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La agricultura familiar es un medio de vida basado en actividades agropecuarias y afines realizadas por familias como su ocupación económica principal; empleando primordialmente su propia mano de obra en la producción y en la administración, transfiriendo valores, prácticas y conocimientos a las siguientes generaciones, y en el resguardo de las tradiciones y la idiosincrasia familiar y territorial.
En Honduras se contabilizan 484,000 productores familiares que se dedican a la producción y más de 11,000 empresas agrícolas. A través del proyecto Mesoamérica sin hambre en Honduras, la agricultura familiar se categorizó en cuatro grupos: agricultura familiar urbana y periurbana (las familias producen hortalizas y especies menores en pequeñas áreas); agricultura familiar de autoconsumo (son familias con recursos productivos e ingresos insuficientes, con producción limitada de alimentos solo para el consumo familiar); agricultura familiar en transición (tienen capacidad de producir y satisfacer las necesidades familiares, pero tienen dificultades para generar excedentes y vincularse a los mercados); agricultura familiar consolidada (las familias producen suficientes alimentos y tienen acceso a mercados, tecnología, capital y generan excedentes para el desarrollo de la unidad productiva).
Los agricultores familiares son un pilar fundamental en la seguridad alimentaria en Honduras. Se estima que producen el 75% de los granos básicos. Además, la agricultura familiar contribuye a la producción sectorial en un 56.5% y genera alrededor del 76% del empleo en el área rural. Indiscutiblemente, la agricultura familiar es clave para la seguridad alimentaria; rescata los alimentos tradicionales y contribuye a una dieta equilibrada; protege la biodiversidad agrícola y al uso sostenible de los recursos naturales.
La agricultura familiar representa una oportunidad para dinamizar las economías locales, especialmente cuando se combina con políticas específicas destinadas a la protección social y al bienestar de las comunidades. La FAO, a través del proyecto Mesoamérica sin hambre, en coordinación con el gobierno de Honduras y diferentes organizaciones que conforman el comité de agricultura familiar, trabajan en una estrategia que promueva la inversión, formulación y adopción de políticas y programas para aumentar la producción de bienes y servicios provenientes de la agricultura familiar de manera sostenible, como alternativa para reducir el hambre y la pobreza rural.