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Paz de Cristo, hermanos. Dele ese aplauso al Señor Jesucristo. Desde lo más fuerte, porque el Señor se lo merece. Gloria a Dios. Qué bueno es Dios. Qué bueno es estar aquí en la casa del Señor en esta tarde. Me parece que es tarde. Tarde. Gloria a Dios. Me tienen que perdonar. Estas, estas últimas, estas últimas dos semanas han sido, eh, ¿cómo les puedo decir? He estado como en tres o cuatro países y, ah, no sé ni qué, ni qué día, ni en qué tiempo, ni en qué horario estoy ahora mismo. Pero, ah, llegué anoche tarde, ah, del aeropuerto. He dormido como unas 3 horas y media, 4 horas ahora y, bueno, pero aquí estamos por la gracia del Señor Jesucristo. Amén. Amén.
Qué bueno es el Señor. Me encanta venir aquí porque siempre que vengo, esta iglesia sirve de referente para nosotros en Moreno Valley. Y siempre que vengo, saco de aquí algo. Hago un millón de preguntas porque queremos llegar a este nivel de excelencia y queremos llegar a este nivel de liderazgo y como el Señor los usa a ustedes a través del mundo. Esta es una iglesia que ha servido de, ah, ¿cómo les puedo decir? Como la estrella del norte para muchas iglesias y nos guiamos muchas veces por lo que ustedes hacen. Así que les damos mucha, muchas gracias por ser eso, ese ejemplo para nosotros, las iglesias pequeñas que andan buscando también llegar un día a hacer algo grande para Jesucristo. Gloria a Dios.
Y qué bueno es de un aplauso. Honro también la vida de su pastor. Ah, también es un gran hombre de Dios que ha servido de gran mentor para mi vida personal y doy gracias a él, a su familia y a todo el ministerio aquí en este lugar. Bueno, ¿cuántos están listos para la palabra del Señor en esta tarde? Amén.
Voy a ir a dos lugares. El libro de Levítico, Levítico 7, voy a leer del verso 11 al verso 15. Y también quiero ir al libro de Hebreos, capítulo 13, del verso 15 al verso 16. Levítico 7 del 11 al 15 y Hebreos capítulo 13 del verso 15 al verso 16. Cuando lo tengan, digan amén. Y al que no lo tiene, diga de mí.
Dice así la palabra del Señor en el nombre de Jesucristo. Levítico 7. Y esta es la ley del sacrificio de paz que se ofrecerá a Jehová. Si se ofreciere en acción de gracias, con la ofrenda de paz ofrecerá tortas sin levadura, amasadas con aceite, y ojaldres sin levadura, untados con aceite, y flor de harina frita en tortas amasadas con aceite. Con tortas de pan léudo presentará su ofrenda, además de los sacrificios de paz en acción de gracias. Y de toda la ofrenda presenterá, presentará una parte por ofrenda elevada a Jehová, que será del sacerdote que esparciere la sangre de los sacrificios de paz. Y la carne del sacrificio de paz en acción de gracias se comerá en el día que fuere ofrecida. No dejarán de ella nada para otro día.
Libro de Hebreos, capítulo 13, verso 15 y verso 16. Así que ofrezcamos siempre a Dios por medio de él sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesen su nombre. Y de hacer bien y de la ayuda mutua, no os olvidéis, porque de tales sacrificios se agrada Dios.
En esta tarde quisiera predicarles con este simple título, el sacrificio que permanece. El sacrificio que permanece. Gracias, Señor, te damos por tu palabra y pedimos que seas tú, Señor, ayudándome, que pueda predicarla con la libertad que proviene del cielo, que sea lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino. Ayúdanos, Señor, a entenderla y no solamente a entenderla, pero a ponerla por obra. Y todo esto te lo pedimos en el nombre poderoso de Jesucristo. Amén. Y gracias.
