📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Homilía 08/04/21 - Lucas 24, 35-48 - Aparición a los apóstoles - Padre Carlos Rosell.

Cooperadores de la Verdad (Católico)13:56

Transcription

El Señor esté con ustedes.

D. De la lectura del Santo Evangelio según San Lucas.

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: "Paz a ustedes".

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Y les dijo: "¿Por qué se asustan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies; soy yo en persona. Lo que me piden". Se cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo. Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría y el asombro, les dijo: "¿Tienen allí algo de comer?".

Ellos le ofrecieron un trozo de pescado asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: "Esto es lo que les decía mientras estaba con ustedes: que todos los escritos de la Ley de Moisés, en los Profetas y Salmos acerca de mí, tenía que cumplirse". Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras y añadió: "Así estaba escrito: el Cristo o padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de eso".

Palabra del Señor.

S. Muy queridos hermanos, importante fijarnos en los diálogos que Jesús resucitado tuvo con sus discípulos, ya sea varones o mujeres. Ustedes seguramente se acuerdan, lo primero que Jesús resucitado le dijo a las mujeres, ¿qué es lo primero que Jesús resucitado le dice a las mujeres? Alegres.

[Música]

Hoy en el Evangelio, que es un pasaje del Evangelio según San Lucas, yo les pregunto, ¿qué es lo primero que Jesús resucitado le dice a sus apóstoles? La paz como ustedes. En latín se dice "Pax vobis". La Iglesia desde los primeros siglos ha usado ese saludo. La paz. En los primeros siglos a la Santa Misa se le llamaba la paz. Cuando los cristianos decían "vamos a la paz", estaban diciendo "vamos a celebrar la Eucaristía", porque lo que arde es el mayor encuentro con Cristo vivo, glorioso. Y cuando uno vive bien la Misa, uno sale en paz.

Qué importante es hablar de la verdadera paz. La verdadera paz tiene tres características. La primera característica es que la paz empieza en el corazón. ¿Dónde empieza la paz? En el corazón. Cuando aceptas en tu vida a Cristo resucitado. Una persona que ha aceptado en su vida a Cristo resucitado, esa persona tiene paz en su corazón. Y decir que una persona tiene en su corazón a Cristo resucitado es lo mismo que decir, está en gracia de Dios. Es imposible que nosotros tengamos paz si vivimos en pecado. Por lo tanto, lo primero que hay que decir para hablar de la verdadera paz, tenemos que vivir en gracia de Dios, tener a Cristo resucitado en nuestro corazón. Todo aquel que acoge al Cristo resucitado en su vida, con todo lo que ello significa, tiene paz. La verdadera paz.

La segunda característica es que la verdadera paz es contagiosa. Porque no solamente es una cuestión de decir, yo tengo en mi vida a Cristo, sino que tengo que comunicar esa paz a los demás. Hoy en la primera lectura hemos escuchado una continuación de ayer, la primera lectura, un pasaje de los Hechos de los Apóstoles. Pedro y Juan, con la fuerza del Resucitado, hacen que un paralítico comience a caminar. Le comunicaron la paz a ese paralítico, quien dejó de ser paralítico. Quien tiene paz en su corazón, lleva paz. No incomoda a los demás, no le quita la paz al otro. Queridos hermanos, tenemos que contagiar la paz de Cristo resucitado.

¿Y cómo se contagia esta paz? Rezando por los demás, aconsejando a los demás, corrigiendo con cariño a los demás, comunicando a los demás un Cristo vivo, el Cristo verdadero. Esto es muy importante, porque hoy en día hay mucha confusión sobre Cristo. Yo les pregunto, cuando hablo del Cristo verdadero, ¿de quién estoy hablando? Les pregunto a ustedes. Porque muchos feligreses a veces vienen con dudas y me dicen: "Padrecito, ¿Jesús es solo Dios?". Dicen ustedes. "¿Jesús es Dios y hombre?". Otros dicen: "Padrecito, ¿Jesús es solo hombre?". ¿Qué dicen ustedes? Jesús es Dios y hombre. Ese es el Cristo verdadero. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Ese es el Cristo que debemos comunicar, el que trae la paz.

