la historia china en el siglo XX, hablaremos en vídeos futuros. Pueden ver también nuestro último documental sobre el ascenso reciente del gigante asiático que lo ha convertido en una superpotencia mundial. Si les gustó este filme, por favor denle me gusta y compártanlo con sus conocidos. No se olviden de suscribirse al canal y nos vemos en el próximo vídeo.