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Dediqué todo un año a estudiar cómo funciona nuestro comportamiento en base a la neurociencia, cómo tu cerebro actúa después de ciertos estímulos y por qué, en realidad, no empieza ni con la motivación ni con un propósito, sino con la forma en que tu sistema nervioso interpreta la realidad.
Pero probablemente vas a decir: "Stef, por favor, no vengas a confundirme. ¿Qué es eso de que mi sistema nervioso interpreta la realidad?" Bueno, pues en este video voy a resumirte todo lo que he aprendido en un año, en 20 minutos. Toma tus notas y tu cuaderno porque estoy segura que te va a encantar esto que vas a aprender hoy.
Voy a darte las siete ideas más relevantes que explican cómo funcionamos basándonos en la neurociencia. Voy a explicarte la base neurocientífica y también te voy a dar un estudio que fundamenta lo que estamos hablando.
Tenemos que entender una sola cosa. Cuando hablamos de neurociencia, en palabras simples, nos referimos a cómo tu cerebro toma lo que vive, lo interpreta a su manera y con esa interpretación define cómo se siente y qué hace. Esto es posible. La interpretación de la realidad es posible porque, en primer lugar, no pensamos, percibimos. Todo comienza desde ahí, no con un pensamiento, sino con un estímulo.
Todo lo que absorbemos viene de estímulos y entonces la percepción nace. Algo que ves, que escuchas, que imaginas, que recuerdas, incluso algo que sientes. Todo eso es información lista para que tu cerebro la digiera y actúe en base a esa información que va guardando.
¿Qué significa esto que acabamos de decir de forma más clara? ¿Qué primero va el cuerpo antes que el cerebro? Primero va tu sistema nervioso, lo que sientes, lo que percibes antes que el cerebro. Voy a ir haciendo distintas pausas para que no haya inconveniente, ¿vale? Para que lo vayamos entendiendo todo.
Para mí es más fácil expresarte lo que he aprendido diciéndote que primero va el cuerpo y después va el cerebro. Pero quiero aclarar que aquí no se trata de cuerpo versus cerebro, cuál va primero, cuál es mejor, cuál gana más. No son cosas aparte ni separadas, porque al final el cerebro sí es parte del cuerpo, ¿verdad? Si es parte del sistema nervioso, lo que existe es un procesamiento automático, es decir, que no es consciente, es emocional, es de sensaciones, pero también existe el pensamiento consciente.
Son dos procesos que van de la mano de forma correcta o, más profesionalmente, diríamos que va primero el procesamiento automático del sistema nervioso antes que el pensamiento consciente. Por eso, para mí es más fácil decir que primero va el cuerpo antes que el cerebro.
Voy a explicarte rápidamente la estructura del cerebro para que este video esté superceto. Si quieres, puedes saltarte esta parte hasta este minuto, no es necesario que la entiendas, pero si quieres conocer 100% de neurociencia, sí, quédate y toma nota.
Tu cerebro no funciona como si fuera un único elemento, como si fuera una sola pieza. Funciona y se activa por capas y por sistemas que van de adentro hacia afuera. Cada capa y cada sistema tienen funciones diferentes.
Pero entonces, Step, si todo no se activa al mismo tiempo, ¿hay un orden en que cada capa se activa? ¿Cómo es que funcionan estos sistemas? ¿Qué es lo que empieza primero? ¿Qué se activa primero? No funciona de arriba a abajo, de izquierda a derecha, de abajo hacia arriba, sino desde lo más profundo y por capas va funcionando hacia afuera.
Primero va algo llamado tronco encefálico, que muchas personas lo llaman el cerebro primitivo porque es el de supervivencia. Como ya sabemos, primero va el cuerpo antes que el cerebro. Significa que antes de cualquier pensamiento consciente, tu sistema nervioso se hace esta pregunta rapidísimo, en automático: "¿Esto es seguro o representa una amenaza para mí?"
Ojo, estamos hablando del procesamiento automático que no es consciente, ¿verdad? Tu cuerpo simplemente se pregunta: "¿Esto es seguro o me amenaza?" El tronco encefálico es quien hace esa pregunta. Es la parte del cerebro más antigua, la de la supervivencia, la que respira, la que hace que late el corazón, la que te mantiene con vida.
