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Hace 10 millones de años, unas criaturas se ponen de pie. Estos extraños mamíferos están en peligro. Tienen pocas posibilidades de sobrevivir. Tienen que defenderse y adaptarse. Inventan, caminan, recorren la Tierra y los océanos. Exploran y conquistan el mundo. Somos sus hijos. Tanto si nuestra piel es blanca como negra o tostada, todos descendemos de una única y misma familia.
10 millones de años son 500,000 generaciones. Nuestros antepasados han transmitido sin descanso su saber a sus hijos para que llegue hasta nosotros. Hoy este saber es lo que nos permite remontarnos hasta ellos, escarvar en nuestro pasado y encontrar sus huellas. Esta es la extraordinaria odisea de nuestra gran familia, la odisea de la especie.
¿Cómo empieza esta historia? ¿Quién fue el primero de nosotros y cómo llegó? Un mono extraño está a punto de nacer, algo distinto a los demás. Sus padres viven en los árboles. Duermen en las ramas por miedo a los predadores que merodean por el suelo. Él no vivirá como ellos. Dejará los árboles y se levantará sobre sus patas traseras. Su audacia le empuja a explorar el mundo de abajo. Tiene que descubrir otra forma de vida. Llega el primer prehumano y va a cambiar la faz de la Tierra. El viaje va a empezar.
Debemos remontarnos en el tiempo. Imaginemos, estamos a menos 10 millones de años. Los dinosaurios ya han desaparecido hace 50 millones de años, pero otras formas de vida cada vez más complejas siguen desarrollándose. Los mamíferos se multiplican. La deriva continental ha ido dando a la Tierra su configuración actual. Sin embargo, África y Arabia siguen desplazándose hacia el noroeste. En los grandes bosques africanos viven y se reproducen varias especies de primates. Estas poblaciones de simios caerán en la trampa de una catástrofe natural. Cediendo a la presión de las fuerzas telúricas, el continente africano se parte en dos, dejando aislados a los monos. Se forma la falla del gran Rift. Al oeste de esta falla, una formación montañosa impide el paso de las lluvias. Al este, un altiplano y más lejos el mar. La falla se convierte en una barrera de cientos de kilómetros. A ambos lados la vida seguirá caminos totalmente distintos.
Los monos supervivientes se dividen en dos grupos, los del bosque y los de la sabana. La peor parte se la llevan los de la sabana, ya que debido al cambio climático, los árboles casi han desaparecido. Los simios de la sabana se encuentran en peligro de extinción. Los distintos clanes diseminados se reparten los pocos árboles que quedan y se aferran con desesperación a los últimos recursos de la vida arborícola.
Pero la vida en los árboles es una trampa. Se pasa hambre. Hay que bajar o morir. El primero de los nuestros nacerá en estas difíciles condiciones. Sus padres no tienen con qué alimentarle.
La sabana se abre hasta el infinito llena de peligros. El primero tiene miedo. Podría renunciar y esperar, pero le posee un extraordinario instinto de supervivencia. Ninguno de sus antepasados lo había hecho antes. Correrá un enorme riesgo. Su desgracia le empujará a hacer un descubrimiento prodigioso. El primero mide 1,30 y a cuatro patas por la sabana no sabe a dónde va. Tiene que levantarse sobre sus patas traseras.
Y entonces ve, puede ver, puede observar, pero si quiere desplazarse, vuelta a empezar. Su posición le impide ver. Entonces tiene una segunda intuición. Avanzará, pero de pie y durante el mayor tiempo posible. Ya está. Ya está, ya es bípedo. No es una actitud natural para un simio, pero funciona. Ahora ya no es un mono, se llamará Horrorin. Los primeros pasos le dan seguridad, quizás hasta sienta el placer de la novedad. Desde ahí arriba, Horrorin se siente más grande, más fuerte y puede ver a los suyos desde lejos. Empieza la larga marcha. Horrorin confía en su intuición. Tiene que encontrar comida y un nuevo refugio.
Pero pronto aparece el cansancio, se le cargan las piernas. Con esta forma de andar le duelen los músculos de la espalda. Tiene que pararse con frecuencia y recuperar fuerzas. Inevitablemente, unos colmillos afilados están al acecho, listos para devorar a cualquier ser débil o aislado. Será nuestra peor pesadilla durante todo el camino.
En estos tiempos salvajes, la vida pende un hilo. Nadie sabe realmente cómo defenderse de los predadores. Cada uno se salva como puede. La familia de Rorin perderá muchos de los suyos por el camino, durante el día y también por la noche. Pero no importa, mientras sean lo bastante numerosos para reproducirse, la especie continuará.