Amados hermanos, yo quiero que en esta tarde usted se imagine conmigo el atrio del templo en los tiempos antiguos de la antigua Israel. Imagínese que sale el sol por la mañana, la luz pega en las piedras. Los sacerdotes andan de un lado a otro haciendo sus diferentes oficios. Los levitas también están allí. La gente llega, pero llega con, ah, un sentido de reverencia, callada, con cara, algunos de velorio, susurrando sus oraciones, otros arrodillados, algunos meciéndose de lado a lado. Y de repente, en medio de todo esto, aparece un hombre que no cuadra con nadie. Bueno, ¿por qué no cuadra con nadie? Es que no trae cara de funeral. Este sí que no trae cara de velorio. No viene arrastrado, no viene gateando al templo. No trae un toro gigantesco por un grave pecado que cometió. Nada de esto. Él viene casi bailando y detrás de él también viene un montón de gente que recogió en el camino: familia, vecinos, hasta desconocidos. Y se oye que vienen cantando salmos en la jornada y sobre los hombros de este hombre hay un cordero perfecto, sin mancha. Y en las manos él lleva una canasta llena de panes de distintas clases, cuatro diferentes tipos de panes. Pasa por delante de los que traen ofrenda por el pecado. Le pasa por el lado a los que traen ofrenda por su culpa. Le pasa al lado de las filas que andan esperando porque tienen que venir a ofrecer sus sacrificios esa mañana. Pero este hombre no llega por obligación. Este hombre viene porque no se puede callar.
Y llega un sacerdote al atrio y como ve que este hombre no se pone en ninguna de las filas que están preparadas, asignadas para el sacrificio del pecado, conocido o no conocido. Entonces este hombre, el sacerdote le pregunta: "¿Hijo, qué ofrenda traes hoy?" Y este hombre se para en medio del atrio, deja la canasta en el suelo, levanta la vista al altar, respira profundo y grita una sola palabra que hace que todo el mundo voltee a donde él está. Y esta palabra que grita es esta: ¡Todá! Y en ese momento cambia todo el ambiente. Ya nadie se queda serio. Hasta los tristes se acercaron para escuchar el chisme. Porque todos sabían, ¡todá! No es una rutina, hay un testimonio que viene acompañado con este sacrificio. Esto proviene de un corazón que acaba de ser liberado. Gloria a Dios. Este sacrificio viene de un corazón que acaba de ser librado de algo.
Y ahora, ¿qué, qué gritó este hombre aquí en el atrio? La palabra hebrea: ¡Todá! Eh, eh, díganla conmigo. ¡Todá! Gloria a Dios. No, toda. ¡Todá! En hebreo hay muchas palabras que, ah, significan alabanza o alabar, ya sea el sustantivo o el, o el verbo alabar o alabanza. Muchas palabras se define la alabanza: Jalel o halal, barak, y shabac. Hay, hay diferentes palabras que definen la alabanza y todas son lindas, todas distintas, todas ofrecen un significado diferente de lo que es la alabanza. Pero la Todá, ¡todá! Es, es bastante distinta. Todá es una alabanza, pero alabanza que proviene del agradecimiento o de acción de gracias. Es el grito de una persona rescatada. Gloria a Dios.
Y escuchen en esta tarde, hasta hoy en día en el, en Israel, si usted llega a la nación de Israel, cuando te pasan un café o te abren la puerta, ah, tu esposo te abre la puerta, ¿qué, qué se dice? Se dice: ¡Todá! ¿Por qué? Porque la misma palabra en antiguo Israel que llevaba un cordero al altar y una canasta lleno de panes sin y con levadura e, y era el sacrificio de Todá. Esta misma palabra evolucionó en el moderno Israel a significar simplemente: gracias. Gracias. ¡Todá! quiere decir gracias.
Para los que nunca han estudiado los sacrificios, déjenme hacérselo un poco fácil. Aquí habían los sacrificios en Israel, la mayoría de ellos eran obligatorios. ¿Y qué quiero decir con eso? Si usted pecaba, eh, sepa usted o no, consciente o inconscientemente, entonces tenía que traer un sacrificio para el pecado todas las mañanas en el templo y todas las tardes. Lea el libro de Levítico. Y sin falta, todos los días subía también el holocausto en las mañanas y en las tardes. Y, y qué tal de días prefijados, de días donde había asamblea solemne como la Pascua, el día de la expiación o todas las fiestas de Israel. Esos días tenías que llegar exactamente cuando te era señalado y apropiado para tu pueblo, tu familia, tu lugar donde vivías, tu región. Tenías que llegar en ese día a ofrecer ciertos sacrificios y, y si no, quedabas cortado del pueblo. Habían penalidades para esos que no cumplían los requisitos de sacrificio.
