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TEMA 10 - La Segunda República (1931-1936/39)

Maraldi25:04

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El gobierno provisional, consciente de las expectativas creadas por el cambio de régimen, anuncia enseguida que se propone transformar el Estado para hacerlo más moderno, laico y democrático. El presidente Alcalá Zamora hace ante las cámaras su diagnóstico: la crisis de España no es política, no es siquiera de régimen, es histórica. Con toda su modernidad, España sigue siendo en 1931 un país subdesarrollado, en el que el débil sector industrial tan solo da trabajo a la cuarta parte de los obreros. Ciudades como Madrid y Barcelona, que han duplicado su población en lo que va de siglo, tienen ya un millón de habitantes; pero más de la mitad de la población, el 60 por ciento, continúa viviendo y trabajando en el campo, donde la pobreza alcanza límites extremos. Eso sucede sobre todo en la mitad sur del país, donde un puñado de propietarios posee la casi totalidad de las tierras. El trabajo es escaso y está mal pagado.

Uno de los primeros problemas que aborda el gobierno provisional es el de la enseñanza primaria. Faltan tantas escuelas y maestros como los que en ese momento hay. De cada 100 españoles, 44 no saben leer ni escribir. El Ministerio de Instrucción Pública aumenta el presupuesto de Educación un 50%, para poder abrir cada año 5.000 nuevas escuelas. El objetivo esencial es el de poner en pie un sistema de educación pública totalmente laico, capaz de sacar al país del atraso que padece.

La reforma del ejército es otro de los asuntos que el gobierno aborda de forma inmediata. El ministro de la Guerra busca la modernización del ejército, toda una renovación política de los mandos militares que, aunque no sean opuestos al advenimiento de la República, la han recibido con evidente recelo. Azaña recurre a las jubilaciones anticipadas para reducir la desproporcionada cantidad de oficiales, limita el ámbito de la jurisdicción militar en beneficio de la civil, revisa los ascensos de la guerra de Marruecos y cierra tres de las academias militares. Las medidas de Azaña son mal recibidas por un sector del ejército que se aleja así de la República.

El problema religioso le estalla a la República de forma accidental un mes después de su proclamación. En Madrid, un grupo de exaltados incendia edificios religiosos. El anticlericalismo se hace presente una vez más en la calle, pero el gobierno, desbordado por los acontecimientos, no pone los medios para detenerlo. Los disturbios se extienden a otras ciudades. Después de tres días de violencia, más de un centenar de edificios religiosos han sido incendiados en todo el país. Las relaciones entre la Iglesia Católica y la República no harán sino empeorar a partir de entonces.

La vida de la joven República transcurre a toda prisa. El gobierno convoca para el mes de junio elecciones a Cortes Constituyentes. El país se llena de mítines, a los que, por primera vez, los españoles acuden en masa. Se presentan a estas elecciones partidos de todas las tendencias, desde monárquicos a comunistas. Los partidos de la coalición republicano-socialista que formaron el gobierno provisional salen vencedores. El más votado es el Partido Socialista, seguido por el partido radical, ahora centrista, de Alejandro Lerroux. La derecha queda reducida a una minoría.

En diciembre de 1931, después de seis meses de tensos debates, las Cortes aprueban, sin consenso, la Constitución de la República. El nuevo texto constitucional establece la democracia parlamentaria, introduce el modelo autonómico para intentar resolver el problema regional, establece la separación de la Iglesia y el Estado, reconoce el derecho al voto para las mujeres e incluye el reconocimiento de importantes derechos sociales para las clases trabajadoras.

