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El primer llamamiento - Pastor José Manuel Sierra

Centro Evangélico Vida Nueva57:27

Transcription

[Música] Pueden tomar asiento, mis hermanos. En esta tarde, gloria a Dios, qué bueno es el Señor. Gracias a Dios por este buen tiempo de alabanza. Me van a disculpar que en esta tarde, como los rabinos, prediqué sentados. Pero me hace ilusión predicar sentado. Saben, a ver qué tal me siento un poquito. A estas, gracias hermanos, gloria a Dios. Que como saben, tuve este problemita con la con la pierna, entonces me dijeron: "Tomad reposo, te la cortamos". Entonces opté por por por tomar reposo. Uy, qué bien, qué bien, qué bueno, qué bueno. Anderson, tienes que probarlo.

¿Saben? Que una vez fui a una sinagoga en Jerusalén. Una alabanza tremenda, a todo el mundo allí lanzando una alegría enorme. Y llegó el momento de la predicación, y trajeron un butacón, un sillón que parecía un trono para el para el rabino, el encargado de la sinagoga, y predicó sentado. Y si ustedes observan, los mayores y más profundos mensajes del Señor Jesucristo los dio sentados. El famoso Sermón del Monte y otros tantos, ¿verdad? Así es que voy a practicar más el tema de predicar sentado.

Gloria a Dios, qué bueno. Oramos un momentito, hermanos, al Señor. Vamos a poner este tiempo de estudio de la palabra en las manos de nuestro Dios. Los jueves queremos dedicar un tiempo a estudiar la Biblia. Espero que todos hayan traído su Biblia, aunque por lo menos la tenga en su teléfono para poder seguir las lecturas. En esta noche, bendito sea tu nombre, Señor. Gracias por este precioso tiempo de alabanza y adoración que nos has permitido tener, en el que hemos sentido tu presencia. Hemos expresado nuestro deseo de amarte, de adorarte, de servirte. Queremos pedirte ahora, Señor, sabiduría para exponer la palabra y también sabiduría para comprenderla, retenerla y, sobre todo, llevarla a la práctica. Gracias a Dios por esta oportunidad tan linda que nos das de estar aquí en este lugar, alabando y glorificando tu nombre y aprendiendo de ti, de tu palabra. En el nombre bendito de Jesús. Amén y amén.

Se está hablando mucho en estos últimos días acerca de la situación de nuestros hermanos en Afganistán, ¿verdad? Qué imágenes tan terribles. Hoy me llegaba una imagen de una madre a través de unas rejas, gritando desesperada, pidiendo que por favor la montaran en un avión, que se quería ir de allí porque los talibanes estaban a punto de llegar a su casa. Y bueno, saben ustedes que en esa cultura, y más con ese agente, se trata con más misericordia a un animal que a una mujer, porque incluso en el mismo corazón se le da más valor a una cabra que a una mujer que ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, ¿verdad? Y que ha tenido el privilegio y tiene el privilegio de poder dar a luz hijos. Y una de ellas tuvo el inmenso y maravilloso honor de parir nada más y nada menos que al Mesías, al Señor Jesucristo.

Hermana, ¿nunca has preguntado esto? Para cuántas de ustedes, como mujer, les hubiera gustado ser María. No, a ninguna. A todas. A todas. Pero qué responsabilidad llevar en tu vientre al Mesías, al Redentor del mundo. Pero qué tremendo fue cuando allá, al pie de la cruz, vio que estaban crucificando a su hijo. Si alguien en esta vida sabía perfectamente quién era esa persona, era María, porque ella sabía perfectamente que ese niño había nacido milagrosamente, que ese niño era el Salvador, el Redentor del mundo, aquel que habían hablado los profetas en el Antiguo Testamento. Repito, si alguien sabía en esta vida de quién se trataba la vida del Señor Jesucristo, sin lugar a dudas, esa era María, su madre, que tuvo el privilegio de llevarlo en su vientre, de parirlo, de tenerlo bajo su techo 30 años de su vida, ¿verdad? Y ver todos los milagros y todas las maravillas que que hizo. Incluso dice la Biblia que ella estuvo en el primer milagro. ¿No se acuerdan cuál fue? El peleón, el milagro de Jesús, convertir el agua en vino. Algunos dice, "No, no era vino, era mosto". El mosto es una cosa y el vino otra, son dos cosas diferentes.

Así es que damos gracias al Señor por el privilegio de poder estar en esta tarde aquí tranquilos y poder estudiar juntos la palabra de Dios. Amén.

Hermanos, oye, qué bien me siento de verdad. Que nunca prediqué una vez sentado. Cuando en la isla de La Gomera, a mí me gustaba, me gustaba hasta que encontré un versículo de la Biblia que dice que no hay que hacerlo, que no hay que caminar descalzo. A mí me encantaba caminar descalzo. Y un día en La Gomera, caminando descalzo, llamando a Elena para que viera un perro muy bonito que pasaba por la calle, salí corriendo y me di con la esquina de la mesa en el dedo pequeño y me lo partí. Y prediqué unos días en La Gomera sentado. Pero me gusta predicar sentado. Está bueno.