Entonces, en medio de todos estos sacrificios, tienes que, tienes que hacerlo. Este es el día prefijado, esta es la asamblea solemne, esta es tal fiesta. Tienes que venir en tal y tal ocasión, a tal y tal hora, con tal y tal requisito. En medio de esto aparece una ofrenda que se llama Todá. Esta ofrenda, según nuestro texto en Levítico 7, dice: "Si la ofreciere por acción de gracia". Yo quiero que usted note esto. "Si la ofreciere". ¿Sabes lo que me dice eso? Eso no dice: "La vas a traer". Eso no dice: "Estás obligado". Eso no dice: "En tal y tal día necesitas traer tal y tal ofrenda". No, porque no había fecha para esta ofrenda. No había castigo si usted no la traía. Era totalmente voluntaria, era totalmente del corazón. Si usted algún día sentía traer esta ofrenda, usted la podía traer al altar.
¿Y por qué era esta ofrenda voluntaria? Porque la nació en el corazón de alguien que acababa de salir de preso de la muerte. Casi, casi estaba al punto de la muerte, quizás en una cama, en su lecho de muerte, en un naufragio, en un peligro que lo tenía listo para el cajón. Pero de repente, en medio de eso, usted levantó su voz al cielo y pidió: "Señor, rescátame de donde estoy". Y sobrenaturalmente hubo un rescate que lo trajo. Y usted reconoce: "Yo no debería estar aquí vivo para dar y contar este testimonio". Ah. ¿Sabe lo que quería decir Todá? Todá era el grito del que se miraba en el espejo y decía: "Yo no lo pude hacer solo". Aleluya. Y esto no lo hizo la karma, no lo hizo la suerte, no lo hizo el universo, no lo hizo el tiempo, no lo hizo mi fuerza, no lo hizo mi buena vibra, no lo hizo mi aura. No. Esto fue Dios, porque "toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación". Esto solo lo hizo el Señor. Aleluya.
Es el grito de una persona que entiende que si Jehová no edificare la ciudad, en vano edifican los que la edifican. Y si él no guardare los muros, si él no guardare la ciudad, en vano guardan los que guardan. Aleluya. Es de alguien que dijo: "Oh, Señor, estuve en el valle de la sombra de muerte, pero gracias a Dios, tú estuviste conmigo. Tu vara y tu callado me infundieron aliento". Uh, gloria al nombre del Señor Jesucristo. ¿Sabe lo que es ese grito de Todá? Es de un corazón que no necesiten que lo empujen, que no necesite que le den manigueta, que no necesita que le digan: "Por favor, trae sacrificio. Alaba a tu Dios, por favor, sacrificio de alab". Ah, ese no es el corazón, aleluya, que tiene que esperar que el pastor le vocee 20 veces. Da un aplauso, grita, alaba, adora a Dios. No, no, no. Yo no necesito que me empujen, porque si tú supieras como yo sé de lo que el Señor me libró a mí, de dónde me ha sacado y por qué estoy, mi corazón, no me tienes que pedirlo, mi corazón eleva esta canción. Gloria al nombre del Señor Jesucristo. Mira tu vecino y dile: "U, gloria al nombre del Señor". Ahora vira a tu vecino favorito y dile: "Uh, no a cualquiera, a tu favorito. Gloria al nombre del Señor Jesucristo".
Oh, amados hermanos, déjenme decirle algo. Aleluya. La Biblia nos da ejemplos de esto. Persona que traía Todá siempre estaba al punto de la muerte y fue rescatado. La Biblia nos da ejemplos de esto. David rodeado de enemigos. Él empieza a escribir en sus salmos y él dice en el salmo 54:6 y 7: "Voluntariamente sacrificaré a ti, alabaré tu nombre. Toda tu nombre, oh Jehová, porque tú eres bueno, porque él me ha librado de toda angustia". Si usted no se goza, me voy a gozar yo por usted en este día. Gloria a Dios. Aleluya. Ah, Jonás dentro del pez, oye lo que él también es dijo y oró proféticamente. Y en Jonás 2:9, eso fue lo que dije. Dice: "Más yo con voz de Todá, acción de gracias, te ofreceré sacrificios. Pagaré lo que prometí, porque la salvación es de Jehová".
