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El yo, el ego, sería como unas 50. Se piensa ahora, no en psicología, etiquetas con las que nos identificamos y a las que estamos absolutamente incrustados y las defendemos ante el mundo. Por eso se le llama también el personaje. Yo sé que soy psiquiatra, o que soy español, o que soy de tal ideología, tal, porque yo me lo cuento a mí mismo con mi diálogo íntimo, ¿me explico? No, no exactamente en el sentido de capas, porque no es que estén uno encima de otro, pero como de 50 caretas, de 50 aspectos, 50 aristas, más o menos. De 50 que son los que defendemos. No, por ejemplo, mi nacionalidad, mi profesión, la profesión es una etiqueta tremenda, mi ideología política o religiosa, mi pertenencia a grupos, por ejemplo, soy meditador, soy ecologista, o soy tal. Mis valores, los valores son unas etiquetas brutales. Es donde yo se se aferra más intensamente, eh, identidad de género, identidad por edad, no, pues eso, unas 50. O soy del Madrid, o soy de tal, o soy de, eh, este tipo de cosas son las que nos identifican. Yo soy lo que soy ahora, eh, la experiencia de conocer en este momento, pero no estoy influenciado por toda mi historia biográfica.
En la consulta es alucinante, porque en la biografía, lo que en la psicoterapia, lo que hacemos es cambiar la biografía a la gente, ¿me explico? Yo tengo una biografía, eh, que no me gusta, me produce sufrimiento, intento reinterpretarlo, que es una de las técnicas más potentes, reinterpretar las cosas pasadas de una forma agradable. Tienes que meditar así: en lo visto, solo lo visto; en lo oído, solo lo oído; y en lo percibido, solo lo percibido. Prácticas. Esta práctica se considera una de las quintaesenciales para la deconstrucción del yo. Mi vida ha sido una tortura porque casi me quedo huérfano de pequeño y todo es un horror. O lo reinterpretas como: ojo, tuve la suerte de tener esta experiencia y la impermanencia queda. Ves que toda la biografía es una interpretación de lo que nos ha ocurrido. No, pero no podemos verlo porque somos fotos fijas relacionándonos con fotos fijas, ¿no? Entonces el mundo está distorsionado.
[Música] [Risas] Piensa por ti mismo. Wake up.
Pues vamos a hablar del ego. Estaba pensando qué primera pregunta le hago para hablar del ego. Y estaba acordándome, últimamente tu nombre ha venido a mí por diferentes vías. Hablamos de Ramiro, hablábamos también de un libro que tienes que se llama "Meditaciones", corrígeme si me equivoco, eh, "Para deshacer el ego". Sí, eh, por circunstancias no me he puesto con el libro todavía, pero me genera muchísima curiosidad. E, y mi pregunta es, o sea, ¿qué es eso? O sea, ¿son meditaciones para, o sea, cuéntame.
Sí, el libro se llama "Para Cuidar la No Dualidad: Meditaciones Reconstructivas", meditaciones para deshacer el ego. Y qué cuenta. Te decía, hay tres tipos de meditaciones, ¿no? Atencionales, son bastante conocidas, no se considera la primera ola de las meditaciones. No surge en 1980, cuando Kaisen empieza con mindfulness, etcétera. Hay una segunda ola que sería la de las meditaciones generativas, compasión es la más conocida, hacia 2005 empezó fuerte y empieza a haber bastante investigación sobre el tema. Pero del tercer tipo de meditaciones, las deconstructivas, apenas hay investigación. Y esta ola se considera que ha surgido hacia 2015 o así, eh, técnicas deconstructivas, ciencias contemplativas, etcétera, ¿no? Entonces, eh, sobre todo en las tradiciones orientales, porque en otras no, en tradiciones en religiones monoteístas y tal, el tema de la deconstrucción del yo existe, eh. Está lo que pasa es que, eh, digamos que no está tan claramente formulado y además no forma parte, digamos, de la teoría aceptada, eh. Pero en algunas tradiciones orientales, desde el budismo hasta el Vedanta, Advaita, hasta el taoísmo, etcétera, la deconstrucción del yo se considera las meditaciones más elevadas. Solo se puede acceder a ellas cuando ya se ha practicado meditaciones atencionales, es decir, la mente no está continuamente funcionando y uno puede ver ese vacío, ¿no? En estas técnicas se dice que el estado natural de la mente, aunque pueda parecer raro a la gente que nos escucha, no es estar pensando continuamente. El estado natural de la mente es estar en calma. En algún momento puede surgir algún pensamiento, pero rápidamente desaparece. Y es, es el estado natural de la mente, que va asociado a un bienestar, pues, etcétera.
