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Predica la palabra. ¿Por qué quiero hablar de este tema? Porque yo sé, sé lo que sufren los predicadores, los pastores, aquellos que tenemos la bendición de llevar el mensaje de la palabra de Dios. Porque muchas veces oramos, ayunamos, nos preparamos, buscamos a Dios, le pedimos a Dios que nos dé la palabra. Aleluya.
El problema es que los que reciben la palabra muchas veces no la atesoran. Amén. Aleluya. Y eso lastima el corazón de muchos siervos de Dios al grado de que algunos dirán: "Mejor ya no predico más, mejor ya no sigo haciendo la obra de Dios". Hoy vengo a decirte, predica la palabra. Te oigan o no, te oigan, te amen o no te amen. Te valoren o no te valoren, predica la palabra. Aleluya. Santo. Aleluya.
Y voy a invitarles que por favor vayan al evangelio de Marcos. Aleluya. Fíjese que cuando uno ve la gente convertirse a Cristo, venir al evangelio, a la iglesia, uno dice: "Gloria a Dios, ya se convirtió". Amén, Señor. Aleluya. Y uno se alegra porque alguien acepta al Señor. Pero hoy en esta noche vamos a darnos cuenta que el problema no está en la palabra, no está en la semilla que se siembra, está en el terreno donde cae la semilla. Adora a Cristo si puedes. Lucas capítulo 4, perdón, Marcos capítulo 4. Marcos capítulo 4. Gloria a Dios. Vamos a disfrutar esta palabra.
Jesús era de esos predicadores que no había que hacerles anuncios. Todo el mundo quería estar donde él iba a estar predicando. Todos. Todos querían oírlo. Todos. Nadie enseñaba como él. Nadie, nadie hacía las cosas que él hacía. Es que imagínese, hermano, lo que pasaba. Llegaban los cojos y se iban caminando. Llegaban los ciegos y se iban viendo. Traían un muerto y resucitaba. Pero Jesús tampoco lo impactaban las multitudes. Él miraba aquel montón de gente que lo rodeaba y cualquiera pudiera haber dicho: "Wow, esta noche sí que se va a poner bueno esto". Qué gloria. ¿Cuánta gente hay aquí? Jesús no. Jesús miraba lo que usted y yo no miramos.
Su nombre gloria. Ese mismo Jesús está aquí hoy y nos está viendo a todos nosotros, a todos. Escuche lo que dice la palabra de Dios. Honrando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Verso 1. Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar otra vez. O sea, él amaba predicar la palabra. Esta era otra vez y se reunió alrededor de él mucha gente, eran multitudes que querían ir a escucharlo, enseñar la palabra. Tanto que, perdón, tanto que entrando en una barca se sentó en ella, en el mar y toda la gente estaba en tierra junto al mar. Aleluya. Gloria a Dios. Aleluya. Aleluya. Y dice que les enseñaba por parábolas muchas cosas y les decía en su doctrina. Gloria a su nombre.
Como predicador era inigualable. Gloria a Dios. Les empezó a dar una parábola aquella multitud, pero esa parábola llevaba un mensaje tan bendito que sabe qué es lo que Cristo les estaba diciendo, que no todos los que estaban ahí eran buena tierra. No todos. Mire, mire, mire cuántos han aceptado a Cristo y se han ido de la iglesia. Ahora lo vamos a entender por qué se fueron. No es que Dios no sea bueno, no es que la palabra haya fallado, no es que Dios no te ame. El problema está en el corazón de los seres humanos. Aleluya. Alábalo que él reina. Él está sentadito en la barca. Sentadito. Imagínese usted la forma de predicar de Cristo. Sentadito, tranquilo. Aleluya. Oíd. Fueron las palabras de Jesús. He aquí el sembrador salió a sembrar. Permítame explicarle esto primero a Dios para que lo entendamos nosotros como lo estaba entendiendo aquella multitud que oía a Jesús.
En los tiempos de Jesús no se sembraba como usted se imagina que nosotros sembramos ya en los tiempos modernos con tractores, con arados, con bueyes, con un pico, una macana, como le decimos aquí en El Salvador, ¿verdad? Y usted busca buena tierra y ahí va con el pie aterrando bien bonito, ¿verdad? En los tiempos de Jesús, el sembrador, el sembrador andaba una especie de alforja cruzada y la andaba llena de semilla. Entonces ese hombre metía la mano y así así regaba y tiraba la semilla. Pero esa semilla parte caía a la orilla del camino. Aleluya. Otra caía en pedregales, otra entre espinos y una en buena tierra. Gloria a Dios.