Bueno, hermanos, vamos a abrir la Biblia por el Evangelio de Mateo. Y lo que vamos a estudiar en esta tarde es el primer llamamiento. Porque el domingo estudiamos y vimos el último llamado y el último profeta. Ahora vamos a ver el primer llamado y el primer profeta que aparece después de 400 años de silencio. El Antiguo Testamento se cierra con Malaquías y con su paquete profético, cuatro capítulos que nos hablan acerca de cómo Malaquías intentó durante su corto ministerio despertar al pueblo, sacudir sus conciencias para que se dieran cuenta de que ya habían sido probados de muchas formas, de muchas maneras, y habían salido siempre victoriosos y bendecidos, y habían vuelto del cautiverio. Pero otra vez habían bajado la guardia y otra vez estaban volviendo a cometer los mismos errores que habían cometido sus antepasados. Y el profeta Malaquías, que fue el último profeta que habló al pueblo de Israel, su objetivo era despertarlos para que volvieran otra vez a estar activos en el servicio al Señor, que no cayeran en religiosidad, en monotonía. Y así se cierra el Antiguo Testamento con las palabras del profeta Malaquías. Y hasta 400 años después, nunca en todo ese período de tiempo ningún hombre, ninguna mujer habló en nombre del Señor. Eso fue realmente algo sorprendente, porque nunca había habido tanto silencio de parte de Dios para con su pueblo. Siempre venía, venía algún profeta o varios. Pero en esta ocasión, Dios decidió guardar silencio y que ellos dependieran única y exclusivamente de la palabra escrita, que ya, por cierto, estaban todos los libros del Antiguo Testamento escritos.

Entonces pasan 400 años. Y algunos se preguntarán, ¿y qué pasó en esos 400 años? Bueno, cayó el imperio de los Medos-Persas y se levantó un tercer imperio que no nos dice la Biblia nada acerca de lo que hicieron, salvo que hay unos libros que se llaman, se conocen como Primera y Segunda de Macabeos, que están en las Biblias católicas. Porque la Biblia, la Biblia católica tiene siete libros más, no porque nosotros la hayamos quitado, sino al revés, porque ellos le han metido más libros. No es que nosotros le quitamos esos siete libros para que la gente no los lea, sino al revés. Fueron ellos los que en el Concilio de Trento decidieron unilateralmente, por supuesto, sin consultar con el pueblo de Israel, que eran los los encargados de custodiar, ¿verdad?, y de vigilar y de transmitir las enseñanzas del Antiguo Testamento al mundo, pues ellos por su cuenta y riesgo le metieron siete libros más al Antiguo Testamento. Al Nuevo Testamento no, no lo tocaron, no lo hicieron nada. Y hay dos libros de esos que ellos metieron que son historia. Es como si metiéramos en la Biblia historia de Simón Bolívar, la historia de la Segunda Guerra Mundial, la historia del descubrimiento de América. Bueno, cosas tal vez interesantes, pero que no tienen nada que ver con lo que el Señor venía enseñando a lo largo de la historia.

Entonces, los Macabeos eran una familia de hermanos, pero si no me equivoco, eran seis o siete hermanos que decidieron rebelarse en contra del imperio griego. Los griegos habían profanado el templo, lo habían convertido en un lugar de culto pagano. Uno de esos griegos, llamado Antíoco Epífanes, lo profanó derramando y sacrificando un cerdo en el altar del sacrificio, poniendo imágenes de sus dioses, de sus mitologías. Y los Macabeos, que no se llamaban así, sino que viene de la palabra Macabeo, que significa martillo en hebreo, se rebelaron en contra de la opresión y en contra de toda la basura que estaban tratando de inculcar a los griegos en Jerusalén, ¿verdad? Y esa historia de los griegos no se cuenta en el Antiguo Testamento, sino en esos libros de Primera y Segunda Macabeo, que sería interesante que ustedes los leyeran, porque ahí aparecen personajes como Antíoco Epífanes, todas las cosas bárbaras que hizo. Porque cuando se muere Alejandro Magno, que es el principal rey, el rey macedonio de Grecia, su reino se divide en cuatro, ¿verdad? Ya lo explicamos un día cuando estudiábamos el libro de Daniel. Se dividió en cuatro, su territorio y cuatro de sus generales más famosos se hicieron cargo de su territorio. Casandro, Seleuco, Ptolomeo, Lisímaco. Los nombres de los cuatro generales que se repartieron el mundo conquistado por Alejandro Magno. Y hubo uno que era de los Ptolomeos, que les tocó la zona de Jordania, Siria, Israel. Y bueno, allí hicieron auténticas barbaridades, ¿vale? Pero durante ese período terrible de los griegos, no hubieron profetas. Estaban estos Macabeos que intentaban por la fuerza derrocar al imperio de los griegos.

Cuando abrimos el Nuevo Testamento, 400 años después del profeta Malaquías, nos encontramos que hay otro imperio que no es el de los griegos, sino ¿cuál era? Los romanos. Y allí nos encontramos la historia de los algunos Césares de Roma y nos encontramos a Poncio Pilato, que era el gobernador de la provincia de Judea, etcétera, etcétera.

Entonces, el primer profeta que aparece en la historia antes del nacimiento del Señor Jesucristo, concretamente seis meses antes del nacimiento del Señor Jesucristo, nació este este profeta. Fue Juan el Bautista. La madre de Juan el Bautista, Elizabeth, era parienta. Se cree que eran primas hermanas o primas. Elizabeth y María. Elizabeth vivía en un pueblecito llamado En-Queren. Y cuando María se entera que está embarazada, se va desde donde ella está, donde ella vive en Belén, en Belén, se va caminando solita por las montañas. Y cuando llega a la casa de Elizabeth, ella que está embarazada, dice la Biblia que el niño, al oír la voz de María, saltó y fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre, ¿verdad? Y son dos personajes que van de la mano. Es el único profeta de toda la Biblia que dio cara a cara y habló personalmente con el Señor Jesucristo. Todos los demás profetas nunca lo conocieron, aunque hablaron mucho de él, nunca lo conocieron. Juan el Bautista dijo el Señor Jesucristo, y lo vamos a leer ahora, que fue el último profeta. Así que podemos decir que fue el primero y el último. El primero que aparece después de 400 años de silencio y el último profeta que aparece, porque a partir del ministerio del Señor Jesucristo, todo el ministerio profético tal y como lo conocemos en el Antiguo Testamento, para siempre. Ya no va a haber un hombre que en un principio se le conocía como el vidente, después se le llamó profeta, que era el que hablaba en nombre de Dios, era el que había que recurrir para buscar palabra de Dios. Ya ese período, esa etapa se acabó. Por eso es que es un error cuando alguien que se llama profeta o lo llaman profeta, pues la gente recurre a él o a ella para que te dé palabra de parte de Dios. Eso es un disparate. Usted no tiene que buscar en el hombre palabra de Dios, usted tiene que buscar en su Dios la palabra que Dios tiene para usted. Pero he visto muchas veces que la gente hace cola para pasar al frente de una plataforma para que alguien le diga a usted, vete tú a saber si lo que te está diciendo viene de parte de Dios o sabe Dios de dónde viene. Y la gente hace colas y a veces la gente hasta esperan días a que le toque el turno para que el profeta le diga palabra de Dios. Pero es en ese tiempo, ya se acabó.

