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Por qué millones de europeos migraron a América Latina tras las independencias

BBC News Mundo9:01

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Curiosidad, temor, pero también esperanza… Es la mirada de estos migrantes… de hace más de un siglo. Terminaban así una travesía que ahora puede sorprender a algunos. Habían dejado Europa y buscaban una vida mejor en América Latina.

Millones de migrantes europeos cruzaron el Atlántico entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Después de las independencias, de unas décadas iniciales donde se van estableciendo las bases de los nuevos países, una vez que esos sistemas políticos, económicos y sociales se ponen en marcha, se detecta que para poder crecer, hace falta importar población. Un flujo migratorio que provocó que países como Argentina y Uruguay multiplicaran su población en apenas unas décadas. Pero, ¿quiénes fueron estos migrantes y por qué eligieron América Latina? De eso hablamos en este video.

Al inicio del siglo XIX se crearon en América Latina una multitud de repúblicas independientes. Pero en estas nuevas naciones existía un problema: no había suficiente mano de obra. Había países como serían Argentina, Brasil, Uruguay, que tenían una demografía bastante limitada, que para iniciar un proceso de claro crecimiento económico necesitaban nutrirse de población. Y, ¿qué tipo de migrantes querían estos nuevos Estados? Había grandes facilidades para que los migrantes procedentes de Europa se instalen en estos países, pero había bastantes menos opciones y posibilidades para que migrantes de países vecinos, sobre todo indígenas y mestizos, pudieran instalarse.

Concretamente, se buscó atraer la llegada de migrantes de Europa Central y del Norte, es decir, aquellos pertenecientes a los países que, teóricamente o según los baremos de la época, eran más avanzados. Pero, ¿qué ocurría? Que la gente en muchos de estos países, como Francia, Alemania o Reino Unido, tenía mejores condiciones de vida y, por tanto, menos incentivos para migrar. Por lo que acabaron llegando, en su mayoría, italianos, españoles y portugueses. Sin olvidar que, además de los europeos, arribaron también miles de migrantes del antiguo imperio otomano, a quienes se conocía comúnmente como “turcos”. Y también miles de chinos, quienes llegaron sobre todo a la costa del Pacífico, a Perú y Chile.

El perfil más común tenía que ver con gente joven, gente de origen rural básicamente, campesinos, a veces solteros, a veces casados, a veces con hijos pequeños, a veces sin hijos, pero básicamente gente joven en la edad de trabajar. Y, ¿por qué estos migrantes optaron por América Latina? Con el avance de la revolución industrial, los campesinos europeos se fueron empobreciendo, sobre todo en los países mediterráneos. De ahí que buscaron mejores salarios y condiciones laborales, y América Latina se convirtió en una opción. Porque durante la revolución industrial esta región se vio muy beneficiada de la necesidad que tenía Europa de producción agrícola y ganadera. Los países latinoamericanos se convirtieron en grandes exportadores, y para ello necesitaron mano de obra.

Había migrantes que solo viajaban por temporadas, los llamados migrantes golondrina. Generalmente eran italianos y españoles, que iban a hacer buen dinero en época de cosecha y luego regresaban a Europa. A su llegada, algunos migrantes tenían familia o conocidos que los acogían, pero otros necesitaron la ayuda de gobiernos como el argentino que habilitaron hoteles como este en Buenos Aires para recibirlos.

Aunque los migrantes europeos se repartieron por toda América Latina, algunos países fueron los principales receptores. En ocho décadas, unos 4 millones de europeos se instalaron en Argentina, otros 2 millones lo hicieron en Brasil, unas 600.000 personas en Cuba y el mismo número lo hizo en Uruguay. Hay que pensar algo que para nosotros quizá hoy en día es un poco extraño. Realmente el mundo antes de la Primera Guerra Mundial era un mundo con gran libertad de migración, de movimiento. Por ejemplo, la utilización del pasaporte como instrumento de control fronterizo llega a raíz de la primera guerra mundial. Y esta migración tuvo un claro efecto en su crecimiento demográfico. Argentina y Uruguay multiplicaron por 11 y por 12 respectivamente su población. Brasil la multiplicó por más de 4, y destaca también el caso de Cuba, República Dominicana o El Salvador.

