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Documental | Grandes INVENTOS de la Historia

OndaCC45:15

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Cuáles son los mejores inventos del mundo? Hasta dónde podemos rastrear sus orígenes? Qué inventos han tenido mayor impacto en nuestra vida? Que depara el futuro a estos sorprendentes artefactos?

A continuación, la historia de los grandes inventos.

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Maravillas modernas: grandes inventos en el mundo actual. La tecnología y los inventos progresan a una velocidad sorprendente. Tenemos acceso instantáneo a información e imágenes de todo el mundo. Los avances en la medicina moderna vencen incluso a las enfermedades más mortales. Podemos viajar a grandes distancias en cuestión de horas e ir incluso más allá de la tierra al espacio. Y todo ha sido posible gracias al deseo y la habilidad del ser humano para inventar.

Pero muchos de nuestros más modernos inventos han tenido unos orígenes humildes. Descubrimientos clave que mostraron el camino a los grandes inventos que les siguieron. Pero, ¿cómo se logra un gran invento? Los grandes inventos tienen una especie de elegancia, un tipo de proyección. No solucionan solo un problema; dan la oportunidad de ser aplicados a una gran variedad de problemas y también abren un nuevo mundo de oportunidades.

Uno de los inventos que ha jugado un papel importante en la sociedad es también uno de los artilugios técnicos más antiguos de la historia: la rueda. Aunque los orígenes de la rueda tal y como la conocemos se ignoran, se cree que el uso combinado de la rueda y el eje como aparato de transporte fue visto por primera vez alrededor del 3000 a.C. en la antigua civilización de Mesopotamia. La rueda fue un invento realmente importante porque se aplicaba a los carros de granjeros; les permitía trasladar las cosechas desde las granjas hasta las ciudades. Y cuanto más rápido se transporte la cosecha y los productos alimenticios, más crece la población.

Pero en la antigüedad, la rueda tuvo muchas más aplicaciones. Con el descubrimiento del movimiento rotatorio en el 8000 a.C., los emprendedores inventores de la época descubrieron que la rueda podía ser una herramienta tremendamente versátil. Comenzaron a usar formas de ruedas para ayudarse en sus tareas diarias. Volantes y poleas permitieron elevar pesadas piedras y rocas, permitiendo a las ciudades hacerse más grandes en menos tiempo y de manera más eficaz. Las ruedas de agua se convirtieron en una fuente primaria para generar antiguas formas de energía y los engranajes rotatorios se convirtieron en el elemento esencial para una interminable variedad de herramientas y maquinaria, ayudando a impulsar la Revolución Industrial.

La rueda y el movimiento rotatorio generaron otra creación en el mundo de los inventos: la máquina de vapor. La máquina de vapor propulsó al mundo a una nueva era del transporte. La leyenda popular dice que fue en el siglo XVIII cuando el inventor James Watt descubrió la potencia del vapor mientras observaba el movimiento ascendente del agua hirviendo de una tetera. La verdad es que el ser humano fue consciente de la potencia del vapor muchos siglos antes de que Watt se sentara incluso a tomar su primera taza de té. Cien años antes de Cristo, las escrituras antiguas nos hablan de un motor de rueda rotatorio de vapor creado por Ctesibio de Alejandría. El artefacto fue descrito simplemente como una esfera de luz, pero nunca se dio cuenta del uso potencial de su creación y la rechazó como un simple juguete que servía para despertar a su somnoliento emperador.

Pasarían casi dos mil años antes de que se inventara un motor de vapor práctico. El motor a vapor se concibió inicialmente para sacar agua de las minas más profundas, pero pronto se amplió su uso, especialmente para hacer funcionar los más diversos molinos. El inventor más asociado con la creación del motor de vapor es el ingeniero del siglo XVIII Thomas Newcomen. Alrededor de 1712, Newcomen diseñó y construyó uno de los motores a vapor atmosféricos más prácticos. Este consistía en una serie de pistones de vapor unidos por cadenas que subían y bajaban para sacar el agua de las minas. Durante más de 50 años, el motor de vapor de Newcomen estableció un patrón único, pero el ingeniero inventor escocés James Watt mejoraría la creación de Newcomen.

Al principio, el movimiento rotatorio no fue usado con motores atmosféricos porque estos no funcionaban regularmente. James Watt, aplicando vapor a ambos lados de los pistones en un cilindro y con el uso de válvulas diseñadas, pudo impartir un movimiento regular a un travesaño y, por medio de una manivela, hace rodar la rueda. Este motor a vapor mejorado, ayudado por la rueda, proporciona un mejor avance en el modo en que viajábamos sobre el agua.

