Transcription
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía, "Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz, pero ahora está escondido a tus ojos, pues vendrán días sobre en ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrastrarán con tus hijos dentro y no dejarán piedra sobre piedra porque no reconociste el tiempo de tu visita." Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
La primera lectura. Continuamos este libro de los Macabeos. Después de estos martirios se obliga a la gente a apostatar de la fe. Los griegos con la gran cultura griega imponen, ese es uno de los problemas de siempre, de las culturas que quieren imponer a otras culturas lo que haga falta y sobre todo cuando se quiere acabar con la fe auténtica de un pueblo, o sea, con la fe del Dios de verdad. que era el Dios judío, aunque nosotros superamos por Cristo, pero Cristo viene de los judíos y esa era la auténtica fe que estaba preparando la plena revelación, que era la revelación en Cristo, Dios que viene a nosotros y que se hace hombre. lo empezaremos ya a preparar dentro de nada con el Adviento. Y ante esa imposición de acabar con la fe judía, unos cuantos, lo que llamamos el resto de Israel, pues se revelan. La mayoría claudica y el mundo de hoy está de acuerdo con esos que claudican. nos lo pone muy bien aquí todos los las ofrendas, los regalos que recibiréis y todo el bien que será si aceptáis la no fe o cambiaros de fe. No habrá problemas con vosotros. Tendréis los favores del rey, recibiréis regalos, oro y plata. Bueno, pues, ¿por qué no? ¿Qué problema hay si te lo están haciendo fácil? Claudica, deja la fe. Una fe que no sirve para nada. Ve a la modernidad. No te crees que deses en las cosas antiguas, feas, horribles, que son las de antes. Y aquí te ofrecen la gran liberación, lo bueno, lo bonito, lo moderno. ¿Qué más quieres? Y si no, pues mira, oye, no no mereces vivir, sino que quieres es lo antiguo, lo viejo, lo feo, lo que no sirve para nada, lo que ha demostrado que es malo y no quieres lo bueno, ¿para qué quieres vivir? Pues entonces mejor eliminemos. Te eliminamos y ya está. Eso es el martirio. Y resulta que el mártir sabe muy bien que esto no es lo feo ni lo antiguo ni nada de eso, sino que es la verdad y se muere ante aquel que es la verdad de todos los siglos, el que era de siempre, pero que continúa siendo, que es el Dios de la vida, el Dios que te da vida eterna. Entonces, vale la pena. Eso decíamos es antes y continúa siendo ahora. Es muy curioso ver lo que se está proponiendo incluso muchas veces en las televisiones públicas a nivel de ideas y encaja perfectamente en esta mentalidad. Adora a las nuevas ideas que de nuevas no tienen nada, pero que es lo de siempre. ir contra Dios, ese falso libertinaje donde al final es la ideología de los que mandan, de los poderosos, que se que se revisten de de mil cosas que parecen buenas y que al final destruyen al hombre y no se dan cuenta y no lo ven porque primero han intentado destruir a Dios. y se destruye a Dios. La idea de Dios en cada uno para hacer un nuevo Dios, que es la manipulación del hombre por los poderosos. Y no lo ven. La gente no quiere verlo. Por eso nos advierte tantas veces el Antiguo y el Nuevo Testamento, donde en el fondo la única verdad se encuentra en el Dios de verdad. El Dios de verdad se encuentra prefigurado en el Antiguo Testamento, ya en esta en este libro de los Macabeos, pero se encuentra también sobre todo en Cristo y lo vemos hoy en este evangelio.
Jesús ya desde Jericó ya están yendo en como una especie de gran procesión con muchísimos discípulos y bueno, muchísimos, unos cuantos discípulos, pero bastantes, y llegan a Jerusalén y a la vista de Jerusalén viene este llanto sobre Jerusalén. Al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella mientras decía, "Si reconocies tú también, reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz. No lleva a la paz toda esa mentalidad. Si no lleva la paz Cristo, no hay otro. Pero ahora está escondido a tus ojos ese velo que llevan los judíos y que lleva la modernidad. El no querer ver la verdad, el quedarse encerrado en ideologías y se aceptan todas las ideologías que vayan entrando, pero la verdad no. Dios, no, Cristo fuera. Todo eso, no, no, no, no, eso es el y todo lo demás, todo lo que venga contra Dios, bienvenido sea, porque eso es el bien. Y no ven nada. Ciegos que guían a otros ciegos. Y Jesús entonces aquí hace esta profecía que la hace varias veces. En todo el evangelio vendrán días sobre ti, Jerusalén, en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro y no dejarán piedra sobre piedra, porque no reconociste el tiempo de tu visita. Si esto no dice hacia el año 30, el año 67 empezarán las trincheras, el sitio, el asedio y el año 70 la destrucción piedra a piedra de toda Jerusalén, matando a todos los habitantes dentro. Se cumplirán estas palabras solo 40 años después de que Jesús las dijese. Pero en el fondo no se refiere solo a Jerusalén. En el fondo aquí se está hablando de todos aquellos que se oponen a Cristo mismo porque se oponen a la única salvación que tienen y se prefieren a sí mismos sus ideas, su dinero, sus cosas antes que a Dios. serán destruidos por ellos mismos, por sus ideologías. y lo hemos ido viendo tanto en estas últimas generaciones, tanta gente destruida por su ideología y por las ideologías de otros que destruyen la sociedad, destruyen las personas y no quieren verlo. Llaman libertad muchas veces a lo que es el peor de los libertinajes, que es la autodestrucción, pero no quieren verlo.
Pidamos a Dios que nos dé fe, que nos haga entender lo que Dios nos va pidiendo en cada momento, que veamos esa bondad y bien de Dios, que lo que quiere es el bien de todos, que no es ese Dios absurdo que nos presentan tantas veces desde el ateísmo, sino que es el Dios de bondad que solo quiere el bien de cada uno de nosotros.