Después tenemos al famoso sistema límbico, que es el de la emoción y la memoria. Esta parte del cerebro es la que responde a la primera pregunta de nuestro cerebro primitivo. Si eso que percibe, si es seguro o es una amenaza, esta parte es la que responde. Por eso de aquí nacen las emociones como respuesta a la percepción y hacen que se activen antes de que tú las vuelvas conscientes.
Finalmente tenemos a la tercera capa, que es la corteza cerebral. Esto es igual al pensamiento, a la parte consciente, la que toma decisiones, tiene autocontrol, tiene visión a largo plazo. Esta parte trabaja después de que el cuerpo y la emoción ya reaccionaron. Entonces, primero supervivencia, después emoción y después razón. ¿De acuerdo?
Pero entonces, Stef, ¿de qué me sirve esta información? Ya vamos a lo bueno. Nos sirve porque así podemos reordenar el punto de partida de cambio. En vez de "pienso, me motivo y actúo", me concentro en "regular, sentir, pensar y actuar". Reordeno el punto de partida de cambio.
Ahora que ya explicamos la estructura, ya entendemos por qué no basta con cambiar el pensamiento, ¿verdad? El punto es entender cómo funciona el sistema que está detrás de tus decisiones, es decir, tu tronco encefálico y tu sistema límbico.
Ahora sí, empezamos con las siete ideas centrales y la número uno es: tu cerebro aprende más por experiencia vivida que por intención. Las intenciones no crean circuitos y para que algo se quede grabado en nosotros, tenemos que aprender a crear y a cerrar circuitos.
En neurociencia, un circuito es lograr que un conjunto de neuronas se activen juntas, se refuercen juntas y que con el tiempo esa activación se vuelva automática. Eso es un circuito. ¿Y cómo se logra eso? A través de experiencias repetidas, porque ellas son las que te pueden dar un entorno emocional al cual tú puedes estar reaccionando de cierta manera para entrenar el circuito.
La intención de hacer algo o de tener ciertos resultados es un evento mental, así le llamamos en neurociencia. No es un evento de aprendizaje del sistema nervioso. Y yo digo: "Ya mañana voy a lanzar mi producto, ya mañana ahora sí voy a ser constante, ya tengo esta intención fuerte de empezar algo". No estoy creando circuitos, no estoy poniendo a trabajar a mis neuronas, todo lo estoy manteniendo en mi corteza prefrontal, o sea, en mi pensamiento consciente.
Y como el cerebro funciona por capas, tengo que irme al sistema no consciente que ocurra en contextos reales, que involucre mi emoción y mi cuerpo. Básicamente una experiencia real y vivida repetidas veces.
Por ejemplo, quiero dejar de reaccionar con ansiedad cada vez que mis papás me hablan o cada vez que mi pareja me dice algo. Eso no cambia el circuito, eso es la intención. Lo que sí lo cambia es yo propiciar vivir una situación que despierte en mí ansiedad, regularme en el momento, intentar diferentes herramientas que a lo mejor leí en libros, que vi en los videos, pero en serio hacerlas e ir validando cuál herramienta me funciona mejor para regular esa ansiedad y repetir varias veces ese reto, propiciarme esas situaciones varias veces para que entonces el circuito se cierre y entonces quien aprenda no sea mi pensamiento consciente, sino mi sistema nervioso.
Esto es oro, de verdad. No sabes cuántas cosas he creado y he regulado gracias a que ya entendí cómo crear y cerrar circuitos. Vas a encargarte entonces de diseñar microexperiencias nuevas. No metas grandes, solamente que generen en ti reacciones que obviamente no te gustan y que quieres mejorar. Y te vas a encargar de repetir acciones en estados regulados dentro de esos retos.
Créeme, por favor, y hazlo, porque te vas a dar cuenta que la experiencia es la que manda. No el miedo, no la intención, no lo que creo que va a pasar, no la fuerza de voluntad, no el propósito.
Vámonos con la segunda idea central de la neurociencia y es: el cerebro cambia más rápido cuando hay agencia y no cuando obedece. Ya hemos hablado antes de la palabra agencia, ¿verdad? Significa autonomía, poder interior, claridad. Y en neurociencia, la agencia se da cuando creamos una activación integrada de tu corteza prefrontal, de algo llamado estriado, de la corteza motora y de tu sistema dopaminérgico.
Cuando encontramos la forma de activar estos elementos es cuando fácilmente creamos cambios. Es como si volviéramos a hacer una esponja suave que absorbe todo lo que tú quieres que absorba: creencias, límites, etcétera. Cuando hay agencia, el cerebro marca una experiencia como propia y relevante.
