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Hay algo completamente surrealista ocurriendo ahora mismo en Wall Street. Las empresas privadas más deseadas del planeta pierden miles de millones de dólares. OpenAI pierde dinero, Anthropic pierde dinero, XAI pierde dinero y ahora incluso SpaceX acaba de reconocer pérdidas multimillonarias. Y aún así, los inversores más grandes del mundo están desesperados por comprarlas. Fondos soberanos, fondos de pensiones, los mayores "fans" del planeta, las gestoras más grandes de la historia, todos quieren entrar. Y eso nos lleva a una pregunta como mínimo fascinante. ¿Qué está viendo el mercado para estar dispuesto a pagar valoraciones cercanas al billón de dólares por compañías que todavía queman cantidades gigantescas de dinero? Porque esto ya no es solo una historia sobre tecnología, esto empieza a parecer una nueva fiebre financiera global.
Y aquí es donde entra SpaceX, porque esta misma semana ha ocurrido algo histórico. SpaceX acaba de presentar oficialmente su solicitud de salida a bolsa ante la SEC, el regulador financiero de los Estados Unidos. Durante años, Elon Musk dijo que jamás sacaría SpaceX a bolsa, que no quería la presión trimestral de Wall Street, que prefería mantener la compañía lejos del mercado público. Pues bien, esto acaba de cambiar y según la información preliminar que se conoce, la compañía podría debutar en el Nasdaq alrededor del 12 de junio bajo el ticker SPCX con Goldman Sachs, Morgan Stanley y JP Morgan liderando la operación de colocación. Y si finalmente la salida se ejecuta en los términos que se están manejando en este momento en el mercado, podríamos estar hablando de la mayor OPV de la historia.
Pero aquí viene la parte realmente importante. Esto no va solo de SpaceX, porque SpaceX es simplemente el síntoma visible de algo mucho más grande. Estamos entrando en una nueva fase de capitalismo tecnológico, una fase donde la inteligencia artificial ya no es solo software. Ahora la IA es infraestructura, electricidad, chips, agua, fibra óptica, centros de datos, satélites y cantidades de dinero absolutamente descomunales. Y quizá por eso las próximas grandes salidas a bolsa no sean simples operaciones financieras, podrían convertirse en auténticas aspiradoras de liquidez mundial. Porque si finalmente salen a bolsa compañías como SpaceX, OpenAI, Anthropic o Stripe, podríamos asistir a una de las mayores redistribuciones de capital de la historia reciente dentro de Wall Street. Y eso nos lleva a la gran pregunta de este vídeo. ¿Estamos ante el nacimiento de la próxima revolución industrial o ante una nueva burbuja tecnológica donde el mercado vuelve a pagar cualquier precio por una gran narrativa? Y sobre todo, ¿de dónde va a salir todo el dinero necesario para financiar esta carrera? Quédate conmigo y te doy mi opinión.
Durante los últimos 20 años, la economía digital estuvo dominada por modelos relativamente baratos de escalar. Piensa en Facebook, que no necesitaba construir fábricas. Google no necesitaba enormes infraestructuras físicas al principio. Netflix no necesitaba centrales eléctricas. Uber no compraba los coches. El software tenía una ventaja brutal. Una vez creado, podía distribuirse prácticamente gratis. Pero la inteligencia artificial rompe completamente ese modelo, porque la IA no es solo software, la IA moderna es infraestructura. Y eso es algo que muchísima gente todavía no ha entendido.
Cuando utilizamos ChatGPT, Gemini, Claude, Grok, cuando lo hacemos desde el móvil o desde el ordenador, todo parece magia. Escribes una pregunta y en segundos recibes la respuesta detallada. Parece instantáneo, parece gratis, parece sencillo. Pero detrás de cada pregunta que haces hay gigantescos centros de datos funcionando en algún lugar del planeta, miles de chips especializados trabajando simultáneamente, un consumo eléctrico comparable al de ciudades enteras, sistemas industriales de refrigeración, redes ultrarrápidas de fibra óptica y una inversión de capital absolutamente monstruosa. Entrenar modelos de inteligencia artificial de última generación puede costar ya varios miles de millones de dólares. Y lo más importante, ese coste no termina cuando el modelo está entrenado. Cada vez que tú haces una consulta, alguien está pagando esa factura. Y cuando hablamos de cientos de millones de personas usando inteligencia artificial cada día, esa factura se vuelve gigantesca. Estamos hablando de una nueva carrera industrial global, una carrera que probablemente requiera más capital del que ninguna revolución tecnológica anterior había necesitado jamás.