¿Quién es el sembrador? El sembrador es el predicador de la palabra bendita de Dios. ¿Sabe lo que yo estoy haciendo ahora? Es sembrando la semilla de la palabra de Dios. Ustedes son el terreno. Alábalos que él vive. Y esta es la semilla, la palabra, la palabra. Esta es la semilla. ¿Sabes qué voy a hacer en esta noche? A repartir palabra aquí, a tirar semilla, a ver si hay buena tierra. Gloria. No te enojes con la palabra. Gloria a Dios. Todo va a depender de ti. La culpa no la tiene Dios si estás débil. La culpa no la tiene Dios si te quieres ir de la iglesia. El problema está el terreno donde está cayendo la palabra. Gloria a Dios. Hay palabras donde no puede crecer la semilla, donde no puede nacer la semilla. Porque, aleluya, hay gente que viene al culto como espectador. Hay gente que viene al culto a perder el tiempo, pero hay gente que viene al culto a oír palabra de Dios.
Escúcheme bien. Conociendo a Jesús, me imagino el amor que sentía por aquella multitud. Amén. Ese amor lo llevó a predicar una de las palabras más benditas y bellas que yo he leído en este libro sagrado, la parábola del sembrador. ¿Sabe qué es lo que Cristo quiere? Que aprendamos. A él le dolía. Le dolía porque sabía que habían muchos que iban a oír el mensaje, pero que nunca le iban a servir. Nunca. Escúchame lo que te voy a decir en esta noche. Yo estoy seguro que el Espíritu Santo siente dolor por muchos de los que estamos aquí. Porque estoy seguro que algunos de los que están aquí algún día dejarán de estarlo. Gloria a Dios. Llevo años predicando este evangelio y años pastoreando y he visto multitudes venir y multitudes iré. Aleluya. Aleluya. Gloria a Dios. Yo espero que usted sea uno de los que se queden. ¿Cuántos se quedan? Mire, yo no me voy a botar. ¿Sabe qué le dije a mi pastor? Allí es donde usted se da cuenta cuando la tierra es buena. ¿Sabe? Yo le dije a mi pastor: "Mire, todo lo que usted me diga que haga, lo voy a hacer porque usted es mi pastor y yo lo voy a obedecer". Lo único le dije que nunca le voy a obedecer es que usted me prohíba entrar por esa puerta. Porque si usted me saca por esa puerta, me le meto por esa ventana y si me saca por la ventana, me le meto por la puerta. ¿Sabe por qué? Porque vine para quedarme. ¿Cuántos adoran a Dios? Aquí estoy. Han habido luchas, han habido batallas, han habido guerras, se ha levantado, los demonios, los brujos, la gente. Gloria a Dios. Pero hasta aquí me ha ayudado el Dios de la gloria. Ay, esta noche nos vamos a dar cuenta qué clase de terreno es usted, hermanito. Porque hay hermanitos que, mire, así son las raicitas que tienen el evangelio. El destornuda y lo saca de la iglesia. Gloria a Dios. Pero hay gente que se le levanta, le hace la guerra, le hace problemas por todos lados, pero mire, ahí están agarraditos de la mano poderosa de Dios. Aquí están. Oh, gloria.
Y empieza Jesús de esta manera, que toda esa gente que estaba ahí le entendía perfectamente lo que estaba enseñando. Verso 4. El tres dice: "Oíd, he aquí el sembrador salió a sembrar. Y al sembrar aconteció, aleluya, aconteció que una parte cayó a ¿dónde, hermanito? junto al camino y vinieron las aves del cielo. Allá andaban los pajaritos. Ay, ese pájaro anda aquí buscando a ver a quién le come la semilla. Alábalo. Yo estoy sembrando la semilla, predicando la palabra y por otro lado está el Gloria a Dios. No le hagas caso a ese pastor. No le hagas caso lo que predica. Esos son fanáticos religiosos. Que Dios reprenda al Allí está el Gloria a Dios. mandando sus pajaritos a que te quiten la palabra. Pero aquí hay un grupo de hombres y mujeres que vamos a recibir esta palabra con amor en esta noche. Aquí la batalla la va a perder el Gloria a Dios. Porque esta guerra la va a ganar el Dios de la gloria. Por eso yo doy gracias a Dios por esta bendita palabra. Por esta bendita palabra.
Y ya me imagino yo aquella audiencia, ¿verdad? Y parte de la semilla le dijo, cayó junto al camino y todos decían: "Ya se imaginaban el montón de palomas comiendo semillas", porque a uno se le despierta las alas de la imaginación, el interés. Y escuche, otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra y brotó pronto porque no tenía profundidad de tierra. Aleluya. Son esos hermanitos que son cristianos por encimita. Ellos no oran, ellos no ayunan, ellos no leen la palabra, ellos vienen al culto allá. Alaba lo que él vive. Quedarse en la casa para ellos es lo más normal que existe. Alábalo. No sé si a alguien le está cayendo esta semilla hoy, pero hay gente que quedarse en la casa es normal porque no tienen profundidad. Gloria a Dios. Pero aquel que la palabra le cae en el corazón, hermano, y la palabra empieza a trabajar en uno, mire, llega la hora del culto y usted dice: "Hermanito, discúlpeme, deje todos los compromisos, cierro la compañía, me voy ahora mismo porque voy para la casa de Jehová". Gloria a Dios. Hay culto en mi iglesia, hay palabra de Dios y yo no me la puedo perder. El le soba la cabeza y le dice: "Hoy no vayas al culto, venís cansado, no dormiste bien anoche". Oh, gloria a Dios. El le predica, pero cuando la palabra está sembrada, no hay que te saque la palabra. Gloria a Dios. Pero cuando estás por encimita, cuando no tienes profundidad, cuando no tienes raíces, gloria a Dios, te saca el de la iglesia. Así hay muchos ya en la iglesia se están secando. Se están secando porque estás viviendo un evangelio por encimita nada más. Aquí no se puede servir así a Dios. Aquí hay que servirle de corazón.
