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Bendiciones para todos. Qué privilegio estar en esta hora con ustedes. Soy Vanesa Bolívar, capitana general de la Escuela de Guerreros del Ministerio Internacional de la Pastora Dina Santamaría. Hoy vamos a continuar con un tema muy importante que tiene que ver con la formación del carácter del guerrero. Y ustedes, guerreros, que han avanzado hasta este nivel, los felicito. Y sé que el Señor le seguirá dando las fuerzas, le seguirá fortaleciendo cada día más para seguir avanzando y creciendo en el conocimiento de su palabra.
Entonces, yo le invito en esta hora que hagamos una oración para iniciar este tema, para que sea Dios dándonos más luz a través de su palabra. Lo invito allá a que cierre sus ojos por un momento y vamos a orar.
Padre, en esta hora, Señor, presentamos este tiempo delante de tu presencia. Señor, te pedimos, amado Rey, que seas tú trayendo luz, que sea tú trayendo revelación, Señor, a través de tu palabra. Dios, quita toda venda, todo velo, todo lo que el enemigo haya querido venir a traer en nuestra mente para traer entenebrecimientos. Curiosidad. Hoy la luz de Cristo, Señor, resplandezca a través de tu palabra, que sea esa lumbrera nuestro camino y nos dé directrices específicas en nuestra vida. Dios, bendigo la vida de estos guerreros, declaro cobertura sobre ellos, sobre sus hogares, sobre sus familias, y atamos toda obra del maligno que se quiera levantar en esta hora, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Amén y amén.
Bueno, y vamos a iniciar con este tema que tiene como título: "Factores que influyen, pero que no determinan el carácter de una persona". Ese es el tema que vamos a tratar en este tiempo, en esta hora. Son factores que influyen, pero que no determinan el carácter de una persona. Hemos estado hablando sobre el carácter que Dios quiere formar en nosotros como guerreros, el carácter de Cristo, que cada uno podamos representar el carácter de Jesús acá en la tierra.
¿Qué es el carácter? Es la manera de ser de una persona. Es lo que nosotros habitualmente nos comportamos, lo que evidenciamos en nuestra forma de hablar, de pensar, de actuar, en la forma en que tomamos decisiones día a día. Ahí se refleja nuestro carácter.
En Génesis 1:27 dice la palabra: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó". Nosotros somos portadores de la imagen de Dios. Fuimos creados para portar su imagen acá en la tierra. Pero pues, por causa del pecado, esta imagen se corrompió, se perdió. Pero en Cristo Jesús, el Señor ha venido a traer cambio a nuestra vida. Dice su palabra que él quiere transformarnos cada día para que nos parezcamos cada vez más a él. Quiere transformar nuestra vida. El Señor es como alfarero que nos toma en sus manos como ese barro y nos forma hasta que podamos nosotros crecer a la imagen del varón perfecto, que es Cristo Jesús.
Entonces, vamos a ver algunos factores que ejercen una influencia en nuestra vida y que necesitamos como guerreros identificarlos para poder hacerles frente y poder ser entendidos en estos tiempos.
El primer factor que influye en nuestra vida: la herencia genética. Todo lo que viene a través de nuestro ADN, nuestros genes, que se transmiten a través de padres a hijos, de una generación a otra. Cuando Adán y Eva pecaron, sus genes fueron afectados y todos sus descendientes heredamos esa naturaleza pecaminosa, que en la Biblia se le conoce como "la carne". No es lo que nos... y muchas veces nos impulsa un deseo que nos impulsa a hacer lo malo. Aunque todos nacemos con esa fuerte influencia interior a pecar, y a pesar de que todos hemos pecado, no estamos condenados a ser vencidos por el pecado. La realidad del pecado y de la carne está, va a estar siempre en nuestras vidas, va a estar siempre ahí. Pero hay una realidad mayor: la realidad de que aquel que invoca el nombre del Señor, él tiene el poder para salvarle, para hacerle vencedor sobre el pecado. Jesús venció el pecado y en Cristo Jesús también somos victoriosos. En Cristo Jesús también podemos obtener esa victoria, como lo hizo él sobre el pecado.
A través de la palabra vemos hombres que caminaron con el Señor, hombres que vencieron el pecado, que vencieron esa naturaleza pecaminosa, que vencieron esa herencia genética de la cual pues muchas veces podemos llegar a pensar: "Como mis padres fueron así, mis abuelos fueron así, entonces yo también soy así". Por eso, no son argumentos que necesitamos romper en nuestra mente y entender que si caminamos cogidos de la mano del Señor, vamos a poder vencerlos.
Vamos a ir al libro de Génesis, capítulo 5, versículo 24, y vamos a verla un poquito con la vida de Enoc. Este hombre dice la palabra que caminaba con el Señor y no conoció la muerte, porque Dios se lo llevó. Génesis 5:24. En la Nueva Traducción Viviente dice: "Andando en íntima comunión con Dios, y un día desapareció porque Dios se lo llevó". Entonces, en esta versión hay una versión donde dice que caminaba con Dios, pero esta versión dice que andaba en íntima comunión con Dios. Entonces, nos refleja que este varón era un hombre que buscaba la presencia, un hombre que tenía más que una... una relación de amistad con el Señor, sino ya había pasado un nivel de mayor intimidad, de mayor comunión, de mayor profundidad con el Señor, y esto trajo a su vida cambio, transformación. La luz y las tinieblas no tienen nada en común. Quiere decir que la luz del Señor trajo luz a la vida de Enoc y todo lo que estaba en tinieblas tuvo que retroceder de su vida. Por eso este hombre pudo vencer el pecado, pudo caminar en rectitud delante de Dios y pudo tener ese privilegio tan grande, porque dice la palabra que un día Dios se lo llevó.
Tenemos también el ejemplo de la vida de Noé, otro varón que también caminaba con el Señor y que a los ojos de Dios era visto como justo. En Génesis, capítulo 6, versículo 9, dice la palabra: "Este es el relato de Noé y su familia. Noé era un hombre justo, la única persona intachable que vivía en la tierra en este tiempo, y anduvo en íntima comunión con Dios". Entonces, esta versión también habla con un poquito lo mismo que vivía Enoc. No, estos dos hombres vivieron en íntima comunión con Dios. Y cuando vivimos en íntima comunión con Dios, y sobre todo nosotros como guerreros, vamos a vencer el pecado, vamos a vencer las obras de las tinieblas. Noé también vivía de acuerdo a la voluntad de Dios, e hizo todo lo que a Dios le agradaba, obedeció al Señor, y esta obediencia lo hizo ver como justo ante los ojos del Señor.
Entonces, este es un factor que va a influir muchísimo en nuestra vida, pero no va a determinar el carácter que tú y yo debemos tener. La herencia genética siempre va a estar ahí, pero el Señor nos llamó a hacerle frente a esta herencia, cortar y a romper todo ciclo de pecado en nuestra vida y en nuestras generaciones. Ese es el primer factor.
Hay un segundo factor que es la crianza. La crianza también es un factor que influye muchísimo, porque desde el mismo momento en que nacemos en un hogar, en una familia, hay una influencia que los padres y las personas que están a nuestro alrededor ejercen sobre nuestra vida, ¿cierto? Pero sin embargo, aunque es un factor que influye muchísimo, no va a determinar el carácter que podemos nosotros llegar a tener. Nuestro carácter también hace... hace parte o se evidencia por las decisiones que nosotros tomamos día a día.
Entonces, vemos el ejemplo en cuanto a la crianza de Caín y Abel. Dos hermanos que tuvieron sus mismos padres, una misma herencia genética, y también tuvieron la misma crianza. Pero cuando vamos a la palabra, nos damos cuenta que Caín era totalmente diferente a Abel, ¿cierto? Abel halló gracia ante los ojos de Dios, halló gracia, fue un hombre... y que tenía fe, justo delante de los ojos de Dios, que llevó una ofrenda agradable ante los ojos del Señor. Y vemos también a Caín, que tenía un corazón diferente, ¿cierto? Un corazón con maldad, un corazón que no era agradable ante los ojos del Señor.
