Transcription
[Música]
En el extremo sur de Sudamérica, la República Argentina tiene una de las llanuras más fértiles del planeta. Una extensa planicie que cautiva todo aquel que se aventura en su seno: la Pampa Argentina.
[Música]
Hace apenas un siglo que la llanura pampiana es usada en las actividades agropecuarias y es la fuente de riquezas más importante del país. Desde principios de la década de 1990, la agricultura argentina incorporó nueva tecnología que permitió disminuir los costos y aumentar la producción. Cada año se obtienen mayores cosechas y se superan todas las marcas de producción, aumentando la cantidad de dinero que el país obtiene por la exportación de estos productos.
Este crecimiento en la producción se basa en el cultivo de soja modificada genéticamente. La soja permite aumentar la producción, pero genera enormes efectos negativos. El monocultivo de soja produce pérdidas millonarias en la fertilidad del suelo, la desaparición de alimentos básicos y una masiva contaminación ambiental. Además, a medida que crece el área sembrada con soja, desaparecen fuentes de trabajo y aumentan la desocupación, el hambre y la indigencia.
La Argentina produce una cantidad de soja que podría alimentar a 100 millones de personas. A pesar de su población de 3 millones, vive por debajo de la línea de pobreza y ni siquiera puede acceder a una alimentación adecuada. Hambre de soja.
[Música]
Siglo XX. La Pampa Argentina sostuvo una producción agropecuaria con productos de alta calidad que alimentaban a su población y abastecían a mercados de todo el mundo. La demanda de mano de obra rural favoreció el arraigo de millones de inmigrantes que llegaban desde Europa en busca de paz y [Música] prosperidad. El territorio fue rápidamente poblado con colonos que fundaban nuevos pueblos y colonias, produciendo una explosión demográfica potenciada por el flamante tendido ferroviario.
Los beneficios económicos que generaba la producción agropecuaria se volcaban a una industria creciente, favoreciendo el desarrollo de la economía argentina. Año tras año, la región pampiana producía mayores cosechas de alimentos buenos y variados en una espiral de crecimiento que parecía no tener fin y que llevó a que la región fuera conocida como el granero del mundo. El granero del mundo, entendido como el país que provee de fibras, de granos, de carnes a grandes, a muchas poblaciones, a escala global.
En los últimos 30 años, la política económica de la Argentina giró 180 grados y se produjo una profunda transformación en el país. Se abandonaron las de producción y desarrollo para dar paso a una economía basada principalmente en la especulación financiera. Esta tendencia se agudizó durante la década de 1990. El Estado dejó de controlar y regular la economía y grandes corporaciones extranjeras tuvieron una amplia libertad para buscar su beneficio económico. Se produjo el cierre masivo de industrias y el país se hundió en la recesión más severa de su historia.
Hoy, la pobreza supera el 50% de la población y uno de cada cuatro argentinos no tiene trabajo. La agricultura también fue víctima de este proceso. Se dejaron de producir alimentos buenos y variados para dar lugar al cultivo de soja y otras materias primas baratas para el primer mundo. El interés de las corporaciones, la ausencia del Estado y la ambición de los productores destrozaron una producción equilibrada y al servicio del hombre.
Aquel país que a principios del siglo XXX daba trabajo y alimento a miles de inmigrantes, entró en el siglo XXI con el 50% de su población marcada por el hambre. En este momento, la Argentina no puede alimentar a su propia población, ni siquiera con los alimentos básicos, porque se convirtió casi exclusivamente en un enclave generador de productos de exportación que, por su puesto, afectan a su soberanía alimentaria.
En 1970, el cultivo de soja representaba menos del 1% de las producciones agrícolas argentinas. El área cultivada con soja fue creciendo lentamente hasta 1996, cuando se liberó comercialmente la soja modificada genéticamente que venía de Estados Unidos. Las modificaciones genéticas de la soja transgénica le han conferido resistencia a un herbicida llamado glifosato, y cuya marca comercial más conocida es Roundup.
El glifosato es un veneno para plantas que mata la mayor parte de las especies, incluyendo a la soja no transgénica. Existen, sin embargo, unas pocas especies de plantas y bacterias que tienen resistencia natural al glifosato. Una vez que se pudo aislar el gen que daba resistencia a estas plantas, los científicos lo introdujeron en la soja mediante ingeniería genética, creando la soja transgénica resistente al herbicida. De esta manera, cuando se aplica glifosato, mueren todas las plantas menos la soja transgénica y se simplifica mucho el control de las malezas en el cultivo.