A 2000 km de aquí, otro gran simio se ha puesto en pie. Se llama Tumai. ¿Habrá llegado hasta ahí la noticia o es solo pura coincidencia? No lo sabemos. Los que han comprendido que el futuro sería sobre dos pies se han convertido en humanos o casi. De hecho, han necesitado miles de años para adaptarse a esta nueva posición, a esta nueva vida. Miles de años para entender que sus patas delanteras se habían convertido en brazos y que sus manos al quedar libres podían hacer mil cosas útiles. Había días de gran desánimo y otros más tranquilos. Horrorini y Tumai vivían en paz con muchas otras especies como el calicotero. Ni presa ni predador, solo un agradable vecino. Durante cientos de miles de años, Horrorin y Tumai explorarán sus territorios. Tendrán hijos y nietos a los que transmitirán su extraordinario descubrimiento y luego dejarán sitio a nuevas familias.
No sabemos por qué desaparecieron. Las condiciones de vida volverán a cambiar. Durante siglos, la sequía maltratará a la vegetación y la fauna. Nuestros antepasados se verán sometidos a una presión cada vez mayor. Adaptarse, cambiar o desaparecer. Ahora los supervivientes deambulan por el inmenso territorio de Sabana Arbolada que se extiende desde Etiopía hasta el Chat y África del Sur. Su vida se convierte en una lucha. El agua es un bien escaso. Hace calor. El sol es implacable con los que no han encontrado un sitio a la sombra. Muchas especies desaparecen como el calicotero. Solo algunos homínidos valientes y mejor adaptados conseguirán sobrevivir. Los australopitecos. Varias especies muy distintas entre sí comparten la llanura. Solo uno de ellos puede haber dado a luz a la especie humana. ¿Pero cuál? Nuestra mirada se dirige hacia una mujer, una mujer que podría bien ser nuestra abuela. Esta mujer es Lucy y así es como imaginamos su historia.
Lucy vive en el valle de la Wash. Toda su familia ha desaparecido. Desde hace un tiempo lleva una vida solitaria, llena de miedo y de angustia. Tiene 20 años y ya ha tenido cuatro hijos. Podría dejarse morir, pero espera al quinto. De repente siente una presencia y un atisbo de esperanza hace latir su corazón. Un pequeño grupo, vívedos como ella. No son de la misma especie. Es peligroso, pero aún así Lucy quiere acercarse a ellos. Desea volver a formar parte de un grupo, encontrar protección para su hijo, pero si no la aceptan, ¿qué riesgo corre? Pueden matarla y comérsela, pero el deseo es más fuerte. Lucy es una farensis. Los otros omínidos vienen de otra parte. Son anamensis. No parecen tener miedo. Lucy nunca se tumbaría así en medio de la sabana para descansar. No puede comunicarse con ellos. No tienen en común ni lenguaje, ni olores, ni estilo de vida. Incluso la reproducción sería imposible con Lucy. ¿Cómo acercarse? Hay que esperar. Esperar a que la encuentren. Esperar a que la vean.
Es un macho muy fuerte. Para que la acepte, Lucy solo tiene una solución, la sumisión y quizás también la seducción. Los anamensis no viven como Lucy. Están dispuestos a pelearse con los que viven en el suelo para robarles la comida. Son carroñeros. Y si eres un carroñero, hay que ser oportunista.
El grupo ha aceptado a Lucy, pero ella se sorprende por todo lo que hacen. Ella nunca habría atacado a estas llenas. Nunca se le habría ocurrido comerse esta cosa. Todo esto los antiguos no lo hacían. Lucy está acostumbrada a alimentarse de frutos, de insectos y de plantas. Alguna vez hasta se había comido pequeños animales muertos. Pero esto, si quiere quedarse en el clan, tendrá que acostumbrarse y hacer lo mismo que ellos. Los anamensis hacen largas caminatas todos los días. Lucy se cansa, pero ellos no. Siempre tiene hambre. Su hijo está creciendo dentro de su vientre y le roba muchas fuerzas. El jefe del grupo la sigue a todas partes, aunque no le ayuda a encontrar comida, la vigila y la protege. Lucy no está dispuesta a copular.
Otro macho más joven decide enfrentarse al jefe por Lucy. El jefe ya no es el jefe. Tiene que renunciar durante un tiempo frente a su rival. Lucy cambia de protector, pero la raíz sigue enterrada en el suelo y ella quiere esa raíz. Sin embargo, ha peleado por ella. Ha tenido que andar durante días y días por estas piedras que le hieren los pies, buscar insectos bajo las piedras para comer, gotas de rocío encima de las hojas para beber, encontrar siempre nuevas carroñas frescas y para todo eso debe caminar.
Pero la vida de ahora es un poco más agradable porque tiene alguien cerca de ella, alguien a quien poder tocar, alguien que le da seguridad y hasta a veces le trae comida.
Hoy se encuentran con un obstáculo en el camino, un obstáculo que Lucy nunca ha cruzado. Los australopitecos no saben nadar, sin embargo, los anamensis han aprendido a cruzar los ríos siguiendo a otros animales. El antiguo jefe busca el sitio menos profundo para cruzar. Ha encontrado huellas de animales, tanto de un lado como del otro. Este será el camino.