En el libro de Hebreos, capítulo 11, versículo 4, dice la palabra del Señor: "Fue por la fe que Abel presentó a Dios una ofrenda más aceptable que la que presentó Caín. La ofrenda de Abel demostró que era un hombre justo, y Dios aprobó sus ofrendas. Aunque Abel murió hace mucho tiempo, todavía nos habla por su ejemplo de fe".
Entonces, aquí podemos ver dos hombres, dos hermanos que tuvieron la misma herencia genética, la misma crianza, pero que tomaron caminos diferentes, tomaron decisiones diferentes. Se pudo evidenciar en Abel un carácter diferente al de su hermano. Abel, un carácter que quería siempre agradar al Señor y reflejar la imagen de Dios en su vida. En Abel había temor de Dios y había un anhelo por agradar la presencia del Señor en todo lo que hacía. Aún con su ofrenda lo demostró, y Dios pudo aprobar esa ofrenda de Abel.
Entonces, son factores que influyen en nuestra vida, pero no van a determinar el carácter que Dios quiere que nosotros tengamos.
Vamos a ver ahora un tercer factor. Son los modelos más cercanos. Así como nuestros padres ejercen esa influencia en la crianza, también hay personas, esos hermanos mayores, amigos, compañeros, aún hoy en día a través de las redes sociales hay muchos influencers que generan esa influencia en nuestra vida. Son esos modelos. O muchas veces se escucha decir: "Me gustaría ser como tal persona exitosa, como tal artista". Muchos jóvenes, niños, que hoy en día quieren parecerse a estos influencers o a lo que a las personas que están a su alrededor. Niños que en muchas ocasiones manifiestan querer ser como su papá, como su hermano mayor, como su tío. Niñas que dicen: "Cuando sea grande, quiero parecerme a mi mamá o quiero parecerme a esta otra persona".
Entonces, esos modelos cercanos son también ejercen influencia en nuestra vida. Y nos dice la palabra del Señor en Primera Carta de Pedro, capítulo 1, versículo 18: "Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres". Entonces, muchas veces, muchas veces como que heredamos una manera de vivir equivocada y eso se va transmitiendo en varias generaciones. Es más, muchas veces de forma subconsciente tenemos la tendencia de parecernos a nuestros padres, a nuestros abuelos, a las personas con las que más compartimos y convivimos. Y uno escucha que le dicen: "Ah, usted hace los mismos gestos de su papá, de su mamá, hace los mismos gestos de esta persona". Porque hay como esa tendencia a aprender por el modelaje, ¿no? Nosotros aprendemos también por ese modelaje cuando nos enseñan a través del ejemplo. Y muchas veces se transmite esto de una generación a otra.
Pero debemos aprender a imitar el buen ejemplo y a desechar, obviamente, el mal ejemplo.
En la palabra, Isaac y Abraham, padre Abraham y su hijo Isaac. Dice que Isaac imitó el mal ejemplo de su padre. ¿Por qué? Porque Abraham en algún momento llegó a una tierra, a un territorio, y iba con su esposa Sara, y dice que le preguntaron que quién era ella, y él, por temor a que pudieran de pronto hacerle algo en ese lugar, dijo que ella era su hermana, en lugar de decir que era su esposa. Dijo que era su hermana. Entonces, aquí mintió. Y Isaac imitó ese mal ejemplo de su padre, porque vivió la misma experiencia. Dice que él también llegó a un territorio, llegó a un lugar, y él iba con su esposa Rebeca, pero por temor a que en ese lugar lo mataran, porque dice que Rebeca era una mujer muy hermosa, él sintió temor que quisieran hacerle daño. Por eso, por esa causa, entonces hizo lo mismo, mintió igual que su padre, y dijo que ella era su hermana.
Entonces, vemos que Isaac imitó el mal ejemplo de su padre Abraham. También tenemos el ejemplo de Samuel, que no se dejó influenciar por el mal ejemplo. Samuel, desde muy pequeño, su mamá Ana lo llevó al templo para que el sacerdote Elí cuidara de él y él pudiera crecer en la presencia del Señor, porque había sido consagrado para el Señor. Y Samuel se crió alrededor de esta familia de Elí y con sus hijos, ¿cierto? Los hijos de Elí eran sacerdotes que daban muy mal ejemplo, que hacían cosas que ofendían a Dios. Pero Samuel no se dejó influenciar por este mal ejemplo. Samuel se guardó, Samuel cuidó su corazón, Samuel hacía todo lo que a Dios le agradaba y no se dejó influenciar por este mal ejemplo de los hijos de Elí.
Pero también hay un tercer caso de aquellas personas que no siguen el buen ejemplo. Y tenemos a Judas Iscariote. Judas Iscariote no siguió el buen ejemplo de Jesús. Judas tuvo el gran privilegio de caminar con Jesús, de caminar con los once compañeros, de ver el comportamiento de Jesús. Jesús le modeló a él el carácter correcto que debemos tener. Pero Judas no siguió el buen ejemplo.
Entonces, en nuestras decisiones se refleja también nuestro carácter. Cuando permitimos que la mala influencia influya en nuestra vida, que los malos ejemplos influyan en nuestra vida, entonces necesitamos nosotros tomar decisiones correctas y siempre sea esa decisión agradar a Dios.
Vamos a ver un cuarto factor: el medio ambiente, la cultura y la sociedad. Bueno, este cuarto factor, en este cuarto factor que es el medio ambiente, la cultura, lo social, está involucrado pues muchos aspectos que son la familia, el colegio, la escuela donde nos hemos educado, el lugar de trabajo, la ciudad, la sociedad, la época, ¿cierto? El barrio donde crecimos. Son factores que influyen grandemente en nuestra vida. Y pues, estamos en unos tiempos donde hay mucha influencia también a través de las redes sociales, que son factores que en determinado momento pueden llegar a influenciar nuestra vida. Y necesitamos guardarnos de esta influencia para que nuestro carácter no se desvíe del propósito que el Señor tiene para nosotros.
Y quiero hablarles de un ejemplo muy bonito en la palabra, que es la vida de Josué y en la vida de Caleb. Eso lo encontramos en el libro de Números, capítulo 14, versículos del 6 al 10. Nos hablan de estos dos jóvenes que, por directrices de Moisés, fueron a reconocer la tierra prometida. El Señor le dio al pueblo de Israel una tierra para que ellos la tomaran en posesión, pero esta tierra no estaba deshabitada. Esta tierra estaba habitada, habían ciudades construidas, y era necesario que ellos fueran a la guerra para tomar estos territorios que Dios les había entregado.
Entonces, Moisés envió a doce, a doce príncipes, a doce, digamos, en ese momento, como espías, que fueran y miraran esa tierra que el Señor les había entregado y pues trajeran como noticias de qué veían en ese lugar. Y dice la palabra que fueron estos doce. Cuando volvieron, diez de los doce, diez príncipes llegaron a quejarse, a decir que esa tierra sí era súper abundante, era muy grande, pero que habían unos enemigos muy poderosos, que habían gigantes, que era mejor dicho, imposible entrar en ese lugar. Y empezaron a quejarse y a quejarse de por qué Dios les estaba entregando una tierra donde habían tantos gigantes y donde para ellos era imposible tomarla.
Pero Josué y Caleb dejaron ver a través de sus decisiones su carácter. O sea, ellos, a través de cómo se expresaron, cómo hablaron, la decisión que tomaron, lo que ellos dijeron, sus palabras, empezaron a mostrar la clase de carácter que ellos tenían.
Entonces, mire lo que dice el libro de Números 14 del 6 al 10: "Dos de los hombres que exploraron la tierra, Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefoné, se rasgaron la ropa y dijeron a todo el pueblo de Israel: 'La tierra que atravesamos y exploramos es maravillosa. Si el Señor se agrada en nosotros, él nos llevará a salvo a esa tierra y nos la entregará. Es una tierra fértil donde fluyen la leche y la miel. No se revelen contra el Señor y no teman al pueblo de esa tierra; para nosotros son como presa indefensa. Ellos no tienen protección, pero el Señor está con nosotros. No les tengan miedo'. Sin embargo, toda la comunidad comenzó a decir que apedrearán a Josué y a Caleb".
