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Judith Butler es una filósofa norteamericana de enorme influencia. Actualmente, se doctoró en Yale y desde los años 90 da clases en la Universidad de California en Berkeley. Su actividad se ha desarrollado en los campos de la ética y la filosofía política, pero su relevancia viene dada sobre todo por sus aportaciones a los estudios feministas, de teoría de género y de teoría queer.
Su gran aportación es la noción de performatividad de género, que lanzó en su libro más conocido, "El género en disputa: Feminismo y la subversión de la identidad", publicado en 1990 y con el que trascendió el ámbito académico. En este vídeo vamos a intentar explicar el pensamiento de Butler y su concepto fundamental de performatividad de género, precisamente partiendo de lo que dice en "El género en disputa" y algunas de las precisiones y correcciones que ha hecho posteriormente, gracias a algunas de las respuestas críticas al libro y la propia evolución de Butler.
Butler ha explicado su objetivo al escribir "El género en disputa" como el de abrir el campo de lo que es posible en nuestra sociedad. Se trata de examinar cómo podríamos crear una sociedad más inclusiva, una sociedad que no eliminase la posibilidad de aspirar a una vida de ciertas minorías que no hacen daño a nadie y que, sin embargo, son tachadas como anormales, aberraciones o incluso abominaciones incomprensibles totalmente desde la perspectiva de heterosexualidad obligatoria que ha regido tradicionalmente la sociedad.
Esa es la forma práctica de explicar lo que se propone Butler. La forma académica y filosófica es que lo que hace es una genealogía crítica de conceptos como género, sexo o sexualidad, y la hace desde una perspectiva postestructuralista. Así se configuran una serie de preguntas, tanto sociales como filosóficas, a las que Butler busca dar respuesta: ¿Qué es el género? ¿Cómo se produce y se reproduce? ¿Es natural o cultural? ¿Es el género cultural, mientras que el sexo es natural? ¿Es el sexo también cultural? ¿Cómo se establece la identidad de género? ¿Se nace o se hace? ¿Hay una identidad del sujeto previa a todo lo demás? O, dicho de forma filosófica más enrevesada, ¿existe un sujeto pre-discursivo que tiene una esencia determinada? De cómo se vayan respondiendo estas preguntas se derivará la posibilidad de enfrentarse a otra cuestión: ¿Son los binomios masculino-femenino, macho-hembra, hombre-mujer naturales? ¿Es necesario el binario? ¿Lo necesita la naturaleza? ¿La cultura lo necesita? ¿El feminismo se puede salir de ese binario? ¿Sería esto útil o perjudicial?
Butler es postestructuralista y recibe una gran influencia de varios pensadores franceses del siglo XX. Aquí vamos a destacar dos guías que facilitan la comprensión de su pensamiento. Primero, "no hay nada fuera del texto". La frase más famosa del postestructuralista más influyente, Jacques Derrida, es básica aquí. Segundo, "el marco en el que vivimos, ese texto del que no se puede salir, es una expresión del poder". Aquí la influencia directa es Michel Foucault. El poder está en todas partes y de forma especialmente relevante y coercitiva en todo lo referente al propio cuerpo y su deseo.
Veamos Derrida en todas las acepciones posibles de su frase. Lo que expresa es que no hay sujeto que se pueda situar fuera del sistema, que es básicamente lingüístico, en el que está. El sujeto está determinado por el lenguaje. Esto ya está en el estructuralismo y no puede situarse fuera. Esta es la novedad del postestructuralismo: nadie puede actuar como si pudiese observar la realidad desde fuera. La realidad, la verdad externa, no existe para el sujeto, es inaccesible para él.
En lo que respecta a Butler, esto se traduce por: no hay nada pre-discursivo. Cuando utiliza "discursivo" quiere decir "producto del lenguaje, de la cultura". Ya dentro del texto, no va a encontrar acceso a un fuera ni a nada previo. No hay un sujeto previo que se identifica, ni hay posibilidad alguna de acceder a un estado previo a la cultura, que sería un estado de naturaleza sin represión cultural. Todo es cultural, nada es natural, porque el sujeto, el ser humano consciente, está dentro de la cultura, del lenguaje, del texto, siempre. Así que ni género, ni identidad, ni sexo van a poder ser naturales o pre-discursivos, sino que todo, todo es construido.
