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Domingo 5/7 - Homilía - Mateo 11, 25-30 Padre Carlos Rosell - Santuario de la Divina Misericordia

Cooperadores de la Verdad (Católico)19:19

Transcription

En aquel tiempo exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conocía el Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán el descanso, porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Queridos hermanos, voy a predicar sobre Mateo 11:29: "Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso". Voy a predicar sobre la mansedumbre. Y en primer lugar, quisiera que juntos respondamos esta pregunta: ¿Qué es la mansedumbre? Es una virtud. ¿Qué hace que nosotros no exista la ira? La mansedumbre es una virtud, un hábito bueno. Todos los días hay que ser mansos, no solamente en algunas ocasiones. Y gracias a esta virtud, a este hábito bueno, erradicamos la ira de nuestra vida. La ira es un pecado capital. La ira hace que uno reaccione con violencia ante alguien. La ira hace que nuestras miradas, nuestras palabras, nuestros gestos sean agresivos. Y por eso, quien se deja llevar por la ira maltrata a los demás. No podemos ser nosotros personas dominadas por la ira, porque si la ira domina en nosotros, nos volvemos como don Vinagre, que todos los días desayunaba cualquier cosa con dinamita, pan con pólvora y puré de rocoto.

Queridos hermanos, ¡qué importante es la mansedumbre! Pero quisiera aclarar que ser manso no significa ser menso. ¿Se acuerdan del Chavo del Ocho? Los cristianos tenemos que vivir la mansedumbre, pero no somos ingenuos, no somos tontos. Por eso, el discípulo de Cristo reclama lo que es justo. Y cuando nosotros vemos que se quiere promover leyes inmorales, reclamamos, pero nunca con violencia, porque ante la violencia, la respuesta no es la violencia. Y una ley inmoral es siempre una ley violenta, porque atenta contra la dignidad de la persona humana. Pero la respuesta no es la violencia, la respuesta es la oración y la denuncia con palabras. El cristiano tiene que saber reclamar.

Permítanme este momento, queridos hermanos, recoger un sentir del pueblo de Dios. No es posible que todavía no se considere a la Iglesia en estas etapas en que ya todos están abriendo sus puertas. Los templos ya tienen que abrirse. El pueblo de Dios necesita alimentarse de los sacramentos, sobre todo la Eucaristía. Y manteniendo los debidos protocolos de salud, podemos mostrar a la sociedad que los templos no son focos de contagio. Hermanos, tenemos que decir con claridad lo que está en nuestro corazón. La Iglesia quiere colaborar con la sociedad. Y por eso pienso yo, recogiendo, como les he dicho, el sentir de la gran mayoría, que ya deberían abrirse las iglesias. Y no continúo con este tema, porque de repente mañana me van a visitar a Piedras Gordas.

Sigamos explicando lo de la mansedumbre. La mansedumbre tiene que ver con la humildad, con la paz y con el Espíritu Santo. La mansedumbre está relacionada con la humildad. Una persona humilde es una persona mansa, porque una persona humilde reconoce su verdad. Y entonces, cuando una persona es humilde, acepta un consejo. Cuando se le aconseja a una persona humilde, esa persona dice: "Gracias". Cuando una persona humilde acepta una corrección, cuando una persona humilde es corregida, dice: "Gracias". Pero cuando la persona es soberbia y tú le das un consejo, te dice: "¿Y tú quién eres para darme consejos?". O cuando una persona es soberbia y recibe una corrección, esa persona se enoja y en vez de decir "gracias", indica: "¡No te metas en mi vida! ¿Acaso tú eres perfecto?".

Queridos hermanos, necesitamos pedirle al Señor todos los días la humildad. Gracias a la humildad, somos personas mansas. Por eso Jesús en el Evangelio dice: "Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón". ¡Qué importante es la humildad! La humildad sé que yo no reaccione con violencia, que no sea prepotente, que no vaya aplastando a los demás. En la vida de San Vicente de Paúl se relata que se acercó una mamá a pedirle un favor. Le pedía trabajo para su hijo. San Vicente de Paúl vio el expediente del hijo de esta señora y con calidad le dijo: "Esta señora, hija mía, lamentablemente no puedo darle trabajo a tu hijo". Y esta señora se enojó y le golpeó la cabeza. ¡Imagínense ustedes! Y San Vicente de Paúl no le devolvió el golpe, hizo este comentario: "Qué grande es el amor de una madre". Una persona que vive la mansedumbre sabe siempre comprender al otro.

La mansedumbre tiene que ver con la paz. ¿Se acuerdan de la primera lectura de hoy? ¿O ya se olvidaron? El profeta nos ha hablado hoy en la primera lectura. ¿Se acuerda? El profeta Zacarías. Y Zacarías anuncia que entrará el Rey Mesías, el Ungido, montado en un burrito, y traerá paz a todas las naciones. ¿Quién es ese Rey? Ese Príncipe de la Paz, Jesús. Si nosotros queremos vivir la mansedumbre, necesitamos de la paz interior. Y la paz interior solamente la trae Jesús. Y cuando hay paz interior, hay paz exterior. Una persona que ha acogido a Cristo, el Príncipe de la Paz, en su vida, hace un buen ambiente ahí donde está. Queridos hermanos, pidámosle a Jesús que siempre traiga paz a nuestro corazón.

