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En este gráfico vamos a demostrar cómo la intervención del estado en el mercado puede dar lugar a una pérdida de bienestar, es decir, generar ineficiencia.
Para ello, consideremos el equilibrio inicial del mercado y recordemos las nociones de excedente del consumidor y del productor. El excedente del consumidor se estima de la siguiente forma: diferencia entre el precio que los consumidores estarían dispuestos a pagar y el precio que realmente pagan. Vendría delimitado por la siguiente zona.
En tanto que el excedente del productor se estima por diferencia entre el precio que el productor percibe y el precio que estaría dispuesto a percibir. Vendría determinado por la siguiente zona. La suma de ambas zonas determina la eficiencia en el mercado y, por tanto, el máximo bienestar posible.
Ahora bien, ¿qué ocurriría si el estado se plantea introducir, por ejemplo, un impuesto unitario, es decir, un impuesto por unidad de producto? Este impuesto actúa como un sobrecoste en la producción, por tanto, desplaza verticalmente de forma paralela la curva de oferta, estableciéndose un nuevo equilibrio que supone una menor producción y un mayor precio.
¿Cuál sería el excedente de consumidores y productores ahora? El excedente del consumidor me vendría determinado por la siguiente zona, que se ve notablemente reducida respecto a la situación anterior, y el excedente del productor por la siguiente zona, que también se ve reducida.
Hay una zona que la percibe el estado en concepto de recaudación tributaria, en tanto que hay una zona que pierden tanto consumidores y productores al establecerse ese impuesto y que nadie recupera. Esa zona refleja la pérdida de eficiencia y la minoración del bienestar en dicho mercado.