Entonces, vamos a ver cosas muy interesantes acerca de este primer y al mismo tiempo último profeta de la Biblia. Vamos a ir a Mateo, por favor, en el Evangelio según San Mateo. Vamos a ir concretamente al capítulo 3. La historia de Juan el Bautista se cuenta en los cuatro evangelios. Entonces, hoy, como es estudio bíblico, vamos a manejar mucho la Biblia. Mateo capítulo 3, a partir del versículo 1, dice lo siguiente: "En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea". Ahora, él no se llamaba "el Bautista", eso es como un apodo, ¿verdad? Es algo que se usa para asociarlo al tipo de ministerio que él tenía. Y después vamos a ver por qué predicaba en el desierto de Judea. "A las afueras de Jerusalén". Y este hombre predicaba lo siguiente: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado". El Antiguo Testamento termina con Malaquías llamando al pueblo al arrepentimiento, a la búsqueda sincera de Dios. Y empieza el Nuevo Testamento con otro profeta llamando al pueblo a lo mismo, al arrepentimiento. Pero en este caso, añade algo más, una frase, una expresión que nunca se había utilizado en el Antiguo Testamento, y es: "el reino de los cielos se ha acercado". Una cosa es que se haya acercado el reino y otra cosa es que se haya establecido el reino. Son dos cosas completamente diferentes. Este tema del reino de los cielos, el reino de Dios, es tan importante que la mayoría de las palabras, parábolas que el Señor Jesucristo enseñó y compartió, eran referentes al reino. Dice: "El reino de los cielos es semejante a..." y constantemente el Señor Jesucristo en su ministerio está haciendo referencia a un reino, no al reino de David, no al reino de los reyes del Antiguo Testamento, que se traspasaba el cargo, el puesto de padres a hijos, de generación en generación, sino de un reino diferente, del reino de los cielos, el reino de Dios. Hasta tal punto es importante este tema del reino, que es el gobierno de Dios, ¿verdad?, la soberanía de Dios, que él cuando enseña a orar a sus discípulos en el Padre Nuestro, hay una parte en la que dice: "Venga tu reino". Piense lo importante que era para el Señor su reino, el gobierno, que cuando enseña a orar, dice: "Ustedes tienen que anhelar, ustedes tienen que pedir que el reino, que el gobierno de Dios, venga a vosotros". Qué impactante la expresión del ladrón en la cruz, cuando a punto de morir, se le queda mirando al Señor y le dice: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino". Una frase con una profundidad realmente tremenda. "Cuando vengas", quiere decir que él entiende que el que está muriendo ahí es un rey, que aunque va a morir, va a regresar a este mundo y va a regresar como un rey. Y entonces le pide que se acuerde de él cuando venga con su reino.

Seguimos leyendo en el versículo 3: "Pues este es aquel de quien habló el profeta Isaías cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor y enderezad sus veredas". Con Juan el Bautista, dice que él es el cumplimiento de Isaías 40:3, de aquella palabra profética: "Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor y enderezad su vereda". Esas palabras, Juan el Bautista y este que se escribieron hablando de su ministerio, hablando de su persona. Ahora describe Mateo cómo iba vestido, su apariencia. Dice que estaba vestido con pelo de camello, tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos y su comida era langostas. Pero ojos, no las langostas que nos gusta comer, no, no, no, porque estaba en el desierto, los bichos esos, los insectos, ¿saben? No, las otras, las que tienen las antenas, que ya están muy ricas, las han probado y que es muy cara. Dice que comía langostas y miel silvestre. Si algún día encontramos langostas de estas del desierto, echar un poquito de miel y fríelas un poco y pruébala y me dices después a qué sabe. Está la comida de Juan el Bautista. Qué interesante, ¿no? Así vivía el más grande de los nacidos entre las mujeres, después del Señor Jesucristo, porque así lo definió el Señor, de los nacidos de mujer, el más grande. Como vestía y como comía ese hombre. O dice la Biblia que toda Jerusalén salía y toda Judea y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados. Él estaba en el desierto de Judea. ¿Cuántos kilómetros hay desde el desierto de Judea hasta Jerusalén? Es un camino que he hecho docenas, docenas de veces. Hay exactamente hasta el río Jordán 30 kilómetros, 30 kilómetros cuesta abajo. Llegas a un momento que estás 400 metros por debajo del nivel del mar. Ese es el punto más bajo de la tierra, 400 metros por debajo del nivel del mar. Cuando vuelves a Jerusalén y subes a Jerusalén, tienes que subir esos 400 metros, ¿verdad? Y 400 metros más, porque Jerusalén está a 800 metros por encima del nivel del mar. La gente hacía este recorrido de ida y de vuelta para ser bautizados por Juan el Bautista, confesando sus pecados públicamente. ¿Qué te parece? Un interés tremendo, ¿no? Caminar tantos kilómetros, tanto esfuerzo para ir a ser bautizado. A esta gente había que darles un premio, ¿sí o no? Había que felicitarles, decir: "Gloria a Dios, qué valientes que sois, qué bueno el esfuerzo que estáis haciendo de venir a ser bautizado, de confesar vuestros pecados, cambiar de vida". Mira lo que les decía a los que se iban a bautizar. Si eso se lo decía a los que se iban a bautizar, imagínate a los que no se querían bautizar lo que les llamaría. Al ver que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, ¿qué les decía? Léalo conmigo: "¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?". Te imaginas que ustedes vengan el domingo al culto y les diga: "Bienvenidos, generación de víboras". Ustedes dirán: "Pero bueno, este hombre, ¿esto qué es? ¿Como que es de víbora? Si venimos al culto, venimos a escuchar la palabra, venimos a alabar a Dios". Pues esa eran las palabras que les dirigía Juan el Bautista a los fariseos y a los saduceos.

