Transcription
Esmeralda te cuenta un cuento. [Música] La cigarra y la hormiga. Durante toda la deslumbrante primavera y el cálido verano, la cigarra descansó viviendo al aire libre, en un árbol de gran follaje y abundantes y olorosas flores. La cigarra se divirtió muy feliz, dedicada solo a cantar noche y día. “Qué bello el clima. Qué rico fresco. Toco la guitarra y espuma y flor de felicidad. Canto, canto. Aquí viendo trabajar al hormiguero, aquí no hay cómo está en un cálido y hermoso sol y no tener que estar sudando y sudando como burro, eso no lo puedo resistir”. Y así, de esta manera, pasaba el verano, y la cigarra seguía cantando bajo el sol, ocupándose de su pleno y pacífico descanso bajo las sombras de los sabrosos árboles verdes y frondosos. Así, poco a poco, fue pasando el verano.
Y fue entrando el otoño, ya no tan cálido. Las hojas de los árboles comenzaron a marearse, se secaron las flores y fueron cosechados sus frutos; pero, no obstante, la cigarra siguió cantando alegremente. Aunque ya no tanto, viendo las hojitas bajar y bajar: “sobre mis orejas caen sin cesar”. Y así pasaba la cigarra cantando alegremente, aunque fuera otoño, ella seguía cantando y pensando que jamás pasarían las épocas de los años. Pero pronto se llegó a la estación del invierno, donde hace mucho frío, donde hay mucho viento y mucha lluvia y chubascos y mucho aguacero. También cayó mucha nieve; los árboles perdieron todas sus hojas. Entonces, repentinamente, la cigarra dejó de cantar; empezó a darse cuenta que había entrado al triste y horrendo invierno.
Bueno, entonces la cigarra veía que los días no pasaban y pensaba un poco optimista: “a lo mejor este invierno pronto pasará”. Pero aún así pasaron los días y los días, y el invierno nunca pasó. Poco a poco y rápidamente, la cigarra se fue sintiendo sola, fue sintiendo mucho frío mientras corrían los días. [Música] Y también fue sintiendo mucha hambre. “¿Por qué tengo tanto frío? No tengo dónde pasar este aguacero, dónde vivir y estar a salvo de las inclemencias del tiempo. De este árbol donde me encuentro no tiene ni siquiera hojitas, verdes yemas, mosquitas, orugas o si quiero un gusanillo para comer. ¡Qué puedo hacer, casimirno me está matando!”. Entonces la cigarra se recordó los consejos que doña hormiga le decía y empezó a recordar que tenía una muy trabajadora vecina, la señora hormiga. [Aplausos]
Entonces se levantó de sopetón y dijo: “Voy a ir a buscar a mi vecina, tal vez pueda ella ayudarme; estoy segura que me va a ayudar, ya que a ella le gusta trabajar y ayudar a los demás. Voy y tocaré su puerta”. Y así fue, poco a poco y con sumo cansancio, porque el agua caía sobre su lomito, caminó y caminó hasta llegar a la casa de doña hormiga y tocó. “Doña hormiga, soy yo, soy yo”. “¿Pero quién es? ¿Quién es?” “¿Yo? ¿No te recuerdas? Soy tu vecina, la más alegre, tu vecina la cigarra”. Cuando la hormiga escuchó la voz y se identificó como la cigarra, esta dijo: [Aplausos] “No puede ser, ¡ahora viene esta! Tanto que la aconsejé, vamos a ver qué pasa”. Se acercó a la puerta, la abrió y va observando a su vecina, la cigarra estropeada, con sus antenas quebradas y sus alas caídas, sus pies temblorosos, muy mojada y decaída. Y le dijo la cigarra: “Por favor, ten compasión. Dame un poco de granitos, tengo mucha hambre y dame una cueva cálida, un rinconcito donde alojarme hasta el próximo invierno, por favor, ten piedad”.