Después de aprobada la Constitución, Niceto Alcalá Zamora es proclamado presidente de la República. La comitiva presidencial se dirige desde las Cortes al Palacio Real, que va a ser, desde ese día, sede de la presidencia de la República. Como presidente del gobierno es designado Manuel Azaña. El único documento sonoro que nos ha quedado de la voz de Azaña son las palabras de bienvenida al presidente del gobierno francés: “Habíamos encontrado el señor Herriot en su doble representación personal y oficial, por parte del gobierno francés y del pueblo español, la más cordial acogida y los sentimientos fraternales y pacíficos que han de unir de aquí en adelante a la República Española y la República Francesa.” [Aplausos]

Las relaciones, ya tirantes de antemano, de la República con la Iglesia se tensan aún más con la separación entre Iglesia y Estado que la nueva Constitución oficializa. La Iglesia pierde, a partir de entonces, todos los privilegios que hasta ahora había tenido en su relación con el Estado. La nueva legalidad acaba con el pago de haberes al clero, establece el matrimonio civil y el divorcio, prohíbe a las órdenes religiosas que se dediquen a la enseñanza, elimina los símbolos religiosos de todas las instituciones públicas y disuelve a la Compañía de Jesús. Muchos jesuitas se irán al exilio.

Los socialistas, con tres ministros, entran en el gobierno por primera vez en su historia. Uno de ellos, Largo Caballero, con una larga trayectoria sindical, ocupa la cartera de Trabajo y adopta una serie de medidas destinadas a favorecer a los trabajadores: subida de sueldos, jornada laboral de 8 horas para los jornaleros, vacaciones pagadas, establecimiento de un salario mínimo, seguridad social y seguro de paro. La división del movimiento obrero en torno a los dos grandes sindicatos, la UGT y la CNT, se hace patente una vez pasada la euforia por la llegada de la República. Los socialistas consideran que la República es un paso necesario para alcanzar sin violencia el Estado socialista. La guerra a la República desde el primer momento. Los anarquistas, liderados por el sector más radical, la FAI, son partidarios de la insurrección violenta y continua, lo que ellos llaman “gimnasia revolucionaria”, hasta acabar con el Estado burgués republicano y establecer el comunismo libertario. Las huelgas y los estallidos revolucionarios de los anarquistas son reprimidos con firmeza por el gobierno.

Agosto de 1932. El general Sanjurjo encabeza desde Sevilla el primer intento de golpe militar contra la República. Cuenta con el apoyo de un grupo de monárquicos y de un reducido número de mandos militares. La sublevación es fácilmente neutralizada por el gobierno. El general Sanjurjo, detenido y condenado a muerte, es finalmente, tras beneficiarse de una amnistía, exiliado en Lisboa. Desde allí esperará una mejor ocasión para volver a intentarlo.

El éxito del gobierno frente a los golpistas le sirve a Azaña para sacar adelante dos proyectos que permanecían atascados en el Congreso: el Estatuto Catalán y la Reforma Agraria. En ese momento hay en España casi dos millones de campesinos sin tierra, braceros eventuales que pasan gran parte del año en paro y que malviven con míseros jornales. El objetivo de la Reforma Agraria es que los jornaleros sin tierra acaben convirtiéndose en propietarios. Con ese propósito, el gobierno pone en marcha una política de expropiaciones, con dinero público, de los latifundios mal explotados.

Septiembre de 1932. Miles de personas se echan a la calle en Barcelona para recibir a Azaña. Azaña va a hacer la entrega oficial al pueblo catalán del Estatuto de Cataluña que las Cortes españolas acaban de aprobar. Los estatutos del País Vasco y Galicia están todavía en fase de discusión. El Estatuto proclama a Cataluña región autónoma dentro del Estado español. Los catalanes hacen a Azaña una prueba de agradecimiento por su empeño en sacar adelante este estatuto. Francesc Macià será el primer presidente de la Generalitat elegido por los catalanes.

La lentitud en la aplicación de la Reforma Agraria, causada sobre todo por la falta de recursos económicos, acaba con la paciencia de los campesinos. Las ocupaciones de fincas y los levantamientos anarquistas se multiplican. En enero de 1933, la FAI hace un llamamiento a la insurrección general. Como en otros lugares, en Casas Viejas, un pueblo de la provincia de Cádiz, un grupo de braceros anarquistas declara el comunismo libertario y se subleva. 23 personas mueren víctimas de la brutal represión contra los anarquistas de Casas Viejas. La tragedia sobrecoge a la opinión pública. La derecha culpa al propio Azaña de lo ocurrido e intenta derribarla en el Parlamento. Dentro del socialismo comienza a extenderse la idea de que hay que abandonar el gobierno de coalición con los republicanos para no compartir responsabilidades con la burguesía reformista. Lo sucedido en Casas Viejas supone un golpe político mortal para el gabinete de Azaña, que acabará dimitiendo en septiembre de 1933. Se convocan nuevas elecciones para noviembre. Esta es la primera vez que en España, en unas elecciones generales, la asistencia femenina a las urnas es masiva. Las elecciones incluyen otra novedad: las derechas se presentan por primera vez unidas en una coalición de partidos llamada CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). Su líder es José María Gil Robles y sus principios: religión, familia, orden y prosperidad.

