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También indica que después de un prolongado tiempo vuelven los lunes de Precedo. Precedo, buenas noches. ¿Qué tal, Aimar? Buenas noches. Bienvenido a tu programa. ¿Has visto lo que ha pasado durante Faltó expediente?
Precedo, le dan al director un programa de tele y también las mañanas. Yo creo que te está dando pistas. O sea, esta es la sección que nunca teníamos que haber recuperado, ¿no? Efectivamente. Sabes que David Jiménez cuenta en su libro, El director, cuando fue director del Mundo, que a un columnista prescindieron de él cuando se dieron cuenta de que habían publicado dos veces la misma columna y solo se enteró el columnista. Solo llamó él para quejarse a la redacción. Yo tenía esa sensación de ese columnista durante esta semana. Mentira, mentira. Mucha gente ha preguntado dónde estaba Precedo. Pues aquí está. Tus amigos. Pues aquí está. Bueno, ¿qué qué me traes?
Bueno, hemos tomado unos meses, pero volvemos al punto de siempre, aquella definición oficiosa que recordarás que nos había hecho un compañero de lo que es el capitalismo actual: venderlo todo al mayor precio posible. Hoy vamos a hablar del futuro y también de los globos sonda que ya empiezan a lanzarnos. Bueno, es un buen tema, pero el otro día casi me peleo con un cliente. Realmente, ¿estamos preparados para los precios dinámicos? Porque al final, ¿por qué un restaurante tiene que cobrar lo mismo un lunes o un martes a las 7 de la tarde que un sábado o un viernes a las 10? A mí me pasa, me saco un billete de avión, consulto con mi mujer y a los 3 minutos más caro. O sea, billete de avión, precio dinámico todo el rato. Hoteles, precio dinámico todo el rato. Conciertos, cine, precio dinámico todo el rato. Y nuestra industria sigue en los años 90. O sea, yo creo, en el fondo, que el futuro tiene que ser otro, que los días tranquilos pagues menos y los días de máxima demanda pagues más. Y que, ojo, eso no es subir los precios, es gestionar la demanda de una forma inteligente. No sé, es que la verdad que creo que en mi sector hay que gestionar la demanda de forma inteligente. Vale, vale. Precios dinámicos todo el rato.
Este es el chef Dani García, una institución en la cocina. Cualquiera pudiera pensar que en esos momentos de más demanda, si esto sigue así, algunos van a tener que quedarse en casa porque van a subir los precios. Pero mira, este es José Elías, es multimillonario, dueño de supermercados La Sirena, entre otras muchas empresas, en el podcast con Eric Ponce sobre la pizza que compraremos en el supermercado en el futuro. Tienes que tener cargado el producto y el precio y saber cuáles son los costes y cuáles son los precios de ese producto en las diferentes tiendas y las diferentes horas. Pero tu pizza congelada costará lo mismo en todas las tiendas que tengáis, ¿no? Ni costará lo mismo en todas las tiendas que tengamos, ni costará lo mismo en la misma tienda a diferentes horas. ¿Por qué? Como no vale lo mismo un billete de avión un lunes, que un martes, que un miércoles, eso es por oferta y demanda, ¿no? Y porque el avión va lleno y tal. Exactamente por lo mismo, porque no es lo mismo una tienda que esté en Calatayud, que compre salmón, que una tienda que esté en Salou en vacaciones. Esto se está haciendo ya. Quiero decir, hay gente que va a pagar más por la pizza en la cadena de supermercados si la compra en el pueblo de veraneo o si la compra en determinada tienda a distintas horas. Paga más, paga menos, o yo que sé, o le van a cobrar más por la misma pizza y decidir ir al mismo restaurante un sábado o un lunes. Pues de momento no se está haciendo, pero el globo sonda se está lanzando. Es como si nadie se atreviera a dar el primer paso, pero el mensaje se lanza, se lanza en muchas webs de hostelería y de otros sectores. Habla del tabú de los precios dinámicos, mientras hablan todo el rato de los precios dinámicos. Y luego hay gente del sector que lo que te dice es, bueno, esto es una evolución de lo que era el sector analógico, de ese menú del día que estaba de lunes a viernes, pero que el fin de semana ya no lo podías consumir o costaba tres o cuatro euros más. Y lo que sí está lista ya es la tecnología. Hay empresas como Dinamit que ya ofrecen el sistema a los restaurantes para que puedan implantar esa modalidad de cobros variables en función de la hora, en función del día. Dicen que en función del clima, en el futuro. Claro. Sí. Y nadie oculta que el modelo al que van a ir estos sectores, hostelería, pero no solo, es el de Uber, el de las aerolíneas, el de los hoteles, también el de Renfe, precios actualizados al segundo en función de cuánta gente está interesada en ese bien o en ese servicio.
O sea, ¿tú crees que se va a dar el caso de que nos vayamos tú y yo a tomar una Coca-Cola a un mismo local a la misma hora y que tú y yo acabemos pagando precios distintos? Pues es muy posible, porque ya está pasando en algunos sectores. Estos ya no son precios dinámicos, se llaman precios personalizados. Tienen que ver con la información que nosotros le damos a las empresas que nos quieren vender cosas, y ahí están las cookies, los patrones de consumo, etc., etc. Si el local sabe que la semana pasada te gastaste 150 euros en copas el jueves, pues el local sabe algo de ti. Si sabe que en la compra semanal te gastas 200 euros, también sabe mucho de ti. Si sabe que te vas de vacaciones en agosto, sabe mucho de ti. Y esto es posible que lo acabemos pagando. Lo que se está intentando cambiar es un sistema de configuración de precios. Nos habían dicho que el precio lo regulaba la oferta y la demanda. En cierto modo, va a ser así en tiempo real, pero lo que hay es un desequilibrio brutal entre la información que tiene el que vende, lo que sabe de nosotros como consumidores, y la información que tiene el consumidor sobre la persona que le va a vender. Y esto es legal. O sea, tenemos que asumir que ya no va a haber vuelta atrás en esto. Los expertos a los que hemos consultado nos dicen que no hay mucha forma de ponerle freno. En Europa se permite.