Entonces, la gloria, la gloriosa presencia del Señor se apareció a todos los israelitas en el tabernáculo. Qué tremendo carácter de estos dos hombres. Separaron firmes en su fe y siempre buscando exaltar el nombre de Dios, creyéndole a Dios, activando su fe. Entonces, en la forma en que ellos expresaron la... la decisión que tomaron, pudieron reflejar el carácter del Señor en ese momento, y Dios les respaldó.
Entonces, aunque hay factores que van a influir en nuestra vida, necesitamos en estos tiempos, en estos tiempos donde la sociedad, la cultura se ha corrompido tanto, donde hoy en día a lo malo le llaman bueno y a lo bueno le llaman malo, necesitamos tener un carácter firme, ¿cierto? Necesitamos poder reflejar el carácter de Cristo en este tiempo.
Perdón, vamos a ver el quinto factor: que tiene que ver con las circunstancias adversas. Todos pasamos por circunstancias adversas, todos pasamos por diferentes situaciones, pasamos por pruebas, por sufrimientos, por dificultades. Todos vivimos. Pero necesitamos nosotros tener un carácter donde estas situaciones no nos hagan desviar del propósito que el Señor tiene para nuestra vida. Las pruebas siempre van a reflejar lo que hay en nuestro corazón. A veces hay pruebas que no las entendemos en el momento, pero al pasar el tiempo, el Señor nos muestra cuál era el propósito de esa prueba. A veces, en medio de la prueba, podemos llegar a caer en la queja, podemos llegar a caer en el enojo, en la ira. Pero Dios quiere que nosotros tengamos un carácter formal. Para eso también son las pruebas y son las dificultades: para probar nuestro carácter, para exponer lo que hay en nuestro corazón.
Cuando el pueblo de Israel estuvo en el desierto, dice que el Señor sacó, sacó a Israel de Egipto con mano fuerte, ¿cierto? Con brazo extendido, lo sacó de la esclavitud, lo sacó de ese lugar de opresión donde ellos estaban en Egipto y los llevó al desierto. Y en el desierto, el corazón de este pueblo fue probado. Pero dice la palabra que ellos empezaron a quejarse, a murmurar, se levantaron contra Dios, decían: "Era mejor como yo estaba antes, como que estábamos mejor que ahora". Entonces, en medio de esa prueba, en medio de ese desierto, se expuso lo que había en el corazón de este pueblo. Y muchas veces Dios va a permitir que pasemos por estas situaciones difíciles para probar lo que hay en nuestro corazón.
Por eso, necesitamos como guerreros del Señor estar atentos, discernir los tiempos, discernir lo que estamos viviendo, pedirle al Señor que quite toda venda, todo velo, no permitir que el enemigo se aproveche de estas situaciones difíciles para traer ser influencia en nuestra vida y hacernos fallar contra el Señor.
Entonces, las dificultades, los sufrimientos, no nos obligan a volvernos malos o amargados, ¿cierto? No nos obliga a eso. No debemos perder el gozo del Señor en estos tiempos. Siempre debemos guardar nuestro corazón. Dice la palabra en Santiago, capítulo 1, versículo 2: "Hermanos míos, tener por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas". Entonces, ¿a qué nos llama esta palabra? A que nos gocemos aún en medio de la dificultad, en medio de las situaciones difíciles, a que siempre el gozo del Señor esté sobre nuestra vida, porque el gozo del Señor es nuestra fortaleza.
En medio de esas circunstancias adversas, también se presentan las injusticias. Muchas veces vamos a vivir injusticias. Y cuando alguien hace algo contra nosotros, cuando hablan mal de nosotros, cuando nos calumnian, nos señalan, cuando algo que uno dice: "Es que esto es injusto, yo no me merezco esto, a mí, ¿por qué me está pasando esto?". Y es un momento de impotencia donde quisiéramos muchas veces salir corriendo, como a pelear con la persona o a enfrentarla o a defendernos, ¿cierto? Pero necesitamos cuidarnos mucho, porque en ese momento podemos... la palabra dice: "Airados, pero no pequéis".
Entonces, en medio de las injusticias, debemos pedirle a Dios la sabiduría y entender que nuestra lucha no es contra carne ni contra sangre. Y el Señor nos ha entregado unas armas poderosas como guerreros para que el Señor pueda, a través de esas armas que nos ha entregado, él pueda pelear por nosotros y darnos la victoria.
Entonces, mire, tenemos que tener mucho cuidado de no ir a orar en contra de una persona para que le vaya mal, o a decirle: "Señor, págame a este igual que él me hizo a mí". No, guardémonos de estas oraciones que no agradan al Señor, no son... no son oraciones correctas delante de Dios. Debemos guardarnos y entender que el enemigo muchas veces va a querer usar nuestra familia, el enemigo va a querer usar las personas que están a nuestro alrededor para hacernos pecar contra Dios, para hacernos desviar del propósito. Pero debemos ser entendidos y sabios, que en medio de las injusticias, Dios está formando nuestro carácter y nos está enseñando a que debemos amar al prójimo, a que debemos perdonar a ese prójimo, a que debemos amar aún a nuestros enemigos. Y a través de aplicar la palabra, de vivirla, Dios nos va a dar la victoria.
Tenemos un ejemplo maravilloso en la palabra, que es la vida de José. José vivió circunstancias adversas, circunstancias que si uno lo piensa, uno dice: "Señor, no sé cómo yo hubiera actuado en medio de esa situación". Pero este varón, la palabra narra en el libro de Génesis, que fue vendido como esclavo por sus propios hermanos. Sus propios hermanos le tenían tanta envidia que lo vendieron como esclavo. Entonces, imagínense el dolor que había en el corazón de José, porque era una injusticia en ese momento, eh, ser vendido por sus propios hermanos como esclavos, a cambiarle totalmente la vida. Pero dice que donde quiera que él llegaba, la gracia de Dios estaba sobre él, porque él, en medio de esa injusticia, guardó su corazón. Fue culpado luego injustamente, ¿cierto? Porque la mujer de Potifar se le insinuó y lo acusó injustamente. Entonces, fue llevado a la cárcel, pasó también por ese proceso de estar en la cárcel injustamente. O sea, este varón vivió tantas injusticias y el Señor estaba siempre con él, porque este varón guardaba su corazón, siempre estaba tener el temor de Dios, siempre estaba en él el hacer la voluntad de Dios, en ser un hombre diligente donde quiera que llegaba, y la gracia de Dios estaba sobre él. Y esto hizo que Dios lo catapultara, ¿cierto? a un nivel mayor.
Cuando nosotros vencemos estas pruebas, vencemos estas situaciones adversas, vamos a ver la gloria de Dios en nuestra vida, porque nuestro carácter está siendo formado para grandes cosas. Guerrero y guerrera del Señor, esas situaciones que estás viviendo difíciles, esas situaciones donde dices: "¿Por qué me pasa esto?". Es porque Dios está formando tu carácter para llevarte a un nuevo nivel de gloria, para posicionarte en el lugar donde él quiere llevarte. Sin formar tu carácter, Dios no te va a poder llevar a ese lugar. Sin que tu carácter sea formado, Dios no te va a poder catapultar a la posición que te quiere llevar y a las puertas que él quiere abrir para tu vida.
Entonces, guarde de este factor de influencia que son las circunstancias adversas y veremos como Dios hará grandes cosas en nuestra vida.
Y el sexto factor que influye es Satanás y sus demonios. Entonces, lo sabemos, ¿no? Es una poderosa influencia, los principados, las potestades, las huestes de maldad. Pero también tenemos una realidad mayor y más poderosa, que es que es más grande, o es mayor el que está en nosotros que el que está en el mundo. Más grande es el que está en nosotros, mucho mayor es el que está en nuestro corazón y nuestra vida para ayudarnos a vencer las obras de las tinieblas. La sangre del Cordero de Dios derramada en la cruz puede derrotar las obras del enemigo. Su palabra dice que los expuso públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
Entonces, en Cristo Jesús somos victoriosos. Cuando nosotros le entregamos nuestra vida al Señor, caminamos con el Señor, él nos va a dar la victoria sobre las obras de las tinieblas.
