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Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual Jesús, llamado Cristo, nació.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José. Antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo, no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor, que le dijo: "José, hijo de David, no temas en reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de los pecados".
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el Ángel del Señor. Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Siéntense un momentito, queridos hermanos. Una vez, un sacerdote fue a buscar a la Madre Teresa de Calcuta para pedirle ayuda, porque quería hacer unas estampas de San José y el sacerdote no tenía dinero. La Madre Teresa de Calcuta tampoco tenía dinero, pero le dio todo lo que tenía: una rupia. La rupia es la moneda propia de la India. Le dio una rupia, le dijo: "Esto es todo lo que tengo". Y este sacerdote se fue a hacer las estampitas de San José. Y en el camino se encontró con un hombre que lo detuvo y le dio un sobre con 100 rupias y le dijo: "Este sobre es para la Madre Teresa de Calcuta". El sacerdote fue a entregarle el sobre a la Madre Teresa de Calcuta. La Madre Teresa de Calcuta cuenta que ella está convencida, recontra convencida, que ese hombre quién era San José.
Queridos hermanos, hoy estamos celebrando la solemnidad de San José, un gran intercesor que tenemos ante Jesús. Él es el patrono de la Iglesia, es el patrono del Perú, patrono de los padres de familia, patrono de los seminarios, patrono de los trabajadores, patrono de la buena muerte, y así podría seguir. San José ocupa un lugar muy importante en la historia de la salvación.
Hoy hemos escuchado en la segunda lectura cómo San Pablo resalta la fe de Abraham. Dios se sirvió de personas concretas para llevar a cabo su plan de salvación. En el Antiguo Testamento, por ejemplo, tenemos a Abraham, y en el Nuevo Testamento tenemos a San José, un hombre de fe.
Qué importante ha sido San José en la historia de la salvación. Hoy la primera lectura nos habla de la promesa que hace Dios a David. El profeta Natán, de parte de Dios, le dice a David que uno de sus descendientes será el Mesías. ¿Qué hemos dicho hoy en el salmo? "Su linaje será perpetuo". Pues los judíos esperaban que del linaje de David viniese el Mesías. Y yo les pregunto: ¿Cuál era el linaje de San José? Era de David. Y según las leyes judías, cuando un varón adoptaba a un niño, le pasaba su linaje. Todos sabemos que San José no fue el padre biológico de Jesús, fue el padre adoptivo, el custodio de Jesús. Y cuando San José adopta al niño, le pasa su linaje. Por eso a Jesús se le llama el Hijo de David.
Queridos hermanos, yo les invito hoy para que le pidan a San José tres gracias. Vamos a pedirle a San José cuántas gracias: tres.
La primera gracia: la gracia de tener vida interior. ¿Cuál es la primera gracia? La gracia de tener vida interior. San José es el patrono de la vida interior. Santa Teresa de Jesús tomó a San José como maestro de vida interior, y Santa Teresa de Jesús decía que San José le había ayudado a rezar y a enderezar sus oraciones. Hoy le pedimos a San José que nos ayude a tener vida interior, que tratemos bien a Jesús, que tratemos bien a la Virgen, que seamos eucarísticos y marianos, que escuchemos con atención la palabra de Dios, que vivamos el recogimiento para orar bien. San José es el hombre del recogimiento. Nunca aparece hablando en los evangelios, siempre aparece escuchando a Dios en silencio y obedeciendo a Dios. Hoy le pedimos a San José que nos ayude a tener vida interior, a ser personas que tratan todos los días con mucho amor a Jesús y a María. Qué bonita esa jaculatoria: "Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía".
