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Cultura, lenguaje e interpretación

Lengua & Cultura22:46

Transcription

[Música]

Los días nublados. Sergio Pérez Burgos. Soy profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana y he trabajado ya por mucho tiempo el curso de la agricultura. Yo soy el autor del primer texto corriente con el que ustedes entraron en contacto, que lleva por título "Cultural, Lenguaje e Interpretación". La idea de volver sobre el texto es en el siguiente sentido: después de mucho tiempo revisándolo, me he dado cuenta que ese texto requiere ser corregido únicamente en algunos puntos. La pretensión, como les digo, es volver al texto y recrear un poco desde otras perspectivas sus contenidos.

Les decía que me alegra compartir con ustedes esta aventura académica y existencial, pues porque somos animales que efectivamente compartimos con otras especies la aventura de existir. Por supuesto, con diferencias notables, pero digamos que son diferencias que nos caracterizan y que de ninguna manera nos dan superioridad. Me parece que no es importante aclararlo: somos normales entre otros, con una singularidad extraordinaria, pero las demás especies también son importantísimas. También quienes han tenido el talento y la capacidad de sobrevivir y de evolucionar. Efectivamente, nosotros el producto de una evolución, una evolución que los científicos todavía intentan desentrañar. Ahora, alves intentar llegar a ese punto donde podamos hablar de un origen, de dónde realmente venimos. Algunos especulan que previamente del mar, dicen que de las estrellas, en fin, los científicos todavía nos dan noticias de esas peripecias por las que hemos pasado.

Es como expresa algunos, dicen que éramos efectivamente un homínido que compartió con otros homínidos una aventura inicial. Nosotros, en particular, vivíamos en los bosques. Había muchísimos bosques, de saber, pero niños en esos bosques tan ricos donde vivíamos y a los que estábamos completamente adaptados, se redujeron por un cambio climático. ¿Qué fue eso? Eso hizo que ese animal que nos antecedió, queramos nosotros, íbamos nosotros, se hubiera obligado a bajar de los árboles y enfrentarse en la sabana. Y tuvimos la fortuna de tener la competencia filogenética para emprender un trayecto evolutivo que hizo posible, a través de un período muy largo, unos momentos históricos considerables, que fuéramos evolucionando. Lógicamente, digamos que a grosso modo, pues en primera instancia fuimos un animal que pudo erguirse, que después pudo liberar la mano. Porque cuando vivíamos en los árboles, pues nuestra mano tenía una función netamente previsible para pasar de una rama u otra, alimentarte de frutas, de flores y de hojas. Después de liberar la mano, se daría un acrecentamiento craneano o de la capacidad craneana bastante significativo, que hizo posible la emergencia del cerebro y, simultáneamente, de la mente.

Hoy los científicos tampoco saben decirnos la ciencia cierta qué vínculo exacto tiene el cerebro y la mente y, por supuesto, con el desarrollo del ser y mente, pues todas las demás facultades que nos constituyen: las emociones, los sentimientos, todo el aparataje psíquico y, digamos, esa dimensión extraordinaria que determina nuestra esencia, que es la lingüística.

Ahora bien, ese proceso reboteante que permitió finalmente que emergiéramos como homínidos sapiens sapiens, es decir, un homínido que piensa. El pensamiento es algo extraordinario de nuestra especie, porque cualquiera podría decirme que no le podemos negar a otras especies animales la posibilidad de pensar. Podríamos aventurarnos y decir que si otros animales que ocupan un lugar importante dentro de la escala jerárquica tienen destrezas para el hábitat, para desplazarse en sus propias realidades con destreza, me está diciendo que es inteligente. Nosotros, cada cristiano pensamiento es una facultad que es capaz de reflexionar sobre sí mismo. Pienso que solo sabemos seres humanos pensamos, pero además tenemos la posibilidad de preguntarnos por qué pensamos, o qué significa pensar.