Entonces, eh, lo que tratamos en este libro, digamos que hay como varias secciones. Primero es el yo, intentamos entender qué es el yo. Luego, si quieres, profundizamos más sobre yo. Intentamos entender qué es yo, intentamos entender cómo se construye, cómo nos identificamos, por qué nos da miedo perderlo, eh. Y como en muchas tradiciones se ha hablado de eso. Y digamos, en una segunda parte, lo que analizamos son diferentes meditaciones que van directamente a intentar deconstruir el yo, a intentar suavizarlo, a intentar aflojarlo. La mayor parte, como digo, otras tradiciones orientales, pero bueno, también algunas occidentales. Y es como una especie de catálogo. El libro es muy práctico, eh. En la primera parte intenta entender el yo, pero en la segunda hay una gran cantidad de prácticas sobre esto. Y luego hay una parte final de personas que dicen haber alcanzado este estado y cómo expresan esa sensación de bienestar y de paz. Algunos incluso de tradiciones occidentales, eh. Hay algún santo protestante, por ejemplo, que describe su experiencia de ese de ese despertar. Y claro, como el lenguaje es muy occidental, es fascinante.
Mm, estábamos hablando y además me has leído la mente, eh. Te iba a preguntar que, para ponernos un poco en situación y empezar por el principio, hablas del Yo. Sí, que entiendo que te refieres a cuando hablamos del ego y hablamos del yo, hablamos de lo mismo. Y de qué estamos hablando.
Sí, el yo, el ego, sería, eh, como unas 50. Se piensa ahora, no en psicología, etiquetas con las que nos identificamos y a las que estamos, eh, absolutamente, eh, incrustados y las defendemos ante el mundo. Eh, por eso se le llama también el personaje, ¿no? Es como el personaje que nosotros defendemos ante el mundo. Uno de los temas interesantes sería esto. Eh, he hablado en algún momento de que hay una mente en modo "hacer", que es la que estamos habitualmente hablando siempre con nosotros mismos. Esa mente va ligada a un tipo de yo que le llamamos yo biográfico. Es decir, es un yo que está continuamente hablando consigo mismo. Es decir, yo sé que soy psiquiatra, o que soy español, o que soy tal ideología, tal, porque yo me lo cuento a mí mismo con mi diálogo interno, ¿me explico? Sin embargo, cuando por efecto de la meditación, de la espiritualidad, como quieras llamar, nos vamos acercando progresivamente a la mente en modo "ser", en la que apenas hay diálogo interno, ese yo biográfico cambia. Y de hecho, eh, hay estructuras neuroanatómicas que son diferentes y se han identificado. Cambia de ese yo biográfico, que es el estándar para la mayor parte de la gente, a un yo experiencial. Es decir, como no hay diálogo interno, yo soy lo que soy ahora, eh, la experiencia de conocer en este momento, pero no estoy, eh, influenciado por toda mi historia biográfica. Es un yo diferente. Le llamamos yo experiencial. Sigue siendo un yo, eh. No está deconstruido. Pero eso sería la vacuidad. Eh, no hay toda la carga biográfica. Pongo un ejemplo. Imagínate que yo he tenido tres parejas anteriores y me ha ido fatal. Salgo con una cuarta persona. No puedo dejar de estar comparando, pensando con las tres parejas anteriores. Me mira y digo, buah, me mira como la anterior, seguro que va a romper. Me cuento todas esas batallas. Si yo no estuviese con la mente en modo "hacer", sino por efecto de la práctica estuviese con la mente en modo "ser", no