A finales de 1700, el barco de vapor era el mayor invento para viajar a grandes distancias. Desde la creación del barco miles de años antes, los franceses fueron los pioneros en el uso de los barcos a vapor a finales del siglo XVIII, pero fue el americano Robert Fulton el que consiguió el primer éxito comercial cuando atrajo la atención mundial guiando su barco de vapor, el Clermont, de Nueva York a Albany en 1807. En Estados Unidos, los barcos de vapor se convirtieron en algo realmente importante porque las carreteras en el siglo XIX eran desastrosas, pero teníamos un gran sistema de ríos y el uso de aquellos barcos de vapor los convirtió en máquinas imprescindibles.

Con el éxito de los viajes a vapor sobre las vías fluviales, los inventores volvieron sus ojos al motor de vapor como fuente de alimentación para el transporte terrestre. El motor a vapor llevó a otro invento revolucionario que conectó las comunidades de todo el mundo: el ferrocarril. Las potentes locomotoras a vapor creadas a finales del siglo XVII representaron un salto sin precedentes sobre los primeros modelos de ferrocarriles. Los primeros ferrocarriles no eran impulsados por vapor, sino por tracción animal, pero el primer desarrollo de la máquina a vapor hizo que fuera más eficaz porque arrastra las fuerzas más pesadas y a mayor distancia.

A mediados del siglo XVIII, América estaba concentrada en la construcción del ferrocarril transcontinental desde Nebraska hasta una misteriosa zona hasta entonces desconocida llamada California. El uso de la máquina a vapor, ayudado por las ruedas de acero, se convirtió en una potente fuerza en el crecimiento y desarrollo de ciudades de todo el mundo. Los ferrocarriles pronto se convirtieron en el modo de transporte dominante, tanto de carga como de pasajeros. Una de las cosas que consiguió el ferrocarril fue proporcionar movilidad a muchas personas que antes no la tenían; les permitió recorrer grandes distancias.

A finales del siglo XVIII, la potencia del vapor rigió el transporte, pero los inventores empezaron a buscar alternativas más eficaces. El resultado fue uno de los inventos más importantes y extendidos de la historia: un invento que pronto dominaría la industria del transporte: el automóvil. Los primeros automóviles usaban un motor de vapor como principal fuente de energía, pero eran lentos, voluminosos e incómodos para los pasajeros obligados a sentarse cerca de la ruidosa caldera de vapor.

Generalmente, la invención del primer automóvil se concede al francés del siglo XVIII Nicolas-Joseph Cugnot. Su vehículo, financiado por el gobierno francés, fue originalmente diseñado como un vagón de artillería de tres ruedas impulsado a vapor con una velocidad máxima de tres kilómetros por hora. Se perdió el control del vehículo durante una demostración y se estrelló contra un muro. Pero fue en 1880 cuando el inventor y fabricante de coches alemán Karl Benz se hizo con el título de padre del automóvil. Karl Benz y su contemporáneo Gottlieb Daimler son importantes porque fueron los primeros no solo en inventar vehículos alimentados con gasolina, sino que también persistieron y finalmente desarrollaron vehículos que se pudieran vender en el mercado.

Un hombre, quizá más que ningún otro, que revolucionaría la industria del automóvil con sus coches alimentados con gasolina fue el fabricante de coches de Detroit, Henry Ford. Irónicamente, la fuente de inspiración de este pionero del mundo automovilístico fue un motor a vapor. El primer vehículo autoalimentado que vio Henry Ford cuando era un niño fue uno de los primeros motores de tracción de vapor. Para Ford, fue uno de esos momentos de lucidez; siendo tan pequeño, le debió impresionar mucho.

A principios de 1900, numerosas compañías empezaron a fabricar automóviles, pero fue Henry Ford el que consiguió llevar el automóvil al público. Y la gran contribución de Ford fue descubrir dónde residía el futuro del mercado, que desembocó en la venta de coches más baratos para las masas y desarrolló un coche no solo barato, sino también de calidad: el Modelo T. Ford también desarrolló el proceso en serie para fabricar con menos costes. La producción en serie de Ford se había inspirado en un homólogo no tan agradable: la industria de empaquetado de carne era conocida como "serie de desmontaje", que se encargaba de conducir el cadáver del animal por una cinta transportadora donde se cortaba la carne.

