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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No tiemble vuestro corazón. Creed en Dios y creed en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y a donde voy yo, ya sabéis el camino."
Tomás le dice: "Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?"
Jesús le responde: "Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto."
Felipe le dice: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta."
Jesús le replica: "Hace tanto que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe. Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú? Muéstranos al Padre. ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre que permanece en mí, el mismo hace la obra. Creedme, yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo, el que cree en mí también él hará las obras que yo hago y aún mayores, porque yo me voy al Padre."
Palabra del Señor.
Señor, nos podemos sentar, hermanos. Qué alegría este quinto domingo de Pascua. Espero que esta palabra te ayude. A mí me ayuda mucho. Seguimos en Pascua. El Señor ha resucitado, pero hay hoy hay tres expresiones en la palabra que a mí me ayudan personalmente muchísimo. Espero que a vosotros también os ayuden. Así preparo yo la homilía. ¿Sabéis cómo preparo yo la homilía? Pues digo: "¿A mí qué me ayuda?" Y lo que a mí me ayuda, te lo digo y a ver si así te ayuda a ti también. No lo sé. Bueno, entonces tres, tres expresiones preciosísimas.
La primera la podemos sacar de la segunda lectura, que creo que nos da la clave para poder entender toda la palabra de hoy. Termina la segunda lectura diciendo: "Vosotros, en cambio, sois un linaje escogido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a la luz admirable." Y aquí está el punto. El Señor nos ha llamado de las tinieblas a la luz admirable. Eso es la Pascua. La Pascua es el paso de las tinieblas a la luz. ¿Y cómo poder vivir esto, hermanos? Es necesario que se cómo nos llama el Señor, cómo nos saca de las tinieblas a la luz.
La noche de Pascua cantábamos el pregón pascual y decíamos una cosa preciosa, una cosa que rompe todos nuestros esquemas religiosos, una cosa que cuando la piensas te acerca más al amor de Dios. Decíamos: "¡Oh, feliz culpa que mereció tan grande Redentor! ¡Oh, feliz culpa!" Fijaros, eh, o sea, estamos alabando la culpa feliz. Decimos que la culpa es feliz. Eso es liturgia, eh, de la noche de Pascua. ¡Oh, feliz culpa! Como decir: "¡Oh, feliz tinieblas, oh, feliz oscuridad, oh, feliz ceguera, oh, feliz pecado, porque mereció tan grande Redentor!" Porque si yo no hubiera sido ciego, nunca me hubiera encontrado con esta luz de Cristo.
Siempre pienso en el ciego, en el ciego del evangelio. Hay varios ciegos en el evangelio, pero hay uno que a mí me encanta. ¿Sabéis cuál es? El ciego de nacimiento. El que nunca ha visto, nunca ha visto nada. No sabe lo que es ver. Por eso, ¿os acordáis que estaba allí tirado y no pide ver porque no sabe lo que es ver? No podemos pedir algo que no sabemos qué es. Este hombre no pide ver. Hay otro ciego que había visto y ese sí le dice: "Señor, que vea." Pero este no, porque no sabe. Para él lo normal es no ver. Para él lo normal es la oscuridad.
Quizá para nosotros muchas veces se nos ha convertido ya en algo normal. Ya se nos ha convertido en algo normal la oscuridad, las tinieblas, tantas veces que vivimos en nuestra relación con los demás. Quizás ya te has acostumbrado a guardar silencio a tu hermano. Quizás ya te has acostumbrado a no saludar a tu suegra. Quizás ya te has acostumbrado a no hablar con ese vecino insoportable. Quizás ya te has acostumbrado al pecado, a vivir en adulterio. Quizás ya te has acostumbrado a ese trabajo que no es de acuerdo al evangelio y en donde no digamos robar porque es muy fuerte, pero sí es robar. ¿Dónde robas? Y ya quizá te has acostumbrado, quizá nos hemos acostumbrado, hermanos. Y ya vamos porque estamos ciegos desde el nacimiento.
