📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Platón - Menón (o de la virtud)

Filosofía Apuntes28:25

Transcription

[Música] Hola a todos los amigos de Filosofía Apuntes. Hoy es 5 de marzo. Hemos estado un poco ocupados antes de lanzar otro podcast. Seguimos con Platón, por si acaso, para que usted no se pierda. Sin embargo, el tema que veremos hoy es, se podría decir, el proceso más triste en toda la historia de la filosofía. Aquí comienza el duro camino donde Sócrates es llevado a su lecho de muerte. Este, este episodio de la vida de Sócrates es conocido como el camino de la 5ta [Música].

Es un joven aristócrata con mucha curiosidad sobre lo que Sócrates puede saber sobre lo de la virtud. En este diálogo no solo entenderemos lo que es la virtud, sino que también presenciamos la primera mención al juicio de Sócrates por parte de Ménon. Ménon era un político ateniense que estaba en contra de los 30 tiranos de Grecia. Además, fue uno de los acusadores de Sócrates. Esto lo veremos, en todo caso, más tarde y atentamente en la Apología de Sócrates. Bueno, es justamente cómo se llama así el libro, ¿no es cierto? Ménon, que es un aristócrata, ¿no es cierto?, que trata de resolver algunas cosas con Sócrates, que de hecho es el concepto de virtud. Por lo tanto, iniciemos este duro camino viendo el concepto de virtud. [Música]

La primera pregunta, chiquillos, sin contexto ni nada, es: ¿cómo se adquiere la virtud? ¿Es enseñable o viene así, digamos, por naturaleza? Sócrates le confiesa que no sabe lo que es la virtud ni nada de cómo puede adquirirse, y pide a Ménon si él puede intentar definirla, ya que Ménon, ¿no es cierto?, había estado con Gorgias, y Gorgias, digamos, acuérdense que era un sofista, un aristócrata también, igual que Ménon. Por lo tanto, nos aventuramos con la primera definición de Ménon. Fíjense por favor, pongan la atención si quieren, por favor tomen un cuaderno, vayan apuntando. La primera definición de Ménon es esta: ser capaz de manejar los asuntos de la ciudad y, al hacerlo, beneficiar a sus amigos y dañar a sus enemigos, cuidándose uno mismo de no sufrir. Voy a repetir: la virtud es ser capaz de manejar los asuntos de la ciudad y, al hacerlo, beneficiar a sus amigos y dañar a sus enemigos, cuidándose uno mismo de no sufrir. Y en virtud en cuanto a la mujer, dice, digamos, esto se añade a la primera definición: es que debe administrar bien su casa, preservando en buen estado lo que hay dentro de ella y obediencia a su marido. Nos dice que, en general, hay una especie de virtud para cada ocupación, pero Sócrates, ¿no es cierto?, no, obviamente, como siempre, pareciera estar no muy conforme con la definición de virtud que hace Ménon. [Música]

