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Testimonios: Victimas de la Era de Trujillo. Parte 1

Archivo General de la Nación (AGN).17:18

Transcription

En mi país, qué triste es la pobreza y el rencor, dice mi padre. Que ya llegará desde el fondo del tiempo otro tiempo y me dice que el sol brillará sobre el pueblo que sueña, labrando su verde solar.

En mi país, qué triste es. El Archivo General de la Nación lleva a cabo un proceso de recuperación de la memoria histórica a través del programa Fuentes Orales. Y uno de los proyectos en los cuales venimos trabajando de manera entusiasta es el que tiene que ver con la dictadura de Trujillo. En ese sentido, el proyecto "Voces sobre víctimas del régimen" es una oportunidad para conocer, a través de mucha gente anónima que sufrió de múltiples formas los rigores de ese régimen de oprobio, y que hoy con su testimonio nos ayudan a hacer de la historia oral una herramienta pedagógica importante en este propósito de recuperación de la memoria histórica.

"Sangro, lucho, pervivo."

"Para era la situación, era como te vamos a decir, cómo vivía uno. El miedo, la pobreza, la miseria que uno padecía, tú sabes. Entonces, todo eso, ser, todo eso no lo hablaba, pero lo hablaba directamente con gente más o menos que uno, tú sabes, le tenía confianza. Porque a veces, en ese régimen, hasta los, hasta los, los hijos y yo te hablo a los padres, ¿sabes? Porque era una cuestión tan terrible que el mundo tenía miedo. El mundo tenía miedo. Una cosa demasiado, demasiado rigurosa de reinos."

"Y ese cambio, Kander Armando Valladares le dieron más maltrato ya en la 40. Desde que en todo el pasillo era galleta y golpes. Un señor mayor de ambos lados y a él y a los otros también le dieron muy maltrato. Ya mucha cultura, mucho público en los reales investigando. Armando, a mano. Si venía un galleta del pueblo, este bien. Pero este chico pretendiendo un buen gobierno. Nos preguntaron a nosotros el viento, Sr. Lo que nos mandaron a la cárcel de la 40. Y duramos tres días a paniagua. Y ahí era un sufrimiento terrible, porque ahí noche, día, grito y maltrato y tortura y sufrimiento. De labrador el ganado. A nosotros nos dieron tres velas y corrientes así eléctricas. El alimento que nos daban era como una sopa de desperdicios de animales de res. Una sopa con marina linda lema y dejarlo unos aseos. Las cosas me van y el otro también, porque no era en el calor. Las respuestas. Ahí duramos como un mes, hasta con poca alimentación y mala alimentación."

"Para la libertad, tomás corazones en mi pecho. ¿Cómo se diría? ¿Cuál era el ambiente social tan cargado de tanto miedo? De veo una persona desconfiar de la otra. Le voy a contar esto, pero para que lo olvide. Frente a mi casa vivía un señor que era senador, estaba casado con una señora que había sido compañera de escuela de mi madre. Y me dice ella: 'Fulana, mengana, salíamos todo de la escuela y nos repartíamos'. El señor le negó el saludo a mi madre. Mire el miedo dónde llegaba. Cuando a mí me cogieron preso, yo volví en la calle Santiago, en Gascué. Los vecinos se sentaron de espaldas. Me estaban buscando por todas las calles de la ciudad con retratos, pero yo había salido con unos amigos. Yo vi en la calle Santiago 37, entre Cervantes y y que me fue a buscar sus usos del arroz. Esa gente que mataron las miradas. Y cuando yo no sabía la existencia de ese de la 40. Aquí llevamos el paquete. Cuando el paquete llegó, fue a patada limpia. Recuerdo que un día me sacaron a interrogar y me dieron una pescozada tan grande que me llevó directamente al filo de un escritorio. Y uno que estaba y me dio una patada que me subo por allá. Y dijo uno que estaba ahí: 'No, todavía no tenemos orden de matarlo'. La comida en solitario era una sopa. El coronel compraba una vacuna, cabeza de vaca en la Victoria. La machacaba y la tiraban. Eso era lo que daban. Todo uno se encontraba con ojos, con dientes, con pedazos, con pelo. Como miren, yo recuerdo el encuentro más emocionante que yo vi fue la mamá de un fotógrafo que se llama Apecio. Y Santiago, pero Apecio. Ese es el señor estaba muy mal de salud. Y con esa señora entró un silencio de reverencia. Eso en el encuentro del hijo con al menos. Se me olvida esto. Había una situación que tú no sabía de dónde venía la corriente, porque era el capitán del billar que manejaba un interruptor de en un escritorio. Por debajo, concertaba hablando contigo y movía el interruptor y lo hacía en forma como yo te diría, abrupta. O sea, que esto no tenía controlar. Todo sabía cuando estaba hablando contigo. Esta mente, una concentración en la silla eléctrica. Necesitaba, necesitaba. Y ahí mismo, imagínense ustedes. Cuando yo recorrí ese pasillo, yo debía cuando menos, tiene 33 costillas rotas. Ahí se fue escritorio abajo, se fue mudaron de sitio, maquinilla volaron. Yo era una bola y marqué, vol. Eran como 15 o 20 hombres y solamente no me daban si no tenía espacios donde meter chucho. De un día que estoy ahí tuve harina por la mañana, un agua de harina, a veces con la cabeza de cucaracha. Al mediodía tenía una salsita y un chin de sal. Pero la noche era igual de la mañana, sin nada de sal, sin un agua. Eso había que tomarse lo calienta."

"Libertad. Sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis hermanos."

