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🙏 HOMILÍA CRISTO REY DEL UNIVERSO. Ciclo C. "Con Cristo no fracasamos nunca". (22-XI-2025) 🙏

Pater Juanma14:03

Transcription

Celebramos este domingo la fiesta de Cristo, Rey del universo. Y cada vez que rezamos el Padre Nuestro, estamos pidiendo que venga a nosotros el reino de Dios. Pero no basta solamente con pedirlo, también tenemos que trabajar por el reino de Dios aquí en la tierra para que se instaure el reino de Dios aquí en la tierra, en nuestra sociedad.

Y a veces los cristianos estamos un poquito desanimados. Pensamos que trabajamos mucho y tal vez sea verdad que trabajamos mucho por el reino de Dios y que muchas ocasiones no se ven esos frutos, no se ven los frutos esperados, no se ven los frutos correspondientes al trabajo realizado. Digo lo siguiente y lo quiero desarrollar en esta reflexión. El que trabaja por el reino de Dios, el que trabaja por Cristo, no fracasa nunca, triunfa siempre, porque estamos con Cristo, estamos del lado ganador.

Vamos a reflexionar sobre este tema que me parece bastante interesante. No sé si estaré equivocado en lo que voy a decir, pero pienso que nos ha tocado vivir una época en la cual en la iglesia trabajamos mucho por el reino de Dios. Por ejemplo, en lo siguiente. ¿Cuándo hemos tenido en la iglesia catequesis tan bien organizadas como ahora y con tanto material utilizamos en las catequesis? ¿Cuándo hemos tenido también mis niños? Tantas misas para niños para que los niños puedan asistir a misa los domingos y enterarse bien de la liturgia. ¿Cuándo hemos tenido eso en la iglesia? Tanto como lo tenemos ahora. ¿Cuándo hemos tenido en la iglesia escuelas de formación para cofrades, para catequistas, para cáritas? ¿Cuándo hemos tenido en la iglesia cursillos? tantos cursillos, digo, porque siempre ha habido cursillos, pero tantos como ahora tantos cursillos prebautismales también preparados con tanto material o cursillos para novios, convivencias, eh sínodos cuando hemos tenido tantas cosas como tenemos ahora. Que si uno ve cualquier diócesis y vemos que la oferta es grandísima en cualquier diócesis, ¿cuándo hemos tenido esto en la iglesia tal y como lo tenemos ahora en tanta abundancia?

Y a veces pensamos, sí, hay una oferta grandísima en la iglesia, se está trabajando mucho por construir el reino de Dios, pero eso tiene los frutos correspondientes. A veces pensamos que no, que hay mucho trabajo, pero con pocos frutos. Y esto, ¿a qué nos puede llevar? nos puede llevar al desánimo y no solamente al desánimo, nos puede llevar a tirar la toalla y decir, "Mira, ya no di más catequesis, ya dejo de ser voluntario de Cáritas, total, para qué se consigue muy poquitos frutos. No merece la pena. Tenemos siempre ese peligro, el peligro del desánimo y el peligro de tirar la toalla."

Escuchaba en cierta ocasión un sacerdote ya mayor, un sacerdote que había trabajado mucho en la iglesia y él decía que ese trabajo que él había realizado en la iglesia, él había visto los frutos de ese trabajo, pero decía que ahora últimamente ya ese trabajo que él realizaba en la iglesia que ya no veía los frutos y no solamente no veía los frutos, sino que veía un cierto rechazo hacia él, hacia lo lo que él proponía. Y decía un poquito desanimado este sacerdote, decía lo siguiente, pues como sigamos así, yo me voy a limitar, a celebrar la misa todos los días y administrar los sacramentos, pero nada más.

Y si pensamos así, nos equivocamos. Es verdad que es muy humano que cuando uno trabaja con mucha ilusión, con mucha entrega por el reino de Dios, que trabaja por los demás y no ve los frutos e incluso puede ver y apreciar un cierto rechazo hacia él, hacia la obra que él está haciendo, pues es muy humano que una persona se desanime y es incluso muy humano que una persona abandone ante eso. Pero aquí es cuando tiene que entrar la fe. Y la fe nos dice que cuando trabajamos por el reino de Dios, cuando trabajamos por Cristo, no fracasamos nunca. Una persona que trabaja por el reino de Dios, que lo hace con buena intención, que lo hace entregado a esa causa, jamás fracasa. No fracasa, nunca, no fracasa jamás. Y una cosa es lo que ven nuestros ojos y otra cosa muy distinta es lo que ve la mirada de Dios.

Ponemos un ejemplo que este es muy esclarecedor. La muerte de Jesús. Para los contemporáneos de Jesús, todo acabó en un fracaso. Aquellas personas que estaban contemplando la muerte de Jesús, aquello era un fracaso. Hasta se burlaban de él. ¿Qué decían los magistrados allí que estaban al pie de la cruz? ¿Se burlaban de Jesús? ¿Qué decían? A otros ha salvado, que se salva a sí mismo. Los soldados cuando le ofrecen el vinagre, si eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Uno de los ladrones también se burlaba de Jesús. Si eres el Hijo de Dios, sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros. La gran mayoría de la gente que estaba contemplando la crucificción de Jesús se burlaban de él. ¿Por qué? porque consideraban que Jesús había fracasado. Aparentemente, y digo aparentemente, recalco la palabra, aparentemente, la muerte de Jesús fue un fracaso. Fue un fracaso total, porque los que estaban allí contemplando su muerte pensaban que con su muerte se había acabado todo. todo el proyecto de Jesús, toda la misión de Jesús, pensaban que se había acabado allí con su muerte y sin embargo era todo lo contrario. En aquel momento en el que Jesús estaba entregando su vida, se estaba produciendo nuestra redención, se estaba produciendo la salvación de toda la humanidad, se estaba realizando allí, en aquel momento, el mayor acto de amor que ha conocido nuestro mundo. Qué distinto, ¿no? pensar que podía ser un fracaso total, a pensar que allí se estaba en aquel momento realizando nuestra salvación, nuestra redención y el mayor acto de amor que ha sucedido a lo largo de la historia de la humanidad. para que no nos fiemos de las apariencias.