También hay las grandes bocas. Los anamensis han perdido muchas veces alguno de los suyos por culpa de estas bocas enormes llenas de dientes que viven bajo el agua. Lucy nota que sus fuerzas la abandonan y espera que renuncien. Su vientre le pesa. No quiere ir más lejos. Pasan, se quedará sola aquí. Pero ya no quiere estar sola. Su hijo no sobreviviría.
Sin embargo, Lucy tiene las piernas demasiado cortas y pesadas. No puede resistir la fuerza de la corriente. Lucy se ha ahogado. El joven macho ya ha visto desaparecer a muchos de los suyos. Durante un rato se le queda en la cabeza la imagen de Lucy y luego la olvida. Hay que caminar, seguir a los otros sin mirar atrás. Quizás Lucy no sea la abuela de la humanidad. Porque camina mejor, porque su audacia le ha llevado más lejos. Anamensis podría ser nuestro antepasado. El cuerpo de Lucy fue a parar al lecho de un río de Etiopía y ahí se quedó hasta que la encontramos.
Nos encontramos a menos 3 millones de años y un granito de nuestra prehistoria va a tener lugar. El primer ser humano verdadero está a punto de nacer. Una vez más, un cambio climático será la causa de este nacimiento, la gran glaciación. En el polo se forma un casquete glacial al solidificarse miles de millones de litros de agua, por lo que baja el nivel de los océanos y las temperaturas y las lluvias disminuyen. En África la sequía se agrava de forma radical. Las nubes que venían del Atlántico ya no llegan. Pocos austrolopitecos resistirán. Llega un nuevo homín, uno de los mayores inventores de nuestra familia, el homo habilis, el ser humano hábil. Sus inventos cambiarán nuestro destino.
Aunque el homo habilis es más alto que sus predecesores, la verdadera diferencia reside en su cráneo. Tiene un cerebro más grande, lo cual da lugar a ideas más elaboradas. Su audacia le empuja a ir más lejos. Un cocodrilo vivo o muerto, hay que probar. Es peligroso, pero hay posibilidades. El monstruo ya no se mueve. Caca. A pesar del peligro, a pesar del miedo, Aily se atreve a hacer lo que sus antepasados nunca habían hecho y a veces tiene éxito. Todavía no sabe que esta captura le traerá mucho más que simple comida. Todos los días se hace preguntas sobre los misterios de la naturaleza. Tiene una mente cada vez más despierta. Intenta entender. La piedra corta la piedra. La piedra cortada corta la mano. La piedra cortada corta la mano. Si corta la mano, la piedra cortada puede cortar otras cosas.
El clan ha regresado de las marismas con 100 kg de carne, suficiente para comer durante varias semanas, pero una piel demasiado dura protege la carne. Ni las manos ni los dientes pueden desgarrarla. Hay que encontrar alguna solución. La piedra cortada corta la mano. A nuestro joven inventor le gustaría intentarlo, pero el clan está furioso. Toda esa comida ahí delante, sin embargo, inaccesible. Mientras se pelean, el joven habilis pone en práctica la idea que tiene en la cabeza, su idea y el objetivo. Si la piedra cortada corta la mano, también puede desgarrar al animal. Sin saberlo, el joven habilis acaba de hacer un invento extraordinario. La herramienta. La sorpresa pronto se desvanece. La carne está ahí, no importa cómo. Y las favoritas de los más fuertes son las primeras en ser servidas. Abilis, el viejo quiere entender lo que ha pasado. Quiere tener el poder de esta piedra para él. Tiene que abrir el cocodrilo por su propia mano. Ya tiene el poder. Abilis, el viejo siempre será el viejo y esta piedra es para él. El gran acontecimiento no es la utilización de una herramienta. El auténtico prodigio radica en la creación de la propia herramienta.
A partir del momento en que habilis inventa la herramienta para cortar la carne, empieza a alimentarse mejor. Gracias a las proteínas, su cerebro se desarrolla y nuestro genio puede inventar otras herramientas. Gracias a ellas conocerá otras estrategias para sobrevivir. Cuando habilis tiene un objetivo, busca una idea que le permita alcanzarlo. Pero para saber si la idea funciona, hay que probarla. Y la prueba de la forma más fácil. Si funciona generalmente lo sabe enseguida. Entonces la evalúa y mide su eficacia. Esta nueva forma de utilizar el cerebro marca el inicio de la acción del hombre sobre el mundo. La ventaja de este mundo de reflexión es que es reproducible. Pone cualquier descubrimiento ingenioso al alcance de todo el mundo. El saber se transmite muy deprisa por imitación. La otra ventaja es que al pasar de mano en mano, la técnica se va perfeccionando. Bueno, con el tiempo. Se trata de una reacción en cadena. Ya nada puede parar nuestra evolución. El inconveniente es que la creación también cambiará nuestro comportamiento y que algunos empezarán a creerse más listos que los otros.