OpenAI es probablemente el mejor ejemplo de esta nueva realidad. La compañía revolucionó el mundo con el famoso ChatGPT. En apenas unos meses consiguió algo histórico: llevar la inteligencia artificial generativa al gran público y alcanzar el crecimiento de usuarios más rápido jamás visto en una plataforma tecnológica. Y las cifras de crecimiento son reales. En 2023, OpenAI facturó aproximadamente 1.000 millones de dólares. En 2024, alrededor de 3.700 millones y a finales de 2025, su propia directora financiera confirmó públicamente que los ingresos anualizados ya superaban los 20.000. Eso significa multiplicar los ingresos por 20 en apenas 2 años. Prácticamente ninguna empresa tecnológica había crecido así de rápido. Pero aquí viene el matiz que lo cambia todo. Ingresos no significa beneficios. De hecho, OpenAI está perdiendo cantidades gigantescas de dinero. Las pérdidas confirmadas de 2024 rondaron los 5.000 millones de dólares, es decir, facturó 3.700 millones y perdió 5.000. ¿Cómo es posible perder más dinero del que ingresas? Y la respuesta es muy sencilla: porque los costes son brutales en computación, en compra masiva de chips, en Nvidia, en infraestructura cloud, en salarios multimillonarios, en investigación y desarrollo, en expansión global.
Y aquí llega probablemente el dato más impresionante de todo este vídeo. Según estimaciones publicadas por Deutsche Bank, y están basadas en proyecciones internas atribuidas a OpenAI, la compañía podría llegar a acumular pérdidas cercanas a los 143.000 millones de dólares antes de alcanzar rentabilidad positiva. El siguiente gráfico muestra dichas proyecciones de flujo de caja libre de OpenAI. Básicamente, el dinero que entra menos el dinero que sale. Y lo impresionante no es solo que pierdan dinero, lo impresionante es que sus propias previsiones internas empeoraron muchísimo en apenas unos meses, especialmente en 2027 y 2028. Están proyectando decenas de miles de millones de dólares de consumo de caja negativo. ¿Cómo es posible? Porque cuanto más crece la inteligencia artificial, más centros de datos necesitan, más chips necesitan, más electricidad necesitan y más infraestructura necesitan. Y aquí es donde empezamos a entender algo fundamental: la IA moderna no es simplemente software, es una industria intensiva en capital. Las proyecciones hablan de unos ingresos acumulados cercanos a los 345.000 millones entre 2024 y 2029, pero también de gastos potenciales cercanos a los 488.000 millones en infraestructura y computación. Es decir, incluso en el escenario optimista, OpenAI necesitaría seguir captando enormes cantidades de dinero externo durante los próximos años. ¿Cuándo esperan ser rentables? Las proyecciones apuntan a que probablemente para el año 2030, con ingresos potenciales cercanos a los 40.000 millones ese año. Para que nos hagamos una idea, Nvidia, que es una de las compañías más exitosas del mundo, ingresó unos 130.000 millones en 2025. OpenAI quiere acercarse a esas cifras de aquí a 5 años.
Y aquí aparece otro concepto fascinante: Stargate. Stargate es el nombre con el que distintos medios financieros han identificado el posible megaproyecto de infraestructura IA impulsado por OpenAI junto a Microsoft, Softbank, Oracle y otros actores. Aunque muchos detalles siguen siendo estimaciones, filtraciones o planes simplemente preliminares, las cifras que se manejan son absolutamente descomunales. Algunos análisis o analistas hablan ya de inversiones potenciales de entre 100.000 millones y 500.000 millones de dólares a largo plazo. Para ponerlo en contexto, todo el programa Apolo, ajustado por inflación, costaría alrededor de 250.000 millones. Es decir, la infraestructura necesaria para liderar la inteligencia artificial podría acabar costando más que alguno de los mayores proyectos estratégicos de la historia moderna. Y aquí surge una pregunta fundamental: ¿Puede OpenAI seguir financiándose únicamente con capital privado o terminará necesitando acudir a los mercados públicos? A día de hoy no existe una OPV oficial anunciada, no hay fecha confirmada, no hay "filings" registrados, pero sí existen filtraciones y análisis de mercado que hablan de su potencial salida a bolsa con valoraciones cercanas al billón de dólares. Y solo el hecho de que el mercado contemple cifras de esta dimensión ya nos dice muchísimo sobre el momento histórico que estamos viviendo.