Hay algunos que casi se les ve las piedras, pero como Dios cumple, Dios siempre tira la semilla. Dios siempre siembra la palabra. La palabra no se puede dejar de predicar. Por eso te digo a ti, siervo de Dios, pastor, evangelista, maestro de la palabra, Dios te ha llamado a predicar la palabra. No dejes de predicarla. Aunque te rechacen, aunque no te amen, aunque no te escuchen, predica la palabra. No te desanimes, sigue predicando. Alaba lo que vive. Sigue predicando. Gloria a Dios. Aunque sienta que los hermanos de la iglesia no valoran lo que tú predicas, sigue predicando, sigue sembrando la semilla del evangelio. Gloria a Dios. que aunque te rechacen algunos, siempre en la iglesia hay gente que es buena tierra para la gloria de Dios. Hay gente que ama la palabra. Aquí están en esta noche. Aquí hay gente que ama, ama, ama la palabra. Y mire lo que ocurre y dice Jesús, ya me imagino que usted tiene que imaginarse esa gente ahí sentada escuchándolo. Wow, cayó entre pedregales. No tenían profundidad. Y dice Jesús: "Pero salido el sol, se quemó". Gloria a Dios. Por eso es que hay personas que están en la iglesia y a la primera prueba se quemó. Gloria a Dios. Ya no vuelvo, dice. Y y ¿qué le pasa, hermano? Es que yo vi a un hermano en la iglesia que me miró así y y ¿cómo y cómo quiere que lo vean? Y es que él se las arregla todo, porque a veces uno está así, ¿verdad?, como pensativo. Y el hermano dice: "Es a mí que me estaba viendo". Y el hermano estaba allá en Centroamérica, en Suramérica. Aleluya. Y él le dice: "Mira cómo te quedó viendo". Salió el sol y lo empezó a quemar y dijo: "No vuelvo más al culto". Te marchitaste demasiado rápido. Aguanta, aquí hay pruebas, aquí hay batalla.
Y dice la Biblia: "Y otra parte cayó entre espinos y los espinos crecieron y ahogaron y no dio fruto. Se ahogó". Espérese que usted está como los discípulos y como estoy yo también. Ya nos vamos a ir a la otra parte donde Jesús le explica de una manera que nos vamos a chupar los dedos. Aleluya. La gloria sea para Jesucristo. O sea, imagínese usted lo que estaba tratando de enseñar Jesucristo, que la tercera parte de los que estaban en aquella multitud se podían perder y que solo uno, 1% una nada más. Leamos el verso 8. Pero otra parte cayó en buena tierra. Aquí viene lo bueno. Y esto no se puede falsificar. Esto no se puede manipular. Aleluya. Mi alma te alaba, Padre. Aunque usted quiera, no se puede. Otra parte cayó en buena tierra, así como esas tierras usulas donde yo crecí, buena tierra y dio fruto. Ajá. Y usted que lleva ya 10 años aquí no ha dado frutos todavía. ¿Qué pasa? ¿Qué está pasando? Vamos. Mire, hermanito, si algo le ocurre a uno que está en buena tierra, es que el día que se convierte inmediatamente empieza a dar frutos para la gloria de Dios. Aleluya. Yo me fui de aquí, de este altar. Me levanté de aquí, me fui para la casa donde vivía, donde mi tío y me fui a clamar esa noche con todo mi corazón. Y un ancianito me había dado una insultada donde yo trabajaba, pero una insultada. Yo nunca supe por qué, porque yo nunca fui de problemas ni de faltarle respeto a nadie, ni aún cuando no era cristiano. El hombre me insultó y me dijo de todo. Yo todavía no era cristiano y yo preparé mi plan porque yo practicaba karate, boxeo y levantamiento de pesas. No me tenga miedo porque soy cristiano. Aleluya. Soy cristiano. Y oiga, oiga lo que le voy a decir. Yo planifiqué, dije, yo voy a ver a dónde vive porque le voy a lo voy a ir a encontrar. y planifiqué vengarme. Pero ese jueves Jesucristo me salvó aquí. ¿Cuántos lo adoran? ¿Cuántos creen que este evangelio tiene poder? ¿Cuántos creen que este evangelio cambia vidas? Cambia delincuentes, cambia borrachos, cambia drogadictos, cambia prostituta, cambia, cambia y cambia. Sí, este evangelio tiene poder. Mire, ese día jueves yo salí nuevecito de aquí, llorando. ¿Y qué cree usted? Ahora quería encontrar al viejito otra