aparecerían esos pensamientos. Y entonces estaría saliendo con esta cuarta persona con la mente de principiante, que se describe en meditación, es decir, como si fuese la primera vez que salgo con alguien. Toda la biografía, todo ese yo biográfico es el pasado interfiriendo sobre el presente. La gente estamos muy aferrados a ello porque pensamos que es toda la experiencia que hemos ganado a lo largo de la vida. Pero en meditación, en terapias de tercera generación, se dice que es evitación experiencial. Esto es muy interesante. Es decir, todo lo que hacemos los seres humanos es buscando compulsivamente lo que queremos y evitando compulsivamente lo que no queremos. Que reflexione la gente, ¿no? Cuando lo que queremos y lo que no queremos está en el mismo sitio. Sí, está en diferentes sitios. No hay problema. Si me gusta la carne y no me gusta el pescado, cojo como carne y no como pescado. Pero a veces está en el mismo sitio. Por ejemplo, el caso de esta chica. No, esta chica me gusta, pero me aterra que vuelva a pasar lo que pasó con mis tres parejas anteriores. No está en el mismo objeto. Lo que hacemos los seres humanos es habitualmente dejarlo. Digo, buah, no me meto en la relación porque estoy tan aterrado que lo dejo pasar. A eso lo llamamos en psicología, evitación experiencial. Pues bien, se acepta que la mayor parte de nuestro sufrimiento se produce por evitación experiencial, porque estamos como siempre alerta para intentando no volver a repetir cosas que nos hicieron sufrir en el pasado. Esto es lo que intentamos modificar con con la meditación, tener esa mente de principiante, experimentar cada cosa como si fuese la primera vez, porque no está. Y eso se puede entrenar, ¿no? Entonces, ese yo está muy diluido. Ese yo experiencial, que no está con el yo biográfico asociado, es un yo absolutamente fresco, que no roza, que no choca con la realidad, porque no tiene que hacer expectativas. Sería una forma demasiado simple de decir, vivir sin prejuicio. Claro.
¿Por qué? Porque es inevitable, eh, supongo, que el cerebro nos haga generar prejuicios, ah, de las cosas aprendidas y tal. Entonces, ver cada cosa como si fuera por primera vez el 100% de las veces, ah, claro, se antoja un poco, sí, anaturas, quizás para hacernos la vida más fácil, que es. Y que, y que cuando es blanco, eh, y tiene forma de botella, normalmente es leche, ¿no? Pero estás proponiendo mirar ese objeto blanco con forma de botella y no prejuzgar que sea leche. No necesariamente. No, que cuando ves, vas a ver que es leche, pero no vas a venir con todos tus prejuicios. Jo, pues me da sed de beber porque no me gusta. Voy, por lo menos, a darme la oportunidad de de tocarla, verla o leerla, experimentarla sin el prejuicio. De eso sería la idea, ¿sabes? Es decir, hay una práctica en mindfulness, meditaciones en generales, decir, la práctica es de Buda, parte de lo que tal, es decir, "en lo visto, solo lo visto". Es una historia muy bonita de la biografía de Buda, ¿no? Que alguien que llevaba años meditando, pero que se notaba estancado, quería profundizar. Y dijeron, pues está un señor Buda que que arrasa en cuanto a meditación. Entonces va el tío, tras hacer más de 1000 km, le pregunta, dime, ¿cuál es la quinta esencia? ¿Cuál es la práctica? Le dice, no tengo mucho tiempo. Le dice, la mayoría tal. Y dice, mira, Vajilla se llamaba. Tienes que meditar así: en lo