Chica, es el primero en poder ser llamado realmente ser humano. Explorador, inventor, manipulador de ideas, hombre de poder. Gracias a estas nuevas armas que le acompañan en los medios hostiles, ahora se siente más seguro de sí mismo. Al compartir el saber, se estrechan los lazos entre los distintos miembros del grupo. Hay una mayor solidaridad y el clan está mejor armado para defenderse de los peligros externos. Ilis, el viejo, ha decidido que ya no debían temer a los animales grandes. Su poder y su lanza le dan este coraje. Deben poder defenderse en el suelo. Pero, ¿cómo defenderse mientras se duerme cuando ya no se viven los árboles? A muchos les han atrapado mientras tenían los ojos cerrados. Nace una nueva idea. Abilis, el viejo, quiere que recojan todo lo que encuentren en el suelo. Este invento requiere la participación de todo el clan. Piedras. Hacen falta piedras. Mira, está corta, corta mucho. Necesita piedras, pero también ramas. Ilis, el viejo, intenta organizar la repartición del trabajo. Repartir las tareas, compartir la comida o las herramientas. La organización del clan se va perfeccionando. La sociedad de los seres humanos va emergiendo poco a poco. Sus conflictos y rivalidades están a punto de nacer. Un invento curioso, unas piedras que sostienen unas ramas. ¿Habrán querido recuperar en el suelo la sensación de seguridad del árbol? ¿Se habrán inspirado en los nidos de los pájaros? Abilis es el primer constructor de cabañas. Reproducen pequeños árboles en el suelo. Igualito. No todas las piedras pueden llegar a cortar. Algunas se deshacen y no sirven para nada. Ah. Pero otras son de gran utilidad, muy prácticas. Hay que aprender a reconocerlas. Hay que recordar su color y su olor. Hay que guardar todos los conocimientos en la cabeza y transmitirlos a los demás, a todos. Ilis, el viejo no imagina que se encuentra en los inicios de un fenómeno eterno, la enseñanza del conocimiento.
La noche cae sobre estos seres hábiles. ¿Cuántos serán? 100,000, quizá incluso 200,000. Homo habilis vivirá durante milenios y verá la desaparición de sus primos, los australopitecos. Deja tras de sí un espíritu de conquista, un concepto de vida en el que nada es imposible. Este espíritu sigue vivo en el ser humano actual.
Nos encontramos a menos 2 millones de años. La continuación de nuestra historia tendrá lugar a lo largo de un viaje increíble. La cuna de la humanidad es ahora la escena de una dura competición entre habilis y las demás especies de homínidos. Presión demográfica, curiosidad y ganas de ver mundo llevarán progresivamente a varias familias a desplazarse. Al abandonar África Tropical, un nuevo ser humano está naciendo. Su cuerpo se adapta a los largos viajes. Sus herramientas son cada vez más perfectas. Como Ergaster está en camino, de nuestros antepasados, Ergaster es el conquistador. Descubrirá el mundo, una tierra virgen para ser explorada.
Generación tras generación, en función de las glaciaciones que hacen bajar el nivel de los mares o de los calentamientos que lo hacen subir de nuevo, los hombres van poblando la tierra. Aún no toda la tierra, pero sí todas las tierras a las que pueden acceder. Recorren distancias que no saben medir. Ganan territorios cuya existencia ni conocían. ¿Qué les impulsa aventurarse así en un mundo desconocido? ¿Seguirán a las manadas de animales o es el deseo de ir siempre más lejos, de cruzar los límites? Espíritu de conquista que habilis les ha dejado. Ergaster es más alto, camina más erguido, consume menos energía y puede recorrer distancias mayores sin beber ni comer. Su cerebro sigue aumentando. No solo hará prodigiosos inventos, sino que también descubrirá nuevas relaciones sociales, nuevos sentimientos. Las experiencias del viaje le proporcionarán una nueva percepción de sí mismo, de los demás y del mundo. Este ser humano es consciente del hecho de formar parte de un grupo, de que ese grupo le protege y de que la supervivencia del grupo depende de todos y cada uno. Sabe que necesita los demás y está dispuesto a dar la mano, ayudar al prójimo. Es un nuevo comportamiento que estrechará aún más los lazos afectivos que les unen.
La pérdida de un ser querido provoca dolor. Aunque esté acostumbrado a los peligros del viaje, Ergaster ya no quiere aceptar esta fatalidad. El clan se ha parado para recobrar fuerzas, pero la tristeza se ha apoderado del grupo. Ya Ergaster lo está pasando mal. El recuerdo de esa mujer sigue presente en su memoria revive los momentos pasados a su lado, la echa de menos. Ergaster no lo entiende. La tiene ahí en la cabeza, pero ya no está a su lado. ¿Por qué? ¿Y por qué le resbala agua por la cara? Ya no volverá. Ergaster empieza a tomar conciencia del paso del tiempo. Quizás piense en la muerte, en su propia muerte.