Toda la palabra, ¿no es cierto?, tiene una misma esencia. Ya no hay por qué definir, no hay por qué desglosar tanto una definición, dice Sócrates. Pues, por ejemplo, una abeja no difiere de otra abeja por ser abeja, ya. O sea, todas las abejas tienen la misma esencia. Uno, cuando ve una abeja, puede reconocer una y puede reconocer otra, aunque sean distintas ligeramente. Uno siempre puede reconocer, pues, y reconocer que hay una esencia, ¿no es cierto?, que algo me dice que algo es una abeja, o cierto, algo me dice que algo es saludable, que ese hombre es ácido. Hay algo, hay una esencia que nos dice eso, y por lo tanto no es necesario dar tanta definición como hizo Ménon: ser capaz de manejar los asuntos de la ciudad y, al hacerlo, beneficiar a sus amigos y dañar a sus enemigos, cuidándose uno mismo de no sufrir. Son muchas cosas, dice Sócrates, antes de la definición. Debe ser algo más acotado, de alguna… bueno. En todo caso, sigue afirmando lo mismo, no se sigue sosteniendo su opinión, diciendo: ¿no es cierto que la virtud difiere en cuanto al género, oficio? O sea, la virtud del hombre no es la misma virtud que la mujer, dice Ménon. Pero Sócrates, tomando la primera definición, le dice que si es posible administrar bien una justicia, una ciudad, sin moderación y justicia. ¿Es posible administrar una ciudad sin moderación ni justicia? La respuesta, naturalmente, es no. Por lo tanto, quiere decir que la virtud sin moderación y justicia no se puede alcanzar. Por otra parte, la moderación y la justicia formarían parte de la virtud, ¿no cierto? O sea, más allá de que esté destinado a un hombre o una mujer, como siempre, que esta es la opinión de Ménon. En realidad, la virtud tiene que… ¿qué tiene que ver con la moderación y la justicia?, dice Sócrates. Así, ¿no es cierto?, queda establecido que cualquiera que tenga moderación y justicia puede llegar a la virtud, puede llegar a la virtud. Por lo tanto, no es una cuestión, Sócrates, aquí, de género. Muy adelantado Sócrates a su tiempo. Fíjense cómo él dice: bueno, esto no es una cuestión de género, si es una cuestión de moderación y justicia. Ya sigamos con la segunda definición de Ménon.

Ahora que Ménon entiende que no se puede adjudicar un tipo de justicia a un solo ser, nos da una definición un poco más acertada, pero un poco más… dice: la virtud es ser capaz de mandar a los hombres. Bueno, Sócrates le reclama si es propio de un niño, de un esclavo, mandar, y Ménon responde negativamente. Un niño no manda, por cierto, pero Sócrates añade que si bien el hombre, si bien el hombre manda, ¿no cierto?, y lo puede hacer en virtud, tiene que hacerlo en forma justa, ¿no es cierto? O sea, además de ser capaz de mandar a los hombres, tiene que ser capaz de mandar a los hombres de manera justa, con justicia. [Música]

Pero en realidad Sócrates le dice que la justicia es más bien un tipo de virtud. Al comprender esto, Ménon le menciona muchas otras cosas que pueden estar relacionadas con la virtud: la valentía, el saber, la moderación, la magnificencia. Sin embargo, Sócrates le advierte que han caído en el mismo problema de la primera definición, es decir, dar múltiples definiciones a la virtud. En efecto, cuando uno le dicen: bueno, por ejemplo, que la justicia… a mira, que la justicia de esto y según esto, esto… entonces Sócrates, ¿no siento que es un filósofo de las esencias?, ¿no es cierto?, dice: pero ¿cómo me sales con tanta definición? Yo te hice una pregunta, ¿cuál es la justicia? Así es, así es simple, dame la definición de justicia, ¿por qué hay que dar tanta, digamos, palabrería?, ¿cierto? Podríamos decir que… este, ¿cómo se llama este… esta frase?, ¿no es cierto?, bien típica, bien popular: el que explica se complica. Ahora, de alguna manera decirlo… bueno, como caemos en el mismo problema de la primera definición, es decir, estamos dando tanta, tanta, tanta, tanta definición. Sócrates dice que no se puede tener tanta definición para la virtud como Ménon quería ponerle más y más cosas, ¿no es cierto?, es decir, que la aventura de la valentía, la avanzada de la moderación… no tenemos que reducir, ¿no es cierto?, la virtud a un concepto, a un concepto esencial. Por lo tanto, bien, es la tercera definición, y aquí viene la tercera definición: procurarse y gozar de las cosas hermosas, dice Ménon. Sócrates pregunta: si quien desea cosas buenas desea bien. Ménon responde que sí. Pero ¿qué pasaría con una persona que piensa que algo es un bien siendo un mal? Desear aquella cosa… este hombre que deseara una cosa mala viéndola como buena sería, por cierto, un desdichado. Bueno, Sócrates sugiere a Ménon que la definición debería incluir el procurarse las cosas con justicia y moderación. Sin embargo, esto traería un nuevo problema, puesto que la justicia y la moderación son partes de la virtud y no la virtud misma. Lo que se quiere saber es qué es la virtud, pero no sus partes. Ya, por lo tanto, Sócrates pareciera ser que no solamente está contento… o sea, dice Sócrates que una definición seguramente de virtud debe traer justicia y debe tener moderación, pero siguen siendo las partes del… abierto. No estamos definiendo la virtud, sino que las partes de la virtud. Por lo tanto, no queda clara la definición de virtud. Ménon no se siente capaz de dar alguna definición y compara a Sócrates con una anguila eléctrica, debido a que atonta a sus dialogantes con sus preguntas. No obstante, Sócrates quiere seguir indagando el tema de la virtud con Ménon, y aquí hay un tema muy, muy bueno, chiquillos, que debí haberlo mencionado en la introducción. No, no lo hice, ¡qué mal, qué mal yo! Bueno, el tema es, ¿no cierto?, la reminiscencia. Ahora vamos a entrar a otro tema, vamos a entrar al tema de la reminiscencia. ¿Y qué es la reminiscencia según la Real Academia Española? Es la facultad del alma con que se trae a la memoria aquellas imágenes de que se está atrás… atrás acordado, ¿no es cierto?, o de lo que no se tienen presentes. En este caso, Sócrates nos dice que la reminiscencia es el método con el cual el alma recuerda, ¿no es cierto?, el conocimiento. Pero ¿cómo va a recordar el conocimiento un alma, lo cierto, que no ha conocido quizás? Bueno, esto lo vamos a ver.

