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Los Ángeles, septiembre de 2024. Matthew Galer, un programador, monta desde casa una web a través de la cual comercializa medicamentos para adelgazar. Invierte en el negocio $10,000. Solo él trabaja en la empresa, pero le acompañan 12 agentes de inteligencia artificial. Resultado, al final del primer año completo de actividad, 401 millones de dólares en ventas. Y este año, en 2026, según sus cuentas, va a camino de los 1800 millones de dólares. El New York Times le dedicó un perfil y Sam Oldman, que tiene una apuesta sobre cuándo llegará la primera empresa de una sola persona que valga 1000 millones de dólares, escribió al periódico diciendo que había ganado la apuesta.
Buenos Aires, junio de 2026. que el presidente de la República, Javier Miley, propone algo todavía más extremo. Empresas sin ningún humano, ni empleados, ni jefes, ni dueños. Esta decisión ha desatado una polémica mundial con una pregunta en el centro. Si un algoritmo es el CEO de una compañía y la cosa acaba mal, ¿quién responde? Y hay aún más. La historia estrella de esta nueva ola, esa empresa que facturó 400 millones el primer año, engañó al periódico más prestigioso del mundo. Luego te cuento cómo. Lo sé, este vídeo tiene un título de los que dan clics, pero te prometo una cosa, la historia real es mejor que el titular. Vamos a separar tres cosas que casi nadie separa cuando habla de esto. Lo que Miley quiere hacer de verdad, lo que existe en la realidad de este tipo de compañías y lo que simplemente te están vendiendo. Toda la documentación que hemos usado para elaborar en este vídeo está abajo en la descripción por si tú quieres comprobar lo que estoy diciendo y continuar el camino por tu cuenta.
Es junio de 2026. Javier Miley firma una columna en el Financial Times, el periódico de los banqueros. De acuerdo. Yo no soy banquero ni de broma. El título de su artículo es Argentina invita a la inteligencia artificial a liberarse. ¿Cuál es su idea? Que Buenos Aires sea para la IA, lo que Amásterdam fue en el siglo XV para las empresas, es decir, un imán mundial.
El proyecto tiene tres pilares. En primer lugar, liberalizar la IA. En segundo lugar, crear una figura nueva la corporación no humana. empresas operadas por agentes de IA o robots con accionistas humanos opcionales y tercero, impuestos muy bajos para todas las actividades que tienen que ver con el desarrollo de inteligencia artificial, como por ejemplo la construcción de centros de datos. Y Miley remata este proyecto con su frase destinada a los análisis de la historia. Así como la revolución industrial nos liberó de los límites del músculo humano, la IA nos liberará de los límites del cerebro humano. Ahí queda eso. Javier Miley, Financial Times.
La ambición de Miley, por tanto, eh consiste en provocar un nuevo hito en el sistema circulatorio de la economía, algo a la altura de lo que pasó hace 400 años en Holanda, que Miley menciona en su artículo. Y entender esto que ocurrió hace 400 años es muy importante para entender el resto del vídeo, incluida la respuesta que le va a dar su crítico más famoso.
Holanda nace la compañía de las Indias Orientales y con ella empieza a cuajar una de las ideas más poderosas y quizá menos celebradas del capitalismo, la responsabilidad limitada. Antes de aquel momento histórico, montar un negocio era jugarte la vida. Si por ejemplo invertías en un barco y el barco se hundía, respondías con todo. Tu casa, tus tierras, tus ahorros. Podías acabar en la cárcel por deudas acumuladas. La responsabilidad limitada cambió una cosa sencilla y muy impactante. Si las cosas van mal, solo pierdes lo que pusiste en el negocio. Ni 1 € más. ¿Y cuál fue el resultado? Miles de personas normales se atrevieron a invertir. Por primera vez se pudo juntar el capital de muchos para financiar cosas enormes, barcos, rutas de comercialización, fábricas. Aquella compañía hizo la primera salida a bolsa de la historia y el mundo cambió.
Y aquí va un detalle importante que vas a necesitar recuperar al final del vídeo. Con aquellas compañías nació otra ficción aún más rara, la empresa como persona ante la ley. Una persona que no respira, que no puede ir a la cárcel porque nunca ha podido ir a la cárcel. Como digo, conserva este dato en tu memoria para el final del vídeo. La tesis de Miley es esta. Aquella idea que no fue un invento técnico, sino que fue una formulación legal, desató el capitalismo moderno y la corporación no humana sería el siguiente gran capítulo de la historia del capitalismo.