Ya desde los primeros siglos han habido errores sobre Cristo. En los primeros siglos surgieron quienes decían que Jesús no era verdadero hombre, que su humanidad era solo apariencia. Fíjense que en el Evangelio de hoy, [Música] una vez que Jesús le dice a los apóstoles "la paz con ustedes", los apóstoles están como sorprendidos. El Señor les muestra las manos y los pies y les dice: "¿Tienen algo de comer?". Y le da a la gente una cara pulcra, un ceviche, pescado, un ceviche. Porque Jesús pide comida para mostrar su verdadera humanidad. Jesús es verdadero hombre, pero también verdadero Dios. Hay quienes niegan que Jesús es Dios. En los primeros siglos estaban los arrianos. Hoy, por ejemplo, están los Testigos de Jehová. Y también hay personas que dicen que Jesús no es Dios. Nosotros, como católicos, decimos: Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Esa es la verdad sobre Cristo. Jesús es nuestro Dios, nuestro Señor, nuestro Maestro, nuestro Rey. Y ese Cristo hay que comunicar a los demás.

Y la tercera característica de la paz verdadera viene a ser que la paz exige la justicia. Esto es muy importante. Cuando en una sociedad no hay justicia, no hay paz. Cuando hay injusticias, queridos hermanos, tenemos el caldo de cultivo para las ideologías de izquierda o derecha, me da igual. Por eso nosotros tenemos que comprometernos con la justicia. ¿Y qué significa comprometernos con la justicia? Significa comprometernos con la defensa de la persona humana, comprometernos con la defensa de la vida, que es sagrada desde el primer instante de su concepción, comprometernos con la defensa del matrimonio, que es entre varón y mujer, comprometernos con la defensa de la familia, comprometernos con la defensa de los trabajadores, que no sean explotados. Todo ello forma parte de la justicia. Allí donde hay injusticias, ahí no hay paz.

Y para que haya justicia, está tu estudio. ¿Y cómo construimos una sociedad más justa? Cuando respetamos a la persona humana, sea quien sea. Porque cuando hay respeto a la persona humana, no hay injusticia. Vamos a pedirle hoy a María Santísima, nuestra Madre, que nos ayude a todos nosotros a vivir la verdadera paz. ¿En qué consiste la verdadera paz? Comienza en dónde, en el corazón, cuando vivo en gracia. La verdadera paz se contagia, no incomodando a los demás, haciendo un buen ambiente. Y la verdadera paz exige la justicia, el respeto a la persona humana. Que María, Reina de la Paz, nos ayude a todos a vivir la paz que trae Cristo resucitado. Que así sea.

Queridos hermanos, hoy hemos escuchado la segunda aparición de Jesús resucitado a sus discípulos. La primera fue a María Magdalena, según el Evangelio de Lucas. Qué buena imagen. Lucas primero están los discípulos de pavos y luego viene a los apóstoles. Y lo primero que Jesús resucitado le dice a los apóstoles, ¿qué es? "La paz con ustedes". Esta es la enseñanza del Evangelio de hoy. Cristo trae la verdadera paz. Y esa paz es interior, comienza en el corazón, viviendo en gracia de Dios. Es una paz contagiosa, hay que comunicar paz, no hay que quitarle la paz a los demás. Hay que hacer un buen ambiente, como pensando por los demás, aconsejándoles, corrigiéndoles con cariño, no incomodando a los demás. Hay que llevar paz ahí donde estábamos.

Y la tercera característica, el tema de la justicia. De una sociedad donde hay injusticias, ahí no hay paz. Más bien, ahí hay un caldo de cultivo para las ideologías de todo tipo, por ejemplo, comunismo. Nosotros tenemos que llevar al Cristo vivo, al Cristo resucitado, al Cristo verdadero, verdadero Dios y verdadero hombre. Cuando llevamos de ese Cristo verdadero, el Dios hecho hombre, Jesucristo, estamos llevando paz. Vamos a pedirle a la Virgen, nuestra Madre, que nos ayude a nosotros a comunicar la verdadera paz, la paz del Resucitado.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Jesús, Jesús, Jesús. Dulce Corazón de María. San José. Santa Faustina Kowalska.