Aparentemente, a simple vista, es exactamente la misma. La hoja sigue siendo la misma, pero usted le tira, le tira con el balde de glifosato y no la mata. Este es algo espectacular.
Hugo Nuciari es agricultor desde hace medio siglo. A lo largo de su vida, fue capacitándose para aumentar la producción y para ajustarse a las nuevas tecnologías. En esta primavera, Hugo Nuciari y también sus vecinos están sembrando soja en sus campos con la esperanza de obtener una buena cosecha. Los productores adoptaron masivamente la soja transgénica porque su cultivo es más barato que otros y se obtiene un margen de ganancia mayor. Además, requiere un cuidado mínimo que se reduce a la fumigación con glifosato y a la aplicación de otros venenos cuando las plagas atacan el cultivo.
La combinación de la soja transgénica y el herbicida glifosato forman un paquete productivo muy rentable. Tanto la soja como el herbicida fueron, digamos, este, invenciones o son patentes de una compañía internacional que es Monsanto y que a su vez le cede, le comercializa la patente a nivel mundial. Ese es el paquete, si se quiere, que ha logrado entrar en la Argentina de la mano de otro proceso muy importante que es la siembra directa.
El sistema de siembra directa produjo una revolución entre los agricultores y fue fundamental en la expansión de la soja. Mediante la siembra directa, se realiza una pequeña rotura del suelo donde se introduce la semilla sobre los restos secos del cultivo anterior y sin remover la tierra previamente. Todo el trabajo se realiza con una única pasada de la sembradora y las labores agrícolas se simplifican. Prácticamente, de lo que antes teníamos una playa herramienta para trabajar el suelo, ahora eso lo reemplazamos con un fumigador y una sembradora y nada más.
Al igual que la soja transgénica, el sistema de siembra directa contribuye también a aumentar las ganancias, ya que al trabajar menos la tierra, se emplea menos y se gasta mucho menos combustible en relación, por ejemplo, al cultivo convencional. A través de la maquinaria agrícola, donde se consumía millones de litros de gasoil, este empezamos a sacar la cuenta que eran, pero tremendamente beneficioso hacer siembra directa con glifosato. Hoy, con la soja transgénica, siembre torcido, derecho, siembre redondo, después le manda el avión y punto.
De los últimos nueve cultivos que Hugo Nuciari ha sembrado en su campo, seis fueron de soja transgénica y lo mismo ha hecho la mayor parte de los agricultores. En 7 años, la superficie sembrada con soja transgénica aumentó 16 veces, pasando de 800.000 hectáreas a más de 13 millones. La Argentina es el segundo productor mundial después de Estados Unidos y la mitad de la producción agrícola total del país es de soja transgénica.
Casi toda la soja que se produce en la Argentina es exportada como materia prima industrial y como forraje para países del primer mundo. El 30% de la soja es exportada como grano. Del 70% restante se extraen aceite y subproductos que son empleados como alimento para animales, principalmente en Europa. La soja transgénica es el principal producto de exportación de la Argentina.
La Argentina salta en el mercado exportador, por lo menos en commodities, y nos transformamos de un país productor de alimentos sanos, de alimentos ricos, de la famosa granja del mundo, la famosa el país de las de las de las vacas y las maces. Nos transformamos en un país exportador de commodities, de piensos, de forrajes para los animales de Europa. O sea, nosotros le facilitamos los piensos a aquellos países que ahora fabrican la proteína que nosotros producíamos antes. Y todo esto va a permitir una verdadera revolución en el campo de la producción. Una revolución que nos hunde, porque es una revolución de los commodities.
Mientras algunos agricultores ganan dinero con el cultivo de soja, muchos otros quedan fuera del negocio y los problemas sociales no tardan en [Música] aparecer. La siembra directa de soja reduce el trabajo de los agricultores, pero requiere de maquinaria especializada con tecnología moderna. El precio de estas máquinas es muy elevado y para pagarlo se debe tener una gran superficie cultivada para ganar lo suficiente. Cada año se lanzan al mercado máquinas más grandes y rápidas que posibilitan un ahorro mayor de tiempo y de personal durante el trabajo.
Los agricultores que tienen campos pequeños no ganan lo suficiente para producir soja a gran escala y no tienen otra alternativa que arrendar o vender su campo a los grandes productores de soja. Y esto genera una expulsión de pequeños propietarios, y una desertificación del agro, digamos. El agro va quedando con pocas personas encargadas de manejar las cosechadoras, los tractores, las trilladoras, donde antes había un ejército de personas, ahora hay muy pocas operando.
