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INTRODUCCIÓN A LA HISTOLOGÍA Y TÉCNICA HISTOLÓGICA | HISTOLOGÍA

MED4all15:31

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[Música] bienvenidos a met flow el día de hoy veremos una introducción a la histología y las técnicas histológicas básicas.

Para comenzar, definiremos qué es la histología y si nos vamos a la etimología, esta palabra está compuesta del griego "histos" que significa tejido y "logía" que significa ciencia o estudio. Por lo que, cuando hablemos de histología, nos vamos a referir al estudio de las estructuras microscópicas de los tejidos y órganos del cuerpo.

También vamos a encontrar que algunos autores se refieren a la histología como anatomía microscópica, ya que básicamente, gracias a la histología, podemos conocer la distribución y las características de las células y otros elementos como la matriz extracelular que conforman como tal a los órganos y a los tejidos del cuerpo. Es importante recordar que cuando hablemos de un tejido, nos vamos a referir al conjunto de células que realizan una función específica.

El objetivo de la histología como ciencia no solo se trata de conocer la estructura microscópica de los tejidos, sino también la importancia que tiene la estructura en relación con los órganos y los sistemas que éstos conforman. En resumen, es necesario comprender la organización y las características específicas de los tipos de células para poder entender cómo funciona cada órgano, ya que las células que componen nuestros riñones son diferentes a las que conforman nuestro hígado o páncreas.

Ahora hablaremos sobre la técnica histológica. Para poder observar las células que componen nuestra piel, nuestro estómago o cualquier otra parte de nuestro cuerpo, se requiere de técnicas histológicas. ¿Para qué? Para poder preservar los tejidos y observarlos al microscopio. Es decir, la función de estas técnicas es la de preparar a los tejidos de modo que se parezcan mucho a su estado natural de vida.

Estas técnicas comenzaron en el siglo XVII y hoy en día siguen siendo de vital importancia, aunque con el tiempo han ido evolucionando y mejorando. Los objetivos de realizar una buena técnica histológica los sin lugar en tres:

Primero, producir cortes suficientemente delgados con la mejor preservación morfológica posible, con el fin de que logren ser observados con la máxima resolución de los microscopios.

En segundo lugar, conservar las características biológicas y químicas de las células y tejidos para que sean estudiados utilizando métodos especializados.

Y tercero, permitir que se estudien en un solo corte la mayor parte de las estructuras celulares y tisulares.

La técnica histológica estándar la podemos dividir en seis pasos que se tienen que realizar, de los cuales el primero consiste en la toma de la muestra. El segundo paso será la fijación de esta. En el tercer paso incluiremos a la deshidratación y el proceso de aclarado. En cuarto lugar está la inclusión. Posterior a esto, el quinto paso es el corte y finalmente el montaje y la tinción de estos.

El primer paso de este procedimiento es la toma de muestra y para esto existen diferentes procedimientos que permiten obtener muestras de tejidos y órganos. Para empezar, hablaremos de la biopsia. La palabra biopsia deriva del griego "bios" que significa vida y "opsi" que significa visión, y se refiere al procedimiento mediante el cual se remueve tejido de un organismo vivo para su correspondiente estudio histopatológico macroscópico y microscópico.

Y vamos a encontrar que existen diferentes tipos de biopsias, de las cuales las más importantes son:

Primero, la biopsia por aspiración con aguja fina o PAAF, en la que la muestra es tomada mediante una aguja fina con la aspiración por la jeringa, obteniendo ese material líquido o semi líquido para el estudio citológico. Este tipo de biopsia se utiliza tanto en lesiones pequeñas como lesiones grandes, principalmente en nódulos linfáticos, en lesiones superficiales de cabeza y cuello, en tiroides, glándula mamaria o nódulos hepáticos.

En segundo lugar, tenemos a la biopsia por punción con la aguja gruesa, también llamada Tru-cut, en la que se utiliza una aguja hueca para extraer fragmentos de tejido. Este tipo de biopsias casi siempre precisan de anestesia local y deben ser guiadas por ultrasonido u otros métodos de imagen como la ecografía transrectal. Esta es ampliamente usada para lesiones de mama, para el diagnóstico de cáncer de próstata y para observar médula ósea roja, principalmente.

En tercer lugar, tenemos a la biopsia quirúrgica, que básicamente consiste en la extracción de un fragmento de tejido durante una intervención quirúrgica, por ejemplo, de una vesícula, útero o mama, por mencionar algunos. Además de estos ejemplos, existen más tipos de biopsias como la biopsia por congelación, la biopsia por sacabocados, por trepanación, entre otras.