¿Y qué quieren hacer las administraciones en este caso? Pues lo poco que pueden. Mientras las empresas tienen la tecnología y el dinero, las administraciones quieren regular las regulaciones de consumo y también las de protección de datos. Mientras multinacionales están invirtiendo millones de euros en esto que viene, las instituciones, pues intentan con asociaciones de consumidores exigir que, al menos, todo esto se haga con una mínima transparencia. Lo intenta Europa, también el gobierno español está en ello. Este es Daniel Arrivas, director general del Ministerio de Consumo. Es necesario que el consumidor también se empodere y reciba más información de la que está recibiendo actualmente. Un caso concreto, por ejemplo, en relación con precios personalizados, aquellos que tienen en cuenta parámetros concretos del consumidor para ofrecerle un precio determinado. En la Ley de Servicios de Atención a la Clientela, que se aprobó a finales de 2025, lo que impusimos fue la obligación de que las empresas deban comunicar cuáles han sido los parámetros que han tenido en cuenta a la hora de determinar un precio determinado para una persona. Con ello se permite que el consumidor sea un poco más dueño de su información y sepa qué información está facilitando a las empresas para que luego le puedan ofrecer un precio concreto. Pero es verdad que esto no es suficiente. En este sentido, nosotros queremos incorporar en la futura Ley de Consumo Sostenible la obligación de que se muestre al consumidor el rango total de precios al que un mismo bien o servicio va a ser ofertado. O sea, hay una ley que está en vigor que obliga a las empresas, en definitiva, a detallarles a sus clientes qué información de la que les hemos proporcionado están usando para configurar los precios que nos ponen. Esto se está haciendo. Esto no lo dice el Ministerio, pero sí algunas asociaciones de consumidores. De momento no hay demasiadas empresas que estén informando a sus clientes de qué datos que ellos proporcionan se estén utilizando para estos precios personalizados.
Una de las que sí lo hace y a mí me ha llamado mucho la atención es Tinder, la app de contactos, que asume y está mandando ofertas personalizadas en función del tiempo de navegación de sus clientes, de las búsquedas que hace, del tiempo que hizo que canceló la suscripción premium anterior. Desde hace tiempo están además bajo sospecha determinados patrones oscuros, se llaman así, que es básicamente esa especie de cepos que nos encontramos en las apps y en algunas páginas webs que te empujan a pagar. Esa estrategia del relojito que corre en contra en la compra. De solo quedan dos habitaciones de este tipo. Quedan dos habitaciones, quedan dos camisas de esa marca y modelo y talla. Los precios por goteo, las ventanas emergentes que te hacen difícil salir de una app o de una página web. Y la idea es que Europa tome cartas en el asunto, así lo espera el Ministerio de Consumo, pero también desde aquí se intenta hacer algo más. Lo que parece o lo que esperamos que vaya a ocurrir es que a finales de año la Comisión Europea va a presentar su propuesta de reglamento de equidad digital, la denominada Digital Service Act, donde se espera que muchos de estos patrones, que muchas de estas conductas sean consideradas como cláusulas o como prácticas directamente prohibidas, que se incluyan en una lista negra y que se prohíba su utilización. No obstante, desde España consideramos necesario ser más audaces. Es decir, ya no hay un problema de asimetría en la información, sino que hay un problema de diseño desleal en origen. Tenemos que ir hacia diseños más equitativos, diseños de las plataformas digitales en las que de una forma justa y transparente se lleven a cabo estas relaciones de compra.
Casi siempre hablamos de la perversión de la tecnología, lo que nos dificulta el algoritmo y tal. Claro, hay que recordar que detrás de estas decisiones hay empresas, hay personas que la tecnología por sí misma no decide hacia dónde se enfocan todos esos datos y que toman esas decisiones. Es socorrido culpar al algoritmo, pero la tecnología no tiene la culpa. Lo fundamental es el uso que se hace de ella, porque no son las máquinas las que deciden que quieren subir la pizza en Venidor en agosto. Esos mismos datos podrían llevar a las empresas, pues si tienen información de que lo estás pasando mal, a bajarte los precios o a ayudarte o a fraccionarlo. Bueno, no parece que vayan por ahí las cosas. En Estados Unidos hay algún estudio académico que dice que las VTC, Uber y Cabify, están cobrando más aquellos clientes a los que se les acaba la batería porque están apurados para y pueden perder la posibilidad de hacer una llamada. De momento es una sospecha que se extiende, las VTC lo niegan y las autoridades están muy encima para vigilar estas prácticas. Lo dejamos, Precedo, sabiendo que por lo menos la cena de esta noche todavía nos sale a ti y a mí al mismo precio, al precio que podamos asumir de momento. Eh, yo dejaría un par de reflexiones porque ya que la tecnología lo va a permitir, pagarán más también esos restaurantes a los camareros que están asfixiados en hora punta en Venidor, seguro. Y los dueños de los locales cobrarán más por ese mes en el que piensan que sus inquilinos se forran. No está mal tirada, ¿eh? Precedo, un beso, beso grande y enhorabuena y gracias. Ah.