Cuando no hay agencia, cuando no hacemos esta activación integral, todo lo va a marcar el cerebro como algo impuesto y todo lo que tu sistema nervioso percibe como impuesto reduce la implicación de tus neuronas, reduce que se involucren, que se pongan a trabajar.
¿Cómo entonces hago que sí se involucren mis neuronas para poder activar la agencia? Quiero que esta respuesta la intentes dar tú. ¿Cuál sería una dinámica diferente de obedecer? O sea, ¿de qué otra forma puedo interpretar el yo hacer algo que no sea obedeciendo? Nuevamente, ¿de qué otra forma puedo relacionarme con hacer las cosas sin que sea obedeciendo algo que yo misma me impuse? Vamos a dar tiempo para pensar.
La respuesta es: eligiéndolo. La elección implica ejercer tu libertad de opciones. Activa la agencia. ¿De qué es entonces? De lo que me voy a encargar de ahora en adelante: de darme opciones, no imposiciones. Elegir el cómo, aunque el qué sea el mismo, es lo que regula el sistema no consciente y activa la agencia. Y entonces la dopamina ya no se liberará solo por recompensa, va a empezar a segregarse por sensaciones de elección cuando eliges.
Si lo eliges, no te impones, la dopamina refuerza circuitos neuronales, consolidas tu identidad. Recuerda siempre, siempre mi consolida mi identidad de este momento.
¿Y por qué hablo de la identidad de este momento? Porque se conecta con nuestra tercera idea de la neurociencia y es: la identidad es un proceso, no es tu esencia. El cómo eres hoy puede ser muy distinto de cómo fuiste hace un año, ¿verdad? Significa que no naciste con una identidad fija ni estás siendo tú misma todo el tiempo.
El yo es un proceso activo que el cerebro todo el tiempo está construyendo y actualizando. Este punto, desde mi perspectiva, es revolucionario porque, en neurociencia, la identidad no está asignada. La identidad es una función. ¡Ay, Dios! Es que me emociona tanto estos temas.
Significa que fácilmente tú puedes crear la identidad de Michael Jordan, por ejemplo, la identidad de Bill Jones, porque la identidad no está asignada a una única persona. Tu esencia, sí, tu alma y tu corazón sí. La identidad es solo una función, es el camino que te va a llevar del otro lado. Si a ti te sirve, si a ti te funciona la identidad de un deportista de alto nivel, la puedes tener. No es que como tú no haces nunca ejercicio y en tu vida nunca la hiciste, no está destinado para ti.
Conocer esto personalmente me ha ayudado a mí muchísimo. Yo sí creo que soy otra persona cuando grababa videos al principio. Ahorita me compré yo misma y trabajé yo misma en una identidad muchísimo más elevada de personas que admiraba y claramente la he ido entrenando, pero solo quiero que no des por hecho este punto y que de verdad te centres en esa construcción de identidad.
Acuérdate, acuérdate siempre de esto: la identidad es una hipótesis que el cerebro hace sobre ti y se basa en lo que has vivido y lo que has repetido. Solo se basa en eso. No se basa en cuántos miedos tienes, en qué es lo que hiciste hace 5 años, en los errores que has cometido. No, esa hipótesis tu cerebro la saca por lo que vives y por lo que repites. Punto.
Por eso tu cerebro, la parte no consciente, se hace estas tres preguntas todos los días: ¿Qué cosas suelo hacer? ¿Qué cosas siento repetidamente? Y ¿qué historias me cuento para explicar eso que hice y eso que sentí? Esas son las preguntas automáticas que tu sistema nervioso se hace para la consolidación de identidad.
Ahora que ya sabes esta información, lo que vamos a hacer es crear una narrativa coherente para contestar esas preguntas basándonos en pruebas. ¿Cómo entonces podemos crear una identidad que esté alineada, por ejemplo, a un deportista de alto nivel, acumulando las pruebas que contesten a estas tres preguntas? Claramente alineadas al deporte para que cuando mi cerebro en automático registre lo que ha estado pasando, sepa que tiene que reforzar.
Vamos a tomarnos unos minutos, pausa el video, toma nota, revísalas, ponme aquí abajo las preguntas que vayan surgiendo. El punto es oxigenar nuestro cerebro. No queremos que sientas la información saturada. ¿Ya estás lista?