Ahora bien, a partir de ese momento, el Homo sapiens tuvo que pagar un precio y eso está bien para la discusión. No sabemos si fue tan positivo o tan negativo, y es que tuvimos que reducir el instinto, reducirlo porque las nuevas características a partir de las cuales habitamos las realidades que nos circundan, porque no circunscribe.

[Música]

Eran realidades que tenían que ser interpretadas y ya no contamos con un aparato instintivo que nos permitiera orientarnos con absoluta solvencia y certeza sobre los diferentes ámbitos que constituyen las contingencias de la vida cotidiana. En esa reducción de instintos surge una característica que nos sigue determinando y es que somos un animal hermenéuticamente indeterminado. Cuando digo hermenéuticamente, por favor, no se confundan. La hermenéutica tiene su propia trayectoria, pero digámoslo para que no nos confundamos en este momento: queda hermenéutica en la capacidad que tenemos y esa interpretación que hacemos del mundo. Esa capacidad de comprender el mundo lo hacemos por vía de la línea exclusividad o, si ustedes quieren, por vía del lenguaje. Por eso tengo que decirles, nosotros tenemos solamente la capacidad de la palabra, pero para el mundo de palabra, de relacionarnos con la palabra, sino que también hay otros lenguajes: el lenguaje artístico, el lenguaje científico, el lenguaje simbólico, por ejemplo, los ritos, el lenguaje matemático, aflora, en fin. Somos un animal capaz de dotar de sentido, de dotar de significación inmanentemente la realidad que nos dificulta.

Pero habría que agregar algo último e importante: no es solamente dotar de sentido, sino recrear permanentemente el sentido que le otorgamos al mundo, a las cosas, a los seres, a las experiencias, a los acontecimientos, a las contingencias que determinan nuestro devenir en este mundo y en otros que, a lo mejor, podamos pronto o a largo plazo habitar. El lenguaje es importante porque no es una herramienta, no es solo una característica. El lenguaje es aquello que nos esencializa. Si somos lenguaje, eso no me parece porque digamos que por mucho tiempo históricamente ha sido la discusión, porque se pensaba precisamente que éramos un animal, digamos, articulado por facultades independientes que se articulaban en algún momento. Por ejemplo, por mucho tiempo se preguntó si si si era cierto que pensábamos efectivamente, lo hacemos el lenguaje, entonces era una herramienta del pensamiento. Pensamos, entonces después utilizamos el lenguaje. Pues el lenguaje es el que posee el pensamiento. Digamos que la filosofía ha apostado en las últimas décadas por mostrarnos como no hay facultades aisladas en el momento determinado que se articulan, sino que en el lenguaje mismo acontece el pensamiento. En las diferentes manifestaciones de la lingüística acontece la capacidad de comprender.

Que para ellos, si eso es así, si volvemos la mirada a las diferentes formas de lenguaje que somos capaces de construir, digamos que siempre en el lenguaje hay algo interesantísimo y es que estamos diciéndole a alguien algo sobre algo. Siempre estamos comprendiendo el mundo a partir de algo, de una cosa, de un ente, de un acontecimiento, de una situación. Recuerden que en el texto, cuando lo leímos la primera unidad, yo señalaba como el ser humano se enfrentaba siempre como una especie de drama. Mira qué el pensamiento, entendimiento, la comprensión, la interpretación de la que somos capaces, pues siempre estaba como abocada a una especie de hiato, de ruptura, de abismo con la realidad. Y eso no es cierto. Afortunadamente, tenemos pensados filósofos que nos permiten corregir perspectivas de comprensión. Ya a este respecto, Gadamer, famosísimo filósofo alemán, padre de la hermenéutica filosófica, nos dice algo muy importante: el ser humano nunca, nunca, nunca habita vacíos del mundo. El ser humano nunca está abocado a una falta de significación radical, porque el ser humano tiene la inmensa posibilidad de habitar el mundo a través de la tradición cultural o civilizatoria a la que pertenece. Es a esa tradición que nos acoge desde que nacemos, pues por supuesto, dependiendo de la actitud cultural en la que nacemos y, por supuesto, depende de la tradición civilizatoria de la que esa cultura sea nutrida. Somos acogidos y a partir de ese momento las generaciones que nos reciben moldean en nosotros a través de la lingüística. Recuerde, entendemos por lingüística no solamente la lengua o los idiomas, sino otras formas de expresión como el arte, decíamos, como la espiritualidad religiosa, como las matemáticas, etcétera. Esa lingüística recibida tradicionalmente es la que nos permite habitar el mundo de manera comprensiva.