visto, solo lo he visto; en lo oído, solo lo he oído; y en lo percibido, solo lo he percibido. Práctica así. Esta práctica se considera una de las quintaesenciales para la deconstrucción del yo, porque fíjate, eh, tú ves algo, pero no te montas la película sobre eso. Oyes algo, no te montas la película, ¿me explico? Esto es lo que nos mantiene atrapados al yo biográfico. Entonces, requiere entrenamiento, pero sería en el día a día, cada vez que ves algo, ni siquiera atajar el prejuicio posterior, que está muy bien, pero eso es posterior, sino darte cuenta de que ni siquiera aparece el prejuicio. No sé si me explico. Porque lo que hacemos habitualmente es, no, jo, este tío me cae mal, no me tiene que caer mal, voy a reportar. No, no. Aquí es que no hay. Al no haber diálogo interno, ves a esa persona como como está siendo ahora, ¿no? Entonces, el yo está muy ligado a toda esa historia que nos contamos. Cuando toda esa historia biográfica, eh, va diluyéndose, surge ese yo existencial, que es una pasada. Pero fíjate, en la consulta es alucinante, porque la biografía, lo que en la psicoterapia, lo que hacemos es cambiar la biografía a la gente, ¿me explico? Imagínate, yo tengo una biografía, eh, que no me gusta, me produce sufrimiento, intento reinterpretarlo, que es una de las técnicas más potentes, reinterpretar las cosas pasadas de una forma agradable. Te contaba lo de mi madre. Mucha gente se podía haber enganchado ahí. Mi vida ha sido una tortura porque casi me quedo huérfano de pequeño y todo es un horror. O lo reinterpretas como: ojo, tuve la suerte de tener esta experiencia y la impermanencia queda. Ves que toda la biografía es una interpretación de lo que nos ha ocurrido.
Si te he entendido bien, todo pasa por, no lo sé, ser consciente de que etiquetamos. El cerebro, la mente, etiqueta. Etiqueta esa botella blanca, la etiqueta como leche. Pero yo te estoy etiquetando a ti ahora mismo. Claro. Y tú me estás seguramente etiquetando a mí. Y probablemente yo, yo me etiqueto a mí mismo continuamente. Por lo tanto, no, no me permito ver lo que hay. Eso es. No me permito ni ni conocerte a ti realmente, ni conocerme a mí. Y esto me recuerda, cuanto más etiquetado estés, más difícil es cambiar para ti y para tu alrededor. Todo esto es el problema del etiquetado. Sí, porque esas etiquetas son tu identidad. Claro. Y si me quitas la etiqueta, entonces, ¿quién soy? Por eso te decía, la consulta es alucinante, que cuando empiezas con la psicoterapia, mucha gente dice, no, doctor, ya sé que soy un desastre, mi biografía tal, pero yo soy así. Entonces, está la identificación con algo, aunque sea un desastre, que no les permite cambiar. En vez de resistencia al cambio, que es jodida también de cojones, uno es más consciente de que uno está continuamente cambiando, de que realmente no hay nada fijo y estable, de que el mundo no funciona por fotos fijas. La gente que vemos tampoco, ¿no? Entonces, Buda decía, los objetos tiemblan por la impermanencia. Esa es una imagen increíble. Tiemblan porque todo está cambiando continuamente. Es como la taza rota. Y entonces, si puedes ver el mundo de esa manera, te desaparecen los apegos, te desaparecen, me gusta o no me gusta, desaparece ese diálogo interno. Es, es un proceso. Yo sé que es muy complejo, por eso se considera las meditaciones más avanzadas, pero la sensación de libertad que te produce es brutal.