El resultado de las elecciones de noviembre da un vuelco total a la situación. La derecha triunfa, aunque no alcanza la mayoría. El partido radical de Lerroux, de centro, se fortalece. Los republicanos de izquierda sufren un batacazo y los socialistas pierden la mitad de los escaños que habían logrado en los comicios de 1931. El encargado por el presidente de la República para formar gobierno es el centrista Alejandro Lerroux.

El año 1933 se despide con medio millón de parados. Con este importante aumento del desempleo, España empieza a padecer los efectos de la crisis económica internacional iniciada en el año 1929. El panorama que ofrece España, que lleva varios años padeciendo la crisis, es desolador. Países pujantes como Inglaterra o Alemania se han derrumbado económicamente como consecuencia del paro y la consiguiente pobreza. Se ha producido un claro retroceso del liberalismo en beneficio de partidos, tanto de izquierdas como de derechas, de signo totalitario y contrarios a los sistemas parlamentarios. En Alemania, la democracia ha sido aniquilada. Tras haber ganado las elecciones, el nazi Adolf Hitler se ha hecho con el poder absoluto e impuesto un Estado totalitario. En Italia, el fascismo de Mussolini se ha visto radicalmente reforzado por el auge del nazismo en Alemania. Cuando en España, José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador, acaba de fundar, en octubre de 1933, un partido de corte fascista, Falange Española. [Música] “Falange Española n’est pas une copie d’aucun mouvement étranger. Il a appris du fascisme italien ce que le fascisme a d’unité, d’autorité et de substitution de luttes des classes par une idée de coopération.”

El gobierno centrista de Alejandro Lerroux, que gobierna con el apoyo parlamentario de la CEDA, imprime un giro más conservador a la República y revisa gran parte de las reformas de los gobiernos de Azaña. En la oposición, los socialistas, desencantados por el alto precio pagado por su participación en el gobierno que les ha llevado a la derrota electoral, se radicalizan. Los llamados “bolcheviques” se hacen con el control tanto del partido como del sindicato, encabezados por Largo Caballero, comienzan a preparar, poco después de las elecciones, una huelga general revolucionaria como paso previo para implantar en España un Estado socialista. Amenazan con llevar a cabo su plan revolucionario si la CEDA entra en el gobierno. Los socialistas identifican a los cedistas con la amenaza fascista que se extiende por Europa.

Asturias, 5 de octubre de 1934. La insurrección obrera que los socialistas han estado preparando se pone en marcha en la cuenca minera. La víspera, el jefe de gobierno había anunciado la entrada en el gabinete de tres ministros de la CEDA. “¡No disparéis, hermanos, no disparéis! ¡Viva la Revolución! ¡Abajo el capitalismo!” Los revolucionarios asturianos asaltan los cuarteles de la Guardia Civil, del ejército y de las fábricas de armas. Después de hacerse con la cuenca minera, toman Oviedo. Asturias es el único lugar donde las izquierdas, incluidos los anarquistas y los comunistas, se han unido. La sublevación, allí, de momento, ha triunfado.