Y vamos a leer un caso en el libro de Hechos. Vamos a leer Hechos, capítulo 5, versículo 3, sobre Ananías y Zafira. Ananías y Zafira, dice la palabra, y dijo Pedro: "Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo y sustrajeras del precio de la heredad?".
Entonces, la palabra nos enseña que este hombre, esta mujer, mintieron. Le mintieron al Espíritu Santo. O sea, hicieron una promesa que no cumplieron, prometieron algo que ni siquiera el Señor les había pedido, sino ellos mismos se ofrecieron. Pero su corazón se llenó, dice que las obras de las tinieblas del enemigo, el enemigo llenó el corazón de este hombre y esta mujer, y fueron vencidos por las obras de las tinieblas. Tenemos que cuidar nuestro corazón, tenemos que guardarnos, ¿cierto? de toda puerta abierta que tengamos al enemigo. Si necesitamos perdonar, ser ligeros para perdonar, ser pronto para cerrar esos ciclos, guardémonos. Estemos alertas, atentos. Si hay situaciones en nuestra vida que necesitamos arreglar, arreglemos las prontamente, resolvamos situaciones prontamente, cerremos la puerta al pecado, a las tinieblas, porque si nosotros le entregamos un derecho legal al enemigo, él va a poder operar en nosotros.
Ahí vemos como ellos le abrieron una puerta y Satanás llenó el corazón de ellos para pecar contra el Espíritu Santo de Dios, y esto les costó la vida. Dice que ambos cayeron muertos. Y quizás puede ser que en este tiempo no caigamos muertos como ellos, pero va a afectar nuestra vida espiritual, va a venir una... una muerte, pero espiritual, se queda a nuestra vida. Y hoy vemos en hoy en día vemos mucha influencia del enemigo trayendo depresión, ¿cierto? trayendo tristeza, trayendo pensamientos de muerte, de "no quiero vivir", de "quiero dejarlo todo", de "ya no quiero continuar". Y como guerreros, debemos estar todavía más alertas, más atentos, estar discerniendo con el discernimiento activo, nuestros dones activos, para darnos cuenta en qué momento el enemigo quiere venir a influenciar de esta manera nuestra vida y no estemos cayendo en que "no quiero seguir", "no quiero continuar", "me cansé", "quiero devolverme". Bueno, excusas que muchas veces pueden llegar a nuestra mente, a nuestro corazón.
Entonces, guardémonos de esta influencia y estemos siempre alertas, cerrando puertas, rompiendo actas, liberándonos para que el enemigo no gane ventaja en nuestra vida.
Entonces, vimos seis factores que influyen y que necesitamos estar alertas como guerreros y entender que esto no determina el carácter que Dios quiere que tú y yo tengamos.
Ahora, vamos a ver otros factores que ejercen presión. Esos factores ejercen presión en nuestra vida, pero de ningún modo nos justifican para no hacer la voluntad de Dios. Y debemos conocerlos para estar alertas.
Y el primer factor que ejerce una presión fuerte en nosotros es la ignorancia. Es la ignorancia, la falta de conocimiento. En el libro de Oseas, capítulo 4, versículo 6, dice como la primera frase de este texto bíblico: "Mi pueblo está siendo destruido porque no me conoce". ¿Cierto? En otra versión dice: "Mi pueblo ha sido destruido porque le faltó conocimiento".
Entonces, sabemos que también el enemigo se aprovecha de nuestra falta de conocimiento. A través de esta escuela hemos aprendido tantas cosas, hemos podido descubrir las mentiras del enemigo, las vendas que teníamos han caído, y hemos visto cómo, o sea, el antes y el después. El cómo el conocimiento nos amplía la visión, ¿cierto? Podemos ver un poco más allá de lo que antes entendíamos. Por ahora sabemos el porqué pueden suceder muchas cosas en nosotros.
Entonces, la falta de conocimiento es algo que el enemigo aprovecha para ganar ventaja en nuestra vida. La ignorancia. Y y esto es un factor que muchas veces ejerce presión en nosotros, ¿por qué? Porque como nos... si no sabemos el porqué, ¿por qué me está pasando esto? ¿De dónde viene esto? Si no entiendo por qué me suceden las cosas, eso puede hacerme desfallecer, hacerme volver atrás, hacerme desistir de avanzar. Pero el conocimiento me ayuda a traer luz en mi camino. Esa es la palabra de Dios, es esa lámpara que trae lumbrera a nuestro camino. El conocimiento de Dios es ilimitado. Es como si nos paráramos al frente del mar y quisiéramos ver a dónde termina. No podemos ver dónde termina, dónde el mar tiene sus límites. O sea, el mar se ve en su horizonte ilimitado. Así es el conocimiento de Dios. El conocimiento de Dios es ilimitado. No podemos nosotros en ningún momento creer que ya no la sabemos todas, en ningún momento creer en que "no, yo ya, ya no necesito saber más porque yo ya tengo, tengo harto conocimiento, tengo mucho estudio". No, porque el conocimiento de Dios es ilimitado. Dios nos permite acceder a una porción de su conocimiento, a una porción de su palabra.
Entonces, debemos cuidarnos de este factor que ejerce presión sobre nosotros, que es la ignorancia. Ni les quiero leer un texto bíblico para que lo tengan de referencia: En segundo libro de Samuel, capítulo 6, versículo 6 y 7. Segundo libro de Samuel, capítulo 6, versículo 6 y 7. Aquí nos narra la historia de cuando David quiso trasladar el arca de la presencia de Dios a Jerusalén. Ese arca representaba para el pueblo la presencia, el arca es el arca del pacto, representaba la presencia de Dios. Y que dijo, dijo David: "Yo quiero llevar la presencia de Dios a Jerusalén, yo quiero que el arca esté en Jerusalén". Pero por desconocer las directrices de Dios, dice que David llevó el arca de una forma incorrecta. Dios había dado unas instrucciones de cómo el arca se debía trasladar de un lugar a otro, pero David desconocía la palabra y lo llevó de forma incorrecta. Y a causa de esto, a causa de esto, una persona murió, una persona perdió la vida a causa de que de la ignorancia.
Entonces, debemos cuidarnos de buscar la presencia, de buscar su palabra, de adquirir cada vez más conocimiento, de no ser ligeros para hacer las cosas, sino preguntarle al Señor lo que debemos o no debemos hacer.
Otro factor que ejerce presión sobre nuestra vida es la negligencia. Una persona negligente es aquella que en alguna situación concreta se espera que actúe de cierta forma, que tenga un comportamiento determinado, ¿cierto? Pero la persona negligente es la que no lo hace, la que pudiendo hacerlo en esa situación o debiendo hacerlo porque le corresponde, decide no hacerlo. Entonces, esa es la negligencia, ¿cierto? Negarse a hacer lo que le corresponde hacer en cierta situación.
Y tenemos como ejemplo la vida de Nadab y Abiu, los hijos de Aarón, dos sacerdotes que no hicieron lo que les correspondía, fueron negligentes a las directrices que Dios había dado. Y en el libro de Levítico, capítulo 10, vamos a leer el versículo 1 y 2 de Levítico. Dice la palabra: "Nadab y Abiu, hijos de Aarón, pusieron carbones encendidos en sus incensarios y encima, prepararon incienso de esta manera, desobedecieron al Señor al quemar ante él un fuego equivocado, diferente al que él había ordenado. Como consecuencia, un fuego ardiente salió de la presencia del Señor y los consumió por completo, y murieron ante el Señor".
Entonces, estos dos sacerdotes fueron negligentes, ¿por qué? Porque Dios ya había dado unas instrucciones de cómo debían ser esas ofrendas, de cómo se debía quemar el incienso delante de su presencia, y ellos se hicieron lo que Dios no les había pedido que hicieran. Y llegaron, llevaron ante el Señor un fuego extraño ante el Señor. Fueron negligentes en su labor como sacerdotes, y esto les costó la vida.