Ahora, ¿eso es inconsciente? Realmente es inconsciente. Cuando comenzamos a estudiar, digamos, en instituciones educativas, es cuando se nos invita a hacer conciencia de la formación que hemos venido recibiendo y de la formación que recibiremos de aquí en adelante. Pero buena parte de esa tradición de herencia habita en nosotros inconscientemente. Eso es lo que nos permite habitar el mundo. Y con eso quiero decir, muchachos, algo muy sencillo que puede sonar un poco chistoso: es que los seres humanos no llegamos al mundo en paracaídas y, por tanto, no cada uno de nosotros no vive el drama de qué hacer con la realidad, de cómo orientarnos en la realidad, de cómo comprender a esa realidad que, por supuesto, es enigmática y misteriosa, sino que somos acogidos por una comunidad humana que nos ofrece un idioma, que nos ofrece una propuesta de espiritualidad, que nos ofrece un cúmulo de símbolos, de rituales, de hábitos, de costumbres, de concepciones del mundo. Finalmente, y con eso, con ese equipaje es que los seres humanos, pues vamos desarrollando nuestra capacidad de existir.

Ahora, ese equipaje nunca es del todo suficiente, ¿por qué? Porque los seres humanos siempre estamos enfrentando contingencias. ¿Qué es una contingencia? Pues el hecho de que las cosas puedan ser o no ser. El ser humano siempre está enfrentado a la imprevisibilidad de lo real. Y frente a esa imprevisibilidad, el ser humano lo que tiene que plantearse preguntas: ¿cómo resolver la contingencia? ¿Cómo resolver las circunstancias? ¿Cómo resolver el acontecimiento que emerge imprevisiblemente ante nosotros? Y no me refiero, pues, a un asunto netamente individual. Nos vemos enfrentados a resolver contingencias de manera colectiva. Tienen, por ejemplo, ustedes esta pandemia. Digamos que el ser humano ahí se ha enfrentado a una pregunta extraordinaria y es: ¿qué hacer frente a lo económico, frente a lo político, al asunto laboral, frente a la perspectiva profesional, frente a las relaciones afectivas, etcétera, etcétera? Aparecen en las colecciones como estas, hay una crisis radical de sentido. Y si no podría ser que estamos habitando una crisis, pero contamos con un equipaje, con un equipaje de formación que actualizamos para aplicarlo a la situación presente. Yo lo que es el ser humano siempre y a partir de ahí, qué tipo de respuestas podemos generar para crear posibilidades de futuro.

Quiero también insistir en que permanentemente el ser humano tiene que revisar las perspectivas de comprensión y de interpretación que produce, porque esas perspectivas de comprensión y de interpretación tienen una cobertura limitada. Precisamente por eso, uno se da cuenta que en la contemporaneidad, por ejemplo, hay sectores de la sociedad y de la cultura buscando reivindicaciones, reconocimiento de otros, porque las las ópticas interpretativas y comprensivas siempre tienen que estarse revisando. Me refiero a reivindicaciones étnicas, reconocimiento de opciones espirituales, religiosas, reconocimiento de perspectivas de elección sexual, reivindicaciones del género. Que es muy peligroso la fuente se permanentemente. Por yo tal vez decimos hoy, el ser humano no logra aprender el hecho de que el ser humano se siente mucho más seguro cuando se afianza en fanatismos o en posturas ortodoxas y definitivas, unívocas, unidireccionales, porque eso nos da más seguridad. Diría que no solamente es más seguridad interpretativa y comprensiva, sino a lo mejor también seguridad somática. Es mucho más fácil hacerse a una determinada manera de ver el mundo que replantearse la. Ahora, no se trata de replantearse las cosas porque sí, sino porque las situaciones históricas, que generalmente son imprevisibles, así lo demandan. Retrataría precisamente, y esto es bien importante, el ser humano intente, y es típico, la inmensa responsabilidad en relación con nuestra tradición, con el presente y con el futuro. Reivindicamos nuestra mirada sobre la situación en la que nos encontramos, es decir, toda situación tiene matices particulares porque eso muestra el carácter de nuestra historia.

