📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Homilía en las CONFIRMACIONES 2022-1-23 Mons. Munilla

Unidad Pastoral AMARA Pastoral Barrutia8:51

Transcription

Qué alegría tan grande que en este domingo, que el Papa lo declaró como el Domingo de la Palabra de Dios, así el Santo Padre quiso que se celebrase siempre el tercer domingo del Tiempo Ordinario, Domingo de la Palabra de Dios. Sea la ocasión, sea el marco que Dios os ha ofrecido para recibir vosotros el sacramento de la Confirmación.

Me parece un marco precioso porque si vamos a hablar del Espíritu Santo, que eso es lo que la Iglesia os quiere dar en este sacramento, el don del Espíritu Santo en su plenitud. Ya lo tenéis, pero claro, no es lo mismo tenerlo en un grado, en un grado superior, e ir, e ir tomando conciencia de que un cristiano pues es un hombre movido por el Espíritu Santo. Ser movidos por Él.

En el Evangelio muchas veces aparece que Jesús, movido por el Espíritu Santo, habló, fue al desierto, era movido por el Espíritu Santo. Bueno, pues digo, si esto es lo que os va a dar la Iglesia, el domingo que es el Domingo de la Palabra de Dios, entonces hay una reflexión que yo creo que es muy obvia, muy evidente para este domingo, que es la siguiente: esta Palabra de Dios que la Iglesia proclama todos los domingos ha sido inspirada por el Espíritu Santo. Le llamamos Palabra de Dios y la diferenciamos de la palabra de los hombres porque el Espíritu Santo la inspiró. Se sirvió del autor, de los autores que escribieron cada uno de los libros de la Sagrada Escritura. Se sirvió de ellos, les inspiró, les movió, quiso que esa palabra no fuese solamente, no saliese solo de su mente, sino que saliese del corazón de Dios. Ha sido Palabra de Dios.

Y ahora, fijaros, quién inspiró estos libros sagrados que llamamos Palabra de Dios, ahora también vuelve a actuar para que esa Palabra de Dios no sea solo dicha para todos, sino que sea dicha, sea recibida como muy concretamente, como dicha para mí. Cuando leemos la Palabra de Dios, vuelve a actuar el Espíritu Santo, igual que actuó cuando aquel autor, Lucas o Mateo o Juan, escribió el Evangelio. El Espíritu Santo le inspiró. Bueno, pues ahora vuelve de nuevo a actuar.

¿Y cómo actúa? Actúa para que recibamos la Palabra de Dios como dicha para cada uno de nosotros, como personalizada. Como esto que lo he dicho para todos, lo digo para ti en esa situación concreta en la que estás. Dios tiene la capacidad de decirnos algo de una manera muy personal, personal, intransferible. Te lo digo para todos, sí, pero te lo digo para ti. Sé qué situación estás viviendo, sé cómo estás por dentro. Esta palabra está dicha para ti.

Y entonces el Espíritu Santo vuelve a actuar para que recibamos, como pasemos del "nos lo dice a todos" al "me lo dice a mí". Que es un poco distinto, ¿verdad? Cuando algo es para todos, bueno, pues uno abre el paraguas y parece que no sé si me doy por aludido. Pero cuando uno cierra el paraguas para que la cosa sea dicha para ti, la recibes de una manera muy distinta.

Si me permitís que os comparta una anécdota que me viene a la mente. Recuerdo que siendo párroco en Zumárraga, estaba pues domingo proclamando la Palabra de Dios, esta que es Palabra de Dios para todos, ¿no? Y hablaba pues la Palabra de Dios sobre el matrimonio. Bueno, yo prediqué y al terminar la predicación, recuerdo que fui a la sacristía y entró un señor que yo no conocía. Entró el señor a hablar conmigo y me dice: "¿Ya ha venido mi mujer a hablar con usted?". No, le dije, yo no sé quién es su mujer. Le dije, pero yo creo que el que quiere hablar contigo, contigo es el de arriba, que se da por aludido, que ha dicho esto, que me ha dicho. Me ha lanzado un dardo, me ha lanzado, ¿sabe? Que se han confabulado para decirme esto. Pero ha dicho Dios. Pero ha dicho Dios.