Desde 1990 hasta 2002, desaparecieron 60.000 establecimientos agrícolas medianos y pequeños, con un promedio de 12 establecimientos que cierran por día. Con el cierre de huertas y granjas, se deja de producir una inmensa variedad de alimentos básicos, desde legumbres y hortalizas hasta cereales de alta calidad y productos de origen animal.
Una de las actividades que más sufrió el avance de la soja es la producción de leche de vaca. Muchos productores lecheros han tenido que cerrar sus tambos porque es más rentable para ellos arrendar la tierra para el cultivo de soja que seguir produciendo leche. En los últimos dos años, miles de tambos fueron cerrados en la Argentina.
A la vez que se producen menos alimentos de calidad, la soja transgénica genera una enorme desocupación porque su cultivo y cosecha casi no necesitan personal y también porque elimina otras producciones que antes eran una importante fuente de trabajo. La región algodonera del norte argentino daba trabajo a miles de familias durante la cosecha manual del algodón, pero los productores algodoneros se volcaron al cultivo de soja transgénica y la producción de algodón cayó un 80%.
Al desaparecer el algodón, los recolectores pierden sus trabajos y se concentran en los pueblos. Así, en las pequeñas comunidades que albergan a las familias de trabajadores algodoneros, seis de cada 10 personas adultas no tienen trabajo.
Aníbal Cabral vive con su mujer y sus hijos en una pequeña localidad algodonera del norte argentino. Al igual que sus vecinos, Aníbal Cabral hace 3 años que no trabaja desde que se dejó de producir algodón. "Estamos viviendo en la miseria por culpa de que no hay algodón y la soja no nos sirve a nosotros por el asunto que al ver soja, nosotros no el colono, nosotros no da ni una ni una salida de trabajo nosotros. Y la cantidad de soja que hay es solamente ganancia para el colono. Los gringos la siembran directa, le echan un veneno que para el pasto y está todo, o sea que todo sobre máquina hacen todas las cosas sobre maquinaria y nosotros como obreros no tenemos ni una entrada en esos trabajos como para nosotros poder sustentar o ganar algo para el puchero, como acá, para vivir."
Aníbal Cabral y sus vecinos dependen de subsidios de 150 pesos (unos 50 dólares) que entrega el gobierno todos los meses. Este dinero representa una pequeña ayuda, pero está lejos de cubrir las necesidades de su familia. Aníbal Cabral y sus vecinos no están satisfechos con la ayuda del gobierno y quieren volver a trabajar en el campo. "Dije, yo tengo cinco chicos y tengo mi esposa, soy yo. Y con 150 que vamos a vivir, no vivimos. Si con los 150 comemos 10 días y después los otros 20 días que falta, ¿qué comemos? Y no hay una changa. Nosotros no sentimos humillados muchas veces por eso, porque nos ganamos dignamente el pan como nosotros ganamos antes. Nosotros somos gente que estamos acostumbrados de trabajar y poner lomo siempre."
Cientos de miles de trabajadores rurales y sus familias fueron expulsados de los campos donde siempre vivieron. En los próximos años, el número de trabajadores rurales que pierden su trabajo seguirá aumentando. Expulsados del campo, no pueden obtener nuevos trabajos. La industria argentina fue devastada durante la década de 1990 y no existe una planificación adecuada para dar trabajo a los desocupados de la agricultura.
El problema de la Argentina es que, en la medida que solo hubo producción de soja o de algunas materias primas, lo que tenemos es expulsión de personal del suelo, desertificación agraria, con un fenómeno de concentración sobre las grandes urbes. Los suburbios de las grandes ciudades ven crecer los asentamientos de emergencia en los que día a día se suman personas, engrosando las filas del hambre y la indigencia. La opinión pública concentrada en las grandes ciudades ha perdido la dimensión del país real. Entonces, los problemas que se plantean, sobre todo desde sectores de izquierda, intelectual, son problemas de iniquidad social o se lo ve como un problema de injusticia. Que no digo que no lo haya, sino que además de la injusticia de que unos ganen mucho y otros vivan en la indigencia, lo que hay que desmontar es la fábrica de la pobreza. Y la fábrica que produce pobres está en el modelo [Música] rural.