[Música]

He hablado insistentemente de la injusticia humana, de todo el equipamiento de lenguajes con el que hemos sido nutridos, pero por supuesto no he señalado el hecho de que en este curso en particular nos vamos a ocupar de la lengua y, en este caso, pues el español. ¿Por qué es tan importante? Porque todo lenguaje, digamos, tiene una dimensión formal, es lo que llamamos la gramática, o la dimensión codificada que tienen ciertos los lenguajes en general. El español también lo tiene, cualquier idioma lo tiene. Se sobreponen evidencia, no cuando hablamos, porque cuando hablamos utilizamos nuestro idioma de manera espontánea y hemos incorporado la lengua que hablamos de manera fluida, sin presiones, con excepciones, pero en general los niños desde muy pequeñitos estamos ávidos de palabra, incluso de nuevos aprendizajes. ¿Qué hacer? Los niños inventan palabras. Ustedes como los familiares, las personas que están que rodean nuestra infancia, permanentemente nos cuentan qué términos nos inventábamos cuando éramos niños, porque allá hay apetencia de palabras, de que somos niños.

Pero digamos que la complejidad de la lengua se pone de manifiesto cuando vamos a escribir o cuando leemos a otros, porque cuando vamos a escribir nos damos cuenta que nosotros no escribimos como hablamos, sino que la lengua tiene unas particulares requerimientos, unos requerimientos a los que hay que ocuparse porque son fundamentales. Digamos que cuando el pensamiento se vuelca en la escritura, al tiene una forma muy particular, porque es como que se concretan y dejan de editar el espacio de lo virtual y adquieren un peso distinto. Y por eso es tan importante en la dimensión escrita haya coherencia, la sintaxis, haya buena conectividad y los conceptos y las ideas, de tal manera que cuando otro nos lea, pueda comprender o pueda servirse de los horizontes que en el texto ofrecemos o que en el texto nos ofrecen. Eso es quitar qué decir qué el código lingüístico no agota la riqueza de la lengua o que los códigos de los que se sirven de un lenguaje agotan el lenguaje. Digamos que son formas de aprender un lenguaje. El código lingüístico de la lengua en particular, pues es importantísimo y vamos a hacer mucho énfasis en este curso.

Pero quizá lo más importante, el contenido, es de lo que se dice en el lenguaje, lo que nos decimos los unos a los otros respecto de algo fuerte. Porque cuando estamos hablando con alguien, por ejemplo, nosotros nos estamos fijando propiamente en el enunciado y cómo el otro arma el código mientras habla, lo que dice, qué es lo que está expresado en lo dicho. Eso es realmente lo que nos moviliza y es realmente importante. Y pienso que también cuando leemos a otros, entramos en diálogo. Fijamos entonces que este es el momento de incentivar [Música] y promulgar la lectura, porque es fundamental, es entrar en diálogo con el pensamiento que cuando se hace escultura, se ha depurado, se ha tomado el tiempo suficiente para y perfeccionar, para redondear, para enriquecer, para recrear una propuesta de comprensión y de interpretación.

De manera, pues, que yo les agradezco mucho la atención, les deseo la mejor de las suertes y les envío un abrazo de cañón a todos.

[Música]