Total, me encanta escucharte porque, en cierto modo, somos como visto en fotogramas. La versión de esta décima de segundo de Alex no es la de la décima de segundo después. Claro. Es un poquitín diferente, porque algo ha evolucionado, algo ha cambiado, ¿no? Entonces, eh, fíjate, perdón que te cuente un ejemplo que yo sé muy claramente. Es, por ejemplo, con las biografías que tenemos con nuestros padres, o con, yo, por ejemplo, a los 10 años es cuando un niño y una niña necesita que sus padres estén ahí, ¿no? Entonces, imagínate que mi padre no ha sido muy cariñoso, por ejemplo. No, yo tengo la foto fija de cómo era mi padre en ese momento y esa foto fija me va a acompañar toda la vida. Entonces, es muy llamativo que hablando, no solo en la consulta, en el día a día, imagínate que yo ahora tengo 40 años, mi pareja de este momento conoce a mi padre. Mi padre ha cambiado, por lo que sea, ahora es bastante más cariñoso de lo que era, que eso puede ocurrir perfectamente. Y cuando yo le digo a mi mujer, todo lo frío y lo tal que de mi padre, ella me dice, pues chico, yo no lo veo. Es alucinante que yo soy incapaz de poder verlo ya nunca más cariñoso, porque cuando yo lo necesitaba, hice la foto fija y tal. Es más, me enfado con mi mujer como diciendo, pero no me digas que es cariñoso, porque claro, yo he montado mi identidad, mi vida en base a que mi padre no era cariñoso. No sé si me explico el el montaje brutal, ¿no? Pero no podemos verlo porque somos fotos fijas relacionándonos con fotos fijas, ¿no? Entonces el mundo está distorsionado.
Totalmente. De hecho, eh, bueno, hay un tema más que añadiría. Yo alguna vez he mencionado, yo soy muy fan de Nazareth Castellanos. Me he hecho talleres con ella y ella me dio un dato una vez que a mí me hizo reflexionar acerca de esto, ¿no? Los recuerdos no son una foto fija que metemos en un archivo y sacamos cuando queremos. El cerebro genera un recuerdo cada vez que tiro de él. Te quiere decir, pero lo genera con la información actual de hoy. Sí, sí, sí. O sea, el recuerdo que yo generé acerca de mi mi décimo cumpleaños el año pasado no es el recuerdo de. Por lo tanto, esas fotos fijas no son tan fijas, eh. Y y y van evolucionando, pues se van regenerando en cada momento que se o se que que creamos los recuerdos, no los recuperamos. Absolutamente. Y eso te tiene que dar un poquito, que es a dónde voy con el, en el "no te creas nada". No te creas nada. Claro. O sea, ni siquiera te creas a ti mismo. Te quiero decir. Claro, claro. Si tú sales con esa perspectiva del "no creerme nada", si tú pones en tela de juicio todo, si tú pones en juicio tu propio criterio, entonces a lo mejor empiezas a ver las cosas como con más claridad. Absolutamente. Pero eso requiere mucha madurez, porque el problema es que, eh, vivimos en un mundo absolutamente impredecible. No, la impermanencia convierte el mundo en algo absolutamente impredecible. ¿Cómo obtenemos la seguridad y la sensación de control? Aferrándonos a fotos fijas, ¿no? A toda nuestra biografía, es así, a nuestros valores, es así, a todo lo que nosotros creemos, ¿no? Entonces, esa apertura, que es la realidad, la realidad es esa apertura, no existen fotos fijas, implica una sensación de, eh, impredecibilidad, ¿no? De no control, que es la la pura realidad. Pero nos aterra, ¿no? Entonces, queremos aferrarnos continuamente a al pasado, a esto es así, yo soy así, todo es así, todo es controlable, todo es fijo. Claro.