¿Lo es? Para saberlo hay que dejar el discurso y mirar el proyecto de ley. Y la ley dice algo que no te esperas. Por el momento las empresas están hechas por personas. Y te voy a contar una anécdota humana que me ha pasado muchísimas veces trabajando con marcas de consumo cuando he trabajado como consultor para ellas, que es llegar a una reunión, sentarte con un grupo de gente del equipo de marketing, pedirles que te cuenten el plan de marketing de la compañía y lo que te enseñan es un Excel con tres campañas sueltas y mucha buena voluntad. Pero plan, lo que se dice plan, no hay. Hubspot, el patrocinador de este vídeo, acaba de poner la solución a tiro, un kit gratuito para crear tu propio plan de marketing de principio a fin, que hace muy fácil pasar de las ideas que están en tu cabeza a un plan concreto, detallado, específico y medible. Está hecho con plantillas que rellenas con tu información, en qué etapa está tu compañía, quién es tu valor persona, qué está haciendo la competencia, cuáles son los objetivos prioritarios y a mí esto es lo que más me gusta, cómo puedes medir los resultados del plan de marketing para saber si lo que haces funciona o estás quemando presupuesto. El plan incluye además una guía sobre marketing omnicanal porque claro, hoy tu cliente te ve en cinco sitios distintos y espera la misma experiencia en todos. Con lo cual, si trabajas en marketing o llevas tu propio negocio, este kit de Hubspot te ahorra semanas de trabajo y te deja un plan que una vez que lo tienes puedes presentar al equipo de ventas, puedes presentar al equipo financiero o a tu jefe sin pestañas. Lo tienes gratis en el enlace de la descripción. Descárgalo hoy y ahora volvemos al vídeo.
Claro, porque una cosa es una columna en el Financial Times manifestando tus intenciones y otra la letra de los proyectos que el gobierno mandó de verdad al Congreso de Argentina. Primero hablemos sobre lo obvio. Esa corporación no humana con esa formulación, con ese nombre, no aparece en la ley. Es el eslogan. La reforma de la ley de sociedades que Miley quiere poner en marcha va un poquito más allá, incluso. Crea la sociedad automatizada, una empresa que opera con algoritmos sin empleados en su día a día y reconoce las DAO, que son un concepto propio del blockchain inventado hace más de 10 años, que son organizaciones gobernadas por código y por eso se llaman organizaciones autónomas descentralizadas. Ambas figuras, las DAO y las sociedades automatizadas, tendrían personalidad jurídica y responsabilidad limitada. Fíjate, otra vez aparece esa expresión, la responsabilidad limitada. El proyecto tiene un pequeño matiz. Esto no es tan inédito como suena porque el estado de Wyoming en Estados Unidos reconoce a las DAO con responsabilidad limitada desde 2021. La diferencia en el caso argentino es la ambición. Quieren hacerlo a escala de todo un país y para empresas operadas por IA, no solo por código. Argentina quiere ser, por tanto, el paraíso de las empresas gestionadas por algoritmos.
Esto ha generado polémicas. Según los juristas que han analizado el borrador, hay como tres temas calientes fundamentales. Primero, los estatutos de la empresa prevalecerían sobre algunas partes de la ley argentina, salvo en caso de riesgo para el interés público. En segundo lugar, los conflictos podrían resolverse ante la justicia extranjera. Y en tercero, nadie podría auditar el software que gobierna a las empresas, salvo con una orden judicial. Aquí conviene afinar un poco los argumentos, porque que un estatuto o que los estatutos de una sociedad manden sobre normas opcionales es normal en todo el ordenamiento jurídico del mundo. Que los contratos grandes pacten un arbitraje internacional también es algo común. La pregunta de los críticos con este proyecto es si esto va más allá, si permite esquivar normativas obligatorias, las de orden público, las que protegen a terceros, eso es lo que algunos juristas argentinos han llamado impunidad programada. Y a esas alturas del vídeo necesito advertiros de dos cosas. La primera, esto es un proyecto de ley que todavía no ha sido aprobada y la segunda, esta idea de las empresas inhumanos que funcionan perfectamente y que son autónomas completamente de la gestión de una persona, todavía no existen.