Aquí quiero hacer una pausa, va a ser muy breve, porque precisamente todo esto conecta con algo muy importante a la hora de invertir y es entender que no todos los activos financieros funcionan igual. Hay activos que principalmente buscan revalorización, es decir, cuando compramos acciones, criptomonedas u oro, activos donde normalmente el objetivo principal es que suban de precio con el tiempo para poder venderlos más caros. Pero luego existe otro tipo de activos cuya categoría lo que nos dice es que generan ingresos, activos que te van pagando de forma periódica, por ejemplo, bonos, dividendos, alquileres y también préstamos. Y el patrocinador de este vídeo es precisamente Mintos, porque nos ofrece plataformas donde podemos generar una rentabilidad casi a diario que se convierte en un ingreso pasivo. Quiero enseñaros lo que llevo haciendo personalmente desde agosto de 2025. Eh, como podéis ver, es una plataforma regulada por la Unión Europea bajo normativa MiFID y lleva operando desde el año ya 2015. Dentro de Mintos existen distintos tipos de activos generadores de ingresos como bonos o préstamos, pero en mi caso concreto, ya los bonos los conocía, quería probar a invertir en préstamos. ¿Qué significa invertir en préstamos? Pues básicamente financiar préstamos concedidos a personas o empresas y recibir a cambio intereses de forma recurrente. Lo interesante es que esos pagos llegan de forma muy regular, en muchos casos prácticamente a diario y eso genera una sensación muy distinta respecto a otros activos más volátiles, porque aquí no estás pendiente constantemente de si la bolsa sube un 5% o baja un 2%. Aquí lo importante es el flujo periódico de intereses que recibes. De hecho, la rentabilidad media anual en préstamos dentro de esta plataforma ronda aproximadamente el 10%. Aunque obviamente eso no significa que esté garantizada. Yo personalmente me estoy moviendo en un entorno del 9,3% en mi experiencia desde agosto del año pasado. Y aquí quiero enseñároslo. En mi propia cartera, como podéis ver en pantalla, llevo invirtiendo desde hace 9 meses. Y este gráfico lo que nos muestra es cómo han ido creciendo los intereses cobrados mes a mes, en torno entre 150 y 200 € en mi caso particular. Pero lo importante es entender que aunque yo haya reinvertido gran parte de esos intereses, eh, son ingresos reales que la cartera ha ido generando. Y eso precisamente es una de las cosas que más me interesa de este tipo de activos. Puedes configurar la cartera para reinvertir automáticamente los intereses y aprovechar el famoso interés compuesto y que genera esa bola de nieve que siempre decimos. O también puedes retirar esos intereses periódicamente como una fuente adicional de ingresos pasivos. Además, hay otro aspecto que es crucial. Los préstamos tienen un comportamiento bastante distinto al de la bolsa o criptomonedas. Es decir, no dependen directamente de si Nvidia sube un 15 o Bitcoin cae un 20 o si el Nasdaq tiene una corrección fuerte. Y eso puede aportar mucha diversificación dentro de nuestras carteras. Ahora bien, y muy importante, invertir siempre conlleva riesgos y las rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros. Esto no es un depósito garantizado ni un consejo personalizado de inversión. Simplemente os estoy enseñando algo en lo que yo personalmente estoy invertido. Si te apetece explorar cómo funciona Mintos, te dejo un bonus especial con el código GoPablo con el enlace y todos los detalles en la descripción del vídeo.