El gran logro de la empresa de Henry Ford fue algo que parecía tremendamente complicado, como un automóvil, y ubicarlo en un sistema de producción en serie que requería piezas intercambiables, cintas transportadoras y un movimiento cuidadosamente coreografiado para tomar las piezas y las unidades secundarias antes de que pudieran unirse para formar el chasis en serie. Pero todo llegó a la vez: con la producción en serie a toda marcha en los años 20, el precio del Modelo T, o "Tin Lizzie" como era conocido, bajó de los 850 dólares (una cifra muy elevada para aquellos tiempos) a tan solo 260. Para cuando el Modelo T detuvo su producción en 1927, se habían vendido ya 17 millones de estos coches.

El automóvil es probablemente el invento más influyente de la primera mitad del siglo XX. Tuvo grandes ramificaciones: volvió a dar forma al paisaje y promovió la construcción del sistema de autopistas interestatales. Dio lugar no al fin, pero sí al declive de los ferrocarriles, que fueron la gran industria del siglo XIX. La enorme popularidad del automóvil alteraría para siempre el transporte y, quizá más que cualquier otro invento, fue la rueda la que ayudó a facilitar una revolución en el transporte y la industria.

Muchos inventos clave, como la rueda, fueron producto del descubrimiento, a menudo accidental, durante la búsqueda de soluciones prácticas para los problemas diarios. En contraste, el estudio del uso de la electricidad fue resultado directo de la investigación científica. Los científicos de la antigua Grecia aprendieron que si se frotaba un ámbar, se creaba una fuerza magnética que permitía atraer objetos como plumas. Visto como un mero entretenimiento, los antiguos griegos no supieron cómo controlar esa fuerza. No fue hasta hace casi 200 años cuando los científicos empezaron a descubrir métodos viables para controlar la electricidad.

Quizá el más famoso científico fue Benjamin Franklin, que en 1752, haciendo volar una cometa en medio de una tormenta eléctrica, se dio cuenta de que la cuerda servía como conductor. Cuando Franklin tocó la llave de metal, recibió una sacudida eléctrica. Con esta sacudida, Franklin había demostrado que había electricidad en las nubes en forma de rayos. Franklin escribió en su propia publicación, "El Almanaque del Pobre Richard", que su invento de la barra eléctrica podría asegurar las casas contra rayos, dirigiendo la potencia de la electricidad a una barra de metal en vez de a la estructura. Cuando los pararrayos de Franklin aparecieron en las casas de toda América, un indignado clero se opuso vehementemente a este invento; creían que los rayos expresaban la ira de Dios y que no se debían manipular.

A medida que aumentó el conocimiento de la electricidad, los inventores vieron que esta tremenda fuerza podría ser almacenada para un uso posterior. Desarrollaron un aparato innovador de almacenaje de energía que impulsaría la industria de las comunicaciones: la batería. La batería tuvo un gran impacto sobre el desarrollo de la electricidad. Por una parte, proporcionó el campo de trabajo adecuado que permitía la experimentación con la telegrafía, la telefonía e incluso con los primitivos telégrafos sin cables.

Pero la búsqueda de la batería no era nueva. Existe un debate sobre la aparición de una antigua forma de batería eléctrica en el primer siglo después de Cristo. En 1938, un científico austriaco que trabajaba en Bagdad descubrió una pequeña jarra de porcelana que tenía un tubo de cobre y una barra de hierro en su interior. La prueba demostró que la batería emitía pequeñas cargas eléctricas, pero no suficientes como para proporcionar una fuente de potencia auténtica. Ya que fue descubierto en lo que era claramente la casa de un mago y médico, muchos lo rechazaron como un simple truco de magia usado para provocar asombro e incluso miedo.

La primera batería auténtica, tal y como la conocemos ahora, no apareció hasta principios del siglo XIX, cuando el inventor italiano Alessandro Volta creó el primer aparato viable para almacenar la energía.

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Eran un montón de placas que suelen recibir el nombre de "pila de Volta" porque consiste en un montón de metales alternando el cobre con níquel o el cobre con la plata, con un ácido en medio del cobre y el zinc. Cuanto más grandes fueran los montones, más corriente se conseguían. La invención de la pila de Volta fue una auténtica innovación. Por primera vez en la historia, la poderosa fuerza de la electricidad se podía almacenar y usar como fuente de energía.

A mediados del siglo XIX, se realizaron pocas mejoras en la pila, conocidas ahora como "pilas mojadas". Consistían básicamente en una jarra de ácido con electrodos de metal en el interior. El ácido causaba una reacción química que producía electrones que corrían a través de los electrodos de metal para proporcionar potencia al aparato en cuestión. Se hicieron continuas mejoras a la pila. Los inventores pronto descubrieron que era un elemento indispensable para las últimas creaciones que cambiarían la vida. Una sencilla pila se convertiría en el elemento clave que propulsaría mayores avances en la comunicación instantánea.