¿Cuál es la diferencia entre fariseos y saduceos? ¿Alguien la sabe? Porque a veces dice fariseos y saduceos y escribas, luego no son, no son lo mismo. El escriba era el que se dedicaba a copiar la Biblia. El fariseo era el que se dedicaba a enseñarlas. Y el saduceo era el que se dedicaba a cuestionarla. En esta vida hay gente para todo, decía mi abuelo. El saduceo no creía en la resurrección, no creía en los ángeles, había un montón de cosas que cuestionaba. Tenía mucho poder, tenía mucho dinero, tenía mucha influencia, pero pura, pura apariencia. Bueno, pues sintieron en su corazón irse al río Jordán a ser bautizados por este profeta raro, este profeta extraño, que encima les va a insultar cuando los vea aparecer por allí. Pues se iban a hacer ese recorrido, a confesar sus pecados. Y les decía algo muy interesante: "Haced frutos dignos de arrepentimiento". El Señor nunca le pidió a nadie que hiciera frutos dignos de arrepentimiento, decir que demostrara que estaba realmente arrepentido, porque el Señor ve el corazón y el Señor sabe si estás o no estás arrepentido. Amén.

Hermanos, pero Juan el Bautista les decía: "Bueno, ustedes quieren cambiar, ustedes dice que están arrepentidos". Porque les recuerdo que el bautismo de Juan no era para dar testimonio de que te has convertido, como es hoy en día el bautismo cristiano, ¿verdad? Que te conviertes, naces de nuevo, decides seguir al Señor Jesucristo como tu Señor y Salvador personal, y luego como testimonio público te bautizas. En aquel tiempo, ese bautismo no era para eso. En aquel tiempo era una demostración de que estabas arrepentido y que estabas dispuesto públicamente a confesar tus pecados. Pero Juan el Bautista, como que como que no se fiaba mucho y le decía: "Hagan frutos dignos de arrepentimiento. Sí, hagan algunas cositas". De hecho, les sugería algunas para yo ver si realmente ustedes están arrepentidos.

Ahora, más adelante, en el versículo 13, este hombre que predicó, se calcula que más de un año y medio no llegó su ministerio. Fue un ministerio muy corto, pero muy intenso. Pues tiene un privilegio. Vamos a leerlo. "Entonces Jesús vino de Galilea, Galilea, bien arriba, bien arriba, y vino de Galilea Juan al Jordán para ser bautizado por él". Es un camino más o menos como de de una semana, cinco, seis, siete días caminando para ser bautizado. ¿Qué te parece? Desde Galilea, caminando por aquellos caminos polvorientos para llegar al río Jordán a ser bautizado. El río Jordán es la frontera natural entre dos países hoy en día. Se llama Jordán y Jordania e Israel. Pero en aquel tiempo, al otro lado del Jordán, estábamos... Es un país muy conocido en la Biblia porque surgió de una relación muy rara y muy extraña que mantuvieron unas chicas con su padre. ¿Se acuerdan ustedes la historia? Dice que cuando Lot sale de la ciudad de Sodoma y Gomorra, sus hijas, creyendo que es el único hombre que queda en el mundo, de su padre lo emborrachan y se acuestan con él. Y la mayor queda embarazada y la menor también queda embarazada. Y una tuvo un hijo que le llamó Moab, y la otra lo llamó Amón. Y de ahí vienen los moabitas y los amonitas, de las hijas que tuvieron relaciones con su padre Lot. Y ese país se llamaba Moab. Y de allí vino una vez una moabita muy conocida que se casó con un israelita. ¿Cómo se llamaba aquella mujer moabita muy conocida que incluso hay un libro en en la Biblia que tiene su nombre? Ruth. Efectivamente, que se casó con un señor llamado Booz, que era un terrateniente, un hombre muy rico, un hombre que tenía muchas tierras, que se enamoró de ella y se casó, ¿verdad? Y de quién era hijo Booz. De una cananea muy famosa que practicó la prostitución durante muchos años, que se llamó... Fíjate, tuvo el hijo de Rahab, y Booz se casa con Ruth, y Ruth se queda embarazada y tiene un hijo que se llamó Obed. Y Obed tiene un hijo que se llamó Isaí. Y Isaí tuvo siete hijos, y el más famoso fue David. Y del rey David, de la tribu de Judá, viene nada más y nada menos que el Mesías, el Señor Jesucristo. ¡Qué historia! ¡Qué bonito es conocer la historia! Y qué bonito es ver cómo el Señor poco a poco va poniendo a cada uno en su sitio y mostrándonos el plan general, ¿verdad? Que ahora nosotros lo podemos conocer y entender. Ahora podemos mirar atrás y decir: "Mira lo que pasó en el Jardín del Edén cuando el Señor expulsa a Adán y Eva y le enseña a presentar sacrificios de animales, y después con lo de la Torre de Babel y el Diluvio con Noé, y la liberación de la esclavitud en Egipto, y todo eso". Todo eso son como los eslabones de una cadena, ¿verdad? Como las piezas de un gran puzzle, de un gran rompecabezas, hasta llegar a completarse el cuadro. Y ahí aparece la figura nada más y nada menos que de nuestro Señor Jesucristo. Y ahora el Señor Jesucristo, que vive en Galilea, por eso le van el "galileo" o los "galileos", ¿verdad?, va caminando una semana hasta llegar al Jordán y quiere ser bautizado por Juan el Bautista.