La segunda gracia que yo les invito a pedirle a San José es la gracia de la laboriosidad. ¿Qué gracia? La laboriosidad. San José agradó a Dios con su trabajo. Yo les pregunto: ¿Conocemos algo extraordinario de San José? No. San José fue un hombre normal. Los santos son normales. San José hizo bien su trabajo. La virtud de la laboriosidad nos lleva a hacer bien nuestros deberes, de tal manera que somos conscientes que nos santificamos cuando hacemos correctamente nuestros deberes de cada día. San José tenía callos en las manos, ¿por qué? Porque todos los días trabajaba. ¿Cuál era su profesión? Carpintero. Y sustentaba la casita de Nazaret, y ahí se estaba santificando, porque la santidad está en lo ordinario. San José no tuvo estigmas, no tuvo levitaciones, no tuvo bilocaciones. San José todos los días trabajaba para sustentar a la Virgen y al Niño Jesús. Hermanos, lo nuestro es santificarnos haciendo bien nuestros deberes de cada día, poniendo la huella de Cristo en todo lo que hacemos a lo largo del día. Hay una jaculatoria muy bonita: "Mientras José trabajaba, en Jesús y María pensaba". A ver, vamos a repetir: "Mientras José trabajaba, en Jesús y María pensaba". Lo mismo tiene que pasar con nosotros. Hagamos bien nuestro trabajo.
Y la tercera gracia, con esto termino, hoy le pedimos a San José la gracia de una buena muerte. ¿Qué gracia le vamos a pedir? La gracia de una buena muerte. Todos nos vamos a morir, y hay que vivir en gracia, hermanos, no en pecado mortal. San José es el patrono de la buena muerte. ¿Por qué San José es el patrono de la buena muerte? Porque murió en compañía de quién: de Jesús y María. San José ya no va a poder contemplar el ministerio público de Jesús en las bodas de Caná. Ya no está. San José ya había muerto. Pero no interesa los años que vivimos, lo que interesa es cómo vivimos los años que Dios nos ha regalado. Por eso hoy le pedimos a San José la gracia de una buena muerte, la gracia de la ancia final, morir en gracia de Dios para llegar a la patria celestial.
Queridos hermanos, tengamos una gran devoción a San José. Busquemos a San José todos los días. Él nos va a ayudar a estar siempre metidos en el corazón de Jesús y en el corazón de María. Que así sea.
Queridos hermanos, Santa Teresa de Jesús decía que todo lo que le había pedido por intercesión de San José, el Señor se lo había concedido, porque Jesús está muy agradecido por todo lo que José hizo por él aquí en la tierra. Tenemos un gran intercesor ante Jesús. Ese gran intercesor es San José. Hoy le pedimos a San José tres gracias.
Primera gracia: la gracia de la vida interior. Que tratemos con mucho amor a Jesús y a María. Hay que tener vida interior, si no hay vida interior, no podemos seguir a Cristo con radicalidad. "Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía".
La segunda gracia: la gracia de la laboriosidad. Hay que responderle a Dios con nuestros deberes de cada día. Ahí nos jugamos la santidad en el día a día. Cada día hay que responderle al Señor haciendo bien nuestros deberes, poniendo mucho amor a Dios y al prójimo en todo lo que hacemos.
Y la tercera gracia: la gracia de una buena muerte. "Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía". Que San José nos ayude a todos a estar metidos en los corazones de Jesús y de María.
Vamos ahora a rezar la oración que se les ha repartido al inicio de la misa. Miramos la imagen de San José y decimos todos:
San José, varón justo, de la descendencia de David, tú que con tal disponibilidad a Dios diste tu linaje al Único del mundo, Cristo Jesús, acudimos a ti porque sabemos que tus plegarias son muy eficaces. San José, esposo purísimo de María Santísima y padre adoptivo del Señor, ayúdanos en nuestro caminar por este mundo para que, como tú lo hiciste, siempre estemos a la escucha de la palabra de Dios y la pongamos por obra con rapidez. San José, no dejes de rogar por nosotros para que, bajo la guía maternal de la Santísima Virgen María, coloquemos siempre a Jesús como centro de nuestras vidas. San José, hoy de manera especial queremos pedirte que intercedas ante Jesús para que nos sea concedida esta gracia, si es la Santísima Voluntad de Dios Uno y Trino.
En silencio, hoy que es la solemnidad de San José, vamos a poner nuestras intenciones en las manos de San José, convencidos que las oraciones de San José tienen mucha eficacia ante Jesús.
En silencio hacemos nuestras intenciones.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve María, llena eres de Gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. Dulce Corazón de María, sed nuestra salvación. San José, ruega por nosotros.
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y para siempre. Amén.
Pueden ir en paz. Demos gracias a Dios.