Transcription
[Música] No desperdicies sus fuerzas comparando su vida con la de los demás. El ex presidente Roosevelt dijo en una ocasión que la comparación es ladrona de la felicidad, y Bill Gates dice que nos insultamos a nosotros mismos cada vez que nos comparamos. Y escuché lo que la Biblia, la palabra de Dios, el libro de libros, deja ver acerca de la comparación; y para ello, permítame contarle la siguiente historia.
Relata el libro de Génesis, desde el capítulo 37 al 50, que José era el penúltimo de los hijos de José. Eran exactamente doce hijos, y dice la Biblia que algunos de sus hermanos, la mayoría, le tenían envidia y le envidiaban porque José era el hijo preferido de su padre. Ahora, la pregunta es: ¿cómo se dieron cuenta sus hermanos de que José era el hijo preferido de papá? Es simple: porque se compararon. Y dice el relato bíblico que Jacob, el papá de José, le mandó a hacer a él una túnica de varios colores. Dice la Biblia que Jacob quería muchísimo a José porque era el hijo que había tenido en su vejez y, además, era el hijo que había tenido con la mujer que amaba. Y cuando los hermanos ven a José con la túnica de colores, se pusieron celosos; ahora, no sólo por la túnica, sino por todo lo que hacía, por todo lo que decía José. La comparación que ellos, sus hermanos, hacían con José produjo un resultado en ellos, y fue que les generó envidia.
Sepa esto, mi amiga y mi amigo: la comparación produce resultados, y uno de ellos es la envidia. Si la envidia nace como resultado de compararnos con otros, escuche lo que dice el diccionario frente a esa palabra, envidia: qué envidia es un sentimiento de tristeza, de enojo que experimenta una persona que no tiene y que desea tener aquello que otro posee. Eso es envidia. Y sepa esto: la envidia tiene mucha relación con la falta de aceptación propia. Como no nos aceptamos, entonces nuestra tendencia es vivir comparándonos con otros, y eso termina generando envidia y, con ella, frustración, enojo y tristeza. Mire, el compararse con otros es peligroso. En el caso de los hermanos de José, fue algo tan grave que despertó en ellos odio. Mire, José tenía tan sólo 17 años, y sus hermanos llegaron al punto de querer quitarle la vida por envidia. Y luego, después de ponerse de acuerdo entre todos sus hermanos, los envidiosos que se estaban comparando con José, decidieron no matarlo, sino más bien venderlo como esclavo. Y cogieron el vestido que le había regalado su papá, lo llenaron de sangre de animales, y fueron y le dijeron a Jacob, a su propio padre, que un animal feroz lo había devorado. Y su padre, a causa de ello, cayó en una profunda tristeza. ¿Se da cuenta, mi amiga y mi amigo, hasta dónde les llevó una simple comparación? Los llevó a que el corazón se dañara, los llevó a hacerle daño a su hermano y aún a lastimar a su propio padre. Por eso, uno de los mandamientos divinos es ese: el no codiciar. Eso dice Éxodo, capítulo 20, verso número 7: “No codiciarás la casa de tu prójimo, ni nada que le pertenezca”. ¿Y sabe por qué Dios lo dice? No por capricho, sino para protegernos, porque Dios sabe lo delicado que es el comparar, el abrirle la puerta a la envidia. Mire, ya sabemos hasta dónde puede llegar una persona cuando empieza a compararse. Por eso, no se compare con nadie.
Mire, Hechos, en el capítulo 7, persona dice que los patriarcas, hablando de los hermanos de José, movidos por la envidia, vendieron a José. Allí hay una de las consecuencias del compararse con otros, y es número uno: que el compararnos con otros puede generar envidia. Pero hay otra consecuencia del compararnos, y es que nos puede hacer sentir menos que los demás. Eso le pasó a Saúl, en el primer libro de Samuel, en el capítulo 18, verso 8 al verso 9: dice que después de David derrotar al gigante Goliat, la gente empezó a cantar y decía que Saúl había acabado con 1000, pero que David había acabado con 10.000. Y Saúl se empezó a comparar con David, y Saúl, que era el rey, se sintió… y eso lo llevó a querer matar a David. Por supuesto, vuelve la envidia a salir, pero como resultado de sentirse - por causa de haberse comparado, igual que con los hermanos de José. Por eso, mi amiga y mi amigo, no se compare con otros. Eso puede dañar su autoimagen, eso puede dañar su autoestima. Y número tres: la comparación nos puede llevar a ser orgullosos, a ser altivos, a ser arrogantes. ¿Y sabe cuándo se da eso? Cuando nos comparamos con otros que supuestamente tienen menos que nosotros. Si la persona con la que me comparo tiene menos, entonces corro el riesgo de volverme altivo; si la persona con la que me comparo tiene más, entonces corro el riesgo de sentirme menos, de dañar mi autoestima, como el caso de Saúl. De cualquier manera, repito: compararse es peligroso. Mire, Gálatas, en el capítulo 5, verso 26, dice que no nos dejemos llevar de la vanagloria, que no nos provoquemos los unos a los otros y que tampoco nos enviemos unos a otros. Y ya sabemos que todo eso - la vanagloria, la provocación y la envidia - nace cuando empezamos a compararnos con otros.
Sepa hoy que usted, mi amigo, mi enemigo, es un ser único. Le invito para que juntos oremos. Adiós. Señor, te doy muchas gracias por cada persona que se une con nosotros en este devocional y en esta oración. Señor, perdónanos cuando nos hemos comparado con otros, cuando hemos permitido que nuestro corazón se llena de envidia, de vanagloria, o cuando hemos dañado nuestro corazón para hacerle daño a otro por causa de la envidia que han nacido, Señor, por la comparación. Perdónanos, Dios. Hoy sabemos que tú nos has creado como seres únicos y especiales, que tienes para nosotros un plan, un proyecto, un propósito de vida único. Dios, enséñanos, Dios del cielo, por favor, a no compararnos. Gracias a Dios por cada persona que se une con nosotros en esta oración, cada necesidad, cada petición la llevamos delante de ti. Creemos que tú eres el Dios que sana, que provee, que restaura. Hoy abrimos nuestro corazón y te reconocemos, Cristo Jesús, como nuestro Señor y como nuestro Salvador.
Permíteme, en este último minuto, hacerle la siguiente invitación: ayer, domingo 15 de agosto, compartíamos el tema de la crisis a la victoria. Compartiamos tres acciones que usted y yo debemos tener en medio de la dificultad para convertir esa crisis en victoria, ese problema en bendición. Le invito para que visite nuestro canal de YouTube; nos encuentra como Rodrigo Riaño del Castillo, y el título de la crisis a la victoria, con la fecha, domingo 15 de agosto. Y recuerde que todos los días a las 10 de la mañana, hora de Colombia, hacemos una oración en vivo por usted y por su familia. Visite nuestras redes sociales y nuestra página web; nos encuentra como Rodrigo Riaño del Castillo. Un abrazo y bendiciones para todos. [Música] Recuerde, mi amiga y mi amigo, en YouTube encuentra cientos de devocionales como estos, y en los últimos 25 segundos del vídeo encontrará un enlace que le permitirá descargar este audio en MP3 a su computador o a su celular Android, y desde allí compartirlo con sus contactos. Recuerde visitarnos en todas nuestras redes sociales: en Facebook, en Instagram, en Telegram y en nuestra página web: www.rodrigoriaro.com. Un abrazo y bendiciones para todos.