Quien pareciera estar un poco impaciente le pregunta a Sócrates cómo podrían ellos buscar algo que ni siquiera saben qué es. Es más, aunque se supiera qué es lo que se busca, ¿para qué buscarlo si ya se sabe lo que es? Se fijan que acá Ménon nos está dando una paradoja. Entonces esto está hablando de una paradoja del conocimiento; porque, en efecto, si usted, como… como… usted quiere saber algo, que por sí quiere saber algo, ese algo es desconocido, lo cierto, todavía no lo sabe. Entonces, ¿cómo va a querer saberlo y cómo va a saber qué es eso que quiere saber? Piensen un poco: cuando ustedes quieren conocer algo, algo que no conocen, ¿cómo van a… eso si no lo conocen? Y además, si no saben lo que es, pues… o sea, a eso se refiere. Y es más, aunque se supiera qué es lo que se busca, aunque yo supiera lo que quiero buscar, ¿para qué voy a buscarlo si yo ya sé lo que es? Para esto, es cierto, para esta paradoja, ¿no es cierto?, que lanza Ménon, que pareciera ser indiscutible, digamos, a primera vista. Sócrates se apoya en una teoría que formada en la base de algunos poetas sobre la inmortal… inmortalidad del alma, perdón. Pero ¿cómo que tiene que ver el alma con el conocimiento? Bueno, puedo pensar, lo cierto sea el alma, quizás recibe todo el conocimiento que tenemos. Pero dice Sócrates que en la inmortalidad el alma, de acuerdo con Sócrates, ya ha viajado por el Hades y ha vuelto al cuerpo, y nuevamente nada hay en el alma que no haya aprendido. Como el alma lo ha aprendido todo, lo único que debe hacer es recordar. ¿Cómo puede recordar el alma? Recuerda por medio del aprendizaje. Finalmente, es a esto lo que llamamos reminiscencia. Lo explico como: el alma suya, ¿no cierto?, ha viajado por todos lados, lo cierto, y luego tiene que caer a un cuerpo, porque el alma cae, ¿no es cierto?, como habíamos visto en el mito del carro alado, cae, ¿no cierto?, un alma y queda prisionera de un cuerpo. Ese conocimiento de esos viajes que dio el alma queda con usted, queda con usted. ¿Y cómo se… cómo se recuerda, ¿no es cierto?, una persona de aquellos… ¿no es cierto?, el aprendizaje que tuvo el alma? Bueno, se recuerda con el aprendizaje, porque el aprendizaje despierta ese recuerdo del alma. O sea, cuando usted va al colegio, cuando usted va a la universidad, y lo único que está haciendo en realidad es recordando, es recordando lo que vivió su alma. Y por eso es que usted puede, ¿no es cierto?, tener conocimiento, digamos, exponer de alguna manera su conocimiento, porque como el alma ya ha viajado por tantas partes, y el profesor, ¿no es cierto?, con sus preguntas, con su enseñanza, trata de despertar ese conocimiento que está dormido en el alma.