Los otros miembros del clan también sienten el dolor del hombre, sufren con él, ya que son conscientes de la fragilidad de la vida. El gran viaje continúa, durarán miles de años. Ergaster se adapta a las nuevas condiciones y evoluciona. Cuando llega a Asia ha subido un peldaño más en la comprensión del mundo. Se ha convertido en lo que llamamos homo erectus, el hombre erguido, el que someterá todavía más a la naturaleza. Atrás ha quedado la época en que se alimentaba de carroña. Erectus es un auténtico predador. Para comer, mata. Aprende a utilizar sus armas para cazar y a conseguir el único alimento disponible en cualquier época del año, la carne fresca. De hecho, se convierte en un excelente predador. Gracias a la fuerza del grupo, puede rivalizar con lobos y leones. La caza es una nueva actividad que modifica nuestras costumbres y nuestro cuerpo. Se le dedica mucho tiempo y se come más carne. Las tareas se reparten en el grupo. Empieza la especialización. Unos se encargan de repartir la comida mientras el cazador descansa. A cada cual su tarea. El hecho de repartir crea obligaciones. Las distintas partes del animal se atribuyen, incluso reservan a ciertos miembros. Los adultos se sirven los primeros. Los niños tienen que esperar. Y si pueden pedir. Pero infringir las reglas también forma parte de la educación. Para nuestro cuerpo el cambio es importante. La carne repleta de proteínas alimenta y acelera el desarrollo del cerebro.
La familia Erectus también está más unida. Se protegen entre ellos, se avisan, se someten a la autoridad de los padres y toman cariño a los que les tratan bien. Ya es la quinta serpiente que han matado desde la salida del sol y acabará como las otras. Mientras unos van a cazar o a recolectar frutos, los demás deben servir a la comunidad. Erectus necesita muchas herramientas para las distintas tareas, un bifaz para todo, un percutor para partir los huesos y los cuchillos para poder degustar la médula.
Así es como el trabajo llega en la vida de los hombres con sus obligaciones. Ha terminado la época en que solo se pensaba en el presente y en satisfacer las propias necesidades. Bienvenidos a los tiempos modernos. No se aprende a tallar piedras en un día. Aunque en el futuro de la vida diaria del ser humano las chispas serán útiles, hoy solo son una molestia. Eh, la técnica se va complicando a medida que aumenta la sofisticación de las herramientas y cada vez se necesita más tiempo para elaborarlas. Hace falta toda la mano de obra disponible y una mano de obra cualificada. La formación favorece los intercambicios entre los hombres y las mujeres, entre los viejos y los jóvenes. Para Erectus, el joven llega la hora de adquirir nuevos conocimientos y durante toda su vida. Ectus, el viejo, ya no puede cazar, pero sigue siendo un excelente tallador de piedras. Así que enseña a los demás. La transmisión de conocimientos ocupa un lugar importante en la vida del grupo y se forman las primeras escuelas al aire libre.
Entre el hombre y la mujer, las costumbres también han evolucionado mucho. La población ya no se hace como antes, o más bien ya no tan fácilmente como antes. La seducción se ha refinado. Para alcanzar su objetivo, nuestro hombre deberá superar varias dificultades. Al contrario que los machos, los genitales de las hembras quedan escondidos desde que se han puesto de pie. Por lo tanto, el hombre ya no sabe cuándo puede ser fecundada la mujer. La mujer no quiere. Ha escogido mal momento. Pero, ¿cómo saber cuándo es el buen momento? El momento adecuado ya llegará. Pero para ello, nuestro hombre tendrá que intentarlo de nuevo. La atracción, la pérdida del pelo corporal ha dejado la piel al descubierto. Las formas de la mujer siempre están a la vista. Unas formas que atraen las miradas. Pero hay que obtener el consentimiento de la mujer. Para convencerla, nuestro hombre utiliza su voz grave y seductora. La naturaleza hace las cosas bien. De aquí en adelante, los hombres y las mujeres estarán condenados a buscarse continuamente y a encontrarse para garantizar la continuidad de nuestra especie.
En Asia, en Oriente próximo, en Europa, en África, en todos los lugares donde se han instalado, los seres humanos han seguido la misma evolución. Inventan, transmiten su saber y construyen poco a poco una nueva sociedad basada en la acumulación de conocimientos. Empiezan a diferenciarse según el clima y el medio. El color de la piel, el pelo o la forma de los ojos ya no son los mismos en todas partes, pero son diferencias muy superficiales. El progreso está en marcha y todos los seres humanos se benefician de ello. La humanidad está a punto de dar un gran salto y esta vez será el propio ser humano el causante de esta revolución. Hará un descubrimiento que le cambiará la vida.
Sucedió por casualidad una mañana en la que iban de caza. El tuerto iba el primero. El tuerto es un fisgón, siempre metiendo las narices donde no debe. Y de hecho eso le costó un ojo. No sabemos qué mosca le picó. Quiso acercarse a ese animal y todo el mundo sabe que no hay que hacerlo, pero como este era pequeño, quiso acercarse para ver si podía matarlo. Al llegar los del clan pensaron que había perdido el juicio. Hasta donde les alcanzaba la memoria, este animal solo había causado destrozos. Era peligroso e inatrapable. Lo que pasó a continuación fue incomprensible.