Hace menos de 150 años, las comunicaciones estaban principalmente limitadas a los mensajes entregados por personas. A medida que los científicos aprendieron que la electricidad podía ser transferida de un lugar a otro, los inventores empezaron a experimentar con la posibilidad de que el mismo principio se pudiera aplicar a las comunicaciones. El resultado fue una gran invención que dio sus primeros pasos para unir al mundo: la comunicación instantánea era posible ahora, por primera vez en la historia, con el telégrafo.

El telégrafo estaba basado en la pila y en el electromagnetismo, ambos inventos del siglo XIX. Lo necesario para hacer un telégrafo era tirar un cable a una distancia cualquiera, tener un imán ajustado a uno de los extremos y un interruptor de encendido/apagado en el otro. Eso permitía enviar mensajes. Cuando aplicaron un código de rayas y puntos, pudieron representar números y letras del alfabeto. Se podía enviar un mensaje a la distancia que se quisiera, mientras hubiera cables. Usando su sistema de códigos de puntos y rayas, el inventor americano Samuel Morse fue el primero en enviar un mensaje por telégrafo en 1844, con una línea de demostración establecida entre Washington D.C. y Baltimore. El mensaje que Morse envió era sencillo e impactante: "¿Qué ha hecho Dios?".

El auge del telégrafo electromagnético fue impresionante. Solo 20 años después de que Morse estableciera la primera línea entre Washington y Baltimore, a mediados de 1840, la gente empezó a lanzar cables bajo el océano Atlántico para transmitir mensajes entre los continentes. El telégrafo dio lugar a toda una serie de inventos eléctricos. Si el telégrafo extendió la idea de que una nueva comunicación aparecía en el horizonte, en ese momento apareció uno de los inventos más importantes e influyentes de la historia: el teléfono.

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Al principio, Alexander Graham Bell lo llamó el "telégrafo parlante", porque eso es lo que era: era una línea de telégrafo en la que se insertaba un micrófono y un altavoz en cada extremo para que se pudiera enviar voz en vez de puntos y rayas. Alexander Graham Bell había descubierto que las corrientes eléctricas podían duplicar exactamente las ondas de sonido, transmitiendo múltiples sonidos vibrando en el aire en una serie de frecuencias. Él era profesor de sordos y había pasado mucho tiempo investigando las ondas de sonido y los principios de la acústica. Trabajando con su ayudante Thomas Watson, Bell se dio cuenta de que no solo se podían enviar diferentes tonos de sonidos por cable, sino que también se podía enviar una onda completa de sonido: la voz humana. Se dio cuenta en marzo de 1876 y envió el primer mensaje de voz humana con un cable de telégrafo cuando dijo a Watson: "Ven aquí, te necesito". Simplemente quiso demostrar a Watson que el transmisor funcionaba. Watson, de excursión, al receptor y se emocionaron.

Irónicamente, el teléfono no consiguió el éxito esperado. De hecho, la empresa de telecomunicaciones de la época, la Western Union, se negó a aceptar la oferta de venta de la patente del teléfono por 100.000 dólares. Poco a poco, sin embargo, el público empezó a sentirse atraído por el teléfono. En 1877, la Western Union empezó a replantearse su decisión y ofreció a comprar el teléfono a Bell y su empresa, la Bell Telephone Company, pero él se negó. En aquel momento, sabía que tenía algo importante entre manos.

A continuación, la electricidad alumbra el renacimiento del ocio y la información. Con la invención de la pila, los científicos habían aprendido a controlar pequeñas cantidades de electricidad, pero corrientes más potentes generarían inventos aún más importantes. Los avances en la energía eléctrica dependían ahora del desarrollo de métodos mecánicos para generar electricidad. Los inventores no dejaban de buscar nuevos métodos para controlar esta poderosa fuente de la naturaleza.

Un invento clave sacó al mundo de la Edad Media, convirtiendo la noche en día y afectando a todos los aspectos de nuestra vida diaria: un artefacto simple pero que cambiaría nuestras vidas: la bombilla. La búsqueda de la luz data de 1830 como alternativa para sucias y peligrosas lámparas de gas que se usaban en aquella época. El principio de la luz eléctrica era simple: si se quema madera en el fuego, las partículas brillan y producen luz. El problema era cómo controlarlo. A principios de 1870, en las farolas de las calles se usaban luces extremadamente brillantes que producían un arco eléctrico entre dos polos de carbono, pero no había forma de controlar su luminosidad.