Y luego te explico por qué no existen. Porque tiene su miga, pero antes cierro el loop que te abría al principio, porque esa empresa que todo el mundo señaló como referencia, como prueba de que esto puede funcionar era otra cosa muy distinta. Volvamos a la empresa de los 400 millones de dólares en el primer año de vida gestionada por la IA. Esa compañía tiene un nombre Medby y tiene una cara, la que estáis viendo ahora, Matthew Gallagher. El 2 de abril de 2026, Gallagher vivió el día que cualquier emprendedor sueña. El New York Times publicó un perfil sobre su persona y sobre su compañía y contaba una historia maravillosa. Un chico que desde casa, sin empleados y con un puñado de herramientas de IA, había montado la empresa que más rápido había crecido en la historia. Era la consagración total. La empresa sin humanos ya tenía, por tanto, su héroe, su portada de periódico y su gran profeta. Había un problema. Seis semanas antes de esa portada, el regulador del medicamento en Estados Unidos, la FDA, le había enviado una carta de advertencia y eso era solo el principio.
Cuidado por dejarse arrastrar por lo llamativo de esta historia. Hay tres elementos que hay que tener muy en cuenta. En primer lugar, esos 100 millones de los que hablaba Gallagher en 2026 no son ni la valoración de la empresa ni las ventas acumuladas en 2026, sino una proyección. O sea, lo que ha hecho ha sido tomar un mes de facturación de la compañía y multiplicarlo por los 12 meses siguientes. En segundo lugar, no es una empresa sin humanos. Gallagher contrató a su hermano y sobre todo subcontrata los médicos, las farmacias, los envíos y el papeleo legal. Por tanto, hay un montón de humanos involucrados en este negocio, solo que no están en la nómina. Lo que Medby automatizó de verdad fue el marketing. Y tres, ¿qué marketing? Según una investigación llevada a cabo por Business Insider, su publicidad en Facebook la firmaban médicos como el Dr. Daniel Foster o el Dr. Jacob Chinler y así hasta más de 800 perfiles de médicos que según esa investigación no existen. Las identidades ficticias habían sido elaboradas por la inteligencia artificial que acompañaba el nombre de estos médicos con imágenes generadas por la inteligencia artificial. Y hay un dato más aún más serio para la compañía. Seis semanas antes de que el New York Times publicara este perfil, el regulador del medicamento ya le había enviado una carta de advertencia por su forma de promocionar los fármacos. Una advertencia, ojo, es un aviso, no una condena. Y Gallagher ha respondido públicamente y la empresa sigue operando a día de hoy.
Pero esto no cambia la conclusión eh que he sacado para nuestro vídeo. El ejemplo estrella de esta empresa sin humanos era sobre todo una máquina de marketing extraordinariamente eficaz, tan eficaz que su historia coló hasta en el periódico más prestigioso del mundo. La IA no inventó nada nuevo aquí, no gestionó ningún negocio, solo hizo el truco de siempre, de inundar el mercado con mensajes de ética dudosa de un modo mucho más rápido, mucho más barato y a una escala mucho mayor que antes. ¿Significa esta historia que todo es humo y que el proyecto de Miley no tiene ningún sentido? No, en absoluto.
Entonces, ¿qué hay de verdad en todas estas historias de empresas gestionadas por IA? Hay negocios reales diminutos que ganan dinero de verdad. Por ejemplo, Peter Levels, un holandés, no tiene una empresa, tiene una colección de webs pequeñas que lleva él prácticamente en solitario. Una de ellas, eh, que consiste en la venta de fotos hechas con inteligencia artificial, le da unos $130,000 de ingresos al mes y sumando todos sus proyectos, estas empresas en las que trabaja él solo generan unos 3 millones de dólares al año. Hay casos más espectaculares, ¿sí? Por ejemplo, el de Maur Slomo, un programador israelí que empezó en enero de 2025 un proyecto paralelo. Base 44, que es una herramienta para crear aplicaciones construida casi entera con inteligencia artificial. En tres semanas ya conseguía ingresos de casi un millón de dólar y en 6 meses después Wix, que es una plataforma de páginas web que cotiza en bolsa, compró la compañía por más de 80 millones de dólares en efectivo. El equipo con el que contaba esta persona era solo de ocho personas. Y claro, este caso contiene una lección un poco irónica, ¿no? Porque es una compañía que empieza de minuta, pero que cuando necesita ganar escala y cuando necesita vender su producto en todo el mundo, le hizo falta una corporación de toda la vida con sus cientos de empleados, sus abogados, eh sus edificios, sus servidores, etcétera, ¿no? O sea, que la empresa pequeña ganó la carrera de los 100 m, pero la maratón sigue siendo algo que necesita una organización grande detrás.