Ahora, ¿hay alguna persona en el Antiguo Testamento que practicara como algo normal en su ministerio el bautismo en agua? No. Hay un ejemplo, hay un caso en el Antiguo Testamento de un hombre al que se le pide que se sumerja en las aguas del río Jordán para que su lepra desaparezca. ¿Quién era? Naaman. Un sirio, un general que estaba leproso. Y entonces va a visitar al profeta Eliseo, que vivía en Jericó. Jericó está al lado del río Jordán. Si cruzas la calle y te da el río Jordán, allí. Y Jericó está aquí. Ahora hay una carretera, ¿verdad? El valle del Jordán. Y le dice: "Ve y sumérgete siete veces en las aguas del río Jordán". En esa parte del río Jordán, en esa parte del río Jordán que hemos estado muchas veces, incluso nosotros hemos hecho bautismos ahí también. La última vez fue un montón de hermanos de Colombia que los bautizamos. El agua está muy sucia, el agua está muy turbia. No es como al principio, donde nace el río Jordán, que es agua limpia, muy bonita, transparente. Ya en el río, el recorrido, ya prácticamente todo el país, iba arrastrando los sedimentos y es un agua muy turbia, porque esos sedimentos son los que alimentan al Mar Muerto. Y bueno, la riqueza del Mar Muerto ya todos la conocemos, ¿verdad? Y bautizarse en esas aguas es... ves, es tremendo, porque sales como el... el agua está muy sucia, muy llena de barro, ¿no? Entonces, cuando llega este hombre, dice: "En mi país las aguas están más limpias que este río". Pero le dicen: "Tú sumérgete, sé obediente, no importa". Y dice la Biblia que cuando salió, la piel era como la de un niño. Qué bonita la piel de los niños, ¿verdad? Sobre todo los piececitos, ¿no han visto los pies de los niños? Esa piel tan linda, tan suave, sin callos, sin juanetes, ¿no? Sin el dedo uno montado encima del otro, sino como el mío, que ahora parece una cebra, blanco y negro, la mitad negro, la mitad volcánico, ¿verdad? Pues allí salió la piel, la piel de Naaman. Y bueno, después sabemos todo el resto de la historia.

En ese río se decidió bautizar el Señor Jesucristo. Juan el Bautista decidió, tal vez el Señor se lo pidió, pero dijo: "Seguramente que utilizará como señal de su ministerio bautizarse en agua". Ahora, esto para nosotros es como algo nuevo en el Nuevo Testamento. Pero los judíos de toda la vida han practicado lo que llamamos el "mikvé". Mikvé es una piscinita, una bañera donde una mujer, después de salir de su período menstrual, se tiene que sumergir para purificarse. Y cuando hay cosas que se compran, utensilios para purificarlos, la costumbre es sumergirlos en agua. Y se cree que cerca del río Jordán, cerca del río donde bautizaba Juan el Bautista, de esa zona había una comunidad llamada Qumrán, la zona de Qumrán, donde había un grupo llamado los Esenios. Y los Esenios eran personas como mayoritarias, como personas que se dedicaban a copiar la escritura, a orar, apartarse del mundo. Y ellos todas las mañanas se sumergían en agua y todas las tardes, con la caída del sol, se sumergían en agua como para purificarse y esperar la venida del Mesías. Y algunos creen que Juan el Bautista pudo salir de esa comunidad y practicar lo que para él era normal, sumergir a la gente en agua. Pero Juan el Bautista pone este acto a disposición de todos, no de una comunidad hermética cerrada que lo practica como algo habitual, sino que incluso a los soldados romanos les ofrece la posibilidad de ser bautizados en agua para arrepentimiento. Si nosotros no nos bautizamos para que el Señor nos perdone, nosotros nos bautizamos porque ya el Señor nos ha perdonado. Amén.

Hermanos, es al revés. Pero con todo mi respeto, la Iglesia Católica se quedó con el bautismo de Juan. Aunque bautizan a los niños en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, la Iglesia Católica se quedó con la mentalidad del bautismo de Juan, que es bautizar al niño para que si muere no se vaya al limbo. Aunque algunos dan en el limbo, que no sea niño, o no, porque es el niño como no está bautizado, entonces lo bautizan para que el niño no se vaya al limbo, sino que entre a formar parte de la Iglesia. Ese era el caso del bautismo de Juan. Por eso, cuando el apóstol Pablo, en la ciudad de Éfeso, ¿se acuerdan?, se encuentra a doce creyentes, les dice: "¿Ustedes en qué fueron bautizados?". Y le dice: "Nosotros fuimos bautizados en el bautismo de Juan". 25 años atrás había muerto Juan, cuando Pablo les hace esta pregunta. Y le dice: "Vengan para acá, vamos a bautizarles otra vez a ustedes, porque ustedes están todavía con esa mentalidad de Juan y estas cosas ya han cambiado". Y los vuelve a bautizar de nuevo. Y así empezó, ¿verdad?, con un pequeño grupo de una docena de hermanos, la iglesia, la iglesia en Éfeso.