¡Ay, qué calle de episodio bastante práctico de Sócrates!, ¿no cierto?, quién… bueno, usted podrá dudar… podemos jugar todos, ¿no es cierto?, es bastante, bastante anecdótico. Ménon parece un poco escéptico de la teoría de la reminiscencia y le pide a Sócrates que lo explique un poco más. Entonces, llaman a un esclavo, Ménon y Sócrates… ya llaman a un esclavo. Sócrates le pregunta al esclavo si un cuadrado de tener sus cuatro partes iguales… digamos, un cuadrado debe tener sus cuatro partes iguales, chiquillos, eso lo respondemos todos: sí. Y el esclavo indudablemente dice sí. Entonces Sócrates empieza a decir… empieza a preguntar, ¿no es cierto?, empieza a preguntar… hacer preguntas cerradas, en realidad hace preguntas cerradas para que el esclavo, lo cierto, vaya contestando y se van formando unos, cierto, un cuadrado. Después Sócrates le va explicando otras líneas, ¿no cierto?, le va diciendo: bueno, si ponemos una línea aquí y otra acá, y vamos formando más cuadrado, más cuadrado, hasta que se llega, digamos, a una serie de 16 cuadrados más o menos. Solamente Sócrates preguntándole al esclavo. De hecho, dice Sócrates: 4 veces 4, 16. ¿No es cierto?, el esclavo dice que sí. Entonces, bajo este ejemplo, Sócrates nos dice que el esclavo está meramente recordando lo que él sabe, pero su alma ya lo sabía desde mucho, solamente que Sócrates, ¿no es cierto?, con estas preguntas le está despertando ese saber que tiene en el alma, ese saber que ya sabía ya, porque el alma ya lo había recorrido quizás en… ¿qué minuto?, lo cierto, antes de su nacimiento. Ya el alma lo sabía, y Sócrates no estaba más que haciéndolo recordar. De esta forma queda refutada la paradoja del conocimiento, puesto que lo que buscamos conocer se hace por medio de la reminiscencia, y tampoco estamos en una ignorancia total, porque nuestra alma ya sabe lo que buscamos conocer, solo hay que recordarlo.