Ese ciego que Jesús le echa barro en los ojos y le dice: "Vete y lávate." Cuando ve, le dice: "¿Crees en el Hijo del Hombre?" Le dice: "¿Y quién es para que crea en él?" Dice: "¿Lo estás viendo? Antes no lo veías, ahora lo ves." Ese ciego puede decir: "¡Oh, feliz ceguera que mereció tan grande Redentor, Salvador!"
Hermanos, ¿qué os quiero decir con esto? Que la Pascua en nuestra vida no se va a hacer efectiva, no va a ser una realidad, va a seguir siendo algo teórico, va a seguir siendo una fiesta que celebramos año tras año, pero como una cosa más. Si no tocamos nuestra pobreza, si no tocamos nuestra debilidad, es necesario.
Por eso, ¿cómo nos pasa el Señor de las tinieblas a la luz maravillosa? Lo decía el salmo responsorial. Decía: "Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti." La misericordia de Dios, que es eterna, es la que nos pasa de las tinieblas a la luz, hermanos. Es la que nos hace unos hombres nuevos. Es la que nos transforma el corazón. La misericordia del Señor no es otra cosa. Es su misericordia. Y su misericordia es mucho más que perdonarnos. Su misericordia nos regenera enteros, nos hace nuevos. Su misericordia nos transforma aunque tengamos 90 años.
Porque hay un problema, hermanos, en esta asamblea, hay un gran problema que somos que sabemos todo, que quizá venimos a la misa por costumbre, que quizá eh quizá no esperas la misericordia de Dios porque dice: "Como lo esperamos de ti." Esta misericordia es para los que la esperan. Y quién espera la misericordia, quien es un pobre y un pecador es quien espera la misericordia. Yo hoy espero la misericordia de Dios. Yo hoy necesito la misericordia de Dios. No sé tú. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti. ¿Tú esperas la misericordia de Dios? O ya como tienes 60, 70, 80 años, ya lo que esperas es la muerte, lo que esperas es otra cosa, lo que esperas, no sé qué será. O esperas hoy, porque hoy el Señor en un instante te puede transformar tu vida. ¿Tú te crees esto o eres un incrédulo? ¿Tú crees que hoy el Señor con un toque de su gracia divina te puede transformar la vida por fin para siempre? ¿Qué puede hacer de ti otro Cristo? Otro Cristo, porque esa es la misión, que tú te mueras siendo Cristo.
Y venimos a misa para ser Cristos. Y si venir a misa no te ayuda a ser Cristo, no vengas. Y rezamos el rosario, los que lo rezamos para ser Cristo. Y si rezar el rosario no te ayuda a ser Cristo, no lo reces. Y ayudamos a los pobres para ser Cristo. Y si ayudar y si dan una limosna no te ayuda a ser Cristo, no la des. Aquí no se trata de hacer cosas por hacer. Aquí se trata de que necesito la misericordia de Dios.
Y es así, hermanos, cuando la misericordia llega a mi vida, como ha llegado a la vida del rey David. Acordaros el rey David, el famoso rey David, el rey de reyes, que todos aclamaban que era una maravilla, que era estupendo. ¿Sabéis lo que era el rey el rey David? Un adúltero y un asesino, si os acordáis de la historia. Y era, según decía la escritura, un hombre según el corazón de Dios. Pero hay un momento en la historia del rey David que tenía todo, todo, que se creyó Dios. Y porque cuando nos creemos Dios, nos creemos con derecho a destruir al otro, porque el adulterio es destruir al otro, porque matar al otro es destruirlo. Rey David, se creyó Dios y tocó fondo y allí el Señor lo rescató. Y es cuando hace el salmo 50: "Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión, borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado, pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado contra ti, contra ti." Bueno, no lo voy a hacer entero. Precioso ese salmo. David ha tocado fondo. David, en ese momento Dios lo ha pasado de las tinieblas a su luz admirable, hermanos.