El modelo rural argentino no solo atenta contra la seguridad social, sino que también está atentando contra su propio futuro. Los suelos agrícolas de la Argentina están perdiendo rápidamente su fertilidad por el cultivo de soja. Uno de los conceptos básicos de la producción agropecuaria es la rotación de cultivos. Para que la tierra se mantenga fértil, se deben intercalar cultivos de distintas especies y también la producción de ganado. A lo largo de los años, la variedad de producciones enriquece los suelos y mantiene su vitalidad. La repetición del mismo cultivo agota los suelos y produce una pérdida creciente de su fertilidad.
A pesar de esto, el actual sistema agrícola argentino está basado en el monocultivo de soja y los problemas ya están empezando. "Primero nos dijeron que la soja aportaba nitrógeno al suelo, que era bueno porque era una leguminosa. Pero resulta que lo que descubrimos es que no es así. Digamos, la soja podrá aportar algo hasta cierto punto, digamos, pero una vez que se logran mejores rindes con variedades buenas, todas estas cosas, en lugar de aportar, le está sacando y está sacando muchísimo. Nos estamos quedando con el esqueleto del suelo, en realidad."
Muchos productores creyeron que la siembra directa sería una solución al problema del empobrecimiento de los suelos. Cuando este sistema es usado con rotación de cultivos, se transforma en una práctica que permite conservar los suelos, ya que los restos de la cosecha anterior se incorporan a la tierra como materia orgánica. Algunas especies como el sorgo o el maíz son ideales para rotar los cultivos porque su abundante materia vegetal enriquece el suelo. Con el monocultivo de soja, la siembra directa pierde sus beneficios para la conservación de la tierra y sirve solo para bajar los costos. La soja deja muy pocos restos vegetales y, por lo tanto, su aporte de materia orgánica al suelo es mínimo. El monocultivo de soja deja los suelos desnudos y desprotegidos después de cada cosecha.
Para peor, la soja necesita muchos más nutrientes que otros cultivos para crecer y madurar. El cultivo de soja en sí mismo es muy demandante o es un alto, eh, extractor, si podemos decirlo así, de nutrientes por unidad o por kilo de grano producido. Si uno lo compara, por ejemplo, con el cultivo de maíz, en realidad las necesidades nutricionales de nitrógeno, fósforo, potasio, azufre y de otros nutrientes de soja son prácticamente el doble de las del cultivo de maíz. No es cierto. Las investigaciones indican que la concentración de nutrientes está bajando drásticamente en los últimos años a raíz del monocultivo de soja.
"Buenos días."
"Hola, ¿qué tal? ¿Cómo le va?"
"Bien. Este, acá traje unas muestras de suelo."
A esto se suma que algunos nutrientes como el fósforo no son renovables y, una vez agotados, deben incorporarse al suelo de manera artificial. Recientes estudios revelan que en los últimos 20 años cayó abruptamente la cantidad de fósforo en el suelo y los especialistas pronostican un futuro poco alentador. "Si uno piensa que los niveles de fósforo, nutriente esencial para el crecimiento de las plantas y la producción de las mismas, eh, pasó también de situaciones de 60 partes por millón a niveles actuales que están entre los 10 y 15 partes por millón en ese lapso de 20 años, uno podría pensar o esperar que esta situación no se va a sostener mucho más allá de 15 o 20 años. Es decir, vamos a ir cayendo por una escalera de disminución de la fertilidad de los suelos que, en definitiva, nos va a llevar a niveles de producción muy, muy bajos si no tomamos las medidas que corresponden."
Aparte de requerir muchos nutrientes, la soja es una planta muy eficiente en extraerlos de la tierra. Esto le permite mantener un buen rendimiento en suelos en los que otros cultivos no crecerían. Como los productores ven que obtienen buenas cosechas, se ahorran el gasto de fertilizar la soja y las plantas toman todos los nutrientes que necesitan exclusivamente del suelo.
En la cosecha del año 2002, en la que se exportaron 30 millones de toneladas de soja, se fueron con los granos 900.000 toneladas de nitrógeno, 200.000 toneladas de fósforo y 140.000 toneladas de azufre. Si esas toneladas de nutriente se traducen en equivalente fertilizante, que sería lo que tendríamos que estar aplicando para reponer todos esos nutrientes que se llevaron los granos de soja, estaríamos hablando de un costo aproximado que llegarían a casi 900 millones de dólares. Si tenemos en cuenta que la gran mayoría de los granos de soja se exporta, estaríamos hablando de que exportamos, no es cierto, en el orden de esos 900 millones de dólares.