Ezequías estaba al punto de la muerte y oró al Señor. Y el Señor le alargó sus días por 15 años. Y sabe lo que él dijo en el Seol. ¿Quién te, quién te alabará? Él dice: "Los vivos, los vivos alabarán tu nombre". Uh, gloria al nombre del Señor. Es como que si el Señor le hubiese preguntado a Ezequías: "Ezequías, ¿para qué quieres seguir viviendo?" Y Ezequías le dijo: "Porque si, porque si muero allí no puedo alabar tu nombre. Dame 15 años más para yo poder levantar y exaltar y traer sacrificio de alabanza a ti". Aleluya. Es que algunos alaban para vivir, pero Ezequías dijo: "Ah, yo vivo para alabar". Gloria al nombre del Señor. Ezequías dijo: "Los vivos te ofrecerán". Y cada vez que alguien era librado, aparecía una, no porque la ley lo mandaba, sino porque había un corazón rescatado y no podía hacer otra cosa que decirlo.
Miren alrededor en esta tarde. Reto a darse cuenta de quién está aquí. Cada domingo que entramos por esa puerta, venimos también nosotros trayendo una. Gloria a Dios. Aleluya. Quizás aquí hay un visitante que dice: "¿Por qué gritan tanto? ¿Por qué alaban tanto? ¿Por qué tanta bulla? ¿Por qué tienen a ese negro con tanto volumen allí arriba animado moviéndose en todo ese altar? ¿Por qué danzan? ¿Por qué alaban? ¿Por qué cantan? ¿Por qué corren? ¿Por qué remolinean?" Ah, te quiero darte. Perdona nuestra bulla, visitante, pero déjame darte la respuesta. Es que aquí hay testimonios en todo este lugar. Aquí hay esos que estaban en el vicio, la droga, las pandillas, el alcohol, el club, mujeriegos, golpeadores de esposa, mentirosos, brujos, orgullosos. Gloria al nombre del Señor. Pero un día clamé a Jehová y él se inclinó a mí y oyó mi clamor y me hizo sacar del la desesperación del lodo cenagoso. Puso mi pie sobre la peña y enderezó mis pasos y puso luego en mi boca un cántico nuevo. ¿Habrá alguien aquí que pueda testificar eso? ¿Habrá alguien que trae un todá en esta preciosa tarde? Alguien que pueda decir: "Yo estaba perdido, pero ahora me encontró el Señor. Yo estaba ciego, pero ahora veo". Aleluya. Habrá alguien que pueda decir: "Tenía cáncer, pero si no hubiese sido por el Señor, hoy en día estuviese muerto". Habrá alguien que pueda decir: "Casi morí en el COVID, pero mírame, el Señor me rescató". Habrá alguien que pueda testificar: "El Señor secó un tumor. El Señor me sacó de la ansiedad, de la depresión, del espíritu de suicidio". ¿Habrá alguien en este lugar que tenga un todá? Aleluya. Habrá alguien que pueda decir: "Todos los dardos del enemigo vinieron contra mí y contra mi familia este año. Pero gracias sean dadas a Dios que ninguno de los dardos, aleluya, tuvieron éxito. Aunque un ejército acampe contra mí, no te verá mi corazón". Gloria al nombre del Señor. Aleluya.