Pasamos entonces a la idea número cuatro, que es: el cerebro aprende por error, no por éxito. Como vimos en un principio, todo se trata de percibir, ¿cierto? Y la percepción conlleva a predecir. Predecir nuestro futuro, predecir los resultados, predecir hasta el clima. Intentar saber qué pasará es un efecto directo de nuestra percepción.
En neurociencia, lo que aprendemos y mejoramos se produce cuando hay un error de predicción, no cuando todo salió bien, no cuando eso que predecimos salió como esperábamos. Es decir, si tú predices los resultados de cierta situación y aciertas o haces todo lo posible para que todo esté en control y salga bien, no se aprende ni tampoco se mejora tu percepción actual. No hubo ni ganancia ni pérdida, sigues igual.
Sin embargo, si los resultados de esa predicción no salen como tú lo habías previsto, la ganancia de mejora y de aprendizaje se duplica en tu percepción actual. Significa que gracias a ese error de predicción, tú te vuelves más valiente, tú te vuelves más resiliente, tú te vuelves más audaz, mejor en lo que eras estable antes. Tu cerebro ajusta sus sistemas cuando lo que esperabas no es igual a lo que ocurrió.
Pero si no hay un error por largos periodos de tiempo, no hay información nueva que digerir, que actualizar, la percepción se queda igual. No queremos eso. Vinimos al mundo a equivocarnos y a cometer errores. Y según la neurociencia, esa es la clave del éxito, porque entonces mejoramos, aprendemos y así nos vamos hasta llegar a un punto en el que estábamos más arriba del promedio.
¿Qué pasaría entonces si me diera permisos de equivocarme más? Porque en esos momentos es donde mi cerebro no solo gana información, gana percepción.
Vámonos ahora con la idea central número cinco. El cerebro prioriza el ritmo, no la intensidad. Date cuenta que todo lo que hacemos los seres humanos está organizado por ritmos. Tu ciclo de sueño, duermes de 6 a 8 horas dependiendo, pero es un ritmo. Tu ciclo hormonal, el cual llega cada 28 días. Tus ciclos de alimentación, comes, desayunas y cenas. Son tres tiempos en el día. Son ritmos que necesitamos para vivir, ¿cierto? No son ritmos para ser nuestra mejor versión, para volvernos un atleta, son solamente para existir.
En cambio, no funcionamos por intensidad. No es como que comes todos los lunes de cada año y ya no tienes que volver a comer en todo ese año, ¿verdad? No. Necesitamos ritmos. Y lo mismo pasa cuando queremos involucrarnos con cosas del día a día. Queremos que todo pase por intensidad y nos olvidamos de agregarle ritmos a lo que hacemos.
Algo muy interesante, muy heavy, que entendí al estudiar neurociencia es que todo aprendizaje se acumula y se consolida siempre y cuando usemos ritmos, no intensidad. ¿Cómo se ve alguien que quiere empezar un hábito, por ejemplo, basándose en la intensidad? Puede entrenar un día 2 horas y después pasar 5 días sin hacer ningún entrenamiento ni siquiera estiramientos. El resultado de eso es que se va a sentir desmotivado, incluso cansado, culpable, perdiendo el interés por ese entrenamiento.
¿Cómo se vería ahora una persona basándose en el ritmo, no en la intensidad? Ah, haciendo ese entrenamiento 20 minutos todos los días a la misma hora. Mantener el ritmo por encima de la intensidad es como aprende tu cerebro y el resultado es que tu sistema no consciente integra y hace activar a todas tus neuronas en conjunto. El hábito se automatiza y lo mejor es que no se siente pesado. Que tú creas que no avanzas por solo hacer 20 minutos en vez de 2 horas es tu percepción, no la realidad ni cómo tu cerebro lo está registrando. Y esto es sumamente potente.
Por eso, quienes entraron a Anatomía de una Meta se dieron cuenta de lo importante de la frecuencia. Anatomía de una Meta es un curso en septiembre todos los años que es para cumplir tu palabra y justamente hacemos todo lo que estamos hablando ahorita. Tenemos una comunidad, el curso es de ciertos días, hay seguimiento para que tú puedas observar cómo estás cumpliendo las metas. Te recomiendo este año sí o sí entrar, es en septiembre. Te voy a dejar la lista de espera en la descripción para que te vayas preparando hasta ese momento.