Eh, hay un tema añadido. Además, eso es una opinión mía. Socialmente no está bien visto quién cambia. Idolatramos figuras de, tío, nunca cambia, nunca cambiará, este tío, tal. Y nos parece como algo, tal, cuando si no cambias, sufres, o sea, punto. Si no cambias, sufres. Y y y alguien que tú, fíjate en el propio lenguaje, "nunca cambia", joder, qué tío, este tío ha cambiado, buf, no. Entonces está como como mal visto. Me gusta pensar que empieza a ser diferente. Pero históricamente, esas figuras de, no, él en sus trece y morirá en sus trece con sus huevos y con su todo, digo, madre mía, eso es un, o sea, ese tipo de figuras de tío cascarrabias que jamás dará su brazo a torcer, madre mía, cuánto sufrimiento hay ahí detrás. Sí, pero claro, ¿por qué tienen éxito? Porque no está esa sensación de seguridad, ¿no? No está esa sensación de, bueno, esto no cambia a lo largo del tiempo, uno se puede fiar de que siempre es así, ¿no? Que es, eh, lo contrario a la impermanencia, que es la esencia del mundo. Es cierto, como bien dices, que yo creo que eso va cambiando ligeramente, pero va cambiando porque porque los cambios en estos momentos son tan rápidos que la sensación de permanencia y de cambio continuo empieza a estar calando en la sociedad de una forma increíble, ¿no? Y eso no ocurría antes. Es decir, no había diferencias entre los abuelos y los nietos en cuanto al estilo de vida. En el siglo, 1, 18, los cambios eran mínimos. Aquí en 10 años ha cambiado todo. Hace 15 años no había internet, o no había móviles. Una, había 15, 20 años. No, entonces, dentro de 20 años, qué sea lo que pase, ni se puede imaginar, ¿no? Entonces, la sensación de permanencia y cambio es brutal. Lo vemos en cosas como conceptos como, no, yo tengo un contrato fijo. ¿Eso me está contando? Si no existe, ¿no? Tal. Yo me voy a casar y para siempre. Y claro, claro, casarse para siempre, ahora vamos, es casi inimaginable para las generaciones actuales, ¿no? Para siempre. El otro día, eh, publicamos un vídeo de Ramiro, eh, acerca del matrimonio y el el el punto de partida del vídeo era que siete de cada 10, que siete de cada 10 matrimonios acaban, tal. Antes el matrimonio era para siempre y tal. Entonces, esas cosas tan fijas, tan tan pilares, tan tan piedras angulares de las vidas, no son fijas. Claro. Son fijas. Ya nada te garantiza la la, tal. Por lo tanto, hay que quizás empezar a pensar, eh, en esa impermanencia, ¿no? Sí, sí, sí, sí, sí. Hay más, eh, sentido de impermanencia por el cambio tan rápido y tan continuo que estamos viendo en este momento. Sí, sí. Claro, claro.
Vale, voy a decir una frase, tú me dices. Yo es que soy muy de simplificar. Tendré un cerebro muy etiquetador. Es el ser humano una cebolla de 50 capas. Eh, el, el Yo. Sí, que se considera que sería como una, no, el ser humano. Sí, el Yo. Sí, que se considera que son como unas 50 etiquetas. No, no exactamente en el sentido de capas, porque no es que estén uno encima de otra, pero como de 50 caretas, de 50 aspectos, 50 aristas, más o menos. Sí, 50 que son los que defendemos. No, por ejemplo, mi nacionalidad, mi profesión, la profesión es una etiqueta tremenda, mi ideología política o religiosa, mi pertenencia a grupos, por ejemplo, soy meditador, o soy ecologista, o soy tal. Mis valores, los valores son unas etiquetas brutales. Es donde el yo se se aferra más intensamente, identidad de género, identidad por edad, ¿no? Pues eso, unas 50. O soy del Madrid, o soy de tal, o soy de, eh, este tipo de cosas son las que nos identifican. Algunas mucho más, por ejemplo, relaciones sociales, en el sentido de padre, de esposo, esposa, de o hijo, esas identidades sociales son tremendas también, ¿no? Y luego las últimas serían con mi biografía. La biografía es brutal, eh. Y con mi propio nombre, ¿no? Si en psicología queremos hacer resaltar la sensación del yo, simplemente lo que utilizamos es repetir nuestro nombre, ¿no? Alguien repite, si cada uno repite su nombre, nota que guau, la sensación de yo. O simplemente contar algo sobre ti