Y ahora sí, volvamos, porque lo que estamos viendo en inteligencia artificial probablemente sea una de las mayores batallas económicas de nuestra generación. OpenAI no es un caso aislado. Anthropic se ha convertido en otra de las compañías más deseadas del sector. Su modelo Claude compite directamente con ChatGPT. Y aquí ocurre algo muy interesante. Amazon ha comprometido inversiones de hasta 8.000 millones de dólares. Google también ha invertido miles de millones adicionales. Dos de las mayores empresas del mundo apostando simultáneamente por la misma compañía. ¿Por qué? Porque la inteligencia artificial no se está comportando como una tecnología normal, se está comportando como una carrera armamentística. Cada empresa teme quedarse atrás, porque quien consiga una ventaja clara podría dominar en buscadores, publicidad, la nube, automatización empresarial, robótica, defensa, educación, medicina, programación y probablemente muchísimas industrias más. Y aquí hay una idea muy importante. La IA prometía democratizar el conocimiento, pero quizá termine concentrando el poder económico más que nunca, porque solo unos pocos pueden competir realmente. Solo unos pocos tienen acceso a los mejores chips, a la mejor infraestructura, a la energía, a los datos y al capital necesario. Y eso puede terminar creando barreras de entrada gigantescas, oligopolios tecnológicos enormes y una concentración de poder empresarial sin precedentes. Esto también explica por qué compañías que todavía no generan beneficios pueden alcanzar valoraciones gigantescas. El mercado no está pagando el presente, está pagando una posible posición dominante futura. Y ahí aparece uno de los mayores riesgos, porque la historia financiera está llena de empresas revolucionarias que acabaron siendo inversiones desastrosas simplemente porque los inversores pagaron precios absurdos. La pregunta nunca es solo si una tecnología va a cambiar el mundo. La pregunta importante es, ¿a qué precio merece la pena invertir en ella?
Y aquí llegamos al caso más fascinante de todos, SpaceX, porque esto ya no parece un simple rumor. La compañía ha presentado oficialmente documentación ante la SEC para iniciar el proceso de salida a bolsa. Y según los términos preliminares conocidos hasta ahora, la operación podría convertirse en la mayor OPV de la historia. La fecha que se maneja en estos momentos es aproximadamente el 12 de junio de 2026. El ticker sería SPCX y los bancos colocadores incluyen nombres tan conocidos como Goldman Sachs, Morgan Stanley y JP Morgan. Ahora bien, aquí es importante hacer una aclaración. Aunque el "filing" exista, todavía pueden cambiar muchas cosas: la valoración definitiva, el tamaño de la colocación, el precio por acción e incluso el calendario. Pero las cifras que se están manejando son absolutamente espectaculares. Según distintas publicaciones financieras, SpaceX estaría aspirando a una valoración cercana a 1,75 billones de dólares y la operación podría intentar captar alrededor de unos 75.000 millones, lo cual quiere decir que estamos hablando de algo que ha batido con creces, y finalmente se produce, a cualquier colocación anterior. Para que os hagáis una idea, Meta captó 16.000 millones en su salida a bolsa. Alibaba aproximadamente unos 25.000 millones. Saudi Aramco alrededor de 256.600 millones vendiendo apenas un 1,5% de la compañía. Es decir, SpaceX podría intentar captar aproximadamente tres veces más dinero que cualquiera de las grandes OPVs históricas anteriores.
Y aquí viene lo más interesante. SpaceX ya no es simplemente una empresa espacial, es un conglomerado de satélites, internet global, defensa, infraestructura, comunicaciones, lanzamientos militares, IA y posiblemente computación orbital en el futuro. Dos tercios de sus ingresos ya provienen de Starlink y Starlink se ha convertido en un negocio gigantesco. Millones de usuarios, contratos gubernamentales, uso militar, cobertura global. Según la documentación preliminar conocida, SpaceX habría ingresado unos 18.700 millones en 2025, pero también habría registrado pérdidas cercanas a los 4.900 millones. Y aquí hay un detalle muy importante. Parte de esas pérdidas se explican por la integración de XAI, la compañía de inteligencia artificial de Elon Musk. Es decir, SpaceX no solo está compitiendo en espacio, sino que también quiere competir en inteligencia artificial. Y para ello incurre en unas inversiones gigantescas, porque según la información publicada, más de 20.000 millones de gasto en 2025 es lo que se ha producido de facto, incluyendo infraestructura, IA, Starlink, cohetes, centros de datos, I+D y expansión global. Pero uno de los grandes sueños del visionario Musk incluye eventualmente colocar capacidad computacional alimentada por energía solar directamente en órbita. Sí, es una idea de pinza: computación espacial, porque el problema es energético y empieza a convertirse en uno de los grandes cuellos de botella de la revolución de la IA.