Entonces, muchas veces podemos abrirle puertas al enemigo a través de la negligencia. Podemos nosotros abrir puertas y necesitamos muchas veces pedirle al Señor perdón, porque en muchas ocasiones somos negligentes en lo que Dios nos ha encomendado a hacer. Dios nos ha dado posiciones, Dios nos ha encargado tareas, nos ha encargado misiones, nos ha comisionado para algún para alguna actividad o para un lugar donde nos ha establecido, y muchas veces hemos sido negligentes, y hay que pedirle al Señor que nos perdone, que nos ayude a hacer las cosas correctas delante de sus ojos.
Otro factor que ejerce presión en nuestra vida es el descuido. El descuido. El descuido es la no ejecución de órdenes y obligaciones y y es no, pues, no darle la gloria a Dios muchas veces. O bueno, debemos entender que nosotros somos representantes del Señor acá en la tierra, que la gente va a estar siempre muy atenta a lo que nosotros hacemos, y cuando nosotros no cumplimos con lo que el Señor nos ha encomendado hacer, pues lo que estamos haciendo es no darle la gloria al Señor a través de nuestra vida.
Vemos la vida de Moisés. Moisés recibía las directrices directamente de Dios. Él escuchaba la voz de Dios, fue un hombre que oraba, que subió al monte, duró 40 días buscando el rostro de Dios, caminó con Dios, era amigo de Dios, y el Señor todo el tiempo le daba directrices y le decía: "Moisés, vas a hacer esto, esto, esto, esto, esto, esto". Y en el libro de Éxodo vemos Moisés cumplía al pie de la letra lo que Dios le daba las instrucciones para hacer el templo, el tabernáculo, y siempre la palabra decía: "Y Moisés hizo como Dios le mandó, y Moisés hizo como Dios le mandó".
Pero hubo una ocasión donde Moisés no hizo lo que Dios le mandó. Eso quedó registrado en el libro de Números, capítulo 20, versículos del 8 al 11. Y les dejo el texto bíblico para que usted lo lea: Números 20, del versículo 8 al 11. Dice que porque el Señor le habló a Moisés y le dijo que el pueblo de Israel estaba pidiendo agua, necesitaba agua, querían agua, y el Señor le dijo a Aarón y le dijo a Moisés: "Ve y háblale a la roca. Dijo: 'Ve, preséntate a todo el pueblo y háblale a la roca, y cuando tú le hables a la roca, de ella va a brotar agua'".
Pero Moisés, esta influencia ejerció presión sobre él en ese momento, y hubo un descuido de Moisés. Y dice que en lugar de hablarle a la roca, lo que hizo fue golpear la roca dos veces con la vara. Y pues sí, salió agua, pero no glorificó el nombre de Dios, porque tuvo un descuido. Debemos guardarnos, porque muchas de estas, muchas de estos factores van a ejercer en nosotros una presión que en un momento dado podemos, nos pueden llevar a algo que ejerce presión es algo que que está ahí como queriendo empujar, como a que queriéndonos hacer cosas que no, no queremos hacer. Entonces, este factor está ahí, presionando, presionando, presionando, y Moisés permitió que ejerciera presión en él y tuvo un descuido, no ejecutó las órdenes y las obligaciones por presión, por la presión que ejercía este factor en su vida.
Entonces, las presiones es un factor que que todo el tiempo está ahí, ¿cierto? Los amigos, el entorno, la cultura, la familia, aún la economía, son factores que ejercen presión en nuestra vida. Muchas veces, cuando laboramos, nos... muchas veces tenemos que trabajar bajo presión, nos piden muchas cosas, nos hablan muchas personas y ejercen una presión que nos pueden llegar en un momento dado a llevar a tomar decisiones incorrectas. Por eso debemos nosotros estar alertas a estos factores que ejercen presión en nuestra vida.
En el libro de Samuel nos hablan del Rey Saúl. El Rey Saúl reinó sobre Israel, ¿cierto? Y este tiempo, Samuel era el sacerdote. El rey tenía unas obligaciones y el sacerdote tenía otras. El sacerdote era el encargado de presentar las ofrendas quemadas delante del Señor, de buscar el rostro de Dios, y Dios hablaba a través del sacerdote, ¿cierto? El rey, pues, era el que gobernaba, ejecutaba, pues, eh, las directrices del reino, pero el rey no estaba autorizado a presentar ofrendas quemadas delante del Señor, no estaba autorizado.
Y dice que en un momento, ellos siempre, antes de ir a la guerra, ellos presentaban sacrificios delante del Señor. O sea, eso el pueblo de Israel siempre consagraba aún esos tiempos para Dios. Antes de ir a la guerra, ellos iban a adorar, iban a buscar el rostro de Dios, presentaban sacrificios, escuchar la voz de Dios, ¿cierto? para saber si era voluntad de Dios o no ir a esa guerra. Y dice que este Rey Saúl empezó a sentir presión, empezó a sentir presión sobre él, porque ya el tiempo estaba corriendo y ya era hora de ir a la guerra, y nada que iba, nada que llegaba el sacerdote para presentar las ofrendas, el sacrificio. Y fue tanta la presión de este factor sobre él, que él tomó la decisión de él mismo presentar las ofrendas y no esperó al sacerdote.
Y ¿qué pasó con este rey? Dice que esto le costó el reinado. Dios le quitó el reinado a Saúl. Hay un texto bíblico donde dice la palabra que Dios prefiere la obediencia que los sacrificios. Dios prefiere la obediencia que los sacrificios. Entonces, ese rey perdió el reinado por causa de las presiones.
Otro factor que ejerce presión en nuestra vida es el área sexual. El área sexual es un factor que ejerce una influencia, una presión, sobre todo cuando hay personas que están solteras, que no se han casado, que están lidiando, digámoslo así, o enfrentando la soledad, el estar solos, el quizás: "Señor, todavía no tengo hijos, no me he casado". Esto es un factor que ejerce una... una presión en nuestra vida. Y más cuando las personas que están a nuestro alrededor nos preguntan: "¿Y cuándo se casan?", "¿Y ya tienen novio?", "¿Y ya tienen novia?", "Para cuándo es el matrimonio?", "¿Se va a quedar soltero?", "¿Se va a quedar solterona?". Entonces, son factores, es un factor que influye una presión tremenda.
El área sexual. Debemos guardarnos y aún más como guerreros del Señor en santidad. Si tú eres soltero, debes guardar tu área sexual. Si tú eres casado, guardar tu área sexual, guardar los ojos de toda, de toda mirada seductora, guardar tu corazón, los pensamientos, lo que sueñas, estar alertas, porque el enemigo está también sabe que es un área donde podemos llegar a ser débiles en algún momento.
Entonces, el área sexual es un área de mucho cuidado como guerreros del Señor. Debemos cerrar constantemente puertas al enemigo en esa área, estar siempre muy, muy atentos, muy entendidos en lo que está sucediendo en nuestro alrededor, cuidarnos mucho en el área sexual, porque ejerce muchísima presión en nuestra vida.
En vemos también la historia de José. José dice que fue seducido por la mujer de Potifar y constantemente lo asediaba, lo deseaba, siempre le decía: "Acuéstate conmigo, ven". Y José tenía que lidiar con eso. Un jovencito que estaba soltero, o sea, para José tuvo que haber sido muy difícil resistir esa tentación. Pero hay un texto bíblico que está en Génesis 39:9. La respuesta de José evidencia su carácter, evidencia lo que hay en su corazón. Génesis 39:9: "En esta casa no hay nadie más importante que yo. Mi patrón no me ha negado nada, excepto usted", le contesta él a esta mujer, a la esposa de Potifar. "Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios".
Entonces, que el temor de Dios siempre esté en nuestro corazón para guardarnos en el área sexual.
Y el último factor de presión en nuestra vida es la obediencia de vida. Entonces, mire, todos nosotros en algún área de nuestra vida estamos bajo autoridad. En nuestro trabajo tenemos jefes, en si estamos en la... también estamos bajo autoridad, los maestros, rectores, acá en la escuela de guerreros también estamos bajo autoridad y un orden jerárquico. En la autoridad...