En la cosecha de soja del año 2002 se facturaron alrededor de 5.000 millones de dólares estadounidenses. Fíjense que, eh, casi un 20% de esos 5.000 millones de dólares que producimos con la cosecha de soja representan lo que le sacamos como nutrientes a nuestro suelo, no es cierto. Los nutrientes que se exportan junto con la cosecha casi no se reponen. Así, el suelo argentino está entregando al negocio de la soja transgénica un subsidio de casi el 20% en forma de [Música] nutrientes.
A pesar del daño que produce a los suelos, la superficie sembrada con soja transgénica aumenta casi un millón de hectáreas por año. Las importantes ganancias que deja su cultivo llevan a que se siembre incluso en lugares que no son aptos para la agricultura. La región chaqueña, ubicada en el norte de la Argentina, es uno de los ambientes con mayor biodiversidad del país. En ella existen densos bosques que protegen a muchas especies de flora y fauna, pero la demanda de tierras para el cultivo de soja está destruyendo rápidamente este ambiente y afectando el hábitat de animales en peligro de extinción, como el tatú carreta, el más grande de los armadillos.
Gustavo Porini es un biólogo de la Dirección Nacional de Fauna de la Argentina que se dedica a investigar y conservar al tatú carreta. En los últimos años, Gustavo ha observado que los animales abandonan las áreas donde siempre vivieron. "Es una cueva vieja, ya hay telas de araña y palos y todo dentro de la cueva y pertenece a un tatú carreta, por lo que podemos ver de las inmediaciones de la cueva, este animal ya no se encuentra en este lugar."
Cuando los animales abandonan sus áreas, son capturados por los pobladores de la región. Muchos animales son vendidos en el mercado negro y otros mueren por las malas condiciones de su cautiverio. Este tatú carreta fue rescatado de los cazadores furtivos. Su rehabilitación llevó cuatro semanas y su estado sanitario es bueno, pero nadie sabe si podrá sobrevivir. Los tatú carreta abandonan sus áreas porque ya no tienen espacio [Música] suficiente.
El desmonte de tierras para el cultivo de soja destruye su hábitat y no quedan lugares disponibles para vivir. Y le está encerrando el lugar y los pocos lugares que son cada vez menores, entonces tiene menos posibilidades de elección. Esta vez, el tatú carreta tuvo suerte, logró sobrevivir y fue liberado en el Parque Nacional Copo, en el corazón del bosque chaqueño. "Saca una foto." Esto le brindará protección por los próximos años, pero el tatú carreta y otras especies en peligro de extinción solo podrán sobrevivir si se conserva el bosque, algo que el cultivo de soja torna cada vez más difícil.
La principal amenaza que tiene el tatú carreta en estos momentos es la extensión de esta frontera agropecuaria y esta colonización. A mayor cultivo de soja, mayor extensión de las hectáreas de soja, menor proporción de supervivencia, no solo del tatú, de muchas especies, del hábitat directamente. A pesar de que el suelo del bosque no es apto para la agricultura, ya se talaron más de un millón de hectáreas para sembrar [Música] soja. El efecto de la soja sobre estos suelos es devastador. Después de 5 años de producción, se deterioran, pierden fertilidad y son erosionados por el viento y el agua. Privados de la protección de los bosques y sobreexplotados con soja, los suelos de la región chaqueña se transforman rápidamente en desiertos y ya no sirven para la producción agrícola ni para conservar la biodiversidad perdida.
El monocultivo de soja transgénica atenta contra la biodiversidad, pero sus efectos ambientales no terminan ahí. Las compañías defienden a la soja transgénica argumentando que su cultivo es amigable con el medio ambiente porque reduce la cantidad de venenos que se usan. Sin embargo, el empleo del herbicida glifosato sobre los campos aumentó a cifras escalofriantes. "Entre los 90 y principio del 2001, pasamos de un consumo de 1 millón de litros de glifosato a más de 120 millones de litros de glifosato."
"En términos ambientales, la problemática es bastante compleja porque se está afectando, digamos, un agroecosistema y se está utilizando una alta carga de agroquímicos del mismo tipo de agroquímicos en forma recurrente año a año."
El glifosato está considerado un producto levemente tóxico, pero la mayor parte de la investigación toxicológica sobre el glifosato procede de la misma empresa que lo patentó, lo cual genera dudas sobre los resultados publicados. La información indica que el glifosato como droga pura es muy poco tóxico. Sin embargo, lo que se aplica en los cultivos es una mezcla comercial de glifosato con otras sustancias que son tóxicas y que aumentan la toxicidad del glifosato. Además, recientes estudios revelaron que algunas formulaciones comerciales contienen menos glifosato que el que dicen tener en sus etiquetas, aumentando así la concentración de las sustancias tóxicas que lo acompañan y agravando la contaminación ambiental de estos venenos.