Después de haberlo herido, el animal le siguió, o más bien una parte más pequeña del animal. Intentaron avisarle, pero no se dio cuenta enseguida. Y lo mató fácilmente, demasiado fácilmente. Ahí había algún misterio. Sin avisar, el sabio también fue a ver al gran animal que aún no estaba muerto. Lo cual le sorprendió y aquel sabio acostumbraba ser muy prudente. Fue el primero en entenderlo. El animal no era tan peligroso. Lo podías mantener en la punta de una lanza. Pero si te acercabas demasiado picaba. También tenía un olor que se quedaba en las manos tras tocarlo. Fue el primer nombre que le pusieron. Habíamos superado nuestro miedo y bailaba delante de nosotros. No teníamos ni idea de todas las consecuencias de este descubrimiento, de todo lo que podríamos hacer con el fuego. Muy pronto entendimos que el fuego se comía todo lo que se le daba y que cuanto más se le alimentaba, más crecía. Cuando le soplabas o cuando el viento lo tocaba se enfadaba, pero ya no teníamos miedo.
Fue mucho más tarde cuando por casualidad descubrimos la cocción. Le dimos de comer un animal y el olor que emanó de la carne nos abrió el apetito. Fue difícil volver a arrebatarle un trozo, pero para nosotros fue una gran recompensa. Luego seguimos dándole animales para comer por el gusto, pero también por nuestra barriga. La carne cocida dolía menos cuando llegaba al estómago. Esta historia se produjo en todos los lugares donde vivían seres humanos. No siempre de la misma forma, pero sorprendentemente en el mismo momento en todo el planeta. Hace 500,000 años, el fuego apareció en nuestra vida y la mejoró considerablemente. Endureció las puntas de nuestras armas. Nos defendió de las bestias salvajes. Nos dio luz, calor y seguridad durante las largas noches oscuras. Su conquista fue difícil y llena de fracasos. Fueron necesarias miles de tentativas para llegar al concepto de que el fuego podía ser encendido, conservado y apagado por el hombre.
El frío llegó, una glaciación tras otra. Los hombres que se aventuraron por el norte de África se encuentran con glaciares. Cuando intentan volver a bajar hacia el sur, el nivel del océano ha vuelto a subir. Están atrapados. Tendrán que afrontar las terribles condiciones climáticas del invierno boreal. En Europa, el que resistió fue llamado Neandertal. Neandertal es descendiente de erectus. Su viaje le ha llevado por toda Europa. A pesar del frío, a pesar de la nieve se ha adaptado. Al superar las dificultades, este nuevo hombre ha llegado a ser muy fuerte. Neandertal es el más robusto, el más resistente. Dominará Europa durante centenares de miles de años. Durante los 8 meses de invierno, solo la caza le permite alimentarse y vestirse. Neandertal concentra toda su energía en la caza de animales grandes. Experto en seguir pistas, fabricante de armas y trampas, curtidor de pieles, toda su actividad gira en torno a un solo objetivo, sus presas.
Es la criatura más peligrosa del reino animal. Conoce las pirita que hacen saltar chispas y la yesca que se enciende rápidamente. Domina perfectamente el fuego y ningún predador le intimida. Incluso se atreve a ir en busca de los animales más feroces hasta sus propias guaridas. Esta vez son cuatro hombres dispuestos a atacar. El jefe ha decidido dejar a su hijo fuera. El joven montará la guardia para matar con tres es suficiente. La bestia estará durmiendo en el fondo de la cueva. Más vale encontrarla antes de que despierte. Se oyen gritos y luego silencio. El asalto ha terminado mal. El oso se les ha abalanzado encima. El jefe ha resultado herido. Así fue como el joven descubrió que su padre se había marchado al otro mundo. Pero algo le decía que el oso no era el único responsable. El orgulloso. El orgulloso tenía envidia del poder de su padre.
Hana El tercer cazador había encontrado otra salida y de repente descubrimos el gran río, el río en que el astro de luz se sumergía cada atardecer. Los viejos hablaban de él a menudo, pero nadie de nuestro clan lo había visto jamás. Esta caverna sería perfecta para pasar los meses de calor. El orgulloso lo había decidido así. Todo el clan vino a instalarse a la cueva del oso. Teníamos suficiente carne para los próximos meses. Solo había que secarla. Hacía falta leña, herramientas. Todo el mundo se puso manos a la obra. La mujer del jefe intentaba traerle de nuevo a nuestro mundo. Fue entonces cuando entendimos que el orgulloso sería el nuevo jefe. Le había cogido todas las pieles al muerto, una por una delante del joven y el joven no dijo nada. Cuando el orgulloso se las puso. La mujer ni la hija del jefe tampoco dijeron nada. Nadie dijo nada y esto significaba que todo el mundo aceptaba al orgulloso como jefe.