Barcelona, 6 de octubre. Lluis Companys, nuevo presidente de la Generalitat, rompe con el gobierno central y proclama el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. La insurrección catalana, que no cuenta con el respaldo de los anarquistas, es aplastada después de diez horas de lucha por el ejército. Se producen 46 muertos. El gobierno republicano suspende temporalmente el Estatuto y encarcela a su presidente. La insurrección fracasa en el resto de España, incluida la capital, Madrid. Sin embargo, la llama revolucionaria sigue encendida en Asturias. El gobierno de la República declara el estado de guerra y encarga al general Franco la dirección de las operaciones contra los sublevados. Los enfrentamientos duran casi dos semanas y son de una extrema brutalidad; alcanzan la dimensión de una guerra civil. El ejército acaba por sofocar la Revolución de Octubre, que deja tras de sí un balance trágico: 1.000 muertos y más de 2.000 heridos entre los sublevados; 300 muertos y 800 heridos entre las fuerzas del orden; cerca de 30.000 personas son encarceladas, entre ellas los dirigentes del PSOE y la UGT. La represión que sigue a la derrota de los revolucionarios encona aún más los ánimos. La Revolución de Asturias es el preludio de la Guerra Civil Española.

200.000 personas, llegadas de toda España, se dirigen en octubre de 1935 hacia el campo de Comillas en Madrid, donde Manuel Azaña va a dar un mitin. Ha pasado un año desde la Revolución de Octubre y los partidos de izquierda comienzan a recuperarse. Azaña pide el entendimiento entre ellos para rescatar la República de manos de la derecha. Su propuesta acabará cuajando en el Frente Popular, una coalición de partidos que incluye desde la izquierda republicana hasta los comunistas, pasando por los socialistas. El gobierno de coalición de centro-derecha cae y se convocan elecciones para febrero de 1936. Es la oportunidad que esperaba el Frente Popular. Su campaña electoral se apoya en la petición de amnistía para los presos de octubre y el restablecimiento de las reformas de Azaña. El interés que han despertado entre los españoles estas elecciones se refleja en el alto índice de participación, cerca del 73%. En esta ocasión, incluso los anarquistas acuden a votar. El Frente Popular gana las elecciones con un 47% de los votos. La derecha obtiene el 45% y el centro un 5%, con lo que prácticamente desaparece del mapa político. Queda así dibujado en dos grandes bloques enfrentados, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los simpatizantes del Frente Popular se echan a la calle para celebrar la victoria. Comienzan a circular rumores sobre una sublevación militar.

Manuel Azaña vuelve a hacerse cargo del gobierno, éste formado únicamente por republicanos. Los socialistas, en esta ocasión, han preferido quedarse fuera. El nuevo gobierno aprueba inmediatamente una amnistía para los presos políticos y, acto seguido, restablece la Generalitat de Cataluña. El presidente catalán, Companys, quien gracias a la amnistía aprobada ha salido de la cárcel, es aclamado en su triunfal regreso a Barcelona. Para acabar con los insistentes rumores que hablan de un inminente golpe de Estado, Azaña aplica una política de traslado forzoso a los generales que estarían en condiciones de encabezar un levantamiento. El general Franco es mandado a Canarias, el general Goded a Baleares y el general Mola a Pamplona. Lo que Azaña no sabe es que Mola, en contacto con el general Sanjurjo, que continúa en el exilio, puso ya en marcha la conspiración militar en el mismo momento en que el triunfo del Frente Popular se hizo público. Desde su nuevo destino en Pamplona, Mola proseguirá sus contactos para atraerse a otros generales a la causa golpista.

Tres meses después de las elecciones, Azaña es elegido presidente de la República. A partir de las elecciones, la radicalización de la política es cada vez más clara. Las organizaciones juveniles de los partidos, que no dejan de crecer, se militarizan. Estas imágenes corresponden a la manifestación del 1 de Mayo organizada por los socialistas en defensa de la unidad del proletariado. Participan en el desfile las Juventudes Socialistas, que acaban de fusionarse con las comunistas. Estas otras imágenes corresponden a un entrenamiento paramilitar de las Juventudes de Falange Española, el partido que dirige José Antonio Primo de Rivera, que apenas consiguió 50.000 votos en las elecciones, está creciendo ahora como la espuma. Las juventudes de la CEDA se pasan en masa al partido fascista. En la primavera de 1936, el clima de violencia es ya general en toda España. Más de 200 personas mueren en enfrentamientos políticos en los tres meses que siguen a las elecciones. En la derecha y en la izquierda, las juventudes de los partidos ya solo creen en las armas para solventar sus diferencias políticas.