Pero vamos a ver cómo fue el bautismo de nuestro Señor Jesucristo. Estamos en Mateo capítulo 3, versículo 14: "Juan se oponía y le decía: Yo necesito ser bautizado por ti, y tú vienes a mí". Pero Jesús le respondió: "Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia". Entonces le dejó. Y el versículo 16 dice: "Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua, y he aquí los cielos fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia". Si dice esa voz: "Este es mi Hijo amado", quiere decir que el que está hablando es el Padre, ¿sí o no? Porque yo no diría: "Este es Jesús, este es mi hermano, este es el hijo, este es mi hijo". Luego está hablando el Padre, avalando, respaldando a su Hijo. Ahora, tenemos el concepto de que viene una palomita, vuela y se posó sobre la cabeza de Jesús. No, el Espíritu Santo vino como paloma, como si algo viniera revoloteando y se posara sobre él. Y además se notó que algo vino sobre él, esa unción, esa capacitación sobrenatural. Y ahí empieza el ministerio del Señor Jesucristo.

Entonces, lo bautizó Juan el Bautista. Hay muchas similitudes, hay cosas que se parecen mucho entre Juan el Bautista y el Señor Jesucristo. Por ejemplo, una de ellas me di cuenta esta mañana. El ángel Gabriel, el Arcángel Gabriel, que no aparecía desde los tiempos de Babilonia, cuando se presentó al profeta Daniel, ¿se acuerdan? Se aparece a Zacarías, su padre, y le anuncia que van a ser padres. El ángel Gabriel se lo dice. Y curiosamente, ese mismo ángel se aparece a María y le dice que va a quedar embarazada y va a tener nada más y nada menos que al Mesías en su vientre. Fíjate, los dos personajes que fueron anunciados antes de su nacimiento por el mismo arcángel, por Gabriel. Otra similitud que hubo entre ellos. Bueno, que fueron durante mucho tiempo respetados, queridos, admirados y seguidos. Y los dos murieron violentamente. Por ejemplo, Juan el Bautista, ¿saben cómo murió? ¿Verdad? Lo decapitaron, le cortaron la cabeza. Y el Señor Jesucristo murió, pues crucificado. Sé que no sé cuál de las dos elegir, si decapitado o crucificado. Bueno, casi casi mejor la cabeza, es más rápido, más rápido. No, bueno, por nada, si quieren esa, adelante, el problema.

Hay muchas similitudes entre uno y otro. Pero lo curioso de esto, hermanos, es que Juan el Bautista tuvo un privilegio que ningún personaje en la historia tuvo, que no solamente habló del Mesías, que no solamente profetizó del Mesías y preparó el terreno, sino que tuvo el privilegio de bautizar, de sumergir en las aguas a nuestro Señor Jesucristo. Es un privilegio, hermano, realmente extraordinario. Fíjense qué impactante. Aunque fue muy corto, y ya digo, no lleva un año y medio el ministerio de Juan el Bautista, que tanto Mateo, Marcos, Lucas y Juan hablan de Juan el Bautista. Hay dos versículos que me gustaría que leeremos en esta tarde. Voy a pedir a un hermano, un hermano que me lea, por ejemplo, Lucas 16:16. Y una, no, pero no me lo ponga ahí, sino yo creo que lo busquen en la Biblia. Y otra, otra persona que me busque Mateo 11:14. Quiero que vengan aquí el que vaya a leer Lucas y el que vaya a leer Mateo. Por ejemplo, ¿quién tiene ya el versículo de Lucas 16:16? ¿Alguien no tiene ya listo? Si, adelante. "La ley de los profetas y de los profetas a la ley y los profetas, perdón, era hasta Juan". "Desde entonces el reino de Dios es anunciado y todos se esfuerzan por entrar en él". Amén. La ley, lo que enseñó Moisés, y los profetas, que serán todo el Antiguo Testamento, hasta aquí, hasta aquí llegó. Fue un sistema, fue un instrumento tremendamente poderoso y usado por el Señor, pero tuvo un principio y tuvo un fin. La ley y los profetas, aquí termina, hasta Juan. Porque dije que paradójicamente podemos hablar de que Juan fue el primer profeta del Antiguo y del Nuevo Testamento y al mismo tiempo, en cierto sentido, también el último, ¿no? Porque con él terminó la era de los profetas. Y son palabras de nuestro Señor Jesucristo. "La ley y los profetas, hasta aquí llegó".

Pero Mateo 11:14 nos da también un dato muy interesante y quiero que presten atención a este versículo en esta tarde. Marcela, ¿tú lo tienes? Ok, ven para acá. "Y si quieres recibirlo, él es aquel Elías que había de venir". "Si quieren recibirlo, y si quieren entender". Él es, hablando de Juan Bautista, ¿verdad? "Aquel Elías que había de venir". ¿Lo entienden? Elías tenía que venir. ¿Quién dijo eso? Malaquías, el profeta Malaquías. Vengan conmigo al libro de Malaquías, por favor, hermanos, en esta tarde. Libro de Malaquías, capítulo 4, versículo 5: "He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día del Señor, grande y terrible". Por eso, en Israel, que no tienen el Nuevo Testamento, los que no son cristianos, evidentemente, están esperando que de un momento a otro aparezca el profeta Elías, porque como leen que tiene que venir el profeta Elías antes de que venga el Señor, están esperando que venga el profeta Elías, porque para ellos no ha venido. Sin embargo, el Señor Jesucristo, que dijo, lo hemos leído esta tarde: "Si quieren recibirlo, ahora, si no quieren recibirlo, ya ustedes". Pero si quieren recibirlo, el Elías, el mensajero que tenía que venir, ya vino. ¿Y quién es este señor? Juan el Bautista. Por eso no te sorprende que cuando uno va a Israel, no en todos los viajes, gracias a Dios, pero de vez en cuando, de vez en cuando, una vez me pasó a mí, una noche frente al Kotel HaMa'aravi, el Muro de los Lamentos, yo estaba allí y de repente veo que se acerca a mí un señor que viene con una túnica como en la época de Jesús, descalzo, con un pelo enorme, una barba gigantesca, así la llevaba, casi nada en las manos de lo grande que era. Y se me acerca al lado mío y me dice: "Soy el profeta Elías". Y le dije: "Y yo soy Manolo Sierra, ¿qué quiere que le diga?". Y una de las experiencias más grandes y místicas que puede tener un judío es que se le presente el profeta Elías y le dé clases de Torá, clases de la ley del Antiguo Testamento. De hecho, hubo un famoso rabino que yo estudié, se le hizo biografía, el famoso Arizal, que decía que cuando llegaban a la sinagoga o a su casa o lo veían por la calle hablando solo, como si estuviera una conversación con alguien, le preguntaban: "¿Con quién estás hablando?". Y dice: "Con el profeta Elías, que ha venido a darme clases de Biblia". ¿Qué te parece? Porque están esperando que llegue el profeta Elías.