mismo refuerza tremendamente la sensación de yo, o algo en lo que simplemente seas protagonista, eh, aunque sea tan sencillo como ir a comprar el pan a la panadería, ¿no? Fui yo a comprar el pan, ¿no? Parece que ese es un acto increíble en cuanto yo soy el protagonista, ¿no? Las sensaciones de yo es tremendamente fuerte. No sé si a ti te habrá pasado en tu caso particular, a mí me ha ocurrido que cuando a medida que he ido quitando hojas, yo a mí el tema de la nacionalidad me parece solo un foco para el conflicto, un foco para la diferenciación, un foco para la violencia. Hablamos de una España dividida en gallegos, catalanes, está, no sé cuánto. Eh, me he ido quitando capas. Me la pela el fútbol, claro, claro. Yo ya no soy de ningún equipo, tal. Ahora estaba ya por la capa de soy terrícola y tampoco, porque es todo tan absurdo, ¿no? Entonces, mi pregunta es, ¿qué hay si si uno llegara, que no sé si es posible, quitar todas esas capas o intentarlo al menos? ¿Qué hay? Claro, ese es el tema. Lo que estás haciendo es una muy buena deconstrucción del yo, ¿no? Porque es así. Cuanto más identificado está uno con un grupo, más separado está de otro. No, por eso todo el tema de valores, o todo el tema de religiones, o todo el tema de nacionalidades, ¿no? De si yo soy del partido A y soy super fanático del partido A, todos los demás están equivocados. Si soy de la religión B y esta es la buena, todos los demás están equivocados. No, entonces, al fin y al cabo, la identificación con cualquiera de estas etiquetas lo que hace es que te separa de toda la humanidad que no está. ¿Qué hay al final? Una conexión increíble con la humanidad. Hay una libertad increíble. Tú no tienes que estar defendiendo ese personaje, esa especie de cabezudo, que le llamo yo, con lo que te vas chocando, que tienes que defender su identidad porque la consideras que es la tuya, ¿no? Es una sensación de libertad absoluta porque no te identificas con nada especial. Eres un miembro de esta humanidad, que ninguna característica especial. Es decir, porque el tema no es no tener características. Pero yo siempre seré español porque he nacido aquí, o siempre seré psiquiatra porque lo he estudiado, tal. El tema es no identificarse. Es decir, podía haber nacido en cualquier otro sitio, tener cualquier otra religión, ideología, cualquier otra profesión, etcétera. Nada es tan importante ni lo único. Que un experimenta es que somos seres humanos y sientes, sientes una gran conexión con todos los seres humanos, seres vivos con los que estamos compartiendo este planeta, este momento, ¿no? Sientes una sensación de conexión con algo que es mucho mayor que uno mismo, eh. Y ese sería el religare, ¿no? Que es el origen de religión, la sensación de reconectar con todo. No te sientes un yo. Yo siempre digo que la enfermedad última del ser humano, la neurosis última, es la sensación de sentirse aislado, de que este pequeño yo está separado de todo lo demás, ¿no? Entonces, tiene que hacer lo que sea para sentirse conectado. Parejas compulsivas, familia compulsiva, éxito compulsivo, para que me reconozca, ¿no? Es esa sensación de aislamiento que tiene el yo, que de alguna forma nota que algo falla, que eso no, no es así. Esta sensación a mí me ocurre cuando medito en la naturaleza y me siento parte de. Claro. Me siento una parte de. Que además me lo puedo llevar incluso a la deconstrucción física de mi cuerpo. Somos cientos de miles de millones de microorganismos apelotonadas por una, por por la piel, pero que si no existe esa piel, te quiero decir. Hay una frase que a mí me gusta, que dice que le dijo, se escuché por vez a alguien que que escuché que se llama Daniel Lumera, que dijo que si todos los seres humanos tuviéramos conciencia de que somos uno, el mundo sería paz y armonía. Porque además, todas estas cosas, nacionalismo, cultura, todas estas etiquetas, son son excusas para, o sea, no excusas, son refugios para el que no se conoce como yo. No me conozco, busco esa etiqueta. No, claro. No sé qué piensas de esto.