vez, pero no para darle una paliza, sino para darle un abrazo. Llegué al trabajo y le dije: "Venga, Dios le bendiga. Perdóneme". Le dije, "si yo lo ofendí". Y yo nunca le había ofendido en nada. ¿Y sabes qué me dijo? Te hiciste evangélico. Sí, le dije, acepté a Cristo anoche. ¿Cuántos lo adoran? Cristo me había cambiado la vida. Me sacó el odio y me dio amor. Me sacó el deseo de venganza y me dio deseos de darle un abrazo. Porque eso es lo que Cristo hace. Si tú llevas tiempo aquí en la iglesia y no has cambiado, tienes que cuestionar tu cristianismo. Tienes que averiguar si realmente eres buena tierra o eres un pedregal. Alábalo. Mire, oiga lo que le voy a decir. Lo dije en Austin, Texas, y lo voy a decir hoy aquí en esta noche. Hay gente que antes de ser cristiano dejaron a mucha gente herida allá afuera en el mundo. Le faltaron el respeto, pisotearon la dignidad de muchas personas, les quitaron prestado dinero y nunca les pagaron. Te convertiste a Cristo. Gloria a Dios. Y sabes qué dicen los de afuera. Y dice que se hizo evangélico y todavía no me ha hecho una llamada para pedirme perdón. Levante ese teléfono, llame esa persona que diste y dile que Cristo te cambió. Gloria a Dios. Llama. Aleluya. Evangélicos que no le hablan a su propia familia. Cuidado, levanta ese teléfono y le da una llamadita esta noche a su papá, a su mamá, a su primo, a su tío, su abuelo, al amigo que dejó de hablarle. Gloria a Dios. Aquel que te ofendió, llámalo. Dile: "Cristo me ha salvado. La semilla del evangelio ha llegado a mi corazón y soy buena tierra". Aleluya. Esto le cuesta al que está entre espinos. Esto le cuesta el que está en pedregales, esto le cuesta el que está junto al camino, pero esto no le cuesta al cristiano que es buena tierra para la gloria de Dios. Aleluya. De aquí en esta noche, por eso voy a predicar esta palabra. De aquí hay gente que va a salir renovada para la gloria de Dios. Aleluya. Transformada. Yo predico de un evangelio que cambia. Yo predico de un evangelio que transforma. De un evangelio que le saca las raíces de amargura, los resentimientos, el odio, el deseo de venganza, la ira, el enojo. Eso es el poder del evangelio. Bendito sea el Cristo de la gloria. Aleluya. Santo. Aleluya.
Váyase más adelantito ahora. Aquí viene lo el banquete, pero ya completito. Verso 14. Hay que entender que los discípulos no habían entendido lo que Jesús decía, pero él es bueno. Amén. En el verso 13 les dijo: "¿No habéis sabéis esta parábola?". O sea, que no entendiste nada. "¿Cómo pues entenderéis todas las parábolas?". O sea, no entendieron nada. Y le dice en el verso 14: "El sembrador es el que siembra la palabra". A Dios. Y qué tal si hay algún discípulo de Jesús aquí tampoco que no entiende nada todavía. Aleluya. Entonces, se lo vamos a decir de esta manera. El sembrador es el que predica la palabra. Ahora sí lo entendimos. Ya estamos. Gloria a Dios. Y escuche lo que dice Jesús. Bendito Cristo. Pero antes de seguir quiero preguntarles algo. Seamos sinceros. Sinceros. ¿Qué clase de terreno siente usted que usted es? Qué fuerte esto. Bueno, escúcheme. Siente una talpujita por ahí. Sáquela. Amén. Si siente que está creciendo un espino, arránquelo porque hoy vamos a limpiar la tierra en esta noche. Y si siente unos pajaritos que andan volando, aunque sea un espantapájaro, búsquele, pero espántelo porque en esta noche de aquí vamos a salir buena tierra para la gloria de Dios. Si usted no crece es porque usted no quiere. Si usted no aprende es porque usted no quiere. Si usted no quiere cambiar es porque usted ya no tiene arreglo. Porque bendito sea el Dios de la gloria que nos dejó el poder de la palabra, la palabra bendita. Están todos listos. Aleluya. Y vea que dele gracias a Dios que usted es de los pocos escogidos que pueden escuchar la explicación porque el montón de la multitud no lo escuchó. Gloria a Dios. Y nosotros estamos aquí ahora. Vamos.