A esto añadimos que el discurso es el discurso del poder. Como enfocó Foucault, el poder que está en todas partes se oculta a nuestros ojos, facilitando así que reproduzcamos voluntariamente el marco dado. Se han naturalizado una serie de atributos de la identidad personal, de tal forma que la subversión contra el sistema aparezca a nuestros ojos como imposible, una abominación. Reproducimos modelos que creemos naturales y es problemático plantearse construir otros modelos.
Entonces, una conclusión de Butler es que hay que desplazar el binario que sirve de base al marco actual, todo lo posible. Esto aparece como una posibilidad: los binomios jerarquizados, además, masculino o femenino, u hombre-mujer, son construidos, no una realidad natural binaria externa o dada. Pero también como una imposibilidad: no hay nada fuera del texto y no puedes salir del sistema. Así que, ¿cómo vas a desplazar el binario si no puedes escapar?
Butler afloja aquí el determinismo más propio del estructuralismo, dando a entender que no hay nada fuera del texto, pero el texto es móvil. Aquí aparecen ecos del otro postestructuralista francés muy conocido, Gilles Deleuze. Butler recurrirá a la repetición y la diferencia en la repetición para encontrar la posibilidad de subversión contra el poder que está buscando.
En resumen, desnaturalizar, cree Butler, es el punto de partida para repensar lo que es posible. Y desnaturalizar representa aquí no solo desnaturalizar el género, sino todo el sexo, el sujeto en sí.
Bien, de todo lo que hasta ahora se ha dicho, se deduce que Butler expone una parte fácil de desnaturalizar para quienes se consideren comprensivos, abiertos y progresistas, que es el género. Pero que no se para ahí y nos intenta llevar a una parte difícil, porque va contra lo que se nota y se ve. Lo que sabemos seguro que puede ser que haya orientaciones sexuales varias, o incluso identidades de género que no correspondan al sexo atribuido al nacer. Pero que ese sexo no es construido, sino que es verdad, es natural, y además hay dos: el masculino y el femenino.
"No, la mujer no nace, se hace", es la conocida frase de Simone de Beauvoir. Esto es fácil de aceptar si se interpreta dentro de un binomio: el de sexo-género. Estaría haciendo referencia al género con el que se hace. El género es una construcción cultural definida históricamente, queda un papel y fuerza, un determinado comportamiento en las mujeres en cada momento histórico. La mujer no tiene predisposición natural a barrer, planchar y fregar, ni le gusta menos estudiar, ser económicamente independiente, o le gusta de partida más llevar prendas de color rosa, por ejemplo. El género es construido, a la mujer se la obliga a atender hacia unos comportamientos determinados y al hombre a otros. Pero el sexo es natural, es decir, es un atributo necesario y no construido. O sea, el sexo nace y el género se hace.
Nos haría detenernos en el binomio para demostrar que todo se hace: sexo-género, naturaleza-cultura. O con el ejemplo de la estructuralista Claudette Rivet, dice que "lo crudo no se puede definir sin lo cocinado". En ese sentido, en todos los binomios relacionados con género, identidad de género, orientación sexual, culturalmente no hay un elemento que sea previo al otro. El heterosexual solo se puede definir así porque existe el homosexual, van juntos y se necesitan para crear un marco, aunque ese marco consista en permitir uno y prohibir otro.
Pero Butler aquí añade que "lo crudo ya está cocinado", queriendo significar que los dos son producciones culturales, ninguno es natural. Ni lo crudo, porque una vez expresado es discursivo, no pre-discursivo, ya contiene un elemento no natural. Ser natural implicaría, en ese caso, solo ser, no poderse calificar como crudo. Esto mismo lo hace con el binomio sexo-género. El sexo ya no es natural, sino construido desde el momento en que se asigna, se dice. No es que exista fuera del discurso, sino que también es discursivo, por lo tanto, cultural.