Recibirlo como algo en lo que Dios toma con, toma relación contigo personal. Luego, fijaros, el Espíritu Santo primero es que inspiró las Sagradas Escrituras, pero en segundo lugar, ahora hace otra acción para que tú entiendas que eso estaba dicho para ti y que eso ilumina la situación concreta de tu vida. Porque la Palabra de Dios tiene esa capacidad de hablarle a dos personas que ni se conocen entre ellas, que están en dos situaciones distintas y cada una la aplica a su caso. O sea, que el Espíritu Santo nos habló a todos y ahora pasa de todos a cada uno de nosotros.

Pero todavía falta un paso más. Fijaros, el Espíritu Santo afirma un tercer paso. Y el tercer paso es que uno pase del "mi yo" a "nosotros". Porque no se trata únicamente de que de lo que Dios me dice a mí, sino que Dios te pide a ti que también te olvides de ti mismo y te pongas al servicio de los demás, superando una visión individualista que solemos tener, en el que cada uno pues a veces decimos: "mi fe, mi fe". Los latinos suelen, solo algunos suelen utilizar una visión, una expresión que es muy curiosa, que es una expresión de intimidad: "mi diosito". Cuando se utiliza esa expresión "mi diosito", si es una expresión de mucha intimidad, pero tiene también el riesgo de decir: bueno, que es casa, que es algo donde están nosotros, que no solo es mío.

Dios mío, Señor nuestro. Porque es curioso que Jesús nos enseña a rezar en la primera persona del plural: "Padre nuestro". No dijo "Padre mío", que claro que es mío, pero dijo "Padre nuestro". O sea, que el Espíritu Santo me hace pasar del yo al nosotros, a que yo me ponga al servicio de los demás. Decía San Agustín: "Yo soy yo, pero no soy mío". Me parece una expresión súper potente. Yo soy yo, pero no soy mío. No me poseo en propiedad. Son para los demás. Dios nos ha creado a cada uno de nosotros para servir, para servir, para darnos, para entregarnos. Y esto también es un don del Espíritu Santo que os quiere dar a vosotros los confirmandos y a todos los aquí presentes, que pasemos de "él, Dios lo dijo", a "Dios me lo dice a mí", y que pasemos de "Dios me lo dice a mí" a que mi vida esté al servicio de los demás. Así es el don del Espíritu. Así es el don del Espíritu Santo. Es muy íntimo, muy personal, pero al mismo tiempo es un don comunitario que se manifiesta en el cenáculo, en donde estaban allí los apóstoles junto, junto a María. Podría haber venido el Espíritu Santo a cada uno estando en su casa, pero no era el plan de Dios. Quería que todos estuviesen juntos en el cenáculo para que llegase allí de esa forma.

Estando en cenáculo, ¿qué significa estar en el cenáculo? El cenáculo no solo es un lugar, es también una forma de estar, es un estilo. Estar en cenáculo es estar en comunión, estar en el encuentro, dejar que Dios nos hable a través de los otros. Dios me habla en el buen testimonio de esa persona. Tengo una vecina que es una santa y solamente verla, Dios me está diciendo mucho con ella. Y eso es estar en cenáculos, ¿sabes?

Estar en cenáculos es estar atento a cómo me habla Dios a través de los demás. Vamos, pues, a celebrar vuestra Confirmación en este Domingo de la Palabra de Dios, en el que todos nosotros vamos a sentir que Dios me habla, Dios me quiere y Dios me llama a ser su testigo ante un mundo que necesita conocer el amor de Dios, que funda y da sentido a nuestra vida.

[Música]