Verso 15. Y estos son los de junto al camino. Empezó Jesús a dar la explicación de la parábola. En quienes se siembra la palabra, lo que estoy haciendo yo ahora mismo, sembrando la palabra, sembrando la palabra, sembrando la palabra. Amén. Pero después de que la oyen, hoy hoy es decir, después de que yo termine de predicar, es que ahora no lo vamos a dejar allá en Capernaúm este mensaje, hoy lo vamos a aplicar aquí. Deje de estar pensando en fulano me engaño. Esta palabra hoy es para nosotros, es para ti. Es para ti y es para mí. Pero después que la oyen, después de que ya terminó el mensaje, enseguida quién es el que viene? ¿Cuál es el primero que viene? Satanás. Prepárese porque cuando se termine este culto, el primero que lo voy a esperar en la puerta es Satanás. Gloria a Dios. Gracias Dios por la palabra. Oiga lo que hace él y quita la palabra. Aleluya. Que se sembró en sus corazones. Se lo voy a explicar cómo la quita. Fíjese que hace día yo vengo diciéndole a la gente: "Suelte el celular, póngase a orar". ¿Cuántos lo han obedecido? Serán unos cinco, tres. ¿Y qué fue lo que pasó? ¿Y por qué usted tiene ese imán en la mano? Que lo que quiere es el celular y no la Biblia, que lo que quiere es el celular y no doblar rodilla. Es Satanás que te está quitando la palabra. Quita la palabra. Quita la palabra. Que Dios reprenda en esta noche. No te la dejes quitar. No te la dejes quitar. Llévate esta palabra en esta noche y vete a tu casa. Gloria a Dios. Y lo primero que vas a hacer, me voy a arrodillar delante de la presencia de Dios y no voy a permitir que Satanás me quite la palabra que hemos recibido en esta bendita noche para la gloria de Dios. Aleluya. No te dejes quitar la palabra. Ese es el que está junto al camino. Eso le está pasando a multitudes de cristianos hoy. Multitudes. La mayoría. Satanás les quita la palabra. Sí, estuvo bonito el mensaje. Dice: "Pero aprender la novela va a la casa". Aleluya. No, no, no. Estuvo bien bueno. Estuvo. Mira qué bonito fue hoy. Dice las alabanzas. Mira cómo me gocé. Me gocé, dice. Y allá está peleándose con otro. Habló en lenguas aquí adentro y está chismoseando afuera. ¿Qué es lo que está pasando? Si algo él hace en estos últimos días, quitar la palabra, quitar la palabra, porque si él logra quitarte la palabra, gloria a Dios, jamás vas a crecer en este camino. ¿Sabes qué es lo que te da crecimiento en este camino? El poder de la palabra de Dios. Porque la palabra te limpia, la palabra te santifica, la palabra te regenera, la palabra te cambia. Bendito seas Dios. La Por eso es que el evangelio no es religión. No se sentía la orilla del camino. Usted ve ahora, ¿verdad?
Vamos al 16. Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales. Los que cuando han oído la palabra al momento la reciben con gozo. ¿No los ha visto usted? Pegan una clase de llorada y uno dice como predicador: "Se convirtió, se convirtió" y ahí va. Aleluya, dice. Aleluya. Aleluya. Usted le llama. ¿Y cómo está, hermanito? Gozoso, dice. Gozoso. Aleluya. Gloria. Gloria. Y ahí anda, hermano. Y usted no va a ir a la iglesia hoy. Todo el mundo lo anima. Gloria a Dios. Vamos para la iglesia, vamos a evangelizar, vamos a orar a las 3 de la mañana. Aleluya. Me quiero meter en el estudio bíblico. Quiere estar en todo porque tiene un gozo. El problema es que tiene un gran pedregal. Gloria a Dios. Aleluya. Aleluya. Antes alababa a Dios y ahora nada. Antes venía temprano y hoy viene tarde. Antes amaba los estudios bíblicos, no se los perdía y ahora ya no viene. Antes estaba en el programa de oración y ahora no aparecen ninguno. Es más, ya ya bloqueó. Se salió del grupo. A esos son los que yo le llamo llamarada de tusa. Pedregales. Aleluya. Alábalo que él vive. Y como han la semilla ha caído en un pedregal, dice la Biblia, verso 17, pero no tiene raíz, aleluya, en sí, sino que son de corta duración. Aleluya. Escúchame, iglesia gloriosa de Jesucristo. Si en este camino no echas raíces, te vas a apartar del camino de Dios. Te vas a apartar. Aquí hay que echar raíces. Amén. Profundas, que el esté ahí, mira, queriéndolo arrancar. No ha encontrado usted uno de esos matitas que Dios bendito, mejor se le vienen las hojitas, pero no lo arranca, hermano. Usted no lo arranca. Usted tiene que buscar un pico, una pala, algo tiene que hacer. Gloria a Dios. Así tienen