No, por ejemplo. Acá está, comandante, su comandante, capitanes. Hay un orden jerárquico en el cual nosotros, pues, debemos una obediencia. Pero debemos cuidarnos porque nuestra obediencia no puede ser una obediencia ciega. No puede ser una obediencia a que yo esté bajo una autoridad que a mí me envíe hacer cosas incorrectas que desagraden a Dios. No, yo debo guardar mi corazón y entender que mi mayor obediencia se la debo a Dios. Que mi corazón debe estar guardado para obedecer primeramente al Padre celestial y que estas autoridades las voy a bendecir, voy a sujetarme a ellas, obedecerlas. Pero si en algún momento estas autoridades me piden hacer algo que va en contra de la palabra, de los principios, de lo que Dios ha encomendado hacer, yo no puedo pecar contra Dios.
Está el libro de Daniel, capítulo 3, versículos del 15 al 18. Les voy a parafrasear un poco. En el libro de Daniel vemos a los tres amigos de Daniel que son Sadrac, Mesac y Abed-nego. Estos tres amigos de Daniel, dice que fueron lanzados al horno de fuego. ¿Y por qué fueron lanzados a este horno de fuego? Porque el rey había levantado una estatua para que le adoraran. Y dice que cada vez que sonaba la trompeta, la flauta, todo el pueblo, todo el mundo se tenía que postrar, inclinar delante de esa estatua y adorarla. Pero Sadrac, Mesac y Abed-nego, ellos no estaban dispuestos a doblar sus rodillas ante esta estatua porque ellos sabían cuál era el Dios que ellos servían. Y aunque ellos estaban bajo la autoridad del rey Nabucodonosor, ellos se guardaron, cierto, en el temor de Dios. Y por esa causa es que ellos fueron lanzados al horno de fuego.
Y ellos, la declaración que ellos hacen, y aquí podemos evidenciar el carácter de estos tres hombres, de esos tres jóvenes, es que ellos dijeron: "Nosotros, al Dios que servimos, el Dios que servimos, no vamos a abandonarlo. O sea, si él nos libra del horno, amén. Pero si él decide no salvarnos, aún así nosotros le seguiremos adorando solamente a él y no nos postraremos ante esa estatua, ante esa imagen que usted nos pide que lo hagamos." Y por esa causa fueron lanzados a ese horno de fuego.
Entonces, esta obediencia debida en algún momento puede ejercer una presión sobre nosotros y debemos cuidarnos de no pecar contra Dios, de nunca dejar de hacer la voluntad de Dios. Entonces, mire todos estos factores que constantemente están ejerciendo influencia en nuestra vida. Factores en los cuales nosotros, como guerreros, debemos estar alertas, atentos cuando cuando se presenten en nuestra vida. Más los que ejercen presión, porque estos que ejercen presión, no, no nos lo que vienen, nos vienen es como a bloquear nuestra mente, a bloquearnos para hacernos pecar contra Dios, para hacernos desviar de la voluntad de Dios.
Entonces, debemos estar alertas como guerreros siempre para poder hacer la voluntad de Dios y permitir que el Señor forme su carácter en nosotros conforme a la medida de la estatura en Cristo Jesús. Jesús es nuestro modelo a seguir. Por eso nuestra mirada siempre debe estar en Jesús. Los hombres, los que están a nuestro alrededor, en algún momento se pueden equivocar, pueden fallar. Por eso no es nuestra mirada debe estar en Jesús y entender que todos, todos, todos, todos estamos siendo formados en nuestro carácter. Dios nos nos utiliza a nosotros, nos usa como instrumento para ayudar en la formación de otros y así sucesivamente. Nosotros nos ayudan a formar a nosotros, pero todos estamos en el proceso de ser formados conforme a qué, a la imagen de Cristo Jesús. Jesús es el modelo a seguir, es el que el Señor quiere que nosotros reflejemos acá en la tierra. Así como Jesús era el rostro visible del Dios invisible, la imagen visible del Dios invisible, así mismo Dios quiere hacer de cada uno de nosotros esa imagen visible de lo que quién es el Señor, de quién es Cristo Jesús en nuestra vida.
Bueno, vamos a orar. Vamos a estar, vamos a entrar en un tiempo de liberación. Yo le invito a usted allá que se prepare por un momento. Si necesita pausar este video para ir a tomar una bolsa, una vasija, algo, un pañuelo, bueno, lo invito a que se prepare. Vamos a tomar también una hoja para hacer ese rompimiento de actas y vamos a entrar en un tiempo de liberación. Yo le invito, guerrero, a que se disponga. Y es importante que haya una declaración de nuestra boca. Cada vez que renunciamos, la palabra dice que el que confiesa sus pecados y se aparta, alcanza misericordia. Y es necesario que haya una confesión de labios. Entonces, yo le invito ahí y vamos a entrar en ese tiempo. Le invito a que cierre sus ojos para que no se distraigan y entre en este tiempo glorioso de lo que Dios va a hacer en su vida.
Bueno, Padre, en esta hora, Señor, nos presentamos ante tu presencia, dándote toda gloria y toda honra. Solo a ti, Señor, venimos, amado Rey. Señor, atando toda obra de venganza, de retaliación del enemigo, Señor. Y venimos tomando la autoridad en Cristo Jesús, Señor, para este tiempo. Dios, te pedimos, Padre celestial, una activación de ángeles de tu trono que desciendan a cada hogar donde están estos guerreros ahí. Entrando ángeles, entrando a estas casas, entrando a estos lugares, atando todo poder del enemigo, todo lo que se quiera levantar en esta hora, todo lo que quiera venir a impedir que tu gloria, Señor, descienda sobre estas vidas, sobre estos lugares. Señor, venimos, Señor, presentándonos delante de tus tribunales, tribunales, delante de tu trono, Señor, a pedirte perdón por esos pecados que hemos cometido de forma consciente, inconsciente. Nos presentamos tal y como somos, Señor. Todo lo que somos, Señor, lo presentamos ante ti. Amado, le quitamos toda máscara, todo velo, toda venda, Señor, y reconocemos nuestro pecado delante de tu presencia, Señor.
Venimos colocando esa herencia genética delante de ti. Presentamos, Señor, ese óvulo, presentamos ese espermatozoide, Señor, que concibieron y nos dieron vida, Señor, desde el vientre de nuestras madres. Hoy lo presentamos delante de ti. Hoy venimos, Padre, en el nombre de Jesús, renunciando a toda herencia de pecado que se transmitió por la línea paterna, materna. Hoy renunciamos a toda herencia de iniquidad, Señor, que haya venido a nuestras vidas por esa herencia paterna y materna. Hoy venimos renunciando a toda naturaleza pecaminosa que se gestó en ese momento de la concepción, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Hoy aplicamos la sangre del cordero sobre ese espermatozoide, sobre ese óvulo, quemando, destruyendo todo poder de iniquidad, todo poder de pecado, en el nombre poderoso de Cristo Jesús.
Ahora venimos renunciando, Señor, a esa herencia, Padre, que han venido de padres a hijos. Y ahí vamos, empieza a renunciar a todo pecado de adulterio, de fornicación, a todo pecado de la lujuria, de inmundicia. Venimos renunciando a toda herencia, Padre, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, de homosexualismo, del lesbianismo. Venimos renunciando a toda herencia de alcoholismo, de drogadicción. Ahora, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, venimos renunciando, Señora, a esa naturaleza pecaminosa de envidia, de egoísmo, de ira, de contiendas, Padre, en el nombre poderoso de Cristo Jesús de Nazaret, Señor. Venimos renunciando, Señor, a todo lo que nos enseñaron nuestros padres, espíritus de rechazo. Hoy renunciamos a esos espíritus, ahora en el nombre poderoso de Cristo Jesús, de rechazo desde el mismo vientre, aún palabras de maldición que lanzaron en contra de nosotros. Autoridades, ahora renunciamos a esas palabras de maldición que nos lanzaron en nuestra niñez, aún estando desde el vientre, en nuestra primera etapa de crecimiento. Dios, venimos renunciando a toda palabra de maldición lanzada en contra de nuestras vidas, Señor, en el nombre poderoso de Cristo Jesús.