Las pieles del jefe representan un gran poder, sobre todo las que cubren la cabeza, conservan el coraje y la fuerza de quien las ha llevado. El joven entendía ahora por qué su padre no había salido vivo de la caverna. El orgulloso le había ayudado a irse. Al orgulloso le gustaba el poder, lo quería solo para él. Nick, la mujer del jefe ya no tenía protector. Quería irse con él al otro mundo, pero todos sabían que era imposible. Cuando un hombre se va al otro mundo, hay que acompañarle para ayudarle a encontrar su camino. No. Para facilitarle el camino. Unos signos le guiarán hasta el otro mundo. Pone es alcoent volvían, el orgulloso le ha dicho al joven que debía obedecerle. Si no, él también iría al otro mundo para reunirse con su padre. Luego el orgulloso se apareó con la mujer del jefe. Había tomado posesión de su vida, de su poder, de sus pieles y ahora de su pareja. El hijo no hizo nada. Todo el mundo sabía que no podía hacer nada. Ahora el orgulloso era el más fuerte y le necesitaban. Entonces el hijo se fue. Un día el orgulloso será más viejo y menos fuerte que él y podrá mandarle al otro mundo. ¿Dónde está ese otro mundo? Algunos dicen que está al otro lado del gran río, pero ¿cómo pueden viajar tan lejos el aliento y el calor del cuerpo?
Nos encontramos a menos 50,000 años. Varios pueblos humanos de cazadores, recolectores, nómadas y dotados de conciencia se han instalado en todo el antiguo mundo. Pero no todos ellos son nuestros antepasados. Sin embargo, nuestro antepasado existe y se encuentra entre ellos. Se llama Homo Sapiens, el ser humano sabio, el que sabe y ha nacido en un lugar desconocido.
Neandertal sigue dominando en Europa y Oriente. Viven pequeñas tribus familiares y se desplaza al ritmo de las estaciones, siguiendo las migraciones de los animales que caza. Aprovecha las riquezas de la naturaleza. Pero sus días están contados. Desaparecerá en pocas generaciones. Antes de irse, será el protagonista de la más trágica de las historias.
Era un día de verano. El mar se había retirado y habíamos aprovechado para recoger la carne salada. Nuestro clan se había instalado en la caverna del Oso. Ya solo éramos 10 hombres y dos mujeres. Hacía tiempo que no nacía ningún niño. A nuestro regreso vimos la primera señal. Al principio ojo de hielo pensó que eran enemigos. Mandó a todo el mundo a refugiarse en la caverna. Él se quedó con su hermano. Ojo de hielo y su hermano no habían visto nunca nada parecido. Eran físicamente distintos. Sus ropas eran diferentes. Su piel era de colores diferentes como la de las serpientes. Tenían armas extrañas y también sabían atrapar los peces. Quizás hasta mejor que nosotros. Y había mujeres, muchas mujeres, algunas con el pelo del color del sol. Nunca habíamos oído hablar de estos seres extraños. ¿De dónde venían? ¿Qué hacían allí? Vienen del otro mundo. Nos están buscando. No deben encontrarnos. Nunca habíamos visto a ojo de hielo en aquel estado y durante un rato nos invadió el pánico. Luego tomó la palabra y nos contó lo que había visto. Son muchos, muchísimos, todos con una cara chata, naricitas puntiagudas y piernas muy largas. Tienen unas lanzas muy finas y afiladas y en la punta de los dedos tienen unas pequeñas garras con las que pinchan sus pieles. Borro, borro, borro. Se ponen conchas en las pieles, tierra por todo el cuerpo y llevan huesos en el pelo. Tienen pequeñas cavernas hechas de pieles. Hay que ir con cuidado. Mucho cuidado. Vienen del otro mundo.
Aquella noche nos quedamos todos en el fondo de la caverna, apretados los unos contra los otros, sin fuego para calentarnos, sin fuego para cocinar el pescado. Primero pensamos que vendrían a buscarnos para comernos. Les esperamos sin pronunciar una sola palabra. Pero no vinieron. No podíamos quedarnos ahí sin hacer nada. Por la mañana, Ojo de Hielo tomó una decisión. Al fin y al cabo, eran parecidos a nosotros. Teníamos que saberlo. Debíamos intentarlo. Imitada. Solo había mujeres y niños y un hombre armado. ¿Dónde estaban los otros?
Nos lanzamos todos muertos de miedo. Man Vale, vale, maniguate eso no esa. Estoy por hoy. Nunca habíamos visto tanta comida junta, mane. Y flautas de hueso como las nuestras, pero más pequeñas y más finas. Una de las mujeres se dirigió hacia nosotros. Nos quería dar de comer. Ojo de hielo desconfió. Pero luego se interesó por la mujer. Al verla de tan cerca, al poder tocar su pelo, quiso tomarla y nada más.
Las otras mujeres quisieron ofrecernos carne, pero Ojo de hielo no la quiso. Lo único que le interesaba en aquel momento era la mujer. Cuando se enfadaron, nos dimos cuenta que no podíamos irnos así, que debíamos dejar algo a cambio. Entonces les dejamos dos liebres y una vez que habíamos cazado, pero ni esto pareció gustarles.