Espero que hayas rebajado por lo menos 5 libras. Escúcheme, amado hermano, déjeme predicarle un ratito. Ya, ya, ya casi termino. Ya casi termino con mi introducción. Escúcheme algo. Esa ofrenda era voluntaria. Nacía del corazón. Uh, gloria a Dios. Era que alguien era librado y esa mañana cuando se despertaba después que era librado, había algo dentro de él que decía: "No te puedes quedar tranquilo. Tienes que ir al templo a ofrecer esta ofrenda". Y mire lo que decía la ley. Si la vas a ofrecer, esta es la única, única pauta que te voy a poner es esta: el cordero que traigas no puedes comértelo el próximo día. Tiene que ser terminado por completo. Toda la comida necesita ser terminada por completo ese mismo día. ¿Sabe para qué? ¿Por qué el Señor puso esa pauta? Porque él quería que este sacrificio sea un sacrificio comunal. Es decir, el hombre no se podía comer el cordero solo. Necesitaba invitar lo suficiente personas, las suficientes personas para comer todo el sacrificio. ¿Sabe lo que forzaba que ese hombre hiciera? Tenía que ir a todo el vecindario. Hello, hello. Hey, you. Ven para acá. ¿Me quieres acompañar? ¿Acompañar a dónde? Al templo. ¿Para qué? Es que tengo un todá. Un todá. ¿Qué te pasó? Déjame testificarte lo que hizo el Señor conmigo. ¿Sabes por qué lo hizo así el Señor? Porque quería que el redimido tuviera un testimonio que contar y allí está. Ven, déjame decirte por qué el Todá. Ayer estaba en alto mar y naufragio sucedió. Ahí estaba ahogándome cuando de repente clamé al Señor: "Sálvame, maestro, sálvame que perezco". Y de repente, sobrenaturalmente el Señor puso su mano, me libró de allí y hoy estoy aquí para contar la historia. ¿Sabe, amado hermano? Porque los salmos en sus mayorías siempre nos incluye a todos cuando hace la invitación es porque este evangelio es comunal. Estamos supuestos a testificarnos el uno a lo otro. Venid, aclamemos al Dios a una. Gloria a Dios. Venid, pueblos, todos batid las manos, aclamemos a Dios, venir. Por eso es que llegamos al culto. Cada vez que llegamos al culto testificamos con nuestra asistencia. Dios ha sido bueno.
¡Uf! Ah, y es que si tú eres cristiano agradecido, 10,000 veces al día tienes que decir: "Gracias, Jesús". 10,000 veces al día debe salir de tu boca: "Gracias, Jesús". Gracias Jesús por la comida, por la salud, por el trabajo, por la iglesia, por lo que tengo, por el carro que arranca, hasta por la suegra. Wow, ese Todá es un poco grande, pero sí, tráelo todavía. Gloria a Dios. Hasta por tus enemigos. Gracias, Jesús, por la tribulación, por la prueba. Gracias, Señor, porque tú eres fiel, porque tú conoces mi camino. Gracias, Señor. Oh, gloria al nombre del Señor por darme el fruto del espíritu. Tengo amor, tengo gozo, tengo paz, tengo paciencia, aleluya, tengo benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza y contra tales cosas no hay ley. Gracias, Señor, por darme más de lo que yo te he pedido. Gracias, Señor. Te pedí que me hagas vencedor, pero me has hecho más que vencedor. Te pedí que me diese gozo, pero me diste gozo inefable. Oh, gloria al nombre del Señor. Te dije que me dieras amor y tú dijiste: "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre". Tú me has dado más de lo que yo merezco. En tu boca debe de haber un "Gracias, Jesús", si tú has sido redimido.
El salmista dijo: "Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser, su santo nombre. Y después, bendice, alma mía, Jehová. Y no te olvides de ninguno de sus beneficios. Él es el que perdona tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias, el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias. Oh, agradeced a Jehová porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia". Y sabe lo que dicen los rabinos, aleluya, que cuando venían, venían cantando el salmo 100: "Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra; Servid a Jehová con alegría; Venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que él es Dios; Él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con tod, con acción de gracias, y por sus atrios con alabanza".
Wow, amados hermanos, es que una boca que no tiene alabanza proviene de un corazón que no tiene agradecimiento. Te voy a decir eso otra vez. La boca que no tiene alabanza proviene de un corazón que no tiene agradecimiento. Amén. Por eso es un cristiano con la boca cerrada. Es imposible. Amén. Gloria al nombre del Señor. Ay, es que yo no soy emocional. Ah, es que yo lo pienso. No, no, no, no, no, no, no. La bendición no se piensa, la bendición se expresa. Amén.
"Bendeciré a Jehová en todo tiempo". Y después escuche el paralelismo. "Su alabanza de continuo estará dónde". En mi mente. En mi boca. Usted no puede decir: "Ah, es que yo lo alabo en el corazón. Ah, es que yo soy bien espiritual. Yo en mis sueños, es que yo lo pienso y eso es un". No, no, no, no, no, no. El Todá no se piensa, el Todá se grita. El Todá. Me voy a venir a este lado porque yo creo que este lado está un poco más fogoso. Vamos a ver. El Todá no se piensa, el Todá se grita. Así que abre tu boca en esta tarde y dile Todá al Señor.
