Transcription
Lectura del Santo Evangelio según San Juan. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios. Creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde esté yo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y a donde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice: Señor, no sabemos dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Ayer celebrábamos a los Redimidos, los que ya están con el Señor, los que están en el cielo. Hoy la Iglesia celebra aquellos que son los fieles difuntos, pero para rezar por ellos. O sea, que celebra, recuerda y reza por los que están en el purgatorio. Ayer el cielo y el purgatorio. Mañana tocaré el infierno, pero por los que están en el infierno ya no se puede ni rezar. Así que nos olvidamos de ellos, que han hecho esa elección para siempre y que ya no vale la misericordia de Dios a los que han elegido la no misericordia y han elegido la justicia.
Como decía Santa Faustina Kowalska, la Faustina Kowalska, en todo lo que es este juego de la misericordia de Dios, decía: "El hombre ha de escoger entre la justicia y la misericordia". Si no escoge la misericordia de Dios, y esto es el arrepentimiento, y el darse cuenta de los pecados, y el pedir perdón, y el darse cuenta que el único Señor y Salvador es Cristo, y no hay más. Si no hay esto, solo queda la justicia.
¿Y qué es la justicia? Es el castigo de aquellos que no se arrepienten, que buscan solo el mal, que no creen en la capacidad de salvación de Dios nuestro Señor. Pero el cristiano sabe muy bien que en medio de los pecados, y aún siendo todos pecadores, quién más y quién menos, pero que lo que Dios quiere es la conversión de cada uno de nosotros. Y en esa, en ese camino de conversión, para los que sí hemos muerto en gracia de Dios o moriremos en gracia de Dios, esperemos todos los que estamos aquí, y ojalá toda la humanidad muriera en gracia de Dios.
Pero les falta santidad. Entonces viene ese, esa purificación que es precisamente el purgatorio. Aunque la palabra purgatorio como tal no sale en la Biblia, pero el concepto del purgatorio sale muchísimas veces. Sale mucho la oración por los difuntos y sale mucho también lo que es en tantas parábolas: "Antes de que te acusen, ves, ponte de acuerdo, no sea que tengas que pagar hasta el último céntimo". Te aseguro, pagarás hasta el último céntimo. Si no, en el fondo, eso, todo eso es el purgatorio.
Es si tú te arrepientes, si tú cambias de vida, si vas por el camino de la santidad, pues te pasará aquello del buen ladrón. Ese buen ladrón que no era bueno por ser ladrón, ni mucho menos, sino que siendo un ladrón es condenado a muerte, pero se arrepiente ante Jesús y le pide la salvación. "En verdad, en verdad te digo, hoy estarás conmigo en el, en el paraíso".
Pues cada uno de nosotros tenemos esa oportunidad, la conversión aquí en la tierra, porque lo que el Señor quiere es nuestra salvación. Y nosotros también pedimos por todos nuestros difuntos, por tanto y tantos que estuvieron aquí en esta iglesia, en tantas iglesias, pero también pedimos por todos aquellos que desde el inicio del mundo tuvieron fe, aunque oculta a los ojos de los hombres, y que están esperando la oración de la Iglesia, de cada uno de nosotros, para poder acabar de purificarse y entrar en el cielo.
Es lo que la Iglesia tantas a veces dice: "Reza por las almas del purgatorio", y es una de las obras de caridad. Rezar por ellos, rezar por nosotros que esperamos llegar al cielo, rezar por nuestros difuntos que si no están en el cielo, pedir para que al menos sean purificados de sus pecados, sean purificados en el purgatorio, puedan llegar también ellos a la vida eterna.
La misa de hoy es para ellos, para todos los fieles difuntos, también en la esperanza que un día recen también por cada uno de nosotros, para que todos podamos llegar a la salvación eterna. Amén.