que ser los cristianos verdaderos. Pero el problema que los cristianos de hoy en día son cristianos sin raíces, sin raíces, sin fundamento. Gloria a Dios. Cualquier cosa los aparta de los caminos de Dios. Empieza a crecer en este camino, empieza a echar raíces profundas. Bendito Dios. Para que cuando venga el te encuentre bien plantado en el Cristo de la gloria. con el poder de la palabra. Aleluya. Alábalo. No tienen raíz en sí. Y hay unos de esas hierbitas que crecen así encima de las piedras. ¿No las ha visto usted? A mí me gusta. Así las agarro. Si casi solo la soplo y se cae. ¿Ustedes les han visto que nacen de casualidad allí un poquito de tierra que hay, pero encima de una piedra? Y usted así los quita, como que es una brosita. Dios. Así hace él cuando usted no echa raíces en este camino. Viene por ahí, dice: "Ay, mira, este que aquí sin raíces, lo agarra de la orejita y paz para afuera a tomar de nuevo, andar en la calle pecando, hablando malas palabras, que el Señor reprenda al Yo espero que en esta iglesia que hayan cristianos con raíces verdaderas. Echa raíces, deja de vivir ese cristianismo superficial, ese cristianismo de cristal, cualquier cosa te llene, cualquier cosa te ofende, cualquier cosa te hace descomponerte. Necesitamos cristianos con raíces, raíces profundas. convicciones verdaderas, que hayan crecido en la palabra. Gloria a Dios. Que se levante Satanás, su demonio. Que se levante quien se levante, aquí estaremos dándole la gloria a Dios. Aleluya. Te alabo, Jesús. Aleluya. Y oiga lo que dice Jesús. Pero no teniendo raíz en sí, sino que son de corta duración. Ay, Dios mío. Y uno que decía, a veces uno de pastor dice: "Wow, este hermanito va a ser un buen líder en la iglesia. es un futuro predicador, un futuro adorador, un futuro diácono de la iglesia, presidente, músico, técnico, pero dura poquito a ponerlo y usted cuando ya dejó de venir al culto. Y usted dice: "¿Y el hermano aquel?". Sí. ¿A cuál? El gozoso. Aleluya. Alábalo, que él vive. El que animaba a todo el mundo, el que no se quedaba los cultos, el que venía todos los días a la iglesia, el que estaba en todos los programas de ayuno, oración y lectura bíblica. ¿Dónde está? Es que te porca duración. Creciste en pedregales. Tu corazón está lleno de piedra. Amén. Gloria a Dios. Aleluya.
Y dice, dice Jesús que son de corta duración porque cuando viene la tribulación, escúchelo, o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan. Gracias, Jesús. ¿Y por qué ya no viene, hermano? Es que hablaron mal de mí. ¿Y Cristo qué te hizo? El Espíritu Santo de Dios, ¿qué te hizo? ¿Qué culpa tiene el Señor de lo que te hizo fulano, mengano, sutano? ¿Qué culpa? ¿Qué culpa tiene este bendito evangelio del mal comportamiento de algunos evangélicos? ¿Qué culpa tiene Dios? ¿Por qué Dios tiene que pagar los defectos, los errores que cometen los demás? Él es santo, él es justo. Aleluya. Alábalo. Él es bueno. Bueno. Y no hay nada más lindo, hermano, que ver un cristiano en una tempestad de la vida, en una prueba, pero ahí viene con una Biblia en la mano y con un carácter que él dice: "Con ese yo no me meto". Gloria a Dios. Ese me hace la guerra en la mañana, me hace la guerra en la tarde, me hace la guerra en la noche. Ese está agarrado de la mano de Dios. Ese no está por encimita. Gloria a Dios. Aleluya. Viene la tempestad, viene la prueba, pero allí está en la iglesia todavía alabando al Dios de la gloria. Por eso es que usted se va a dar cuenta que hay mucha gente que se van de la iglesia y es que ya Cristo lo dijo, ¿por qué se van?
Verso 18. Estos son los que fueron sembrados entre espinos. Los que cayeron, perdón, los que oyeron la palabra, todos oyeron la palabra, todos recibieron el mismo mensaje, la misma enseñanza, la misma predicación, el mismo consejo, todos. Aleluya. Pero los afanes habrán de esos acá. Aleluya. Aleluya. Los afanes, aleluya, de este siglo y el engaño de las riquezas y las codicias de otras cosas entran y ahogan la palabra y se hace infructuosa. No, mire, Dios conoce mi corazón. Yo quisiera servirle a Dios, pero mire, la compañía me ha crecido. La empresa, soy un hombre de negocios. Aleluya. Usted, ¿por qué no tiene nada que hacer? Le dicen a uno, así le dicen. Es usted, porque es haragán, le dice. Mira, te voy a decir algo. día, el día que te llegue el mal, la enfermedad, el