"Como el señor gobernador que se llamaba entonces Mario Abreu, me mandó un sicario a mi casa diciéndome que no me atreviera a hablar en el mitin porque no iba hasta me iban a quitar la flota. Y yo, claro, de fresca, porque como usted puede decir otra cosa, le dije: 'Pues no se preocupe, porque el pueblo dominicano verá hablar una mujer desnuda'. Entonces, de ahí me sacaron un día a pie citó también de que vamos para el, para ello. Utilice un palacio, si se desea, de justicia. Me llevaron caminando muy a pie por todas las calles de La Vega, para que a mí me diera vergüenza. Porque recuerdo que me dijo: 'Por aquí, por medio de la calle'. No, yo no camino por un medio de la calle. No, porque... Y me sube que de ahí arriba. No dije que me empujen, pero yo me quedé en la acera."

"Doctrinas, mi ventana, desbroces ningunas. No."

"Y la situación en la época de Trujillo era que si tú ofrecías un cargo, tú no podías rechazar, porque si tú los rechazabas, tú estabas señalado como enemigo del rey. De decirles que no a Trujillo era decir: 'Yo soy enemigo del régimen'. Entonces, ya te cortaban todo. Por ejemplo, a mi suegro, que había sido presidente del Senado, cuando vino la invasión del 14 de junio, le mataron un hijo que vino en la expedición. Y él renuncia a su cargo en ese momento. Y Trujillo vuelve a insistir para que él se quede. Y él escribió una carta donde le decía que un régimen que le había matado a su hijo, que había matado tanta juventud valiosa de este país, no se merecía que él le sirviera."

"Y ella trabajaba este en el estado, vamos a decir, porque ella trabajó en el Banco Central como secretaria, como simple secretaria. A ella la cancelaron. Cuando yo entregué Juventud Democrática, la cancelaron. Y a mi papá, que fue un hombre que nunca se metió en nada, que fue un empleado de comercio en Santiago, que era un hombre de una honestidad a toda prueba, ese señor lo apresaron y lo metieron en la Torre del Homenaje, en una solitaria, desconectados completamente. Yo no podía ni llevarle comida, ni mucho menos verlo. Fue una represalia porque yo estaba participando en política como opositor al régimen. Mi papito, yo me casé, nos casamos en el 50 y ya él lo apresan en el 59 y lo matan en el 61. O sea, que juntos tuvimos nada más que nueve años, señor."

"Gobierno a las ideas. Nunca pretenda meter las presas. En la Victoria no la pasé mal, pero fue otra clase de tortura. Por ejemplo, a nosotros se nos dañó toda la vista a todos, porque estábamos en cuero, en una, todos juntos, hacinados. Nos daba, no teníamos agua potable y a todos se nos dañó la vista, se nos infectó, significaron los ojos, porque uno ponía la mano, le pitaba y hay cada uno infectado. Pero todo lo visto, pero éramos mucho, porque serán para cuatro personas las celdas de la solitaria de la Victoria. La de la 40 era para uno, pero llegamos no tiene un hasta 7 y 8, que teníamos que hacer turno para bajarnos. Y así no sucedió en la Victoria. Yo tuve cerca de 45 días sin poderme lavar la boca, sin bañarme. Tanto es así que los carceleros cuando iban, se abría la puerta, pero con un pañuelo, todo. Pero nosotros ya estábamos acostumbrados al ambiente y no lo estábamos pudiendo más."

"Severa, jaja."

"Al cultivo. ¿Quién dijo que todo está perdido? Ofrece tanto sangre que se llevó el río."

"Esa joven hablándole de que su papá la había vendido a Petán. Y esa joven sufrió muchísimo, muchísimo. Contándole a mi prima, porque entonces él la trajo aquí a la capital y engañada, diciéndole que la llevaba a una visita. Y la llevó a una casa y ahí le dijo: 'Espérame, que yo vengo ahora, yo vengo ahora'. Y cuando, y cuando quedó sola, quien salió fue Petán. Cuando él, cuando ella lo vio, dice que se quiso morir, que se quiso estrellar por la ventana, porque estaba atrancada. Y era una joven preciosa. Pero ese papá parece que era algún servicio que era de los principales. Ya también yo recuerdo que estaba en la escuela y cuando Petán llegaba a la escuela, visitarla, se sabía seguido porque le daba un toque a la campana. Y le gustaba ir a la hora de recreo, porque como estuviéramos teniendo que quedaron citamos tirando la pelota y se quedaba uno y dice la isla, iba a correr ahí. Ahí estaba en este momento, se hacía un silencio único y una paralización en este recreo, que hasta nos gustaba ver como los que no más no miraba moviendo, como uno quedó con un pie caminando, el otro que quedó arrodillado, otro se cayó de la pelota y así sucesivamente hasta que volviera a sonar la campana. Entonces volvíamos a movilizarlo, porque era una dictadura. Por donde quiera que esta gente iban, se oían cuando él se oía, cuando él entraba a la dirección con su bota, planta, trata y todo en silencio."

"En esa misma acera, la luz. Pero no solo tenía a Gloria Núñez para delante, tenía una llamada Disline. Después más para adelante, en la misma acera, trajo otra de un campo por allá, una familia, su mamá con las hijas. Y una de ellas llamada Chachita era de él. Y así. Pero al cruzar la Padre Billini, en la misma acera, tenía otra. Hay minuto, toda cerca y en la misma acera. Esa se llamaba Negra. Yo no sé si era Negra Jiménez, era de la familia más importante de Bonao. Negra. Y en casa de Negra tenía otra muchacha que busqué el nombre y no recuerdo. Ese hermosa familia de los Paúles."