Pero, ¿por qué emigraron mayoritariamente a esos lugares? Argentina, Brasil, Uruguay o Cuba demandaban mucha mano de obra, porque tenían un gran potencial exportador de materias primas. Azúcar y tabaco en Cuba, café en Brasil, o cereales y carne en Argentina y Uruguay. Sin embargo, en países como Perú o México, donde había una gran población de base indígena, no demandaban tanta mano de obra. Esta política de atracción de la mano de obra europea, porque fundamentalmente era esto, se sitúa también en un momento en el que se estaba aboliendo la esclavitud en todos los países latinoamericanos… Hay cambios poblacionales que son fundamentales para entender las dinámicas de aquellos países. Por ejemplo, los italianos en el estado de Sao Paulo fueron a sustituir la mano de obra esclava recién liberada.

Aunque muchos italianos optaron por emigrar a Estados Unidos, también fueron el grupo de inmigrantes más numeroso en muchos países latinoamericanos, como Argentina o Brasil. Los españoles y los portugueses, también muy numerosos, optaron claramente por América Latina, sobre todo por el idioma. Otro argumento que favoreció la inmigración es que los gobiernos latinoamericanos solían poner facilidades para adquirir tierras o se les cedían en calidad de “colonos”. Y se les prometía una educación libre y gratuita para sus hijos, lo que facilitaba la integración.

Pero la llegada de millones de europeos fue percibida de diversas formas en América Latina. Había sectores que vivían la migración como una gran amenaza… o la competencia por los puestos de trabajo, estos eran sectores más bien populares. Había sectores mucho más encumbrados, bien cultural o bien socialmente, que veían en la emigración un riesgo para la homogeneidad de las sociedades, es decir, la homogeneidad étnica, la homogeneidad cultural, que podía verse en peligro, había otros para los cuales esto era una gran oportunidad, por ejemplo, quienes desde un punto de vista racial veían en la emigración, sobre todo europea, la gran oportunidad, entre comillas, de blanquear la sociedad frente al peso que tenían indígenas y mestizos. Esta última visión racista fue incluso promovida por varios gobiernos en América Latina que alentaban una migración con preferencia por la raza caucásica.

Aunque algunos migrantes optaron por vivir en los núcleos urbanos, la mayoría se trasladaron a las zonas rurales. Incluso los gobiernos latinoamericanos favorecieron poblar con migrantes las zonas más cercanas a las fronteras, que en muchos casos estaban en disputa con otros países. Recordemos que durante esta época se sucedieron, por ejemplo, las guerras del Pacífico, del Chaco o de la Triple Alianza. Pero en estas zonas fronterizas vivían básicamente poblaciones indígenas, que en muchas ocasiones fueron forzadas a desplazarse hacia el interior del país.

Todo este periodo migratorio se ralentizó durante la Primera Guerra Mundial, aunque el fin del conflicto incentivó la llegada de algunos grupos, como es el caso de miles de agricultores alemanes que migraron a América Latina huyendo de la pobreza. Y si hay una fecha con la que podemos cerrar esta gran etapa migratoria coincide con la crisis de 1929. Esta crisis financiera mundial provocó que América Latina redujera el nivel de exportaciones, por lo que ya no se necesitaba tanta mano de obra. Y algunos migrantes acabaron regresando a sus países de origen, como es el caso de los llamados “indianos” en España, que volvieron tras hacer fortuna en América.

Eso sí, aunque situemos el fin de este gran periodo migratorio alrededor de 1930, cabe mencionar, que miles de europeos, muchos de ellos judíos, llegaron también después huyendo del nazismo. Y, a su vez, tras terminar la Segunda Guerra Mundial, también escaparon a Sudamérica miles de nazis o colaboradores del Tercer Reich, muchos de los cuales nunca fueron llevados ante la justicia. Lo que queda claro es que los millones de europeos que cruzaron el Atlántico en busca de una vida mejor acabaron transformando por completo no solo la demografía, sino la cultura, la lengua y las costumbres de América Latina.