Entonces, cuando hay ritmo, tu cerebro reduce su gasto de energía, baja resistencia y es más fácil automatizar. En cambio, cuando hay intensidad, el cerebro activa el estrés. No puede predecir que, ojo, acuérdate siempre, el cerebro quiere siempre predecir. Si no puede predecir cuando hay intensidad, entonces abandona.
¿Qué es entonces lo que tenemos que hacer de ahora en adelante? Elegir frecuencias antes que duración y mantener esos 10 o 20 minutos en el mismo horario para que reduzcamos la intensidad y se vuelva sostenible eso que estamos haciendo.
Nuestra siguiente idea es la seis y es: un cerebro sano, además de repetir, resignifica. La neurociencia nos dice que repetir refuerza la conducta y la identidad, ¿verdad? Pero, ¿cuántas veces hemos llegado a un punto en donde pasa un día y sí cumplí, sí hice lo que tenía que hacer, pasan dos días, pasa una semana y nada más no hay algo estimulante, no hay algo que me emocione suficiente, hago las cosas por hacer, pero ya no hay algo detrás que me mantenga impulsada o inspirada?
Eso pasa porque necesitamos estar resignificando lo que hacemos todo. Y aquí hay una buena y una mala noticia. La mala es que no nacimos para ser felices. Estamos hechos como seres humanos solo para sobrevivir. Que hayamos indagado en las reflexiones, en ir más profundo, en encontrar nuestro propósito, es diferente porque somos conscientes, ¿verdad? Tenemos el don de tener criterio para poder indagar en las cosas, pero nuestra función en un inicio no es ser felices, es simplemente sobrevivir. La mala noticia es esa, que buscar constantemente la felicidad basándonos en neurociencia, estaríamos yendo en contra de nuestro funcionamiento, de nuestra naturaleza.
Sin embargo, la buena noticia es que también tenemos el don de contar historias. Las historias mueven al mundo, mueven corazones, mueven la percepción que tenemos ante la vida y esa es una super herramienta que nos va a ayudar a tener un cerebro sano. Y sí, básicamente si nuestro cerebro es sano o está lo mejor posible regulado, va a propiciar que le pongamos atención a cosas que nos den felicidad.
Repetir acciones está bien y te cambia la vida. Pero si repites sin estar actualizando lo que significan para ti, no te van a transformar y te van a hacer sentir que no tienes propósito, que pierdes emoción con el tiempo. Por eso, contarte historias a ti misma es la clave.
¿Cómo usaríamos esta herramienta en el día a día? ¿A qué te refieres, Step, cuando dices eso de contarme historias? Solo cuando termine tu día haz un recorrido mental de lo que te pasó y tú misma véndete una historia que te inspire sobre tu vida.
Y aquí voy a hacer una pausa. Quiero recalcar este punto porque sé que muchas personas quieren empezar su canal de YouTube y este punto es super importante para empezar. No te olvides que el éxito de destacar en redes sociales es que tengas una narrativa sobre ti con autoridad, pero eso lo tienes que descubrir tú primero afuera de redes sociales, ¿verdad? Ya llegar con esta historia de ti que cree autoridad.
Si el día de hoy querías ser constante con tu proyecto de redes sociales y con ese hábito de comer más verduras, lo que pudo pasar es que tal vez trabajaste, pero te distraíste más de lo que tú querías. Cumpliste solo una parte de lo que habías planeado. Te sentiste cansada, con poca energía, pero aún así no abandonaste e hiciste algo.
Una narrativa automática que puedes contarte esa noche sería: "Hoy otra vez no fui constante, siempre empiezo bien, pero luego me desespero y entonces suelto. Avanzo, pero no como debería. ¿Hasta cuándo voy a hacer que las cosas pasen diferente?" Esta narrativa de lo que pasó hoy, ¿qué te está comunicando inconscientemente? Culpa, ansiedad, insuficiencia, estrés, caos, aunque hayas hecho las cosas bien.
¿Cómo se vería entonces un resignificado de lo que pasó hoy? "Okay, hoy no fue perfecto, pero sí fui consistente. Sí me sentía cansada, sí me distraje más de lo que quería, pero sí hice algo. Sí, sí registré este otro avance que tuve. Aunque estuve cansada, no abandoné." Eso habla de alguien que es coherente y que elige, ¿verdad?
