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Transformados por el salmo119:71

Celia Elizabeth Arriola6:48

Transcription

[Música] La meta del programa de estudios, tal como toda escuela basa su programa de estudios en una verdad fundamental, su programa de estudios tiene una meta, un objetivo a alcanzar o un cambio a producirse como resultado de culminar con éxito el programa de estudios. En este versículo que vamos a ver, David identifica la meta del programa de la escuela de aflicción. Dice: "Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos" (Salmo 119:71).

La mayoría de las personas se lamentan por su aflicción, participan de autocompasión y buscan la solidaridad de sus semejantes. Pero David declara: "Bueno me es haber sido humillado". ¿Puedes decir eso con sinceridad cuando estás en un momento de aflicción, cuando hay preocupaciones, cuando estás pasando algo difícil? Bueno, déjame decirte, si no puedes decirlo, no estás listo para graduarte.

David vio la aflicción como una ayuda para aprender la palabra de Dios. Cuando la aflicción no conduce a la palabra, necesitas aprender a aplicar la palabra a tu vida. Pero si permites que la aflicción desarrolle amargura, deseos de venganza, autocompasión, que te sientas víctima o otras reacciones negativas, la aflicción se torna en enemiga.

Algunas personas malgastan mucho tiempo tratando de decidir si su aflicción proviene de Satanás o de Dios. ¿Y qué diferencia hace eso? Si la aflicción nos conduce hacia la Biblia, su resultado será el mismo. No importa cuál sea su causa, nunca sufrirás más aflicción que Job. Recuerda al leer el libro de Job, podemos ver que Satanás fue el causante de muchas de las aflicciones de Job. Sin embargo, ¿quién mencionó a Job primero? No fue Dios, por supuesto. ¿Qué lo fue? Y dice: "Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job? Que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal" (Job 1:8).

Podemos observar algo acerca de este libro. Job nunca comprendió el papel que jugó Satanás en su aflicción. Dios nunca consideró necesario explicarle a Job lo que había sucedido. A Dios únicamente le preocupaba la respuesta de Job. Job creció a causa de su aflicción y nunca tuvo que comprender la causa ni la fuente. ¿Alguna vez te has dejado dominar por un concepto así de profundo? También podemos crecer como resultado de las aflicciones que vivimos. No tienes que aprender de una reacción. Dejemos que la aflicción nos conduzca hacia la palabra de Dios para aprender de ella y deleitarnos en ella. Suena fácil, pero no lo es, pero no es imposible.

No importa cuál sea la fuente, no importa la causa, la aflicción, la preocupación, la forma parte del plan de Dios. La meta, el objetivo de toda aflicción es que aprendamos la palabra de Dios según se aplica a nuestras vidas. Debemos de considerar que las escrituras nos ayudan a perfeccionar nuestra fe. Pablo comprendió esta verdad y tenía algo similar que decir en Romanos 5:3-5: "Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado".

¡Wow! ¿Cómo podemos aprender a perdonar si nadie jamás nos ha herido? ¿Cómo podemos aprender a confiar en Dios si nunca sufrimos necesidades? La aflicción es una herramienta que Dios usa para enseñarnos su palabra. La aflicción, la preocupación, las situaciones difíciles, una vez que comprendamos esta meta, podemos ver que ese tiempo difícil es realmente un aliado. En lugar de pensar: "Me he sido humillado", en el libro de Génesis también Dios consideró toda su obra de creación y llegó a la conclusión, y dio Dios en Génesis 1:31: "Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera". David, el salmista, consideró todo lo que Dios, Dios, que todo lo que Dios había hecho en su vida y dijo: "Bueno es".

Oremos. Padre santo, te damos gracias por esta gran enseñanza de este versículo. Agradecemos, padre, aunque a veces no lo entendamos, pero ayúdanos a seguir creyendo que los tiempos difíciles tienen una gran enseñanza. Ayúdanos que en esos momentos recordemos tu palabra, nos lleve a tu palabra, y tu palabra sea nuestro escudo, tu palabra nos anime, tu palabra nos levante, porque ese es el propósito que tienes en los momentos de aflicción. Gracias, Señor, te lo adoramos y agradecemos en Jesús. Amén.

[Música]