Sí, sí. En psicología social se habla mucho de eso, ¿no? Yo necesito sentirme parte de un grupo y así me enfrento al resto del grupo, del resto de la humanidad, ¿no? Entonces, necesito, me siento tan pequeñito, tan solo, ese es el problema del del aislamiento que produce el yo, que necesito grupos, grupos en los que me fusiono, me identifico a muerte, se hace falta, y me peleo con todos los demás grupos que no son el mío, ¿no? Esa sensación de necesitar una pertenencia pequeña para sentirme separado de todo lo demás es el origen de todas las guerras, de todos los conflictos. Si yo me pudiese sentir miembro natural del grupo que es la humanidad, ¿dónde está el conflicto? ¿No? Todos somos iguales. Yo me hago una pregunta. Entonces, si yo consigo bloquear el "qué dirán" en mí, quiero decir, si yo consigo que realmente me dé igual lo que piensen de mí y no necesite irme a ninguna comunidad, etiqueta, congregación, grupo, religión, partido político, partido de fútbol, si si consiguiéramos que que nos diera igual todo lo que pensaran los demás, se acabarían los problemas en el mundo. Se acabarían los problemas. Claro, pero tendríamos que estar todos metidos en ese ajo, ¿no? Es decir, que fíjate que en el fondo, como yo estoy aislado, cada uno de nosotros, nuestro yo, este aislado, ¿qué queremos? El afecto de los demás, ¿no? Que es la gran expectativa de todos, ¿no? Ser queridos, ser. Y entonces, lo que hacemos es especializarnos. Eh, yo siempre en los cursos, digo, ¿cómo te has especializado tú para que te quieran? Todos nos hemos especializado en algo, ¿no? Y por ejemplo, pues siendo muy cuidador, ¿no? Y tal, cada uno se especializa de una forma y el yo se estructura en base a eso. Quiero decir, que lo que buscamos al final con el yo es, ¿cuáles son nuestros aspectos más vendibles que nos permiten ser aceptados, reconocidos, que es lo que todos buscamos por los demás? Este es el tema, ¿no? Cuando viésemos claro, siempre es esa conexión con nosotros mismos, que la felicidad está dentro de nosotros y que los demás son parte de esa de esa conexión, de esa humanidad, pero no necesitamos el reconocimiento compulsivo, ese afecto compulsivo de los demás. No haría falta ir de nada. No hace falta el personaje. El personaje es la especialización que hemos hecho para que nos queda muchas veces un personaje impostado que no nos sentimos, pero lo seguimos manteniendo porque pensamos que, bueno, igual tiene éxito, etcétera. Bueno, el personaje es necesario para vivir en el mundo, ¿no? Bueno, pero que te identifiques también, ¿no? Quiero decir, yo creo que el tema, lo que te decía, yo soy psiquiatra, español, lo que sea, pero puedo no identificarme para nada con ello, ¿no? Entonces, claro, ese es el tema, ¿no? La identificación es el problema. Es decir, esto es mejor que los otros porque es el mío, ¿no? Esta nacionalidad, o esta ideología, o este valor. El tema de los valores es un temazo, eh. Yo a mí a veces me fijo la referencia de, ¿está esto en la naturaleza o es una invención humana? O sea, que uno, que una persona sea francesa y otra alemana es una invención humana, sin duda. Sí, absolutamente. O que sea de tal ideología, o que sea de tal, sí, sí. Y ya si hablamos entre que es mejor o peor, o tal, o que los tópicos, ¿no? De que, uy, es un ruso, es muy bestia, o latino, es muy sinvergüenza, o sea, en el aspecto de de mujeriego, latino, son etiquetas que no tienen, eh, tal, y que no pertenecen a la naturaleza, quizás, ¿no? Despierta. Wake up.