Y aquí entramos en una de las partes probablemente más importantes de este vídeo. Mucha gente piensa que Wall Street es una fuente infinita de dinero, pero no funciona así. El capital tiende a rotar. Si los grandes fondos quieren entrar masivamente en SpaceX, OpenAI, Anthropic o futuras compañías de IA, probablemente tendrán que reducir posiciones en otros activos. Y aquí aparece el gran tema: las Siete Magníficas: Apple, Microsoft, Nvidia, Amazon, Meta, Google, Alphabet y Tesla. Estas compañías han llegado a representar más de un tercio del S&P 500, es decir, gran parte del dinero institucional a nivel mundial ya está extremadamente concentrado en estos nombres. Lo que me lleva a imaginar la conversación interna que estarán teniendo ya muchos gestores que están concentrados en Nvidia o en Microsoft o en Meta y que comenzarán a pensar que si quieren invertir en la próxima gran ola de colocaciones, tal vez tengan que rotar la cartera. Rotar no significa necesariamente un colapso, pero sí movimientos potencialmente muy importantes de liquidez, especialmente si coinciden con OPVs gigantescas, valoraciones altísimas, euforia por la IA y expectativas quizá demasiado optimistas. Porque cuando hablamos de operaciones potenciales de 40.000, 60.000, 75.000 millones, estamos hablando de cantidades capaces de alterar temporalmente flujos globales de capital.
Y ahora llegamos probablemente al tema más infravalorado de toda esta revolución: el gasto en infraestructura. Existe un concepto llamado CAPEX. CAPEX significa gasto de capital, es decir, el dinero destinado a construir infraestructura física como centros de datos, servidores, terrenos, fibra óptica, redes eléctricas, chips, edificios industriales. Y las cifras que estamos viendo son históricas. En 2022, las grandes tecnológicas gastaron conjuntamente unos 162.000 millones de dólares en infraestructura y en 2025 esa cifra ya rondaba aproximadamente los 448.000 millones. Para 2026 las previsiones son todavía más extremas. Amazon podría gastar solo él 200.000 millones. Microsoft y Alphabet alrededor de 190.000 millones cada uno, Meta entre 125.000 y 145.000 millones. En total, solo estas compañías podrían acercarse a unos 725.000 millones de gasto en infraestructura en solo un año. Y aquí el cerebro humano empieza a perder la escala, porque estamos hablando de cifras comparables al PIB completo de países enteros, más dinero del que muchos gobiernos destinan conjuntamente a defensa, educación e infraestructuras. Y algunos analistas creen que el sector podría superar el billón de dólares anual de gasto en infraestructura tecnológica durante los próximos años. Un billón al año es algo que nunca habíamos visto ni parecido en la historia de la tecnología.
Pero no perdamos de vista dónde está el verdadero cuello de botella. Está en la energía. Cada nuevo centro de datos consume cantidades gigantescas de energía. La IA está disparando la demanda energética mundial y las redes actuales no estaban preparadas para algo de esta magnitud. Por eso empiezan a convertirse en activos estratégicos: las eléctricas, la energía nuclear, el gas natural, la refrigeración industrial, la propia red eléctrica. Y aquí hay una idea fundamental. Quizás la IA no sea únicamente una revolución tecnológica, quizás sea también una revolución energética, porque entrenar y operar modelos gigantescos requiere infraestructuras físicas reales y eso cambia completamente la naturaleza del negocio. Durante años pensábamos que la economía digital era ligera, pero la IA está devolviendo el mundo tecnológico a la economía física: electricidad, hormigón, cobre, agua, energía, infraestructura. Quizá precisamente por eso estamos viendo las mayores necesidades de capital de toda la historia tecnológica moderna.