Aún pedimos perdón, Señor, si en algún momento quisimos parecernos a un artista o quisimos lanzamos palabras diciendo: "Me quiero parecer a esta persona". Hoy pedimos perdón y renunciamos a eso, Señor. Padre, declarando, Señor, que hoy tomamos el modelo a seguir de Cristo Jesús, Señor, que él es el que nos va a formar nuestro carácter conforme a Cristo Jesús, Señor. Hoy renunciamos a esos malos ejemplos. Hoy renunciamos, Señora, a esa influencia negativa que vino sobre nuestra vida. Renunciamos también a esas circunstancias adversas, Señor, Padre, dificultades, injusticias. Perdónanos, Señor, si en algún momento deseamos, Padre, vengarnos de otra persona. Hoy pedimos por la venganza, pedimos perdón por la queja, pedimos perdón, Señor, aún por pecar contra ti, Señor, Padre, por creer, Señor, que tú nos estabas enviando, no nos estabas ayudando, que tú no estabas con nosotros en algún momento en medio de la prueba. Pensamos que nos habías abandonado, que nos habías dejado. Dios, hoy pedimos perdón, Señor, y venimos renunciando, Padre, a toda palabra de queja, de murmuración, a toda injusticia. Hoy venimos renunciando, Señora, a toda sed de venganza. Hoy venimos renunciando, Señor, y pidiendo perdón, Señor, esas oraciones que lanzamos, Padre celestial, contra otras vidas para hacerles daño, en el nombre poderoso de Cristo Jesús de Nazaret.
Señor, hoy también, Señor, te pedimos perdón por abrirle puertas al enemigo, a las obras de las tinieblas. Señor, perdónanos por la falta de perdón, por el rencor, por la ira. Hoy renunciamos a eso, Señor, y hoy le cerramos la puerta al enemigo. Hoy venimos renunciando también a la ignorancia, Dios, a la falta de conocimiento, a negarnos, Señor, a aprender, a negarnos, amado Rey, Señor, obedecer tu palabra. Dios, hoy te pedimos perdón por la ignorancia, por la negligencia. Hoy renunciamos a eso, renunciamos al descuido, renunciamos, Señor, a esas presiones, a esas cargas que el enemigo ha querido colocar en nosotros. Hoy renunciamos a toda falsa carga. Hoy renunciamos, Señor, en nuestra área sexual, a todo lo que viene a traer lujuria, perversión, Señor, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Renunciamos a toda obra de pornografía, imágenes que aún por las redes sociales han entrado, Señor, a nuestros ojos, a nuestra mente, a nuestro consciente, inconsciente, subconsciente. Hoy venimos renunciando, Señor, a esto, Señor. Hoy, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, Señor, hoy, Padre celestial, perdónanos y hemos permitido que las presiones, amado Rey, nos hagan pecar contra ti, nos hagan desviarnos de tu voluntad. Perdona, Rey. Hoy renunciamos, Señor, a todo esto, Señor, a la desobediencia. Hoy renunciamos a la rebeldía, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Amén.
Renunciamos a toda obra de brujería y de hechicería, Señor, por palabras que ha venido a nuestra vida. Hoy venimos renunciando en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Y venimos, Señor, presentando esas actas. Yo te invito a que tú tomes ahí una hoja o presentes esa acta si ya la tienes ahí lista en tu mano. Vamos, presenta esas actas delante del Señor. Dile: "Señor, presento esas actas que el enemigo tenía en mi contra, Señor. Ahora, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, yo vengo renunciando a esas actas, amado Rey, de pecado, de maldad, de herencias genéticas, Señor, Padre, por la línea paterna, materna, de rechazo. Esas actas las presento delante de ti. Ya renuncié a ella, Señor, he pedido perdón, Señor, y hoy presento este papel, esta hoja, delante de tu presencia, Señor, y así como se rompe este papel en el mundo físico, yo declaro que se rompe en el mundo espiritual. Ahora yo te pido, Señor, que ángeles de tu trono vayan y rompan esas actas, vayan y busquen esas actas que el enemigo tenía en mi contra, en contra de mis generaciones, y sean rotas. Ahora todo lo que usted obstaculizaba mi avance, Padre, por la negligencia, por la falta de conocimiento, Dios, ahora se han rotas, Padre, esas actas en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Señor, rompemos esas actas, Señor, en el área sexual, de legalidad que el enemigo tenía, Señor, en mi vida. Dios, hoy rompo esas actas de legalidad, Señor, en mi área sexual. Hoy mi área sexual se limpia, se libera, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Hoy mis emociones se liberan. Hoy rompe esas actas que el enemigo tenía en mi vida, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Se rompen ahora, se destruyen. Ángeles, ahora vayan y rompan esas actas en el mundo espiritual. Ahora busquen esas actas y rómpanlas ahora, en el nombre poderoso de Cristo Jesús de Nazaret.
Señor, yo declaro libertad sobre mi vida, victoria en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Señor, damos gracias, amado Rey, porque sabemos que en la cruz, Señor, tú venciste el poder del enemigo. En la cruz, subvenciste la enfermedad, venciste las maldiciones. En la enfermedad, Señor, derrotaste el pecado. Señor, en la cruz, Señor, tú derrotaste, amado Rey, Señor, las obras del enemigo. Señor, y declaramos victoria sobre cada uno de nosotros. Y hay guerrero, te invito a que ahí con tus ojitos cerrados, ya no vas a orar, yo voy a orar por ti. Ya tú no vas a orar más, yo voy a orar por ti. Te invito ya que cierres tu boca por un momento y vas a estar, vas a estar escuchando esta oración.
Padre, en el nombre de Jesús, yo coloco estos guerreros delante de ti, cada vida, Señor, en esta hora, Dios, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Señor, las actas han sido rotas, le hemos quitado todo derecho legal al enemigo, a las tinieblas. Señor, las actas, Señor, ya no tienen poder sobre estas vidas. Y ahora, todo espíritu inmundo que está alojado en este cuerpo, en esta vida, ahora yo le doy la orden de que suba y salga, ahora en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ahora, espíritus inmundos que se arraigaron ahí desde el mismo momento de la concepción, en el óvulo, en el espermatozoide que se unió en el coito, ahora, ahora se desarraigan en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ahora suelten, ahora el ADN de este guerrero, de esta guerrera, suelten ahora los genes de ellos. Ahora se destruye esa naturaleza pecaminosa, esa herencia genética de pecado. Ahora la sangre del cordero de Dios empieza a quemar, a destruir, ahora en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ahora estas maldiciones generacionales, ancestrales, por la línea paterna y materna, ahora ángeles, ahora arrancando todo demonio, enviándolo al abismo y sin retorno. Ahora sale de su cuerpo, ahora subiendo y saliéndose, desarraiga de su ADN, se desarraiga de su sangre, ahora en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ahora de su sistema linfático, de su sistema circulatorio, de su sistema óseo, de su sistema muscular, de su sistema nervioso, ahora se desarraigan espíritus inmundos que están ahí escondidos. Ahora salen, salen, ahora salen. Ahora ángeles, arráquenlos, ahora, al abismo y sin retorno. Desarraigándolos ahora de ese cuerpo, desarraigándolos ahora de ese ADN, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ahora la sangre del cordero viene sobre ese ADN, ahora viene quemando, destruyendo. Ahora espíritus inmundos, ahora se queman por el poder de la sangre del cordero de Dios. Ahora y salen de ese cuerpo, suelten ahora, suelten ese cuerpo, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ahora salen de su mente, de su consciente, inconsciente, subconsciente. Ahora, ahora suben y salen, salen de su mente. Ahora ángeles, desarraigando, ahora de la mente de este guerrero, de esta guerrera. Ahora toda obra de tinieblas, de oscuridad, desarraigando, ahora fortalezas mentales que levantaron, ahora desde la niñez, ahora se rompen, se destruyen esas fortalezas. Y ahora se desarraigan de su mente, se desarrollan de sus pensamientos, se desarrollan aún de lo más profundo de su alma. Ahora, ahora, ahora, ahora, espíritus inmundos, ahora de control mental, ahora salen de su mente. Todo lo que ha venido a letargo, todo lo que ha venido a traer en tenebrecimiento de la mente, ahora se desarraigan en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Espíritus inmundos que han venido a traer negligencia, que han venido a traer ignorancia, ahora suelten esa mente. Es una orden, se desarraigan ahora en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ahora esas fortalezas se derriban. Ahora la palabra como martillo, destruyendo ahora fortalezas mentales. Ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, sales, ahora sales, ahora sales, por la boca, ahora sale, sale, sale, al abismo y sin retorno. Ángeles, desarraiguen ahora, aten y echen fuera en el nombre poderoso de Cristo Jesús de Nazaret. Ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, desarraigando, subiendo y saliendo. Vamos, guerrero, ahí, respira profundo, bota por la boca. Vamos, respira profundo, bota por la boca. Ahora está siendo libre. Ahora ahí está subiendo y saliendo, ahora en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ahora demonios que se habían ahí camuflado, escondido ahí en su columna vertebral, ahora subiendo y saliéndose, desarraigan de esa columna vertebral. Ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora se desarraigan. Ahora, ahora, ángeles rompiendo esas cadenas, esas ataduras. Ahora, ahora, rompiendo ahí todo lo que impedía el avance, ahí en los pies, todo lo que les impedía a ellos caminar y avanzar al propósito de Dios. Ahora se destruyen esos grilletes, se destruyen esas cadenas. Ahora se rompen. Fuego de Dios ahora sobre las piernas de estos guerreros. Ahora fuego de Dios venga ahora lo que les impide crecer en el carácter de Cristo. Ahora se rompe, se rompe esas ataduras en sus manos. Ahora, ahora, esos yugos de opresión ahora caen por tierra en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ángeles, rompan, destruyan ahora esos grilletes, destruyan esas cadenas, destruyan esos yugos de opresión que estaban sobre estas vidas que les impedía el que les impedía crecer, que les impedía avanzar en el reino. Ahora se destruye, se destruyen. Ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, en el nombre poderoso de Cristo Jesús de Nazaret.