Mientras que inventores de todo el mundo trabajaban para crear una bombilla viable, fue un inventor americano, Thomas Edison, el que finalmente lo consiguió. Edison fue el último participante en entrar en el concurso para crear una bombilla útil. Edison ya era conocido mundialmente por sus primeras contribuciones a la industria telegráfica y la invención del fonógrafo, y era conocido como "el Mago de Menlo Park". Edison se jactó de que tendría finalizada su bombilla en pocos meses. Edison tenía mucha confianza, pero tardó más de un año y dos meses, aunque al final lo consiguió. De nuevo, el carbono se convirtió en una sustancia crítica. Descubrió que si tenía una pieza fina de carbono y hacía pasar una corriente eléctrica a través del carbono, en vez de entre los polos de carbono, el carbono se calentaba y se encendía, brillando, pero no era demasiado brillante.

Bright rocks. Thomas Edison tenía razón. No había forma de predecir el impacto que la electricidad o su propio invento, la bombilla, tendrían en la historia. La invención de la bombilla eléctrica en 1879 cambió profundamente la sociedad. El visionario inventor también lo vio más allá de la bombilla y, en el transcurso de un año, Edison estableció los cimientos de un sistema de distribución de luz y energía eléctrica. "No puedo pensar en nada que cambiará más la vida diaria que la bombilla". La luz en el trabajo permitía un trabajo más seguro, trabajo nocturno y aumentó la eficacia de los trabajadores. También hizo del transporte algo completamente diferente. La bombilla también cambió el ocio, cambió el modo de anunciar los productos, cambió el trabajo, el juego y la vida diaria de una manera increíble.

En Word, primero con la creación de la bombilla, Edison también creó la industria electrónica. Había colocado filamentos de carbono dentro de una bombilla sellada y sin aire. Durante las siguientes dos décadas, un inventor italiano llamado Marconi acuñó el concepto de Edison de la carga eléctrica en un tubo hermético y desarrolló otro gran invento que ayudaría a la comunicación en masa: la lámpara de vacío. La lámpara de vacío se convirtió en un modo eficaz de detectar y generar ondas de radio.

Uno de los inventos más influyentes y entretenidos de la historia llevaría por primera vez a todos los hogares un mundo de información y entretenimiento: la radio. Cuando el nuevo concepto de radio fue presentado a principios del siglo XX, dio lugar a una revolución. El elemento clave de la radio es la comprensión de que existen ondas de radio. Fue James Clerk Maxwell el que, en 1860, describe los elementos de radiación óptica y dice que están a nuestra disposición. En 1880, Heinrich Hertz creó ondas de radio y hubo mucha gente en 1890 como Marconi, Tesla y otros que experimentaron con este práctico artefacto con el que se podía enviar una onda de radio y recibirla en otro lugar de manera eficaz.

Marconi realizó pruebas exhaustivas para demostrar que las ondas de radio podían viajar por el aire. Una vez que la señal, como el código Morse o transmisiones de voz, fue añadida, se descubrió que esta frecuencia de señal sin cables podría ser transmitida a un receptor. Las implicaciones de este telégrafo sin cables fueron enormes. Los barcos que se encontraban en medio del océano podrían enviar señales al intuir peligro, un hecho imposible antes con el telégrafo con cables. En los años 20, las señales enviadas habían progresado desde una serie de sonidos a las transmisiones de voz, provocando que la radio se convirtiera en un fenómeno cultural.

Con la radio, el control del sonido viaja a lo largo de grandes distancias, pero los científicos empezaron a preguntarse si podrían enviar también imágenes visuales. El resultado: un milagroso invento que traería un mundo de imágenes a nuestras casas, un invento que nos permitiría ver la historia mientras ocurría: la televisión. La televisión fue uno de los inventos que tuvo mayor impacto y añadir imágenes al sonido cambió no solo nuestro modo de ver las cosas, sino también el modo que teníamos de pensar en ellas.

En la tecnología de la televisión continúa avanzando a gran velocidad, pero la televisión actual le debe mucho a los primeros científicos. En 1500, Leonardo da Vinci presentó sus descubrimientos sobre la persistencia de la visión, afirmando que el ojo humano continuaba viendo una imagen durante una fracción de segundo después de que hubiera desaparecido. Este concepto fue aplicado a nuestro moderno sistema de televisión, que envía 30 imágenes completas por segundo. Y la televisión a color le debe mucho a Sir Isaac Newton. En 1666, descubrió el espectro de color, demostrando que se formaba un arcoíris de colores cuando la luz blanca brillaba sobre un prisma de cristal.