La mansedumbre está relacionada con la paz. Nadie quiere vivir con una persona conflictiva. Nadie quiere vivir con una persona que genera división. Nadie quiere vivir con una persona que hace un mal ambiente. En cambio, si somos personas mansas, es decir, si hay paz interior, vamos a forjar paz exterior. Nos quejamos muchas veces de que el ambiente no ayuda. Nosotros somos los que debemos cambiar el ambiente viviendo la mansedumbre. Se cuenta de un joven que fue a buscar a un sacerdote y este joven le dice al sacerdote: "Padre, el ambiente no me ayuda, ¿qué puedo hacer?". Y este sacerdote le dijo: "Te voy a dar una gran lección: la lección de la zanahoria, el huevo y el grano de café. Vamos a mi cocina". Y este sacerdote se llevó al joven a la cocina. Este sacerdote cogió tres ollas. En una olla puso la zanahoria, en la otra olla un huevo y en la tercera olla granos de café. Y puso agua a cada una de las ollas y puso a hervir las tres ollas. Y luego de que ya había hervido las tres ollas, apagó la cocina. Sacó la zanahoria, sacó el huevo, el café que estaba muy rico, así como le gusta al padre Carlos, lo puso en una jarra. Y le dijo a este joven: "Ahora te voy a dar la lección de la zanahoria, el huevo y el café". "¿Cómo está la zanahoria?". El joven dijo: "Está blanda". "Pues eso pasa con algunas personas que cuando el ambiente no ayuda, se vuelven blandas, no luchan. El agua hirviendo es el ambiente. Tú no tienes que ser así como una zanahoria, no puedes ser un blandengue". "¿Cómo está el huevo?". El joven dijo: "El huevo está bien duro". "Pues eso pasa con algunas personas que cuando el ambiente no ayuda, se vuelven duras de corazón, indiferentes, no practican la caridad, se ponen un escudo. Así no debes actuar tú. Ahora fíjate en el café. ¿Cómo está?". "Se ve bien, padre". "Pues tú tienes que ser como los granos de café. Los granos de café, ante el agua hirviendo, se han disuelto y fíjate cómo ya no hay agua pura, los granos del café han cambiado lo que está a su alrededor. Así tienes que ser tú. Te quejas del ambiente, no te quejes del ambiente. Si tú cambias, el ambiente cambiará. Y para eso, Cristo debe estar en tu corazón y en la sociedad. Y violencia, tú no seas violento, tú vive la mansedumbre, y ahí donde estés, ahí ese ambiente va a cambiar".

Queridos hermanos, vamos con el tercer punto: el Espíritu Santo. Quizás algunos se pregunten: "¿Y por qué usted me está hablando del Espíritu Santo? Usted está predicando sobre la mansedumbre". Vamos a la segunda lectura. Es un texto muy contundente: Romanos 8:9. "Ustedes no están sujetos a la carne, sino sujetos al Espíritu Santo". Queridos hermanos, si te dejas llevar por la carne, vas a ser una persona de mal genio, una persona agresiva, una persona llena de ira. Pero nosotros, dice San Pablo, debemos estar sujetos al Espíritu Santo. Y ahora les voy a hacer una pregunta con premio. ¿Cuántos son los frutos del Espíritu Santo? ¿Quién me dice? Escriban sus comentarios en el Facebook y luego voy a revisar y voy a dar el premio: una estampita de la Virgen Desatanudos. Repito: ¿Cuántos son los frutos del Espíritu Santo? Son 12. ¿Y en qué parte de la Biblia están? Alguien sabe. Gálatas 5:22-23. Y dentro de esos 12 frutos del Espíritu Santo está la paz y la mansedumbre. ¿Quieres tener paz en tu corazón? Déjate ungir por el Espíritu Santo. ¿Quieres ser una persona mansa? Déjate ungir por el Espíritu Santo.

Queridos hermanos, todos los días hay que abrir nuestro corazón al Espíritu Santo. El Espíritu Santo dibuja en nuestro corazón el rostro de Jesús. Y entonces hay paz interior y somos personas mansas que hacen un buen ambiente ahí donde están. Se cuenta de un misionero que se fue a la selva del Perú y estaba evangelizando una tribu. Y el jefe de la tribu no aceptaba el Evangelio. Y este misionero un día le dice: "¿Por qué tú no aceptas el Evangelio?". Y el jefe de esta tribu le dijo al misionero: "Padre, porque yo percibo que en mi corazón hay dos otorongos que están luchando: un otorongo bueno y un otorongo malo". Y este misionero le preguntó a este hombre: "¿Y tú quién crees que gane?". Y este hombre dijo: "Padre, ganará el otorongo que yo alimente". ¡Qué sabias palabras! Si tú invocas al Espíritu Santo en tu corazón, ganará lo bueno. Cuando yo era niño, hace muchísimos años atrás, aprendí esta oración de mi madre: "Jesús, chiquito, manso corderito, haz tu cunita en mi corazoncito".

Vamos a pedirle hoy a la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos ayude a vivir la mansedumbre. Que la Virgen nos ayude a ser personas humildes. Que la Virgen nos ayude a tener paz interior para cambiar el ambiente donde estamos. Que la Virgen nos ayude a invocar todos los días al Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo nos unge y trae paz y mansedumbre a nuestros corazones. Que así sea.