Butler ha examinado con bastante detalle cómo se atribuye el sexo, precisamente para mostrar que es una producción cultural también. Ya sabes, "no hay nada fuera del texto". Es asignado por otro sujeto discursivo que no está fuera de la cultura y, por lo tanto, tampoco es previo, está dentro de lo construido. La asignación del sexo se produce como acto administrativo tras un examen superficial del sujeto: ¿tiene o no tiene? ¿Es masculino o femenino? Esto aparece como la prueba de que las categorías a las que se puede asignar al sujeto son naturales, muestra de una diferencia física obvia. Pero estas categorías no son ni tan definidas ni tan cerradas como creemos, lo que muestra que no son un mero reflejo de una característica natural. El sexo se puede determinar por examen genital, cromosómico, hormonal y, más veces de las que parece, hay anomalías, hay mezclas, cosas que no encajan, enormes dificultades para cerrar la definición científica que quedan sin resolver.
Es más, ha llegado a decir Butler: "Supongamos que cedo, que digo sí, vale, hay dos sexos, fin, ya puede relajarse todo el mundo y descansar". Y luego procedo a preguntar a cada persona que tiene muy claro que hay dos sexos y son naturales, que me defina qué es lo que determina esos sexos naturales. Y empezará la tensión y el problema renacerá, porque se verá que no hay claridad ni acuerdo ni universalidad en las categorías, precisamente porque no son naturales, sino construidas.
Por esto, Butler se empeña en hablar de "sujetos sexados", subrayando que se ha producido un encaje cultural del sujeto en una categoría creada por el ser humano. Pero, como ya hemos adelantado, es que Butler directamente afirma que es que no hay sujeto previo, no hay identidad previa a la construcción cultural. Critica la noción del "código cartesiano". Aquí Butler afirma que el problema es que confundimos la causa con el efecto. Y el efecto es tan claro, tan diáfano, que nos genera la sensación de que sí hay ese sujeto previo, de que hay un núcleo firme y definido de identidad propia que tiene que ser previa a todo lo demás. "Yo soy", claro que yo soy, lo noto. Pero ese "yo soy" es producto de una construcción. El yo no es previo y no hay una posibilidad de acceso a un hipotético previo. Nunca. La metafísica de la sustancia es un espejismo. El sujeto es una construcción.
Así cita a Nietzsche: "pero tal sustrato no existe, no hay ningún ser detrás del hacer, del actuar, del devenir. El agente ha sido ficticiamente añadido al hacer. El hacer es todo". Y lo aplica a su propio campo de estudio. Así, dentro del discurso heredado de la metafísica de la sustancia, el género demuestra ser performativo, esto es, Constituyente de la identidad que se supone que es. En este sentido, el género es siempre un hacer, aunque no un hacer por un sujeto que pueda decirse que preexiste al hecho.
Se ve aquí que es la ausencia de sujeto natural o previo a la construcción cultural, la ausencia de una esencia del ser, lo que conduce a Butler a su noción de performatividad de género. Al no haber identidad natural o previa, el sujeto no expresa su identidad, sino que actúa su identidad. Es una performance, la que a través de acción repetida genera la identidad. El género es una imitación sin original, es una imitación constante de una copia que se cree que imita un original natural y puro que no existe. Parte de un significado recibido por el sujeto que imita en la expectativa de alcanzar esa esencia que imita, pero que no existe.
La performatividad es fundamental en toda la concepción de Butler. Es la consecuencia de todo lo que expone y también es la afirmación de una posibilidad de subversión. Si no hay esencia del sujeto previa a la cultura, todo es acción o performatividad. Esa performatividad se da en el marco de lo permitido o aconsejado de la matriz patriarcal de heterosexualidad obligatoria. Esto es, en el marco creado por el poder, que no es otra cosa que una cultura que tiende a asegurar su supervivencia. Así, la performatividad refuerza el marco existente, es una acción repetida y pública que no puede escapar al marco dado, porque como no hay nada fuera del texto, pues no podemos escapar al marco o a la matriz.
