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Homilía Virgen de los Dolores

P. José Manuel Denetro, LC8:34

Transcription

El Señor esté con ustedes.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas.

En aquel tiempo, el padre y la madre del niño estaban admirados de las palabras que les decía Simeón y los bendijo. Y a María, la madre de Jesús, le anunció: "Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones; y a ti, una espada que atravesará el alma".

Palabra.

Podemos sentarnos porque dejamos a la Virgen de los Dolores y es una fiesta en la que podemos sacar mucho fruto espiritual. Es una fiesta que nos hace ver, sentir, llamar un poco más a la Virgen María y recordar que, al mismo tiempo, como ella, han pasado muchas generaciones en donde espiritualmente, poco a poco, hemos empezado a entender lo que significa el dolor. Nadie busca el dolor y quien lo busca, algún motivo central.

Pero en esta reflexión, ayuda mucho el sistema de los opuestos. Si hay alguien que es alto, que es bajo, aparece uno y así podríamos seguir. Pero en la fiesta de los Dolores, podemos decir que hay dolor y hay amor. Pero siempre que hay unos opuestos, hay cuatro combinaciones: puede ser la de amor-amor, puede ser la de dolor-dolor, puede ser la de amor-dolor o la del dolor-amor. ¿A cuál te quieres apuntar?

Entonces, desde luego, la más cómoda, la más tierna, la más sabrosa es la de amor-amor: amar y sentirse amado. De una manera u otra, todos estamos buscando a lo largo de nuestra jornada, de nuestro mes, de nuestro proyecto de vida, es sentir amor y dar amor, el compartir las ilusiones y proyectos que tenemos. Sin embargo, no siempre es posible, aunque lo tengamos claro.

Luego hay otra parte que es dolor-dolor. Este se aplica poco y es para unos cuantos y se llama masoquismo. Nadie, por capacidad de salud física y mental, se anda cortando las venas, está proponiendo que se está dando latigazos y golpes de pecho y después lo anda presumiendo. Eso es el masoquismo. Hay momentos en los que algunos místicos espirituales han experimentado el dolor, pero la diferencia es que ellos no lo presumen, lo guardan, se lo reservan. El dolor por dolor no venden, no compran. Y cuando te enteras tú de alguien que está viviendo así, la pregunta es: ¿qué puedo hacer por él? Porque esto que hace no es lo más adecuado.

Luego hay otro paso que es el de dolor-amor. A muchos de nosotros los podemos experimentar y lo podemos compartir. Es el crecimiento por otros. Cuando yo estoy sufriendo, hemos visto a personas enfermas, hemos visto gente en el hospital, hemos visto personas con una presión o una carga muy difícil. Y normalmente, ¿qué decimos? "Esas personas ofrecen, ponte en manos de Dios, regálale esto que estás pasando". Incluso cuando me toca encontrar personas con enfermedades incómodas y que pasan en cama o en casa por la enfermedad, pues un tiempo amplio, yo les digo: "Hagamos una lista por quién quieres ofrecer esto para que cuando te venga la incomodidad, tomas tu libreta y empiezas a ver otro, para conservarnos con el trabajo, por los seminaristas, por las almas del purgatorio, por la conversión de los pecadores". Y entonces, cuando vengan esos dolores, siempre les digo: "Amor, como diría la Madre Teresa, por no amor, donde no hay amor, y sacarás amor". Y entonces será muy distinto.

Pero nos llega el cuarto cuadrante que es camino de perfección para unos cuantos y camino de perfección cuando se entiende la mística que hay atrás. ¿Qué es el dolor? No es el dolor, dolor de masoquistas. Esta tiene que es capaz de pedirle incluso a Dios dolores para amarle más y mejor. La conversión de Santa Teresa de Jesús, con un gesto muy sencillo, tenía un poco más de 40 años y haciendo religioso, entró al monasterio. Después de la misa, pasó a la sacristía y allí había una talla de madera de un Cristo flagelado, apoyado a un pilar, que mide esto como 30 centímetros. Esa talla de madera se encuentra en el monasterio de Ávila, en la parte del museo, como lo puede ver, está protegida con cristal. Y ella dice que por primera ocasión, viendo a ese Cristo, herido y lastimado, acurrucado en la pila de los golpes, y con el Señor, "¿qué quieres que haga por ti? ¿No por seguir siendo la misma?". Y de él se unge la idea de empezar a juntarse con otras religiosas para mostrarles ese amor y ese dolor de conversión por las almas. El camino alegría, llevando después a los monasterios de claustro. Pero su primera intención es: ¿cómo puedo yo aliviar el dolor de un Dios que me ama tanto?

Los grandes místicos son capaces de pedirle a Dios: "Mándame dolor, pero para que lo ofrezca por otros, que yo te pueda mostrar mi amor. Mándame dolor por aquellas almas que se encuentran fuera del camino". Es una faceta del dolor distinta. Y la primera que lo puedo entender desde la fe fue la Virgen de los Dolores, la que hoy estamos festejando, la que sufrió su corazón al ver a su hijo lastimado con la corona de espinas, herido en su piel, la que pudo acompañar a su hijo en el día y después ver cómo lo clavaban, la que pudo llorar de un dolor inefable cuando le traspasaron con una espada, perdón, con una lanza el corazón a Cristo. Y estaba ahí presente, junto a la cruz, desde el amor de madre, pero desde el amor espiritual, entendido que Dios hace las cosas nuevas y que de ese dolor podría salir algo mejor.

Y a partir de ese momento, se convierte esta vocación de los Dolores en un momento para estar cercano a ella. Y cuando vengan momentos de dificultades, circunstancias distintas, acordarnos de la Virgen de los Dolores para pedirle a ella. Sabemos que esas vocaciones son distintos títulos de la Virgen, y así está la Inmaculada, así está la Virgen de la Merced, de la Virgen del Carmen y otros tantos. Y es como si la Virgen cambiara de vestidos, personal, y está vestida con la virtud de los Dolores para decirnos: "Alza tu mirada, ven al encuentro cuando las cosas no te vayan bien, porque aquí estoy para apapacharte, aquí estoy para consolarte, aquí estoy para que juntos decidamos el proyecto que Dios tiene para ti". Aunque en medio de subir la cima haya que tomar reposo para volver a tomar aire, y aunque haya dolor, el sufrimiento, la culpa, de siempre será la alegría y la ilusión del cristiano por el cielo.

Yo, la Virgen de los Dolores, nos dé fortaleza cuando vengan al momento de dificultad y podamos interceder ante ella, porque la salida será en el bien a nosotros y a las personas que tenemos encomendadas.