El uso masivo de glifosato contamina el medio ambiente y hasta la propia agricultura puede ser víctima de sus efectos negativos. El uso permanente de un herbicida como el glifosato a lo largo de varios años lleva a que algunas malezas desarrollen tolerancia o resistencia al herbicida. En Estados Unidos ya empiezan a aparecer ejemplos de malezas que son tolerantes al herbicida, lo que implica que los productores, para lograr un control relativamente bueno, tienen que usar mucho más herbicida del que se comentan los marbetes.
La soja transgénica es resistente al glifosato, pero no posee defensas contra los insectos. Es atacada por los mismos animales plaga que la soja común y debe ser fumigada con los mismos pesticidas. Además, han aparecido plagas nuevas en los rastrojos dejados por la siembra directa. Se vuelven perjudiciales animales que hasta entonces no significaban un problema, como los caracoles, las babosas y hasta los bichos bolita. Para combatir estas plagas, se deben usar nuevos pesticidas que antes no eran necesarios.
La producción de soja transgénica contamina el medio ambiente, disminuye la fertilidad de los suelos y aumenta la desocupación entre los trabajadores. Algunos observadores suponen que si el cultivo se sigue expandiendo, la población argentina sufrirá más desocupación y más hambre. El flagelo del hambre se extiende sobre los argentinos como nunca antes en los últimos 100 años.
Algunas organizaciones de productores y también muchos funcionarios pensaron que la soja podía representar una solución a este problema. A principios de 2002, pusieron en marcha un plan para regalar porotos de soja a comedores comunitarios de todo el país. La soja nunca formó parte de la dieta de los argentinos, pero el hambre pudo más que la costumbre y en los comedores se come soja varias veces por semana. Sin embargo, el consumo desmedido de soja puede traer problemas para la salud de la población más marginada.
"Lleva tiempo, lleva su tiempo." Yolanda Lanche es la encargada de un comedor comunitario. Periódicamente incorpora soja a las comidas, ya que le resulta cada vez más difícil conseguir carne y otros alimentos. Pero Yolanda no cuenta con las mínimas condiciones para cocinar bien la soja que le regalan. Los porotos de soja deben ser hervidos más de una hora para cocinarse correctamente. La energía necesaria para hacer esto es muy cara y en casi todos los comedores la soja se hierve apenas unos minutos. Estos porotos poco cocidos son mezclados más tarde con otros alimentos para enmascarar su gusto.
"Si usted no tiene carne, usa soja y cuenta que está comiendo carne." La soja se regala indicando que es un sustituto de la carne por su contenido proteico, pero nadie menciona los riesgos de consumirla poco cocida. "Bueno, la soja tiene algunos elementos que actúan como antinutrientes. Eh, podríamos nombrar, eh, la inhibición de la tripsina y entonces la digestión proteica puede verse interferida por su presencia. El alto contenido de isoflavonas tiene además un alto contenido de fibra y entonces interfiere en la absorción de muchos oligoelementos y minerales y esto trae como consecuencia un déficit de de estos, este, elementos que son imprescindibles para la nutrición."
En los barrios pobres de la Argentina, el hambre y la desnutrición son enemigos que atacan todos los [Música] días. Para Yolanda Lanche, es una fiesta poder alimentar a los niños que acuden a su comedor, pero Yolanda ignora que la soja es particularmente peligrosa para los niños pequeños, los más asiduos concurrentes a su comedor. Mal absorben nutrientes esenciales como pueden ser el calcio, el hierro, el zinc, que los necesita para un crecimiento normal. Y por eso los pediatras contraindican la soja en menores de 2 años y, en realidad, lo óptimo sería no darla hasta después de los 5 años. Y cuando se administra después de los 5 años, como un alimento más, de la misma manera que uno da lentejas o garbanzos o porotos, no.
La entrega de soja fue un éxito en los barrios pobres y muchos funcionarios están promoviendo en todo el país la instalación de máquinas procesadoras de soja, conocidas localmente como "vacas mecánicas". Estos diseños permiten procesar una gran cantidad de porotos de soja y obtener su jugo, al que llaman leche de soja.