Ahora, ángeles, ahora limpiando, limpiando el vientre de estos guerreros, ahí en el nombre de Jesús. Toda obra de pitón, ahora toda obra de kundalini, deje saber. Ahora ángeles, córtele la cabeza a toda serpiente. Ahora espada de fuego, espada de Jehová, ahora cortándole la cabeza a la serpiente. Ahora esos huevos de áspid explotan, subiendo y saliendo al abismo y sin retorno. Ahora, ahora, ángeles cortándole la cabeza a toda serpiente. Al fuego de Jehová venga ahora cortando, cortando, destruyendo, ahora en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Y ahora, guerrero, a la cuenta de tres, vas a toser. A la cuenta de tres, vas a toser en el nombre de Cristo Jesús. Uno, dos y tres. Vamos, empieza a toser, empieza a toser. Sale, sale, se rompe todo anclaje, sale desde el vientre, subiendo y saliendo al abismo y sin retorno. Ahí se rompe el anclaje. Ahora sale de ese cuerpo, sale de esa vida. Es una orden, no bajas al alma, sales. Es una orden y no te la quito. La orden es eterna y no te la quito. Te desarraigas de su vientre, te desarraigas de su columna. Ahora de su pecho, espíritu de temor, sales ahí. Ahora es una orden en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ahora subiendo y saliendo, espíritus de rechazo, fuera. Ahora te vas ahora de ese cuerpo, de esa vida, lo sueltas ahora en el nombre poderoso de Cristo Jesús de Nazaret. Ahora, ahora, espíritus inmundos que traían pensamientos, ahora, ahora, ahora se van, ahora en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Subiendo y saliendo al abismo y sin retorno. Es una orden, sale, sale, ahí, libre eres, eres libre, libre, libre, libre, libre, libre, en el nombre de Jesús.
Los ángeles, vayan y saquen a estos guerreros de esos lugares de oscuridad, de tinieblas, toda cárcel donde ellos se encontraban, aún desde el mismo vientre de mamá. Ahora ángeles, sacando a estos guerreros de ese lugar de oscuridad, de tinieblas, ahora en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Te metieron a esas cárceles a través de las palabras cuando estabas pequeño, que te dijeron que no servías, que no valías, que eras un estorbo. Ahora ahí te metieron, pero ahora en el nombre de Jesús de Nazaret, sales de ese lugar, sales de ese lugar de rechazo, sales de ese lugar que no te ha permitido crecer a la estatura de Cristo Jesús. Ahora sales de ahí. Ángeles, sáquenlos de esas cárceles, de esas prisiones, ahora de oscuridad, de rechazo, de muerte. Ahora salgan de ahí. Ángeles, sáquenlos, sáquelos a la luz de Cristo, a tierra de libertad. Salen ahora, tierra de libertad, la luz de Cristo, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ahora, ahora salen, salen, salen, salen. Ahora esas cárceles se han clausuradas, se han destruidas para que nunca más vuelvan a esos lugares. Ahora, ahora, ahora, ahora, esa alma que se había fragmentado, ahora vuelve a ti. Ahora toma asiento tu alma, ahora toma asiento tu alma para que pueda recibir el depósito de Dios, lo que Dios tiene para tu vida. Ahora, ahora, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ahora empiezas a crecer a la imagen de Cristo, conforme al carácter de Cristo Jesús de Nazaret en tu vida.
Vamos a ir por un momento, dile: "Señor, gracias. Gracias, Señor, porque me estás dando la victoria, porque me has dado libertad, vida. Gracias, Señor." Y vamos, dile: "Espíritu Santo de Dios, llena, llena, lléname, lléname, lléname. El depósito en mi vida, todo espacio que haya quedado vacío. Vamos, dile: Espíritu Santo de Dios, lléname de tu presencia, desde la cabeza hasta los pies, lléname, lléname, lléname aún más." Vamos, dile: "Guerrero, Espíritu Santo, lléname de tu presencia." Y el Espíritu Santo de Dios está activando dones en tu vida en el nombre de Jesús. El Espíritu Santo está llenando de luz, de luz, todo tu ser. Tu mente está llena ahora de la luz de Cristo. Ahora la luz está entrando a tus pensamientos, ahí a tu corazón, en el nombre de Jesús. Vamos, recibe sanidad divina. Hay órganos que están siendo sanados en este momento, hay órganos, columnas que están siendo sanadas. Vamos, recibe sanidad de Dios en esta hora. La sanidad de Dios viene ahora sobre tu vida, la sanidad de Dios viene ahora sobre tu cuerpo, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Ahí en tu sangre habían problemas en tu sangre, pero ahora tu sangre está siendo sanada. El viene de Dios viene ahora sobre ti, guerrero. Vamos, recibe el ADN del Padre, recibe el ADN de Dios sobre tu vida. Ahora, vamos, recibe, recibe el ADN de Dios. Ahora en ti, ahora la sangre de Jesús está siendo vertida sobre tu cuerpo. Ahora, ahora, ahora, ahora, vamos, recibe la identidad de Cristo en tu vida, en el nombre poderoso de Cristo Jesús de Nazaret.
Ahí el Señor está colocando una vestidura nueva. El Señor está colocando una gracia sobre ti, sobre tu rostro, iluminando tu rostro, tu cuerpo, y está trayendo una vestidura nueva sobre ti, guerrero, guerrera de Dios. Vamos, dile: "Señor, yo recibo esa investidura nueva que tú traes sobre mi vida y declaro que voy a crecer a la imagen de Cristo Jesús, el autor y consumador de la fe." Nos dile: "Gracias, Señor." Y yo quiero que te unas, guerrero, a esta oración conmigo. Vamos a atar las obras de la venganza. Vamos a atar toda obra de retaliación, Señor. Atamos toda obra de venganza, retaliación del enemigo, todo ataque, todo contraataque, Señor, y que declaramos que las obras de las tinieblas no prevalecerán sobre nuestra vida ni nuestra casa. Levantamos muros de fuego fortificado alrededor de cada uno de nuestros hogares y declaramos que la cobertura tuya, Señor, está sobre cada uno de nosotros. Padre, en el nombre de Jesús. Amén y amén.
Te damos gracias, Señor. Glorificamos tu nombre, Dios. Gracias por la vida de estos guerreros, Señor, y sea amado Rey, que tú les ayudarás a crecer más en tu voluntad. Yo los bendigo y te doy gracias por la vida de cada uno de ellos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Dios me les bendiga.