Quiero que te des cuenta que ambas narrativas son del mismo día. Estamos hablando de los mismos hechos, solo que los significados son distintos. Y entonces, qué interesante, ¿verdad? Como aquellas personas que admiramos tanto no es que sean más capaces, no es que sean más inteligentes, tal vez si tienen más privilegios, pero quién sabe cómo iniciaron, ¿verdad? A lo mejor hasta tenían menos recursos o menos privilegios de los que ahora nosotros tenemos.
¿Cómo aquellas personas están contando cosas de ellas mismas que les están beneficiando a crear más, a sentirse más, a creerse más? Se están contando cosas que no los hacen sentir insuficientes, culpables, insatisfechos. No son más inteligentes, solo están renovando sus significados de lo que hacen. Por eso las historias no cambian lo que haces, cambian lo que eso significa para tu cerebro.
Cuéntame hasta ahora cuál ha sido tu idea favorita. En mi caso son todas, pero esta a mí me gusta muchísimo y la de la identidad. También cuéntame qué te está pareciendo este contenido, porque a mí me ayudas a saber en qué mejorar.
Y finalmente nos vamos con la séptima idea central de la neurociencia y es: somos estados dependientes. Significa que no tenemos acceso a las mismas ideas, a los mismos recuerdos, a las mismas conclusiones cuando estamos cansados, cuando estamos estresados, cuando estamos desmotivadas, incluso cuando estamos tranquilas o emocionadas. Tu cerebro piensa distinto según el estado en el que está.
Y tú me puedes decir: "Step, eso es obvio, pero ¿de qué me sirve esta información?" Porque así ya puedes saber cuándo sí arriesgarte, cuándo sí tomar una pausa, cuándo sí descansar, cuándo sí exigirte más, porque ya estás reconociendo el estado, no el juicio.
Por ejemplo, en las mañanas es más común tener claro lo que vas a hacer con ese proyecto creativo, porque te despiertas con un sistema nervioso relajado, acabas de dormir, no hay estímulos, ¿verdad?, que te hagan sentirte diferente. Por la mañana sientes que ese proyecto sí tiene mensaje, si tiene propósito, si tienes algo de verdad que va a importar en ti, con tu familia, en el negocio familiar, etcétera, te encuentras decisiva para llevar a cabo ese día, pero cuando llega la noche ya te sientes cansada, irritable, incluso estresada y solo quieres dormir.
Lo más probable es que aparezcan estas conclusiones de: "Realmente no sé si ese proyecto está bien, no sé si sí quiero dedicarme a eso, qué tal que no está funcionando, no tiene sentido". Quiero que observes que la intención del proyecto en todo el día no cambió. Ni su mensaje, ni su propósito, ni todo lo que tú creías de ese proyecto en la mañana. Lo único que cambió fue el estado desde el cual estabas viendo ese proyecto.
¿Por qué cuestionas tu proyecto? ¿Por qué cuestionas tu meta? Tendríamos que, en todo caso, cuestionar y regular tu estado. ¿Por qué pasa esto? Pues porque cuando estamos en calma nos permitimos pensar a largo plazo, tenemos recuerdos largos, vemos matices, vemos variedad de emociones. En cambio, cuando estamos cansados, reactivas e irritables, el cerebro entra en modo protección. Recuerda errores, exagera riesgos y se vuelve más rígido, ¿verdad? Ya no es una esponjita, simplemente es una piedra que no quiere percibir otro punto de vista.
¿Qué hay que hacer entonces? No tomar decisiones en estados que son intensos o que están fuera de todo lo contrario a la calma y explorar cosas, actividades, palabras, relaciones que me regresen a mi estado actual. Este punto también es mi favorito. No cuestiones la meta, cuestiona el estado desde dónde estás viéndola.
Aquí abajo te voy a dejar la lista de espera para Anatomía de una Meta, que es hasta septiembre, pero yo sé que quieres saber qué va a pasar este año con Stephanie Rif, cómo nos vamos a organizar. Este es el único curso que vemos cosas profundamente de neurociencia. Este nuevo año va a estar espectacular. Y también te voy a dejar los estudios científicos de cada una de estas ideas aquí abajo para que si quieres puedas leerlas y agregarlas también en tus notas.
Es importante que esta información se practique, se estructure, se siga sosteniendo. Cuéntame, por favor, si llegaste hasta este punto. Si es así, comenta corazoncitos azules para que sepa quién ha llegado hasta acá. Te mando un beso y nos vemos pronto.