[Música]
Las vacas mecánicas son atendidas por voluntarios que tienen deseos de ayudar, pero las buenas intenciones no son suficientes para solucionar la desnutrición que genera el jugo de soja en los niños que acuden a los comedores. "En la población de niños pequeños y lo que pretendemos es prevenir la desnutrición. Lo que no debemos hacer es alimentarlos con jugo de soja en lugar de leche, porque lo que vamos a hacer es provocar desnutrición, porque va a llevar a que estos niños tengan pocas calorías y que tengan déficit de hierro, déficit de calcio, déficit de vitaminas. O sea, no es de ninguna manera un alimento completo."
"Se lava para sacarle ven, que está toda negra, toda sucia, con todo lo porque viene directamente de la cosecha." La soja distribuida en los comedores viene directamente del campo y no es sometida a análisis para detectar los residuos de glifosato y de otros pesticidas que quedan en el grano como producto de las fumigaciones. Esto agrega un nuevo riesgo para los niños. Un estudio reciente ha encontrado en los porotos de soja residuos de glifosato y también de endosulfán, un peligroso insecticida organoclorado usado para combatir a ciertos insectos que atacan a los cultivos.
"A pesar de que el glifosato se usa cuando la planta todavía no nació o apenas nacida, y que el endosulfán se usa cuando empieza a florecer o cuando la chaucha está absolutamente cerrada y chica, sin embargo, se encontraron residuos dentro del grano o, mejor dicho, en el grano verde y también en el grano ya maduro o seco cuando se coseche."
A pesar de los riesgos que encierra la soja, se sigue distribuyendo y su consumo es estimulado porque los productores la regalan y no hay que pagarla. Frente a la difícil situación por la que pasan las familias argentinas para poder adquirir sus alimentos, alguien habrá pensado que lo que venga de regalo es bueno. Pero yo, como médica pediatra y dedicada a la nutrición infantil, lo que pretendo para los chicos es que los chicos reciban lo que necesitan, no lo que venga de regalo.
"Le pongo menos carne y lo completo con soja, mitad y mitad." El gobierno no controla la soja distribuida en los comedores comunitarios ni lo que se hace con ella. Mientras trabajan en los comedores, tratan de mitigar el hambre con la misma soja transgénica que se exporta a Europa como alimento para cerdos y aves de corral. "Y tratamos de hablar a la gente que se preocupa por por la pobreza, por la indigencia, por el hambre de los niños, que no acepten esta soja transgénica que están donando los productores y los exportadores, porque es una especie de, de precio, es una especie de chantaje que están ellos dando para que el país acepte el modelo. Y lo que hay que desmontar es el modelo."
La seguridad alimentaria y ambiental de los organismos transgénicos está en tela de juicio y todos los días se abren nuevos debates sobre el tema. Muchos países no han abierto sus fronteras al cultivo y al consumo humano de alimentos transgénicos en espera de más evidencia científica sobre la inocuidad de estos productos. Las compañías multinacionales defienden a los organismos transgénicos argumentando que con ellos se va a solucionar el problema del hambre en el mundo.
"El argumento de paliar el hambre en el mundo, dar solución al hambre en el mundo, realmente es un argumento vil. En realidad, este es un argumento que no se tendría que utilizar más ni en favor ni en contra de esto, porque detrás de esto hay gente que en realidad está pasando hambre y está muriendo por esta consecuencia." Pero pocos argumentos se usan a la hora de seguir vendiendo sus productos y aumentando sus ganancias.
Hola. Aprovechan los beneficios económicos del cultivo de soja, ganan mucho dinero, pero se hacen cada vez más dependientes de las empresas transnacionales. Aparte de comprar una enorme cantidad de glifosato para fumigar sus cultivos, deben adquirir las semillas cada año y pagar una jugosa patente industrial.
"El fenómeno de la soja transgénica, que está hecho por una multinacional americana que desarrolló la soja transgénica en función de sus negocios, no de los intereses del agro argentino. Entonces, la hicieron para vender el tipo de herbicida que a ellos les interesa. Entonces armaron un paquete de negocios en que ellos venden la semilla de soja junto con su herbicida y con su producto. Y esto está muy bien para ellos porque optimizan su negocio. Pero no está bien para la Argentina, porque en la Argentina nadie optimiza su negocio, sino que contribuye a optimizar el negocio de una firma extranjera."
El cultivo de soja genera muchas divisas para la Argentina. En el año 2003, se alcanzó con la soja un ingreso bruto de alrededor de 6.500 millones de dólares estadounidenses. Pero el crecimiento económico dado por la soja no es acompañado de un adecuado desarrollo industrial y social, ya que se basa únicamente en la producción de materias primas para exportación.