Entonces la hormiga le dijo: “¿Recuerdas los consejos que siempre te di? Tú, ¿a quién me habías visto trabajar acarreando granos de trigo para su cueva mientras que tú cantabas pavoneada ante todos diciendo que el trabajo era por gusto, que no había necesidad de tanto trabajar cuando el aire y el sol pegaba muy fuerte y el clima era muy fresco y caluroso, pero agradable? ¿Te recuerdas, cigarra?” “Sí, por favor, no me lo repitas, sí lo recuerdo”. “¿Qué fue lo que te decías, querida cigarra? Por favor, no me atormentes más. ¿Recuerdas que te decía: ‘Amigas cigarras, ayúdanos a jalar un poco de hojas, quién quita que te lleve a para que juntas comamos y bebamos en el invierno’? Y tú más fuerte cantabas, sino escuchabas los consejos de mis amigas las hormigas”. “Pero, ¿sabes qué? Lo pensaré”. Y entonces la cigarra se arrodilló ante la hormiga y le dijo: “Por favor, no lo pienses tanto, no hay tiempo para pensar, el invierno me está matando, no tengo donde dormir ni siquiera esta noche ni las noches siguientes, porque me mojo, me mojo y me mojo, porque me lleno más de agua y me estoy ahogando”. Dijo la hormiga: “Por favor, por favor, querida hormiga, te prometo que te pago el trigo y el alojamiento con intereses antes de la cosecha del próximo verano, te doy mi palabra”. Le dijo la cigarra a doña hormiga.
Pero la hormiga no es generosa y con burla y prepotencia le preguntó: “¿No tienes ahora para comer, dónde vivir, por qué voy yo ahora a ayudarte y a creerte que me vas a pagar puesto que no has ahorrado absolutamente nada? ¿Qué hiciste entonces durante la primavera y el verano y el otoño, por lo menos con tus canciones? Hubieras pedido aunque sea una pequeña monedita por cada canto, pero tú te olvidaste que comías, te olvidaste es que debes vivir bajo un techo, querida cigarra”. Y la cigarra le contesta: “Durante todas esas etapas de mi vida yo canté noche y día, de modo libre y alegre, canté entusiasmada por la belleza del mundo y queriendo transmitir mi alegría a quienes me escuchaban”. Respondió ingenuamente la orgullosa y despreocupada cigarra. “Ajá, así que cantabas”, respondió airada la hormiga, y agregó con crueldad: “Mientras yo me mataba trabajando noche y día en busca de alimento y acarreando los a mi cueva que tuve que excavar yo misma, tú te divertías cantando, nada más cantando. Frescura, el sol y hacía calor y tú cantabas de esta forma y no parabas, mientras que yo y mi vecina, sus hormigas, trabajando, trabajando, y tú de medio reojo nos veías y nos insinuabas que dejáramos de trabajar porque el presente se disfruta, ¿lo recuerdas? Pues entonces ahora que se fue el sol, ponte a bailar para que se te pase el hambre y el frío, querida cigarra”. Y dando un portonazo se metió en su cálida y bien abastecida cueva, dejando a la intemperie a la cigarra, a la que el frío poco a poco la fue congelando hasta quedar tiesa de puro frío y hambre. Fue acabandose poco a poco de debilidad.
Y esa misma noche, al pie de un árbol deshojado, fue quedándose la cigarra lenta, lenta, lentamente dormida, dormida, dormida, hasta que al día siguiente, con los rayos del sol invernales, todavía la cigarra amaneció sin vida. El invierno se la llevó consigo mismo. [Música] Colorín colorado, este cuento se ha acabado. No malgastes irresponsablemente tu tiempo, bueno, por dedicarte solo al ocio y al placer del presente. Es necesario trabajar para el futuro y ahorrar lo suficiente para futuros tiempos en los momentos de escasez. No repitas los actos de la cigarra. Siempre sé humano y compasivo ante la necesidad de otros, porque todos debemos ayudarnos mutuamente ante los problemas mutuos y ajenos.