La virtud es enseñable. Volviendo a la definición de virtud, Sócrates quiere establecer algunas cosas previas: la virtud es algo bueno y la virtud es algo benéfico. Esas son las dos cosas que dice Sócrates que la virtud… los dialogantes se proponen analizar otras cosas como la valentía, la moderación y la justicia, y cómo es que la virtud, por cierto, está ahí. Sin embargo, también añaden un concepto, ¿cierto?, que para que el alma se cuide de las cosas malas debe tener prudencia. Entonces, la virtud también debiera ser una especie de prudencia. Si la virtud es prudencia, entonces la virtud no viene por naturaleza, sino que es enseñable. Ya la prudencia es enseñable, chiquillos, se enseña a ser prudente; y si la virtud es prudencia, entonces la virtud es enseñable, se dice. Sin embargo, Sócrates, así de repente, empieza a dudar de su reafirmación y nos dice que puede que la virtud no fuera enseñable. En realidad, lo que lleva a Sócrates a dudar de su afirmación es simplemente el hecho de que no existan maestros que enseñen la virtud. Nadie puede enseñarle, pareciera ser Sócrates, dice: nadie puede enseñar a ser virtuoso. A la conversación llega este hombre que hablamos en la introducción, que es Ménon, quien fuera el acusador de Sócrates. Bueno, Sócrates dice que si queremos tener una buena salud, ¿no es cierto?, vamos al médico; si queremos tener un buen calzado, vamos al zapatero; debemos dar dinero a cambio de una tibia… parte, lo cierto… aparte de esto, debemos dar dinero a cambio de nuestros servicios, de estos servicios… ¿dónde vamos si queremos tener virtud o ser virtuosos? En Atenas, los griegos acudían a los sofistas. En efecto, pagaban, ¿no es cierto?, porque los sofistas se creía, ¿no es cierto?, que tenían los conocimientos. Por lo tanto, se pagaba a los sofistas. Ménon no está de acuerdo en absoluto con Sócrates, diciendo que estos sofistas no hacen más que echar a perder a los jóvenes. Cuando se le pregunta por qué tiene tanto odio contra los sofistas, Ménon reconoce no haber tenido contacto alguno con algún sofista. ¿Cómo podría ayudar a Ménon si Ménon quiere educarse en la virtud? ¿A quién debería acudir? Ménon responde que debería acudir a cualquier ciudadano educado, distinguido. ¿Y cómo consiguieron estos ciudadanos educarse? En efecto, por medio de sus antepasados. Si bien es factible este razonamiento, Sócrates pregunta: ¿qué pasó con las grandes figuras de tiempos pasados como Temístocles, Tucídides, perdón, o Pericles, que no pudieron hacer virtuosos a sus hijos? Y en efecto, Temístocles, Tucídides y Pericles fueron grandes, grandes figuras de la antigua Grecia, y no pudieron hacer virtuosos a sus hijos. Ménon se ofende ante esta pregunta y se retira, no sin antes proferir una amenaza. Sócrates, fíjense lo que le dice a Ménon, Sócrates… Sócrates: creo que hablas mal de la gente con mucha soltura. Si estás dispuesto a hacerme caso, te aconsejaría que te cuidarás, pues tal vez en cualquier otra ciudad es fácil dañar o beneficiar a la gente, pero en esta aún más. Ménon, después de esto… bueno, no está segura de que… no está seguro de que los sofistas puedan ser maestros de la virtud, añadiendo que el mismo Gorgias se ríe de los demás sofistas que dicen enseñar la virtud. En general, unos sofistas dicen que la virtud se puede enseñar y otros que no. Por lo tanto, hay una especie de confusión y no es consenso. Se decide que los maestros de la virtud no existen, y por lo tanto, chicos, la virtud no se puede enseñar, porque simplemente porque no hay maestros de la virtud, no hay maestro que le enseñase a usted la virtud.