No, bueno, ya dijimos al principio que aquí Butler introduce como vía subversiva la movilidad del texto o la diferencia en la repetición. El poder tiene dos consecuencias: es coercitivo, pero también es generativo, dice Butler. Quiere la reproducción de un modelo, pero sin buscarlo, genera también comportamientos y situaciones que no buscaba, porque la repetición del modelo dado no es perfecta, hay repetición con diferencia. Así el marco puede ser desplazado. Así la performatividad de género es esa repetición sin original. Puede ser subversiva, sobre todo si se es consciente de que es performatividad y no esencia expresada.
Así, en Butler hay determinismo: el sujeto es creado, viene determinado por un marco cultural. Pero no totalmente. Igual que los conceptos no se pueden definir de forma totalmente estable y cerrada y por eso varían con el tiempo, el sujeto que es construido tiene un cierto margen para intentar desplazar el marco. En este caso, el del binario. Para ampliar cuando incluye ese marco. El poder está y estará en todas partes, pero Butler cree en la posibilidad de redespliegue de ese poder.
Queda por explorar si esta posibilidad afirmada por Butler podría ser útil o perjudicial. En estos se han enunciado críticas a Butler en referencia a dos colectivos a las que ha respondido. Veamos.
Una sería la perspectiva del feminismo. La pregunta es: ¿Acaso no necesitamos definir "mujer" para poder actuar políticamente, para defender sus derechos? ¿Cuestionar el binomio masculino-femenino es en realidad un daño al feminismo? Butler dice que no, que más bien al revés. Primero, ella precisa que lo que cuestiona es la definición cerrada y estable. Sin concepto estable no deja de existir el sujeto político "mujer" que lucha por sus derechos, sino que ese concepto no se cierra de manera que no es excluyente. No se niegan momentos históricos anteriores y a la vez se permite una evolución futura. Butler precisamente critica que el feminismo pueda unir su destino a la aceptación de la dialéctica del amo y el esclavo, a aceptar al fin un binomio. Cree que así o bien solo se consigue perpetuar el marco que se quería cambiar, o bien, en caso de éxito, se crearía el marco inverso que solo lograría resultar igual de opresivo y excluyente, pero para otra parte de la población. Y no se trata de eso, sino de ampliar lo que incluye el marco. Sin concepto estable se puede ser feminista y se puede admitir que una mujer trans sea una mujer.
Precisamente en referencia al colectivo trans, básicamente se le han lanzado dos críticas a Butler. Una sería que la performatividad de género, que se trate de una acción imitativa repetida, que todo sea una construcción, significa que cada cual puede elegir una o varias identidades de género a lo largo de su vida, como quien se cambia de ropa. Tal y como se ha expuesto aquí, el pensamiento de Butler no trata de eso precisamente. Butler tiene problemas para escapar al determinismo. Que el género sea performativo no implica que el sujeto sea libre para reinventarse constantemente. El sujeto está muy determinado en su construcción, aunque precisamente observar la performatividad o aceptar que todo es construido permita ampliar el marco de lo que es como posible y la evolución personal del sujeto. Butler dice que en el abanico de interpretaciones que se han hecho de la performatividad de género no hay que irse ni al máximo determinismo ni tampoco al máximo voluntarismo.
La otra va directa al núcleo filosófico de toda la concepción de Butler: la de ausencia de esencia previa del sujeto. Precisamente dentro del colectivo trans existió la percepción de que ese sujeto construido negaba a su identidad, ese convencimiento que tienen algunas personas de que nacieron en el cuerpo equivocado y la lucha por corregir ese error es menospreciada por Butler o ignorada, porque parecería que el punto de partida es aceptar el código cartesiano y no negarlo. Butler señala que afirmar que el sujeto es construido no significa que esa construcción no sea real ni resulte básica para la persona. El sujeto es un efecto, pero eso no lo califica como producto de una elección. O sea, de nuevo, no está situándose en una posición voluntarista por el hecho de negar la existencia de una esencia natural.
Butler, como sus antecesores postestructuralistas franceses, es muy reacia a prescribir una acción concreta, a dar instrucciones de uso para la subversión que busca. Quiere, como ellos, desestabilizar provocando que miremos lo que creemos conocer de otra manera para introducir mayor flexibilidad. Que la performatividad, la imitación o repetición de modelos culturales permita más variantes y no tenga que consolidar un modelo heredado.
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