Otro método para la toma de muestra es la citología exfoliativa, que consiste en un procedimiento para el estudio e interpretación de las características morfológicas de las células que se descaman, ya sea natural o artificialmente, de las mucosas. Es técnica sencilla, no agresiva, relativamente indolora y bien aceptada por los pacientes. El ejemplo clásico en el que se utiliza este método es en la citología exfoliativa cervical o cérvico-vaginal para estudiar las células de la unión escamosa-columnar del cuello uterino y así poder identificar lesiones premalignas.

Una vez que ya tenemos nuestra muestra, el siguiente paso es la fijación de la muestra, que consiste en un proceso de preservación estructural cuyo objetivo es mantener al tejido lo más cercano a su estado natural in vivo. El fijador mantiene las estructuras al estimular la formación de enlaces cruzados entre las proteínas y otras moléculas de gran tamaño.

¿Y qué es un fijador? Pues se llaman fijadores a las sustancias químicas o a los agentes físicos que se utilizan para cumplir con el objetivo de preservar los tejidos. Entre las cualidades de un buen fijador, vamos a encontrar:

Primero, que tiene que actuar con rapidez para evitar la autólisis, es decir, la autodestrucción celular.

Segundo, que impida la proliferación de las bacterias.

Y tercero, que aumente la dureza del tejido.

Para la preservación de los fragmentos de tejidos, el fijador más usado es el formol al 10%, y para el caso de las citologías, el fijador de preferencia es el alcohol al 96%.

Este paso es de vital importancia en el procesamiento de tejidos, ya que si la muestra no se fija de forma oportuna, aunque el resto de los pasos se hagan bien, a la hora de ver al microscopio no se logrará ver nada y, por ende, no se podrá dar un diagnóstico. Es por ello por lo que hablaremos de cómo realizar una correcta fijación.

En el caso de los tejidos o piezas quirúrgicas, las muestras se deben colocar inmediatamente en un recipiente de plástico o de vidrio transparente. Este recipiente debe contener formol al 10% en una cantidad de 15 a 20 veces el volumen del tejido para evitar daños y cambios histológicos. Es decir, como se aprecia en las imágenes, la cantidad de formol debe de ser mayor al volumen del tejido para que se fije adecuadamente.

El tiempo que tiene que permanecer el tejido en fijación dependerá del tamaño del tejido mismo, ya que el formol al 10% penetra aproximadamente un milímetro en una hora. El tiempo mínimo de fijación es de 6 horas y el máximo de 48 horas. En el caso de las piezas grandes, se recomienda cortarse en rebanadas de 5 a 10 milímetros previo a su inmersión para que se logre una fijación profunda.

En el caso de las citologías, también la rapidez es un factor importante para preservar en buen estado las células. En este caso, la fijación consiste en sumergir la laminilla en alcohol al 96% inmediatamente después de la toma, como se puede observar en la imagen. Actualmente, en algunos centros de salud se suele usar una spray a base de alcohol que solo se rocían las laminillas, pero este tiene algunas desventajas.

En el caso de las citologías, el proceso de fijación es más rápido que en el de los tejidos, ya que solo se requiere de al menos 15 minutos para que las células se fijen bien.

Después de la fijación, el siguiente paso es la deshidratación del tejido, que consiste en una serie de baños en alcoholes de concentraciones crecientes para extraer el agua del tejido. Esto se realiza de esta forma, ya que si se colocara el tejido en una solución de alcohol absoluto, o sea alcohol al 100%, el agua saldría muy rápido del tejido y este se deformaría.

Si este proceso se realizara manualmente, el tejido se tendría que sacar del formol, se dejaría secar un poco en una toalla de papel y posteriormente se introduciría en un frasco con alcohol al 70%, que de igual forma tenga una cantidad mayor de alcohol que el volumen del tejido, y se dejaría ahí por una hora. A la siguiente hora, se sacaría el tejido, de igual forma se dejaría secar rápidamente en una toalla de papel y se introduciría en un segundo frasco que también tenga alcohol al 70% y se dejaría ir por una hora. Después de esta hora, se repetiría el mismo procedimiento, solo que el siguiente frasco ya debería tener alcohol al 96%, y así se deberá ir el cambio hasta llegar al sexto baño con alcohol al 99%, como se muestra en el esquema.