Ese es el camino que quiere hacer el Señor con todos nosotros, que lo está haciendo con todos nosotros. Pero primero tocar, tocar fondo. Es necesario, hermanos. Y desde allí clamar al Señor como el hijo pródigo, como la mujer que descubren en flagrante adulterio. Tocar fondo como el leproso. Tocar fondo como la mujer que sufría flujo de sangre que se acerca a tocar a Jesús. Tocar fondo, requetefondo, como Lázaro, que ya estaba podrido en la tumba. Ese sí que tocó fondo. Más abajo. Yo creo que ya no se podía estar en la tumba podrido y el Señor lo resucitó. Es necesario tocar ese fondo, hermanos. Y ese es el camino.
Por eso dice Cristo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida." Primera frase que me ayudaba: que nos llamó de las tinieblas a la luz. Segunda frase que me ayudaba: que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros. Y la tercera que me impresiona.
"No tiemble vuestro corazón." Os quiero preguntar: ¿un corazón tiembla? Que yo sepa, no. Late, pero temblar. ¿Por qué nos dice hoy el Señor que no tiemble nuestro corazón? El corazón es la sede del amor. Al decirnos: "No tiemble vuestro corazón", nos está diciendo: "No tengas miedo a amar." Uno tiembla cuando tiene miedo. No tengas miedo a amar.
"Yo soy el camino." Fijaros que no dice "yo soy un camino". Porque querría decir que hay varios. No, "yo soy el camino". Solo hay un camino, hermanos, que es Cristo. "Yo soy la vida." Nadie puede tener la vida si no es con Cristo. Esto es un secreto, hermanos. Un secreto maravilloso que lo podemos proclamar. Podemos mañana irnos. Mañana Castroales está lleno de gente, lleno de gente paseando por las calles, ¿o no? Y encima que va a ser bueno, va a estar llenísimo. Podemos salir a la calle con unos con unos eh altavoces y gritar que Cristo te ama, lo que quieras que gritemos, pero eso no sirve porque es un secreto. No quiere decir que no lo sepa la gente, lo habrán escuchado. Es un secreto porque solo tiene el que lo ha vivido. Que Cristo es la vida, que te dan la vida, que la vida no te la dan las cosas, los demás, el lugar donde vives, el dinero que tienes, el carácter de tu esposo. No, no, no. Te podemos poner al lado a otro esposo diferente y vas a ser igual. Te podemos poner al lado a una mujer ideal. ¿Cómo es la mujer ideal? No lo sé. ¿Cómo es? Pensad los hombres que estáis ahí, que no hable mucho, que diga todo sí, mi amo. ¿Cómo es el hombre ideal? Cariñoso, que te ayude, que te diga que te ama, que te escuche. Puedes cambiar a tu esposo y hacer que sea el esposo ideal, la esposa ideal. Pero si no tienes a Cristo, no tienes la vida.
Y dice: "Yo soy el camino. Yo soy la vida. Yo soy la verdad." La verdad. Fijaros que en todo está resumido el amor. Por eso, "no tiemble vuestro corazón". No tengáis miedo a amar. Hermanos, todo se resume en las palabras que nos dijo el Señor en la última cena: "Amaos como yo os he amado." Amaos. Ese es el camino. Esa es la verdad y esa es la vida. Y nosotros buscando la verdad, buscando la vida y buscando otros caminos. El amor. Nosotros hemos sido llamados al amor. Qué maravilla, hermanos. Qué maravilla. El día que nos bautizaron nuestros padres en una iglesia, que nos llevaron a bautizar, fuiste llamado al amor, fuiste llamado a la vida, fuiste llamado a la verdad, fuiste llamado a la luz, fuiste llamado a ser feliz. Si comprendiéramos esto, nos daría un vuelco el corazón.
Que el Señor nos ayude hoy, hermanos. Para poder amar necesitamos ser amados. Nosotros no podemos dar lo que no tenemos. Por eso, amaos como yo os he amado. Ese es el camino. Deja que el Señor te ame y te saldrá el amor solo. No te tienes que esforzar en amar. El cristiano no se esfuerza en amar. El cristiano no se esfuerza en perdonar. Perdona solo, ama solo, justifica a los demás solo, es generoso, solo, es casto, solo, es fiel, solo, le sale solo, porque Dios lo ha hecho con él.
Que el Señor nos ayude a ser verdaderamente cristianos, hermanos, y que podamos creer en su amor. Que así sea.