Antes de terminar el diálogo, Sócrates se olvida de una de las características de la virtud, la cual es la verdadera creencia. ¿Qué quiere decir este concepto? Que se logre una verdad a pesar de no tener conocimiento previo de ella. Claro, es como una especie, ¿no cierto?, de intuición. La verdadera creencia se diferencia del saber por el medio en que se logra. El saber no necesita necesariamente de experimentación, y la verdadera creencia sí lo necesita. Si yo tengo el saber de llegar a una parte, llegaré con toda seguridad. En cambio, con la creencia verdadera no se sabe en un principio cómo llegar a ese lugar, pero se logra llegar. Así como la virtud no puede ser enseñada, ¿cómo llegaron las grandes figuras de Grecia a ser virtuosos? Sócrates justifica esto por medio de una inspiración divina, ya que no puede ser enseñada, no queda más que adjudicar la virtud a la divinidad. Por lo tanto, chicos, que si bien la virtud, lo cierto, es una especie de prudencia, ¿cierto?, ya sabemos, ¿no es cierto?, que es algo bueno, que es algo benéfico, que sus partes son la justicia y la moderación, y además de esto tendríamos que incluir que es una inspiración divina. Y fíjense, o sea, que en realidad se logra a través de una inspiración divina. Y fíjense que pareciera ser que Sócrates mismo está añadiendo más conceptos a la virtud ya, pero en fin… en medio… para lograr la virtud no es más que la inspiración divina. Es bastante interesante este diálogo, siempre es bueno leerlo, es interesante en ese sentido de que esto es lo último… estoy… digamos, podríamos decir… lo que es el principio del fin… no es el principio del fin para Platón, perdón, para Sócrates, ¿no es cierto?, porque se acerca, ¿no es cierto?, en la hora de su… de su muerte, ¿no es cierto?, a través de un tribunal, ¿no es cierto?, que puede ser considerado infame, no sexto, pero del cual Sócrates, ¿no es cierto?, acepta la… la ejecución, digamos, el juicio más que la ejecución. Será que estos chiquillos… de aprender no hay nada más que recordar, porque parece ser que esto nos queda de la teoría de la reminiscencia, es cierto que es lo que ya habíamos… habían, cierto, de alguna manera concluido… Ménon y Sócrates… será que el aprendizaje no es nada más que recordar aquellos conocimientos que ya teníamos del alma. Es difícil adherir a esta postura, sobre todo con los… con los… con la pedagogía de hoy en día, ¿no es cierto?, que en realidad recordar no es… no solamente recordar, es un proceso cognitivo, hay una… hay una especie de interacción con el sujeto, con el objeto. Hay que tomar en consideración los estadios de la mente, un montón de cosas que se consideran ahora por el constructivismo y el conductismo y el humanismo, y un montón de teorías, ¿no cierto?, pedagógicas y educativas que… que vale la pena… un cierto… siempre vale la pena recordar, se acierto, valga la redundancia, de recordarse.

Bueno, bastante triste es el augurio de Ménon. Es curioso observar que en el diálogo, ¿no es cierto?, la virtud se puede enseñar en la opinión de Protágoras. O sea, en el diálogo de Protágoras se dice que la virtud sí se puede enseñar. Vemos el modo, el método, ¿no es cierto?, deductivo de Platón aquí, que a partir de lo investigado, desde lo general a lo particular. Ese era el método… siempre de… que vamos a ver el método deductivo, ya, pero a grandes rasgos, ¿no cierto?, este método que Sócrates usaba para, digamos, definir un concepto que partía de un concepto bien grande hasta uno más pequeño. Digamos que es un libro relativamente fácil, con mucho lugar a muchas interpretaciones, pero que la acostumbrada dialéctica de su dialogar ante los… 101… puede leerlo con un poco más de calma y un poco más, digamos, de [Música] de seguridad, sobre todo si se le da tiempo y si se le… digamos, a tiempo y con mucho… con mucha disponibilidad, por supuesto. Estos libros no son, chiquillos, algo que uno pudiera leer en la micro, en el metro. Yo, por lo menos… yo, cuando veo a chicos que leen libros de filosofía muy grandes, muy difíciles, Fenomenología del espíritu, a veces veo que vas leyendo algunos… yo me dan ganas de decirle, me venga de acercarme y decirles: bueno, ¿sabe qué?, en realidad esos libros se tienen que leer en su casa, en un ambiente, digamos, de estudio, y no en… digamos, en el transporte. Es muy difícil que haya una fijación, sino que es muy difícil…

Muy difícil, bueno chicos, y eso ha sido todo por hoy. Muchas gracias por visitar el blog. Muchas gracias también por escuchar estos podcast. Seguiremos con los podcast, yo creo que ya vamos a ser con todo lo que implica, ¿no cierto? Marzo, que es un mes terrible, por lo menos para mí es un mes terrible, y los meses que vienen también, y todos los meses son terribles. Quizás en diciembre o enero vamos a tener que tener estos podcasts una vez a la semana, y sería el fin de semana, sería el fin de semana, hasta que digamos poder tener más tiempo. Muchas gracias a todos, que estén bien, cuídense, y sigamos leyendo filosofía; mantengamos todavía a ese amor por el conocimiento. Adiós.