problema y no tengas a Dios, te darás cuenta el valor que tiene tener a Dios. Ese día, ese día te darás cuenta que el cáncer no lo cura el dinero, que no lo cura la empresa, que no lo curan las riquezas, que solamente un milagro del Dios de la gloria. Es el único que puede hacer algo por ti. Escúchame. No dejes que los afanes de esta vida ahoguen la palabra. Gloria a Dios. Para todo hay tiempo, dice la Biblia. Hay tiempo para trabajar y hay tiempo para venir a adorar a Dios a la iglesia. Hay tiempo para todo, hermanito. Pero jamás le quites el tiempo que le corresponde al Dios de la gloria. El tiempo de Dios es innegociable. Yo trabajé en una empresa y Dios me puso en mucha gracia con los dueños y rápido me subieron el sueldo, me trataron super bien. Era Dios el que me había puesto en gracia. Gloria a Dios. Y recuerdo, recuerdo que llegó un señor de la India que iba a abrir una empresa también y llegó a hablar con el americano que era nuestro jefe, y le ofreció dinero y le dijo: "Mira, vente conmigo, yo te voy a duplicar lo que tú ganas". Y aquel americano me llamó a mí y me dijo: "Mira, esta es tu oportunidad". Habló con el indio y le dice: "Llévatelo a él". Ya me dijeron cuánto iba a ser por hora y buen dinero. Y le digo yo: "¿Y a qué horas?". No me dijo de las 8 de la noche en adelante. Muchas gracias, le dije yo. Soy evangélico de hueso colorado. Es que yo no predico este evangelio, yo vivo este evangelio para la gloria de Dios. Lo que estoy enseñando aquí es algo que yo lo he vivido en mi propia vida, hermanos. No he permitido que el afán de este mundo me quite la bendición de Dios. Gloria. Y yo pude pude haber venido aquí con mi pastor. Pastor, van a haber buenos diezmos ahora. Eh, voy a trabajar en encargado de una compañía. Yo le dije: "No, no", le dije, "Aleluya. Yo voy a la iglesia de noche, me quedo aquí, le dije, ganando lo que gano, pero con Cristo en el corazón". Y sabe algo, la bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella. Lo que Dios da es bueno. Y por eso hoy vengo a decirle a este pueblo bendito y a los hombres que me oyen a través de las redes sociales, radio y televisión, no dejes de predicar la palabra. No cambies esta palabra. Sigues predicando esta palabra. Habrá mucha gente que no le va a gustar lo que tú predicas. Sigue predicando la palabra. Cristo fue un fiel predicador de la verdad. Él no vino a engañar la humanidad, vino a predicar la verdad eterna de este evangelio.
Y escúcheme bien, verso 20 dice la Biblia, estos son los que fueron sembrados en buena tierra. Wow. Los que oyen la palabra y la reciben y dan fruto a 30, a 60 y a 100 por uno. Así. El que recibe esta palabra inmediatamente empieza a dar frutos para la gloria de Dios. Si era malcriado, ya no dice malas palabras. Si era borracho, ya no toma más. Si era drogadicto, ya no usa droga. Si era, si era, aleluya, una de esas personas la cívicas, ya deja la lavia por un lado. Si le gustaba ver la pornografía, le dice al "Ya no más, no voy a ver más pornografía". Gloria a Dios. porque empieza a dar frutos para la gloria de Dios. Si era un problemático, es la persona más pacífica que hay dentro de la iglesia para la gloria de Dios. Es que, hermano, te lo voy a decir, cuando tú eres buena tierra, se te ven los frutos inmediatamente. Gloria a Dios. Porque la palabra de Dios encuentra cabida en el corazón de los seres que adtienen tierra buena para la gloria de Dios. Aleluya. ¿Cuántos son buena tierra en esta noche? ¿Cuántos le piden al Señor, "Permíteme ser buena tierra? Pero debido a todo esto, muchos hombres de Dios han caído en el desánimo de decir: "Ya no quiero predicar más la palabra". Lo dijo Jeremías. Jeremías capítulo 20. Jeremías dijo: "No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre". Pero no obstante, dijo: "Había dentro de mí como un fuego que me quemaba. Traté de sufrirlo, pero no pude". Gloria a Dios. Mira, no te calles. Sigue predicando la palabra que aunque unos no te escuchen, siempre habrá un remanente que es buena tierra para la gloria de Dios. Aleluya. Que aunque otros se vayan, siempre habrá alguien que se va a quedar para servir al Dios de la gloria. Bendito sea Dios. Y yo sé, mi hermano, que en esta iglesia se va a quedar un buen grupo para servirle a Dios hasta que nos vayamos al cielo para la gloria del Señor. Oh, gloria.