Cuando Nandertal descubre a Sapien, se queda fascinado por su apariencia, sus adornos, sus ropas, sus joyas, la sofisticación de sus herramientas y de sus armas le sorprenden continuamente. Cuando Sapien se encuentra con un niandertal, lo toma por un bruto subdesarrollado e ignorante, un salvaje y un antropófago. Sin embargo, pronto descubre que tras esa apariencia tosca existe un hombre con unas creencias y que practica unas costumbres refinadas. ¿A qué? Entierra sus muertos como ellos mismos lo hacen. ¿A qué? ¿A qué? Ese ese a qué? Un hombre inteligente y sensible con quien puede comunicarse. Entre ellos es posible un intercambio, pero limitado por un factor puramente biológico. Ningún hijo puede nacer de su unión. Neendertal y Sapiens no pueden reproducirse. Son demasiado distintos genéticamente. Ojo de hielo no lo sabe y cree que ahora podrá repoblar su clan. Quiere tranquilizar a la mujer, quiere adoptarla y seducirla. Le dedica tiempo y a que alberga grandes esperanzas. Desearía tener hijos con ella.
La mujer Sapiens siente curiosidad por estos hombres, pero no se quiere quedar con ellos y sabe cómo avisar a los suyos. Vivirán en paralelo durante miles de años se aportarán mutuamente numerosas riquezas técnicas y culturales, pero nada podrá impedir el misterioso declive de Neandertal y el extraordinario éxito de Sapiens. ¿Cómo llegó Sapiens? ¿Dónde nació? ¿En África, en Asia, en todas partes a la vez? El misterio sigue sin resolverse. Entre hace 100,000 y 40,000 años, Sapien se mueve, emigra todos los rincones del planeta, hasta Australia y América. Y en todas partes, las poblaciones humanas con las que se encuentra acabarán por desaparecer.
El invierno se acerca a grandes pasos. En la cueva de los ya solo quedan tres supervivientes. Ojo de hielo, su hijo y la última mujer. Está embarazada y no pueden prender la gran migración invernal. Ojo de hielo se marchará solo y sabe que nunca volverá a ver a los suyos. Este mundo no está hecho para ellos. Ojo de hielo se va. No verá caer al último tal.
La desaparición del hombre de Neandertal es un fenómeno para el cual no existe una explicación clara. ¿Habrán desaparecido a causa de las nuevas enfermedades traídas por Sapiens? ¿Serían víctimas de un repentino descenso de la natalidad? Posiblemente haya múltiples causas. El lento declive del pueblo Nandertal se debió al hecho de que no estaba tan bien adaptado. Era más vulnerable y tenía menos hijos.
Ojo de hielo ha querido volver a ver por última vez este sitio donde la mujer Sapiens había vivido. Se fue tan deprisa.
Neandertal desapareció dejando tras de sí grandes riquezas, costumbres, creencias, progreso tecnológico, pero también una nueva conciencia del ser humano en el mundo. Un interés por el más allá y un culto a los sueños y a las visiones de la imaginación. El último Neandertal murió hace 25,000 años y su final fue biológicamente natural. Su sangre nunca pudo mezclarse con la nuestra. No somos sus hijos de sangre, pero somos sus herederos. Nos han transmitido su cultura. Esa cultura, esas creencias heredadas desde los tiempos más remotos, serán plasmadas por Homo Sapiens junto con las suyas en las paredes de sus cavernas. Después de haber explorado la Tierra, inventa el arte y se lanza a la conquista de un nuevo mundo, un mundo que le proyecta gran velocidad hacia el futuro, el mundo de lo imaginario. Homo sapiens somos nosotros. Somos, por lo tanto, hoy los únicos representantes de la gran familia de los homínidos, anteriormente tan variada. La última especie de ser humano que habita el planeta.
Nuestros antepasados nos dejan una extraordinaria herencia. Millones de años conquistados con las ganas de vivir y la esperanza de un mañana mejor. Millones de intentos, de fracasos y de kilómetros de vagabundeo para poder entender mejor nuestro mundo, para poder ir más allá de nuestros límites. Todo esto es el legado que nuestros padres, por lejanos que sean, nos han dejado.
Una sola familia ha engendrado a nuestra especie. Una sola extirpe ha dado luz a todos los pueblos que actualmente viven en nuestro planeta.
Todavía quedan muchos misterios por resolver, pero día a día las siluetas de los hombres y mujeres que forman nuestra prehistoria van saliendo. Poco a poco del olvido. Se llaman Tumai, Horrorín, Anamensis, Lucy, Ábilis, Ergaster, Erectus, Neandertal, Cromañón. Cada día aprendemos algo más sobre ellos, sobre nosotros, sobre la historia que nos une a todos, sean cuales sean nuestros orígenes.
Hoy somos sapiens sapiens, pero hoy mañana, ¿qué seremos?