Y hay otras dos señales muy interesantes sobre el hecho de que efectivamente en el futuro podrían existir estas compañías. Gary Tang, que es el jefe de Y Combinator, la mayor incubadora de Silicon Valley, dice que a día de hoy hay startups que están facturando entre 1 y 10 millones de dólares al año con menos de 10 empleados y que esto según él no había ocurrido nunca en la historia. Y Dario Amodei, el jefe de Anthropic, da entre un 70 y un 80% de probabilidades a que la primera empresa con una sola persona que valga 1000 millones de dólares llegue en 2026. Lo veo bastante improbable a día de hoy. Por tanto, nadie ha cruzado la meta de los 1000 millones de dólares de valor en solitario, ni siquiera Base 44. Pero hay una historia de alguien que ya consiguió en el pasado diseñar un negocio muy valioso con muy pocas personas que nos va a hacer dudar un poquito sobre el futuro de este tipo de compañías.
Aquí lo tenéis en imagen. Mike Krigger fundó Instagram y vendieron la compañía por 1000 millones de dólares en 2012. Tan solo tenían 13 empleados. Hoy Krigger trabaja en Anthropic, pero el dato de Instagram es historia verificada, no una proyección de futuro. Y cuando le han preguntado si una sola persona podría levantar una empresa de 1000 millones, lo que dijo es lo siguiente: "No es una idea loca. Yo construí una empresa de 1000 millones con 13 personas." Y añadió algo revelador. Lo que les obligó a crecer cuando montaron Instagram no fue el producto, fue la necesidad de moderar los contenidos, algo que hoy dice haría mejor una inteligencia artificial.
Este es por tanto el patrón real y no necesita hype porque cada salto tecnológico ha permitido que menos gente genere más valor. Pensemos en el telégrafo, pensemos en los contenedores de la industria logística, pensemos en internet y pensemos al final en lo que ahora estamos viviendo, que es inteligencia artificial. La dirección es la misma. Eh, cada vez menos gente es capaz de generar mayor actividad y lo que cambia es la velocidad, que en el caso de la IA se está acelerando dramáticamente.
Y justo cuando Javier Miley estaba recogiendo aplausos y la admiración de mucha gente, entró en el ring el crítico más famoso posible. Y Yuval Noah Harari, el autor de Sapiens, le contestó en el mismo medio en el que Miley había hecho el anuncio, el Financial Times, y le decía, "No debemos otorgar personalidad jurídica a los agentes de IA." Su argumento central es que la máxima sanción que frena un directivo humano a una persona es la cárcel. Y la cárcel para una IA es irrelevante. Un CEO algorítmico no teme la quiebra, no teme las leyes y por el contrario lo que haría sería explotar las lagunas legales de forma sistemática. Darle personalidad jurídica, según Yuval, es entregarle una llave maestra a nuestro sistema financiero. Harari le recuerda a Miley cómo acabó aquello en la otra punta del mundo, en Batavia, la actual Indonesia, un territorio gobernado por una empresa privada al servicio de sus accionistas, no de sus ciudadanos. Y dice Harari, Miley espera convertir Buenos Aires en una nueva Ámsterdam. Se arriesga a convertirla en realidad en un nuevo Batavia. ¿Y qué pasó en Batavia? que durante casi dos siglos una empresa gobernó con un ejército propio y la lógica de la cuenta de resultados. En las islas Bandax terminó a toda una población para proteger el monopolio de una especie, la nuez moscada. Y el final de esta historia tiene moraleja porque la compañía oriental de las Indias quebró por deudas y por corrupción de sus dirigentes y sus pérdidas las terminó absorbiendo el Estado holandés. La primera empresa-estado de la historia acabó rescatada con dinero público porque claro, cuando la cadena de responsabilidad falla, el último eslabón siempre es el mismo, tú y yo.