Sin embargo, el Señor Jesucristo despejó esta duda. Esto no es una reencarnación. Como una vez, hablando con un señor por aquí, me decía que Juan el Bautista era la reencarnación de Elías. No, la reencarnación no es bíblica, ¿verdad? El profeta Elías fue arrebatado en vida, no murió. Y probablemente, no me voy del tema, pero probablemente el profeta Elías venga, pero no para anunciar la venida del Señor, su primera venida, sino probablemente sea uno de esos dos testigos, ¿verdad?, que tendrá que venir en los últimos tiempos. Porque la Biblia dice que vendrán dos testigos, no de Jehová, cuidado, dos testigos verdaderos del Señor, vendrán en la primera parte de la Gran Tribulación. La Gran Tribulación son siete años, tres años y medio, tres años y medio. Y vendrá en la primera parte dos personas. Y probablemente uno de ellos sea Elías. No lo estoy afirmando, solamente estoy dando fin a esta información, porque como Elías no murió, algunos piensan que tendrá que venir otra vez. Pero por otra parte, si creemos que el Elías que tenía que venir ya vino, que era Juan el Bautista, tanto que quedamos, tiene que venir o no tiene que venir. Bueno, yo les doy toda la información. Les digo que en teología hay melones, sandía, papaya, mango, plátano. Y ustedes examinen lo bueno, ¿verdad? El más grande de los nacidos de mujer, Juan el Bautista.

Ahora vamos a Juan. Yo podría ir por Marcos, por Lucas también, que nos dicen cosas muy interesantes, pero vamos un momentito al Evangelio según San Juan, al capítulo 1, porque lo que se nos cuenta en Juan es muy interesante, porque Mateo ni Marcos, ni Lucas lo cuenta. Y me gustaría que lo leyéramos, por favor. Pongamos ahí en Juan capítulo 1, verso 19: "Dice así la escritura: Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos vinieron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen, enviaron, perdón, enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: Tú, ¿quién eres?". Decir, antes leímos que fariseos y saduceos se bautizaban, pero ahora envían desde Jerusalén sacerdotes y levitas para que le pregunten: "Tú, ¿quién eres?". Claro, es que hacía 400 años que no predicaba a nadie, hacía 400 años que no aparecía un profeta. Y de repente aparece este bautizando a la gente, hablando en términos y de una forma muy profética, ¿verdad? Porque los profetas eran gente muy dura en su mensaje, no eran personas que le pasaban la mano a nadie. Los profetas era gente muy, muy dura en su mensaje, porque tenían muy poco tiempo y por qué tenían que sacudir al pueblo. Y por eso Juan aparece y le llama "generación de víboras", etcétera, etcétera. Entonces se enteran en Jerusalén: "Vayan para allá a ver quién es este hombre". Y entonces confesó y no negó, sino que confesó: "Yo no soy el Cristo". "Yo no soy el Mesías, por si acaso me están confundiendo, por si acaso creen que yo soy el Mesías, yo no soy el Mesías que estamos todos esperando". Es curioso que hay un un sector de religiosos en Israel que dicen que en cada generación nace una persona que es el Mesías, pero él no se da cuenta. Entonces se murió y se murió sin darse cuenta que la inmensidad a veces es más difícil creer en estas locuras que creer realmente lo que dice la palabra de Dios. Después hay otro sector de religiosos que dice que vendrán dos Mesías, de edad, Majía ben David, Majía ben Joseph, uno que viene a morir y otro que viene a reinar, y lo ponen en dos personas diferentes. Y les podría dar un montón de otras opiniones que tienen. Y unos que dicen también que hasta que no se construya el Templo de Jerusalén, no viene el Mesías. Y otros que dicen que cuando viene el Mesías, se construye el Templo, que viene dentro del Templo. Y después...

Se abra así en el monte de la Morea. No, Juan dice: "Yo no soy el Mesías, y no me están siguiendo a mí. Me están mirando a mí porque yo no soy el Mesías".

Y le preguntaron: "¿Eres tú Elías?". Porque le preguntaron: "¿Eres tú Elías?". ¿Lo entiende? En verdad, lo acabamos de leer. Porque estaban esperando a Elías. Entonces dice: "Bueno, si no es el Mesías, tiene que ser Elías, porque primero viene Elías y luego viene el Mesías".

"¿Eres tú Elías?". Así él dijo: "No". "¿Eres tú el profeta?". Dice: "No". Le dijeron: "Pues, ¿quién eres para que demos respuesta a los que nos enviaron? ¿Qué dice de ti mismo?".

Y dijo: "Yo soy la voz de uno que clama en el desierto". Y vuelve otra vez a citar Isaías 43, se lo apropia para su ministerio. Dice: "Enderezar el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías".

Y los que habían sido enviados eran de los fariseos. Y le preguntaron y le dijeron: "¿Por qué pues bautizas si tú no eres el Mesías, el Cristo, ni Elías, ni el profeta?".