A principios de 1860, Giovanni Caselli inventó lo que se considera la primera emisión de televisión en un experimento con imágenes. Este cura, nacido en Italia, cogió una hoja de estaño y la colocó alrededor de unos cilindros que rotaban, enviando borrosas transmisiones de mensajes escritos a mano y dibujos a través del cable del telégrafo. La televisión moderna, como la conocemos hoy, no es producto de una única mente, sino de un gran número de inventores de todo el mundo que aportaron su destreza a este invento. Los principales inventores que suelen citarse como creadores de televisión son Vladimir Zworykin, que fue el primero que trabajó para la Westinghouse y la RCA en los años 20 y 30, y Philo Farnsworth, que fue un inventor solitario al principio, pero que luego se involucró con físicos y los otros. Muy poco. Lo más importante era usar la electricidad y detectar una imagen en un extremo, almacenarla electrónicamente de alguna manera (en este caso, dentro de una lámpara de vacío), llevar esa información y convertirla eléctricamente en el otro extremo, donde de nuevo un aparato eléctrico devolvería los electrones y esos electrones impactarían contra una pantalla de fósforo para producir la imagen.

La televisión cautivó al público por primera vez. La gente podía ser testigo de los acontecimientos históricos que se estaban produciendo. En 1936, solo había 2.000 televisiones en todo el mundo. En 1955, menos de 20 años después, la televisión se abrió paso en las casas de 30 millones de personas. Naturalmente, se convirtió en un aparato muy importante como medio de comunicación y se pudo ver el aterrizaje del hombre en la Luna, que fue muy emocionante. Pero también tuvo otra vertiente: la televisión está ahí, se puede ver todo, y yo creo que tenemos que seguir trabajando a largo plazo en las implicaciones que puede tener en nuestras vidas.

A continuación, un pequeño aparato reduce los inventos de tamaño y abre las puertas al mundo de la era informática. A finales de los años 40, la radio había captado la imaginación del mundo y la televisión era un nuevo medio a punto de entrar en escena. Naturalmente, estos grandes inventos se basaban en la electricidad y en lámparas de vacío caras, enormes y poco fiables. Pero en 1948, un invento del tamaño de un dedo fue anunciado con poco entusiasmo, pero dejaría una marca indeleble en la historia y la sociedad: el transistor.

El transistor fue inventado por tres hombres del Laboratorio Bell: John Bardeen, Walter Brattain y William Shockley. Y los Laboratorios Bell, que formaban parte de la compañía telefónica AT&T, usaron gran cantidad de información del sistema telefónico y ese fue el motivo para inventar el transistor. Los tres hombres presentaron el transistor en una conferencia de prensa en el cuartel general de los Laboratorios Bell en Nueva York, pero nadie les prestó demasiada atención. Sin embargo, finalmente, los creadores del transistor fueron galardonados con el Premio Nobel, ya que su invento fue reconocido como un aparato que impulsaría una de las revoluciones tecnológicas más grandes de la historia.

El principio básico del transistor, que amplificaba señales eléctricas, es simple, pero tuvo un gran impacto. Liberando una gran cantidad de electrones a través del transistor, la débil señal eléctrica era transformada en una copia mucho más grande de sí misma. Los transistores aumentaron las señales eléctricas en una fracción de espacio que, a cambio, disminuía su tamaño. Los transistores eran mucho más baratos y fiables que las lámparas de vacío. Con estas mejoras, el aparato jugó un papel importante en el gran invento que ha tenido un impacto global en todos los aspectos de nuestras vidas: el ordenador.

Y lo más importante que se inventó después del transistor fue el circuito integrado, o el chip: el elemento más pequeño de un ordenador que hace que todo funcione. El chip de la CPU contiene millones de transistores. El ahorro es evidente: pasamos de tener 1.800 tubos herméticos para hacer funcionar un ordenador a unos pocos miles de transistores para hacer funcionar el primer ordenador de negocios, el que se podía poner en el despacho y que contenían millones de pequeños transistores casi microscópicos en un solo chip. Fue un logro extraordinario, teniendo en cuenta que hacía menos de 50 años un ordenador era un gran banco de máquinas que ocupaba toda una habitación, que tenía poca memoria y que era mucho más lento que los ordenadores más lentos de hoy.

Las primeras formas de ordenadores fueron creadas por un matemático de nombre Blaise Pascal, que inventó 50 máquinas en 1645 que podían hacer ecuaciones matemáticas. Pensando que podría ser un gran invento, creyó que los bibliotecarios y los contables alabarían su invento. Sin embargo, para su sorpresa, fue rechazado porque amenazaba al público que temía que sus trabajos pudieran quedar obsoletos. Abandonó este trabajo para fijarse en los logros de otros científicos, pero otros científicos crearon sistemas primitivos de ordenadores.