"Si la soja sale del campo y va derecho al puerto y se porta como tal, o va a una planta aceitera que la procesa de manera muy simple y sale como aceite, no hay mucho empleo, no hay mucha actividad industrial, no se puede hacer otra cosa. Entonces, esto no es una actividad para Argentina. Puede haber incrementos de la producción agraria argentina, incremento de la producción de soja, con millones de desocupados."
Los programas de ayuda alimentaria y económica para los desocupados y los indigentes se llevan una buena parte de los impuestos a la exportación de soja. La ausencia de políticas adecuadas hace que los beneficios económicos que obtiene el país no promuevan su desarrollo ni generen nuevas fuentes de trabajo. Además, las modificaciones genéticas no agregan a la soja ningún valor nutricional ni medicinal que pueda interesar a los consumidores. La compañía Monsanto buscó crear y patentar una soja que tuviera resistencia al herbicida glifosato, patentado antes por la misma empresa. El objetivo de Monsanto fue comercial y no humanitario, y fue superado con creces.
La soja transgénica es más barata de producir que la común y deja un margen de ganancia mayor, ya que el precio de ambas es el mismo. Sin embargo, su condición de transgénica puede acarrear problemas comerciales en el futuro debido a los riesgos no evaluados de su consumo y cultivo. "No se provoque daño, pero tampoco se provoque, no lo haga. Y esto hace que muchos países no quieran comprar soja transgénica. Si el precio es el mismo, ¿por qué no van a comprar soja natural en lugar de comprar soja transgénica? Entonces, nosotros pensamos que lo que va a ocurrir en determinado momento es que finalmente la soja transgénica que está yendo en Argentina se va a empezar a cotizar a menor valor que la natural, porque dado que hay un riesgo para el consumidor y ninguna ventaja, la única razón de que la compre es que la pague menos, con lo cual perderíamos la ventaja que tenemos porque tiene menos costo. Entramos en un negocio donde perdemos el control del paquete tecnológico y donde seguramente vamos a también perder rentabilidad debido a esta diferencia entre la soja transgénica y la soja natural."
Monsanto y las demás compañías semilleras están decididas a expandir el cultivo de soja en la Argentina. El negocio es redondo para estas compañías. A la vez que desarrollan nuevos transgénicos y fabrican los agroquímicos necesarios, manejan también el grueso de las exportaciones argentinas de granos, teniendo así un control total sobre el negocio de la soja. Más aún todavía, los exportadores en la Argentina no entregan las divisas. Las divisas son negociadas en el mercado internacional, no vuelven al país. Comprenden, entonces, se ha denunciado en los periódicos este, esta trampa de que todo el país trabaja para los productores de soja, los productores de soja exportan estas hojas y las divisas no vuelven al país, se quedan jugando en el mercado internacional. Entonces es como una, es como una hemorragia, viste, que hay que cortarla.
El negocio de la soja beneficia cada vez más a menos personas, atentando contra el suelo, el medio ambiente y las fuentes de trabajo. El afán del lucro de productores y compañías y la indiferencia total del gobierno parecen estar por encima de las consideraciones científicas, ambientales y sociales.
"El modelo agrícola, nosotros nos enfrentamos, no es sustentable en términos sociales, en términos económicos, en términos ambientales. Es decir, podemos tener alguna solución coyuntural actual por una relación de buenos precios internacionales, pero esta situación no va a seguir en el futuro. Es imposible que esto suceda."
Y los próximos años, el gobierno espera aumentar la superficie cultivada con soja en millones de hectáreas, cosechando sus propios beneficios. Los impuestos a la exportación de soja servirán para continuar la ayuda alimentaria a una población creciente de desocupados y también para pagar los intereses de la abultada deuda externa argentina. Los bosques chaqueños y su biodiversidad seguirán desapareciendo mientras las compañías y los productores aumentan sus ganancias.
Desde hace una década, la Argentina está asistiendo a una transformación sin precedentes en su agricultura, una transformación que ha cambiado calidad por cantidad, puestos de trabajo por tecnología y seguridad alimentaria por dependencia tecnológica. La agricultura argentina se ha transformado en una agricultura industrial y dependiente de la industria, a expensas del hambre de su pueblo, el deterioro ambiental y un desarrollo económico y social cada vez más lejano.
[Música]
H.
[Música]