El argumento que utiliza Harari es un argumento potente, pero aquí convendría hablar de algo de lo que ninguno de los dos protagonistas está hablando. La primera cosa, ¿te acuerdas el dato aquel que te pedí guardar? Las personas jurídicas nunca han podido ir a la cárcel. Llevamos dos siglos sancionando empresas sin meterlas en prisión. Aplicamos multas, disolvemos las compañías, inhabilitamos a sus líderes. El sistema no se sostiene en que una empresa vaya a la cárcel, se sostiene en que al final de la cadena siempre hay un ser humano que responde. Un administrador, un dueño, alguien al que se puede embargar o sentar en un banquillo. Lo genuinamente nuevo de la propuesta de Miley no es que el CEO sea un algoritmo, es que por primera vez la cadena de responsabilidad podría terminar en nadie. Y ese es el agujero real. Y fíjate, es más preciso y más inquietante que el argumento de la cárcel.
En segundo lugar, el CEO algorítmico superinteligente que explota lagunas legales de forma sistémica presupone una IA que a día de hoy no existe. Los agentes actuales descarrilan llevando negocios sencillos y mientras tanto, ¿qué? Mientras tanto, el mundo real no se está dando pistas. ¿Te acuerdas de las subcontratas de Medby? En enero, un atacante entró en los sistemas de su proveedor médico, Openloop, y según el registro oficial de brechas sanitarias de Estados Unidos, se llevó datos de más de 700.000 pacientes, pacientes que ni siquiera sabían que esa empresa existía. ¿Y sabes qué ha ocurrido? Que el sistema actual, con todos sus defectos, encontró a quién tenía que señalar. Openloop es una compañía que está identificada, que ha podido notificar a los afectados y que va a asumir responsabilidades y que lógicamente ya hay demandas en marcha. Nuestro esquema actual es lento, es imperfecto, pero la cadena de responsabilidad termina en una persona concreta o en un grupo de personas. Ahora, imagina la misma brecha de seguridad en una empresa sin un solo humano detrás. ¿Dónde termina la cadena?
El debate entre Miley y Harari va a continuar, no sé si a través de las páginas del Financial Times o a través de la red social X. Y el debate no es solo jurídico, también nos afecta de modo directo a los seres humanos. Porque hay una última pregunta. Si una persona con ayuda de la IA es capaz de hacer el trabajo de 1000, ¿qué pasa con las otras 999? Hay quien habla de liberación de la posibilidad de que cualquier persona construya algo grande desde su casa. Y uno de los argumentos en contra es el que apela a la concentración de riqueza. O sea, que si se pueden crear empresas con máquinas, pues habrá una concentración de mayor de riqueza en menos personas. Y lo inquietante es que estas dos cosas pueden ser verdad a la vez.
Durante toda la historia de la humanidad, una empresa ha sido siempre, por definición, un grupo de personas con unos activos, ya sean capital, fábricas, etcétera. Pero por primera vez esa premisa está temblando porque la empresa totalmente sin humanos, que a día de hoy es un más un eslogan que una realidad, lo que sí es real es que cada vez hacen falta menos manos para mover más dinero. Eso ya está pasando y de hecho ya estamos comprando algoritmos todos los días. Los precios los fijan muchas veces las máquinas. La atención al cliente no tiene detrás personas, sino que tiene detrás bots. Vemos publicidad que está hecha íntegramente con algoritmos de inteligencia artificial. O sea, que digamos que la idea de que el mundo se esté automatizando ya es una un concepto que está superado.
Pero para mí la pregunta de verdad es otra y es la que separa a Miley de Harari, que es que cuando algo salga mal y al final algo sale siempre mal, ¿quién quieres que haya al final de la cadena? Toda nuestra confianza en el mercado se apoya en un eslabón invisible que detrás de cada empresa, al final siempre hay alguien que responde. ¿Estamos dispuestos a cortar ese eslabón? Te leo en los comentarios. Suscríbete al canal y ya verás como el próximo vídeo intentaremos que sea aún mejor y más interesante que este. Muchas gracias.