Pues algo parecido. Hay que salvar las diferencias, por supuesto, de nosotros con Cristo, por supuesto. Pero algo parecido pasa cuando los cristianos trabajamos por el reino de Dios. Cuando un cristiano trabaja por el reino de Dios con buena intención, por amor entregado a esa causa, jamás fracasa, nunca fracasa. El que trabaja por Dios y por su reino jamás fracasa. Son solamente fracasos aparentes. Y me atrevo a decir incluso algo más. Esos fracasos que parecen evidentes no son tan evidentes para todo el mundo. Por ejemplo, en la pasión de Jesús, y ya no estoy hablando de San Juan y de la Virgen María, que ellos lo ven de una manera completamente distinta. Me refiero, por ejemplo, al centurión. ¿Qué es lo que dice el centurión cuando muere Jesús? Cuando ve la forma en que muere Jesús. ¿Qué es lo que dice el centurión? Realmente este hombre era hijo de Dios. ¿Y qué es lo que dice el buen ladrón cuando está viendo también la agonía de Jesús? ¿Qué le dice? Es que hay que ver lo que dice el buen ladrón. ¿Cómo confía en Jesús? que llega a decirle, "Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino." Y allí Jesús le hace la promesa más grande que se le puede hacer a una persona y le dice, "Hoy estarás conmigo en el paraíso." O sea, lo que para muchos es un fracaso evidente para otras personas es el triunfo de Dios. No olvidemos esto. No es para todo el mundo un fracaso. Hay personas que saben ver la acción de Dios en lo que aparentemente es un fracaso.

Y otra cosa que tenemos que tener muy en cuenta es que en ocasiones los frutos de un trabajo realizado tardan mucho tiempo en germinar, pero muchas veces germinan. Pero no olvidemos una cosa, germinan siempre porque alguien sembró. Si nadie sembró, no habrá frutos. Pero si alguien sembró, a lo mejor va a tardar mucho tiempo en que se vean esos frutos, pero al final se ven, aunque tarde mucho tiempo, pero en muchas ocasiones se ven esos frutos. Recuerdo siempre la frase de un sacerdote mayor que decía lo siguiente. Yo lo decía muy humilde, con una humildad grandísima. Yo he recogido los frutos de muchos sacerdotes que han pasado delante de mí, sembrando muchísimo, trabajando muchísimo por la iglesia y a mí me ha tocado recoger esos frutos. Qué grandeza y qué humildad la de este sacerdote y qué ejemplo para todos nosotros que muchas veces pensamos que estamos trabajando por el reino de Dios inútilmente.

Nos toca sembrar. Dios no nos pide resultados, nos pide que sembremos. Esto no podemos olvidarlo nunca. Si no se siembra, jamás se recogerá. se siembra, puede que a lo mejor no se recoja, pero como realmente no se recoge, como realmente una obra no produce frutos, es cuando no se siembra. Sembrando, siempre hay muchas posibilidades de que algún día eso sembrado produzca sus frutos. puede ser a corto plazo o puede ser también a largo plazo.

Y también hay algo muy importante que nunca podemos olvidar y que con frecuencia olvidamos y es que el solo hecho de trabajar por el reino de Dios ya es un fruto, aunque no veamos ningún fruto más. Pero el hecho de trabajar por el reino de Dios ya es un fruto, porque ya al menos, por lo menos una persona está creciendo, que es la persona que está trabajando por el reino de Dios. Esa persona al hacer ya una buena obra ya está creciendo, ya está creciendo la iglesia, aunque sea solamente en una persona, pero ya está produciendo fruto. O sea, cuando trabajamos por el reino de Dios, siempre, siempre, siempre produce frutos. Nunca algo que se hace por Dios es un fracaso.

Pero además, cuando nosotros le ofrecemos a Dios esos aparentes fracasos, podemos estar haciendo algo realmente grandísimo. Aparte de todo lo que he dicho, todavía hay algo más. Y es que cuando nosotros ese aparente fracaso se lo estamos ofreciendo a Dios, Dios ese ofrecimiento nuestro lo puede convertir en gracias para los demás. Y esto ahí ya sí que nos perdemos. Ahí sí que ya no sabemos los frutos que puede producir nuestro fracaso, perdón, nuestro aparente fracaso, porque eso lo hemos ofrecido a Dios con amor y eso no va a volver vacío, eso va a producir sus frutos cuando nosotros se lo ofrecemos humildemente al Señor. Mira, Señor, yo estoy trabajando por tu reino, hago todo lo que puedo, pero da la impresión de que no estoy produciendo ningún fruto. Parece ser que todo lo que siembro no sirve para nada. Yo, Señor, te lo ofrezco. Cuando nosotros le ofrecemos algo al Señor, eso el Señor lo convierte en gracias y eso puede hacer muchísimo bien a muchísimas personas.

Para concluir esta reflexión, creo que tenemos que sacar una lección importante. Nunca nos desanimemos. Trabajemos siempre por el reino de Dios. Dios nunca nos va a pedir resultados. Dios sí nos va a pedir que sembremos, que trabajemos por el reino de Dios, pero nunca el Señor nos va a pedir resultados. Así que no tenemos nunca, nunca motivos para desanimarnos. Sí tenemos motivos siempre para trabajar por el reino de Dios. Que el Señor os bendiga y os proteja en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.