Transcription
Roman Jakobson identificó el siglo pasado seis funciones de la lengua a partir de los seis elementos del diagrama básico de la comunicación: emisor, receptor, canal, código, mensaje. Y creo que ya son todos.
Lo que Roman Jakobson nos dijo es que si el mensaje se orienta hacia el emisor, por ejemplo, se cumple una función. Y se orienta hacia el contexto, se cumple otra función. Si se orienta hacia el receptor, otra. Si se orienta hacia el canal, otra. Si se orienta hacia el código, otra. Y finalmente, lo más loco de todos, si se orienta el mensaje hacia el mensaje mismo, se cumple la última función. Seis funciones de la lengua para seis diferentes intenciones comunicativas. Teóricamente, con esas seis funciones podemos expresar lo todo.
Cuando el mensaje se orienta hacia el emisor, se cumple la función emotiva de la lengua. Es decir, qué siento, qué percibo, qué emociones hay en mi interior, etcétera. Si nos ponemos a analizar un poquito esto, aquí tenemos el yo. Y por lo tanto, también el nosotros. Primera persona del singular, primera persona del plural.
Cuando el mensaje se orienta hacia el receptor, se cumple la función apelativa de la lengua. La utilizamos para relacionarnos con los otros, cuando tratamos de convencer de algo a alguien, cuando le hacemos una pregunta, etcétera, etcétera, etcétera. Aquí tenemos el tú y, por lo tanto, también el ustedes o vosotros.
Cuando el mensaje se orienta hacia el contexto, se cumple la función referencial de la lengua. Con esta podemos explicar, describir, citar, etcétera, etcétera, etcétera, todo aquello que rodea el acto comunicativo. Porque el contexto es la realidad extralingüística, aquello que está aparentemente más allá de las palabras. Y aquello que está más allá de las palabras, pues puede ser el tipo que está por allá, el perro, el gato, la mecánica cuántica, la física de los fluidos, la termodinámica, los orbitales atómicos, los números, el sol, el agua, etcétera. En la función referencial de la lengua, por lo tanto, está la tercera persona, tanto del singular como del plural: el, ella, ello, ellos.
Y aquí la cosa se pone realmente curiosa y simpática. ¿Para qué más podemos usar el lenguaje? Para hablar de nosotros mismos, ya sea de manera individual o como grupo. Para relacionarnos con otras personas y explicar absolutamente todos los fenómenos que rodean el acto comunicativo. ¿Para qué más?
¿Qué pasa, por ejemplo, si el mensaje se orienta hacia el canal? Bueno, Roman Jakobson le llama a esta la función fática de la lengua. Y consiste básicamente en probar que existe un medio eficaz para la transmisión de mensajes. Así de fácil. Múltiples ejemplos, como cuando contestamos el teléfono: "Bueno", "Pronto", "Aló", "Chau", "¿Qué hubo?", etcétera.
Y aquí es donde empieza lo más rarísimo del mundo. ¿Para qué más nos sirve el lenguaje? Ya probamos el canal, ya hablamos de nosotros, ya nos relacionamos con alguien, ya hablamos de todos los fenómenos del universo. ¿Para qué más?
Cuando el mensaje se orienta hacia el código, se cumple una función que se llama meta lingüística. Y la función meta lingüística es una de las cosas más locas y más enfermas de todo el mundo mundial. Pero para explicarlo, voy a requerir un video completo. Así que esperas. Digamos, en este punto, que es cuando utilizamos el lenguaje para describir y explicar el mismo lenguaje. Y esto, aunque se escucha realmente sencillito, pues tiene implicaciones realmente profundas y complicadas que ya veremos, como les dije, en otro video.
Finalmente, escuchen bien. Cuando el mensaje se orienta hacia el mensaje mismo, se cumple tal vez la función más loca de todas. Se cumple la función poética de la lengua. Y caramba, que también necesito un video especial para esta función. Pero ya se me ha acabado el tiempo. Así que mucho más adelante voy a seguir hablándoles de las funciones de la lengua, específicamente, espero, primero de la función meta lingüística, luego de la poética. Mientras tanto, por favor, suscríbete, dale like y activa esa campanita.