A mediados del siglo XIX, un inventor francés de nombre Joseph Marie Jacquard creó el predecesor del sistema de tarjetas, el telar de Jacquard, que manipulaba automáticamente un telar. Sin embargo, fue un matemático inglés, Charles Babbage, el que terminó siendo conocido como el padre de la informática por crear en 1850 un aparato mecánico que es el más parecido a los ordenadores modernos. Fue un hombre importante durante este período porque formuló lo que conocemos hoy en día como ordenador moderno: tenía una entrada, una salida, una unidad de control y un procesador, todos los términos que hoy se han incorporado al lenguaje informático.

El siguiente gran avance en la ciencia informática ocurrió en 1890 gracias a un trabajador del censo llamado Herman Hollerith. Creó una máquina de tarjetas que ayudaba a conseguir un casi imposible recuento del censo. El censo se hacía cada 10 años, pero se tardaba en hacer y en contar más de 10 años. Aquello era absurdo. El censo de 1880 había tardado en hacerse siete años y medio, por lo que cuando salió a la luz, tenía siete años y medio de antigüedad. La máquina de Hollerith fue un éxito y siguió en uso durante décadas. El censo de 1890 fue terminado en tan solo dos años y medio. En 1911, la empresa que fabricó la máquina de Hollerith sacó al mercado otra máquina para formar la empresa de informática, tabulación y grabación. En 1924, cambiaron el nombre a "International Business Machines", más conocida por todos como IBM.

La informática daría su gran salto en la década de los 40. Cuando pensamos en un ordenador moderno, pensamos en un ordenador digital y automatizado. El primero de este tipo fue el ENIAC (Electronic Numerical Integrator and Computer). El proyecto ENIAC fue financiado por el ejército americano en 1943 como método de calcular matemáticamente los aciertos posibles de los misiles lanzados durante la Segunda Guerra Mundial. Previamente, con los hombres en el campo de batalla, este tipo de trabajo fue realizado por cientos de mujeres matemáticas que tardaron más de un mes en descifrar una simple tabla en línea.

Introdujo el concepto de estas grandes máquinas en la conciencia del público. La gente lo llamaba "cerebro gigante" y fue esta especie de amanecer fuera de la comunidad científica lo que hizo pensar a la gente lo que podría ser un ordenador. Ayudado por la creación de un simple transistor, el ordenador era ya un aparato indispensable que cambiaría para siempre nuestro modo de vivir y trabajar, y todo el mundo lo usa. Creo que está ocurriendo algo muy importante en la cultura actual. De hecho, en los colegios tenemos a niños que enseñan a adultos. No creo que ninguna otra vez en la historia haya ocurrido nada igual. Tanto si es para evitar una simple carta como para influir sobre la economía global, quizá no haya otro invento que haya impactado al mundo tanto como el ordenador.

A continuación, el astrónomo del siglo XVII Galileo inventa un aparato que incluso hoy continúa salvando millones de vidas. Quizá los grandes avances de la medicina moderna puedan ser atribuidos no solo a las técnicas quirúrgicas o al descubrimiento de nuevos medicamentos, sino también a otro invento: el microscopio. No fue hasta la invención del microscopio cuando los científicos pudieron detectar y defenderse de las mortales bacterias. A pesar de que la práctica de la medicina es tan antigua como la propia civilización, los primeros científicos trabajaban en la oscuridad hasta que empezaron a aplicar los principios de la óptica y las lentes a sus investigaciones.

En 1609, un aprendiz de óptico descubrió que si las lentes eran colocadas en ciertas posiciones, los objetos que se veían a su través parecían mucho más cercanos. El famoso inventor y científico Galileo se enteró de este descubrimiento y pronto construyó el primer telescopio del mundo, creando un aparato que pudiera agrandar los objetos 30 veces su tamaño normal. Galileo usó el telescopio para hacer numerosos descubrimientos sobre nuestro sistema solar. Pronto descubrió otros usos para el telescopio y dijo haber inventado un artefacto que haría ver las moscas tan grandes como corderos. Este aparato fue el microscopio.