¿Qué clase de terreno eres tú? El problema no está en la semilla, no está en el sembrador, está en la tierra, a Dios, está en el corazón. ¿Qué clase de tierra eres? Gloria a Dios. Esta noche siento la necesidad de orar por alguien que necesite oración y decirle a Dios: "Señor, si yo tengo piedras, quítamela. Si tengo espinos, arráncalo. Si estoy junto al camino, llévame a donde esté la buena tierra. ¡Aleluya! Aleluya. Quiero servirte, amigo. Esta es tu noche. Vente, hijo, que yo quiero orar por ti. Joven, vente, joven, que tú también eres buena tierra. Ven que Cristo te está llamando. Que Dios te bendiga. Vente. Mira, ya está aquí valientemente él. Faltas tú. Vente. No dejes que la semilla caiga en mala tierra, porque tú eres buena tierra. Levántate de allí. Vente, ven. Vamos a orar por ti. Gloria a Dios. Alguien más que necesite. Amén. Vamos a orar por ti. Amén. Gloria a Dios. Hermano Severito, me ayuda. Ayúdenme ahí con la joven. Mi hija, no vas a caer, no va a caer la semilla en buena tierra. ¿Tú sabes lo que eso significa? Te vas a ahogar, te vas a perder. Tienes la salvación tan cerca. Corre. ¿Qué te impide recibir a Jesús? ¿Qué no quieres dejar? Aquí no se pierde, se gana. Sin Cristo se pierde todo, todo. Y nunca dejes que esa puerta se cierre, porque mientras esté abierta hay esperanza, cuando se cierra, nadie puede hacer nada por uno. Nadie. Nadie. Nadie en el mundo. El ser que te llama es el ser que más te ha amado como nadie. Los seres humanos fallan, los hombres fallan, las mujeres fallan, él no falla. Por eso te lo presento. Pero a él que no falla, tú no lo quieres. Eso es el gran problema. Elige al mejor. Jesús es el mejor. Piénsalo. Tú eres inteligente. No te vayas sin Cristo. Gloria a Dios. Amén. Ore por ella ahí. Amén. Amén, mi hija. Gloria a Dios. ¿Alguien más que necesite oración? Reconcilio clase de tierra tú eres. Ayúdenos, hermano David. Vente que Cristo te está llamando. Para tu gloria. Usted que me escucha a través de radio televisión, te preparamos un lugar. Ya lo probaste todo. Deja que hoy Cristo te ayude. El mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. Haz esta oración conmigo. Señor Jesús, en esta noche te pido perdón. Reconozco que he pecado, que te he ofendido, que he hecho lo malo delante de tus ojos. Límpiame con tu sangre y no te acuerdes nunca más de mis pecados. Escribe mi nombre en el libro de la vida. Gracias. Amén. Todos orando. Todos orando. Todos orando. ¿Qué clase de terreno tú eres? Espíritu Santo, Espíritu Santo, Espíritu Santo, trata con ella. Llénala de tu espíritu. Llénala de tu espíritu en el nombre de Jesús y mantenla sanita. Gracias, Padre. Yo he regado tu palabra, he predicado tu palabra, he sembrado la semilla. Oh, Dios, que esta palabra caiga en buena tierra, buena tierra, buena tierra. que al salir de este culto, Padre, se puedan ver los frutos. frutos. Oh, Espíritu Santo, Espíritu Santo, administra, Espíritu Santo, Espíritu Santo, glorifícate. El poder de tu palabra, Padre, el poder de tu palabra, el poder de tu palabra haciendo milagros. Gracias, gracias, gracias, Espíritu Santo. Cambia vidas, cambia vidas, cambia vidas. Que aquí se empiecen a ver frutos al 30, al 60 y al 100 por uno. Oh, gloria a tu nombre. Gracias. Empieza, Padre, que hayan frutos, frutos, frutos, frutos. frutos, frutos en el nombre de Jesús, al 30, al 60 y al 100 por uno. Gracias, gracias Espíritu Santo. Gracias, gracias Espíritu Santo. Aleluya. Oh, glorifícate en toda la iglesia, Padre. Que el poder de la palabra empiece a hacer algo grande en esta noche. Poder de la palabra. El poder de la palabra. El poder de la palabra. Oh, gracias. Oh, gloria a tu nombre. Espíritu Santo. Espíritu Santo. Espíritu Santo. Obra, Padre. Obra. Obra. Obra. Obra. Espíritu Santo. Que el poder de la palabra empiece a hacer cambios radicales, cambios de carácter, cambio de estilos de vida. En el nombre de Jesús, que salga todo espíritu de malicia, toda lacivia, toda mentira, todo odio, toda raíz de amargura, todo resentimiento, oh, todo deseo de venganza en el nombre de Jesús, lo echamos fuera, fuera, fuera, fuera, fuera. Gracias. Aleluya. Aleluya. Aleluya. Aleluya. Gracias. Toda la gloria es tuya. Toda la gloria es tuya, Espíritu Santo. Toda la gloria es tuya. Toda la gloria es tuya. Ay, toda la gloria es tuya. Toda la gloria es tuya. Ay, restaura, restaura, restaura, restaura, restaura. Ay, restaura, Padre, restaura, restaura. Gracias. Yayal. Oh, gloria. El poder de tu palabra. El poder de tu palabra. El poder de la palabra. El poder de la palabra. El poder de la palabra. Haciendo milagros en esta noche. El poder de la palabra. El poder de la palabra. Oh, aleluya. Gracias. Gracias. Oh, gracias Espíritu Santo. Esto es lo que hace el poder de la palabra, hermanos. Oh, disfrute la palabra. Váyase para la casa en victoria. Váyase dando frutos, frutos, frutos, frutos, frutos. Al C, al 30, al 60, al 100 por un. Gracias. Gracias, gracias, Espíritu Santo. Dele fuerte ese gloria a Dios. Dele la gloria, dele la gloria. Dele la gloria. Él es digno de la gloria. Dele gloria, dele gloria, dele gloria. Amén. Gloria a Dios.
Y cierro con esto. Escúcheme. Si usted es buena tierra, lo voy a ver aquí hasta que Cristo venga en este glorioso camino. Si usted estaba en pedregales junto al camino o entre espino, se va a ahogar, se va a secar. o se lo comen los pájaros. Eso téngalo seguro. Pero si usted es buena tierra, va a estar dando fruto al 30, 60 y 100 por un. Que Dios los bendiga, Dios les guarde.