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Homilía Primeras Comuniones (11.05.2024)

José Manuel Raposo Hernández7:50

Transcription

El Señor esté con vosotros.

Procl del Santo Evangelio según San Juan.

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

Disputaban los judíos entre sí: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?

Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la [carne] del Hijo del hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdaderamente comida, y mi sangre es verdaderamente bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre, así del mismo modo el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor.

Nos sentamos un momentito. Acabamos de escuchar una palabra del Evangelio. El Evangelio es Jesucristo hablándonos. Iba a preguntar así como una pregunta general. No sé si habrás escuchado la palabra. Alguno no escuchan, pero otros sí escuchan. Entonces vuelvo a hacer la pregunta. No sé si habrás escuchado la palabra, pero nos ha dicho Jesucristo cosas muy gordas, muy grandes. Ha dicho: "Yo soy el pan que ha bajado y lo ha enviado Dios del cielo a la Tierra". Ese pan es una persona, Jesucristo. No es una idea. Dios no es una idea ni un sentimiento, es una persona con la con la que podemos tener una relación, un trato y una [Música] amistad, igual que las personas tenemos trato y amistad.

Pero para poder conocer a esta persona, tenemos que ir al encuentro de esta persona. Y eso hemos hecho hoy todos: los niños, los catequistas, un servidor, los papás, los abuelos y tú, que estás aquí. No eres un invitado como un espectador. Lo sepas o no lo sepas, el Señor te ha llamado hoy a que tengas un encuentro con él, porque él se quiere encontrar contigo. Para eso hay que abrir el oído y el corazón.

Y Jesús nos ha dicho: "Si yo soy el pan de la vida, el que come de Jesús, ¿qué está comiendo y recibiendo dentro de él? Si él es el pan de la vida, ¿qué está recibiendo el que come a Jesús? La vida". Muy bien, Lidia, la vida. O sea que todos, no hay nadie en el mundo que no quiera tener dentro de él la vida. Eso que decimos: "Esto me da vida". Y al revés, cuando tienes un sufrimiento, una situación de amargura, la cruz de tu vida, tú dices: "Ese marido, esa mujer, ese problema en el trabajo, esa enfermedad", tú dices: "Me está quitando la vida. Esto me está matando. Esto me está matando". A ti no te pasa que muchas veces pasas por un momento y dices: "Esto me está matando". Y no quieres tener dentro de ti algo para que esas cosas no te maten. Entonces tendrás que tener dentro la vida.

¿Quién es el que ha venido a traer a los hombres la vida, la felicidad? Jesús. O sea que Jesús es el que trae al mundo la vida. Si tú quieres tener dentro de ti la vida, no la podrás tener si no conoces a Jesucristo y si no tienes a Jesucristo dentro de ti. Uno podrá ser muy inteligente, tener mucho dinero, ser muy famoso, tener muchos likes, ¿verdad?, en el canal, lo que tú quieras, pero si no tienes dentro la vida, llegarás a ser al final un desgraciado y una desgracia, porque no tienes dentro la vida. Y la vida es Jesús.

Qué bueno que nos diga Jesús: "Yo soy el pan que da la vida. El que me come tiene la vida, vida eterna, que no se acaba nunca". Por eso, hermano, queridos papás, mis queridos niños, no sabéis, no sabemos bien valorar, calibrar el regalo tan grande que Jesucristo y Dios nos hace hoy a todos, y especialmente a vosotros, porque va a meter dentro de vosotros la vida para ser feliz. Podrás tener momentos difíciles, podrás tener momentos de desengaños o de alguien que te traicione o que tu mundo se te tambalea. ¿Cuántas veces y tanta se le tambalea el mundo de su vida y se pega ese gran golpe en la vida porque no tienen firme la vida? Y no porque se trate de ser bueno o malo, se trata de tener dentro a Jesucristo o no tener dentro a Jesucristo.

Y si tú tienes dentro de ti a Jesucristo, "el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene ya dentro la vida eterna". Esa vida que nunca ni nada la puede destruir. Por eso él ha vencido la muerte, está vivo y resucitado, y nos da su persona en la Santa Eucaristía, en su cuerpo y en su sangre.

¿Hay alguien que quiera tener dentro la [Aplausos] vida? Que se acerque y busque a Jesucristo, que está en la iglesia, y recibirá la vida.

Pues vamos ahora con estos niños un segundito de silencio para meter dentro de nosotros esta palabra y renovar nuestro bautismo. Igual que nuestros padres nos trajeron al bautismo, hoy nosotros, ya más mayores, vamos a decir: "Quiero ser amigo de Jesús y quiero vivir dentro de mí la [vida]".