Esto nos lleva a una pregunta que todo inversor se está haciendo. ¿Estamos ante una nueva burbuja tecnológica? La respuesta honesta probablemente sea sí y no, porque existen elementos claramente especulativos: valoraciones gigantescas, empresas sin beneficios, FOMO inversor, narrativas futuristas, exceso de optimismo. Todo esto recuerda muchísimo a otras etapas de euforia histórica, pero también existen diferencias enormes respecto a la famosa burbuja .com. En este caso, la IA ya genera ingresos reales, las grandes empresas ya la utilizan. Existe productividad tangible. Los centros de datos son reales, los chips son reales, la demanda existe. Basta que recordemos que Amazon perdió dinero durante años, Tesla perdió dinero durante años, Uber perdió cantidades gigantescas, Spotify también necesitó muchísimo tiempo y aún así terminaron convirtiéndose en compañías enormes y muy rentables. Entonces, hay que tener cuidado con la idea demasiado simplista de "perder dinero no significa necesariamente que una empresa vaya a fracasar". Lo importante es entender por qué pierde dinero, porque no es lo mismo perder dinero intentando sobrevivir que perder dinero intentando construir una infraestructura global completamente nueva. Y eso es precisamente lo que hace tan difícil analizar compañías como OpenAI o el caso de Anthropic, porque el mercado no está valorando lo que son hoy, está intentando valorar lo que podrían llegar a dominar dentro de 10 años. A esto hay que añadir que ahora no estamos ante simples páginas web sin ingresos, como ocurría con muchas compañías en el año 2000. Ahora sí existe infraestructura física tangible, lo que me lleva a una reflexión muy interesante. ¿Y si la burbuja fuese parcialmente necesaria? Porque las burbujas ferroviarias financiaron las vías del siglo XIX. La burbuja .com financió internet y quizá la euforia IA esté financiando la infraestructura que transformará el mundo durante las próximas décadas. Eso no significa que no vaya a haber excesos. Seguro que los habrá, porque incluso las mejores tecnologías pueden convertirse en malas inversiones si se pagan precios absurdos. El ferrocarril cambió el mundo, pero muchísimas empresas ferroviarias quebraron. Internet cambió el mundo, pero muchísimas tecnológicas desaparecieron. Quizá dentro de 20 años miremos atrás y diremos: "Sí, la inteligencia artificial efectivamente cambió el mundo, igual que internet, igual que el ferrocarril, igual que la electricidad, pero también descubriremos que, como ocurre en todas las grandes revoluciones, hubo compañías extraordinarias y precios completamente absurdos". Porque la pregunta nunca es solo quién tiene razón sobre la tecnología. La pregunta importante es quién sobrevivirá cuando el mercado deje de financiar pérdidas ilimitadas, porque tarde o temprano los inversores van a exigir beneficios y ahí veremos qué modelos realmente eran realmente sostenibles.
Vamos ya con la conclusión final. Estamos entrando en una nueva era financiera, una era que probablemente no tiene precedentes en la historia reciente. La inteligencia artificial ya no es solo software, se está convirtiendo en una infraestructura crítica global y eso requiere cantidades históricas de capital, consumo energético gigantesco, inversiones masivas y posiblemente algunas de las mayores salidas a bolsa jamás vistas. SpaceX, OpenAI, Anthropic, XAI, Databricks, Stripe, todas representan algo mucho más grande que simples compañías tecnológicas. Representan la lucha por dominar la próxima revolución industrial, pero también representan un enorme riesgo, porque cuando el mercado empieza a creer que una tecnología va a cambiar el mundo, normalmente tiene razón sobre la tecnología. El problema es que muchas veces se equivoca completamente sobre cuánto vale realmente ese futuro. Y quizá esa sea la verdadera pregunta que deberíamos hacernos hoy, ¿no? Si la inteligencia artificial cambiará el mundo, porque probablemente lo va a hacer. La pregunta importante es otra: ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por participar en esa revolución? Y sobre todo, ¿quién acabará pagando la factura si las expectativas terminan siendo demasiado optimistas?
Antes de terminar, un recordatorio rápido para los que aún no os habéis apuntado. Ya os hablé en el vídeo anterior y también en mi newsletter gratuita de Trader sobre el curso gratuito de inteligencia artificial que ha organizado John Hernández. Pero, ¿cómo sé que estas cosas se nos pasan a todos? Quería volver a mencionároslo. Serán los días 26, 27 y 28 de mayo, así que no lo dejéis pasar. Es totalmente gratuito. 3 días para aprender a usar ChatGPT, crear apps y webs, programar y automatizar tareas con agentes de IA. Recuerdo, gratuito, con un certificado y de la mano de alguien en quien confío, que es un grandísimo divulgador. El enlace está en la descripción. Aprovechad los comentarios para contarme sobre qué otros temas os gustaría que hiciera vídeos o para lanzarme consultas. Intentaré resolver algunas en el próximo vídeo que haga. Y hasta aquí por hoy. Muchas gracias. Espero que el vídeo os haya resultado útil y nos vemos en el siguiente. Suerte con las inversiones.