Gloria al nombre del Señor. Ya, ya, ya, ya, ya termino. Escuche todos los demás sacrificios tuvieron fecha de vencimiento. Cuando Jesús gritó: "¡Consumado es!". El sello de cumplido. Se terminó ofrenda por el pecado, no. Cristo fue ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos. Ofrenda por la culpa, no, no, no, no. El castigo de nuestra paz fue sobre él. Ofrenda de holocausto, ¿no? Él se ofreció a sí mismo a Dios. Ofrenda de cordero pascual, no, no. Pablo nos dice: "Nuestra Pascua es Cristo". Cumplido, terminado, sellado, consumado. Es día de expiación. Con su propia sangre entró una vez para siempre en el lugar santísimo. Una vez para siempre. Ya no quedan más sacrificios. Consumado es. Amel todos murieron ese día, pero un sacrificio se negó a morir ese día. Hubo un sacrificio que dijo: "Ah, ah, este sacrificio no es por el pecado, ni por la culpa, ni por algo que cometí en el pasado. Este es el sacrificio de alabanza". Amén. Porque en la cruz Dios no dejó de ser bueno. Él sigue siendo misericordioso. Sigue librándote del pecado. Sigue sanando tus enfermedades y tus dolencias. Sigue rejuveneciéndote como el águila. Amén. Wow. Aumenta tus fuerzas como las de un búfalo. Torre fuerte es un hombre y a él correrá el justo. En la cruz hay un sacrificio que no terminó, sobrevivió. ¿Sabe cuál es? Hebreos 13:15. Así que ofrezcamos siempre a Dios por medio de Jesucristo. El sacrificio de alabanza, fruto de labios que confiesen su nombre. Amén.
Me encanta que cuando usted va a la Septuaginta, el la traducción griega del del hebreo, del Antiguo Testamento, se va a dar cuenta que aquí en Hebreos 13:15 está hablando es el mismo vocabulario que se usa para Levítico 7, el sacrificio de Todá. Es lo mismo. O sea, el escritor de Hebreos, quien sea fuese ese hombre, ese escritor dice: "Hay un sacrificio que todavía se ofrece a Dios continuamente ahora". Y estamos hablando de es el mismo escritor que le ha dicho del 1 al 12 de Hebreos que ya todos los sacrificios fueron cumplidos en Jesucristo. Y ahora les dice: "Pero este todavía se ofrece". Y con estos sacrificios Dios es complacido. Amén. Él acepta estos. ¿Cuál es? El sacrificio de alabanza. Fruto de. Ya no el cordero. Ya no traemos el cordero. Queda el sacrificio. El método cambia. Ahora no traemos el cordero al altar. Ahora traemos nuestros labios. Y el sacrificio ahora que acepta Dios como el sacrificio de Todá es el corazón que llega voluntariamente a la casa de Dios, levanta sus manos y dice: "Si no hubiera sido por el Señor". Es el corazón de la persona que llega hasta gateando por toda la prueba que ha habido en su vida. Pero que llega aquí a la iglesia y se arrodilla, levanta sus manos aquí en el altar y puede decir: "Agradecimiento". Gloria a Dios.
Hay en mi corazón cantos de alegría elevo con mi voz. Habrá alguien que no sepa muchas cosas que mi Dios me ha dado. Todos agradecidos. Yo quiero abrir este altar en esta tarde. Quisiera saber si aquí hay alguien que diga: "Señor, no tengo mucho, pero traigo un sacrificio de Todá esta tarde. Tú has sido tan bueno conmigo". Quiero que usted piense, yo, mire, van a haber otros cultos donde usted va a llegar a pedirle al Señor por algo, pero hoy no es ese servicio. Hoy es el día de gratitud. Amén. El Señor dice: "Con este sacrificio, me agrado yo, sacrificio voluntario de un pueblo que diga: Yo estoy tan agradecido, Señor, por lo que has hecho. Tengo familia, tengo mis hijos, tengo mi iglesia, tengo mi salud, tengo mi trabajo. Aquí estoy. No sé cómo agradecerte, Señor, por todo lo que has hecho por mi vida. Y así que te digo gracias. Es lo único que puedo hacer, decirte gracias por todo lo que tú has hecho". Habrá alguien aquí. Venga, venga, venga, venga.