Después de la deshidratación, viene el aclarado, que es un proceso muy similar al que se sigue en la deshidratación. Este sirve para permitir que el alcohol de los tejidos sea reemplazado por un líquido que disuelva la parafina con la cual el tejido será impregnado, y por lo general se usa el xileno. A este paso se le llama aclarado, ya que el tejido se torna transparente y consiste en dos baños de una hora cada uno. Es decir, después de sacar el tejido de su último baño de alcohol, este se dejará secar en una toalla de papel y posteriormente se sumergirá en un frasco con xileno y se mantendrá así por una hora. Tras esa hora, se sacará el tejido, se secará y se introducirá en un segundo frasco con xileno por otra hora.

Es importante mencionar que actualmente ya existen procesadores automáticos de tejidos que realizan básicamente todo el procedimiento de la deshidratación y el aclarado, pero es importante conocer todos los pasos que se realizan de esta máquina y que anteriormente todavía se realizaban manualmente.

Continuaremos con la inclusión, que consiste en dar dureza homogénea al tejido para poder ser cortado posteriormente a una medida de micras mediante el uso del micrótomo y así poder ser observados en el microscopio. Esta dureza se consigue mediante la inclusión en un medio sólido como la parafina, que es una sustancia cerosa que a temperatura ambiente es sólida. La dureza se logra al colocar el tejido en un recipiente adecuado con parafina fundida hasta que quede totalmente infiltrado y se deja endurecer hasta formar un bloque, como los que se muestran en la imagen. A su vez, estos bloques se colocan sobre una superficie fría para que se solidifiquen completamente y queden listos para ser cortados.

El corte de estos bloques se realiza con la ayuda de un micrótomo, una máquina provista de una cuchilla y un brazo que avanza por el bloque en incrementos uniformes predeterminados. El grosor del corte debe ser de aproximadamente 5 micras y una vez realizado el corte, se coloca en un baño de flotación de 35 a 45 grados Celsius y se monta sobre un portaobjetos.

El siguiente paso es el montaje y la tinción. Como ya se mencionaba, los cortes obtenidos se montan en portaobjetos de vidrio recubiertos con un material adhesivo. Y dado que muchos constituyentes titulares poseen las mismas densidades ópticas, es necesario teñir los para facilitar la identificación de las estructuras. Los colorantes utilizados habitualmente en histología son hematoxilina y la eosina.

La hematoxilina es una base que tiñe de azul los componentes ácidos de la célula, como el DNA y el RNA, que se encuentran en el núcleo y en los ribosomas, por lo que estas estructuras se van a teñir de azul oscuro y se les llamará basófilos. La eosina es un ácido que tiñe los componentes básicos de la célula de un color rosado, y debido a que muchos componentes del citoplasma tienen un pH básico, las regiones del citoplasma se teñirán de un color rosa y se les llamará acidófilos.

Y aquí podemos observar cuatro ejemplos de tejidos en los que se utilizó esta tinción, en donde los núcleos de las células se aprecian de una coloración azul o morada y los citoplasmas de una coloración más rosácea. De igual forma, estos no son los únicos colorantes. Hay diversos tipos de colorantes que funcionan para teñir estructuras específicas de los tejidos. Por mencionar algunos, tenemos al tricrómico de Masson, que como su nombre lo dice, emplea tres colorantes: la hematoxilina, la fucshina y el verde luz. Esta tinción es útil para identificar las fibras de colágeno, el tejido conectivo y las células musculares, y se utiliza mucho para el diagnóstico de procesos tumorales. Tiñe de azul oscuro los núcleos de las células, de rojo las células musculares y la queratina, y de azul claro el colágeno y el mucígeno. Y visualmente, esta tinción se observaría como en esta imagen.

También tenemos a la hematoxilina férrica, que tiñe de negro las estriaciones de músculos, los núcleos y los eritrocitos. Otra tinción muy utilizada es el ácido periódico de Schiff, o tinción de PAS. Esta es una reacción colorimétrica que permite la tinción de componentes celulares que contienen hidratos de carbono y los tiñe de color magenta. Por ejemplo, algunas membranas celulares, las células caliciformes del intestino, las paredes celulares de los hongos, etc.

Finalmente, otra de las tinciones en las que hablaremos son las tinciones de Wright y Giemsa, que se utilizan para el estudio de las células sanguíneas y tiñen de rosa a los eritrocitos y a los gránulos de los eosinófilos, tiñen de color morado los núcleos de los leucocitos y los gránulos de basófilos, y de azul el citoplasma de monocitos y linfocitos.

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