Mientras la comprensión por parte del hombre del mundo de la óptica continuaba progresando, los microscopios se hicieron cada vez más potentes. Ayudados por el microscopio, los científicos harían descubrimientos para salvar la vida que impactarían en el mundo de la medicina de manera más sorprendente que ninguna otra en la historia. Combatirían las enfermedades de la guerra armados con una potente arma: las vacunas. Gracias al microscopio, los científicos han podido salvar millones de vidas con la creación de las vacunas. El microscopio fue un gran paso para descubrir las vacunas y la habilidad de identificar las bacterias que causaban las enfermedades, por ejemplo, la difteria. La gente pudo ver organismos específicos y luchar contra ellos, probarlos en animales, reproducir enfermedades y mostrar esos mismos organismos. El microscopio ha jugado un papel muy importante en el subsecuente desarrollo de muchas vacunas.

El primer intento de vacunación contra las enfermedades data del año 700 d.C. en la India. Los monjes budistas solían ingerir veneno de serpiente con la creencia de que si eran mordidos, sus cuerpos generarían una inmunidad al veneno. Nadie sabe a ciencia cierta si aquel radical intento de vacunación resultó efectivo, pero dieron con la idea. Pero no fue hasta finales del siglo XIX, con la ayuda del microscopio, cuando se descubrió el vínculo entre gérmenes, bacterias y enfermedades. Los científicos empezaron a crear vacunas adecuadas. Las vacunas están diseñadas para introducir una cantidad de enfermedad en el cuerpo sin contagiar la enfermedad en sí misma. El cuerpo produce entonces un anticuerpo que crea una inmunidad ante la enfermedad en cuestión.

Edward Jenner creó la primera inmunización con éxito en Inglaterra en 1796. Aunque usaba una primitiva forma de microscopio, su descubrimiento fue resultado de una profunda observación. La viruela era una enfermedad epidémica que llevaba miles de años afectando al mundo con una tasa de mortalidad de más del 40%. Los científicos buscaban frenéticamente una vacuna para erradicarla. Jenner había observado que si las lecheras de las granjas se contagiaban de una enfermedad de las vacas, parecían inmunes a la viruela. Lo que Jenner hizo fue material de la herida de un granjero e inocularlo en el brazo de un niño, James Phipps. Este niño fue expuesto a la viruela y quedó protegido. Con el tiempo, la antigua enfermedad mortal fue erradicada completamente.

Luego, a principios del siglo XX, el científico francés Louis Pasteur realizó más avances en la investigación de las vacunas. Pasteur es conocido en la historia por el desarrollo de su vacuna contra la rabia y el uso de una materia atenuada para producir un modo de tratarla que hasta ese momento nadie había sido capaz de tratar.

El siguiente gran avance en medicina fueron los antibióticos. A principios del siglo XX, uno de los antibióticos más importantes entraría a formar parte de la historia. En 1928, Alexander Fleming descubrió la penicilina. Se dio cuenta, con la ayuda del microscopio, que el moho que crecía en una muestra de gelatina en su laboratorio había destrozado completamente la bacteria que había estado cultivando. Irónicamente, Fleming perdió interés en el descubrimiento de la penicilina y tuvieron que pasar diez años antes de que otro grupo de científicos descubrieran sus apuntes y se diera cuenta de su potencial para crear una forma pura de penicilina. Con ella se consiguieron grandes logros en la guerra contra las bacterias.

Pero los científicos necesitaban ahora un modo de enfrentarse a los virus. A diferencia de las bacterias, los virus son una sustancia mucho más pequeña para ser vista por los mejores microscopios convencionales. Los científicos, de nuevo, aprovecharon la potencia de la electricidad y crearon el microscopio de electrones, un aparato que permitiría finalmente la visualización de los virus. Los americanos aportaron miles de millones de dólares para el desarrollo y la creación de nuevas vacunas. La investigación de Jonas Salk llevó a la creación de una vacuna que erradicó la mortal y atroz enfermedad de la polio y se crearon muchas otras vacunas contra las enfermedades como el sarampión, paperas, rubéola, hepatitis y muchas otras. Estas vacunas nos ayudan a vivir más tiempo que siglos atrás.

Los inventos clave de la historia han afectado e influido en todos los aspectos de nuestras vidas: cómo vivimos, trabajamos, jugamos o viajamos. Y mientras estos inventos sigan su curso, seguirán íntimamente relacionados. Y creo que lo que vemos en la última parte del siglo XX es que la cantidad de tecnología que llega al mismo tiempo y que se utiliza a la vez es tan grande que no tiene igual en la historia. La raza humana ha sido testigo de una increíble ola de importantes innovaciones, pero quedan más inventos por descubrir. Mientras el hombre continúe pensando, continuará inventando y, como resultado, habrá más inventos que cambiarán sin duda el curso de la historia.

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