Juan le respondió, les dijo: "Yo, yo bautizo con agua, mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. En medio de vosotros, no en vosotros, sino en medio, hay uno que ustedes no conocen". Que dice aquí: "Este es el que viene después de mí, que es antes de mí". Ahí me imagino que los fariseos habrán dicho: "¿Cómo es antes o es después? ¿Qué quedamos?". Es después de mí, porque primero un piso yo el ministerio, después el el suyo. Pero al mismo tiempo es antes de mí, porque él es el Verbo hecho carne y él no tiene principio ni fin. Ahí hay un juego de palabras que imagino que más de uno habrá dicho: "¡Madre mía, no entendemos nada!".

"Del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado". Así los rabinos le daban a veces el privilegio a sus discípulos de hacer ciertos y determinados favores para demostrar su amor, su apoyo a su rabino, a su maestro. Por ejemplo, el mismo Señor Jesucristo lo hizo en varias ocasiones. Le dijo: "Vayan a la aldea que está enfrente y desaten al pollino y al y el asno y me lo traen". Y si alguien les pregunta por qué están haciendo ustedes esto, aunque piensen: "Porque el maestro lo necesita". O les dice: "Vayan y preparenme la Pascua, ¿dónde vamos a celebrar?". La verdad, había momentos en los que les daba la oportunidad a sus discípulos de hacer algo para demostrar su amor. "Díganle a la gente que se sienten de 50 en 50 antes de orar y multiplicar los panes y los peces". Era una forma práctica de demostrarle los discípulos a su rabino, a su maestro, que lo amaban, que lo apoyaban y que, en fin, que estaban ahí en todo momento con él.

Y tú fíjate que Juan dice que ni siquiera es digno de desatar de su maestro la correa de su calzado, etc. ¿De quién está hablando? ¿De quién está hablando? Pues todos sabemos de quién, ¿verdad?

Estas cosas sucedieron en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando. Y ahora viene algo muy interesante y con esto terminamos hoy.

Al día siguiente dio Juan a Jesús que venía a él y dijo: "¡Esto es una revolución! Jamás ningún profeta dijo esto de nadie, porque aparte, no podía decirlo de nadie, pero del Señor Jesucristo sí". Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía y le dijo: "¡He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo!".

¿Saben lo que está diciendo Juan aquí? Si este es el cordero de Dios, el escogido de Dios para quitar el pecado del mundo, está diciendo que él es el Mesías. Yo no lo está reconociendo. Que fue la primera persona que reconoce públicamente que ayuda, que el Señor Jesucristo es el Mesías.

Toda la pregunta es: ¿Ustedes se acuerdan cuando Juan está encarcelado que manda a dos de los últimos discípulos que le quedaban, que les pide a esos discípulos que le pregunten al Señor Jesucristo? ¿Alguien se acuerda? "Vayan y pregúntenle si él es el Mesías o no". En otras palabras, quiero saber si me equivoqué, si me precipité al decir que él era el Mesías, y ahora estoy dudando si es o no es.

Pero miren lo que dijo. Miren lo que dijo cuando está cerca de Cristo, cuando le mira la cara, cuando se acerca a él. No hay duda ninguna. "Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Ahora no está cerca de Cristo. Ahora está en una cárcel, solo, siendo probado. Y ahí donde le patina la fe, si me permiten la expresión, ahí donde duda, dice: "¿Será o no será?". Como yo no puedo ir. Yo estoy seguro que si Juan hubiera estado al lado de Cristo en ese momento, esa pregunta nunca se la hubiera dicho al Señor.

Porque, ¿cuál fue la respuesta de Cristo? "Díganle a Juan que los cojos caminan, que los ciegos ven, que los mudos hablan, que a los pobres se les está predicando el evangelio". Cosa que antes nadie le prestaba atención a los pobres. Y dígale de paso también que "bienaventurado aquel que no haya tropiezo en mí". Y no fue nunca a visitarlo a la cárcel, sino que murió decapitado.

¿Qué te parece? Si no quieres nunca dudar ni decaer, vive lo más cerca de la presencia del Señor que puedas. Porque en el momento, en el momento en que un hombre se separa un milímetro del Señor, la lía. Ya no es la misma persona. Mira David. David, con el arpa, en la presencia del Señor, un fuera de serie. Se aparta del Señor, quita la mirada del Señor, mira donde no tiene que mirar. Mira lo que pasó. Pedro: "Señor, yo daré mi vida por ti. Aunque tú te abandonen, yo nunca te abandonaré, estaré contigo". Dice que le seguía de lejos, se calentaba en el fuego con los romanos. "Este es uno de ellos". Miren otro de ellos. Y no, no, no, yo no soy, yo no conozco a ese hombre.

Aunque quedamos, ahora vemos a Juan el Bautista diciendo: "Este es el cordero de Dios". ¡Menuda publicidad le hace el Señor, verdad! "Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Y ahora, en la cárcel, solo dice: "Pregúntale si él es el que había de venir o esperaremos a otro". ¡Madre mía! Lo tenía más claro el ladrón en la cruz que es bueno, el bautista en la cárcel. ¿Cómo puede ser esto?

Después: "Este es de aquel que yo dije: 'Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí, porque era primero que yo'". Yo no le conocía. No lo había visto nunca. Juan el Bautista, el Señor Jesucristo. Probablemente, no dicen algunos, probablemente nunca le había visto, porque se criaron en sitios diferentes. Dice: "Yo no le conocía, mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua".

Y también dio Juan testimonio diciendo: "Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo". Ahí viene la clave. ¿Cómo me lo recogió? Porque el que lo envió a bautizar, Dios el Padre, le dijo: "Oye, de aquel de quien vieres descender el Espíritu y que permanece sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo". Y yo le di he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios".

¿Cuántos dicen amén? Ahora imagínense Juan, todos los días bautizaba a cientos de personas y todo el rato mirando a ver si descendía o no el Espíritu Santo. "No, este no es. Hoy, este tiene cara de bueno. Vamos a ver, vamos a ver qué pasa cuando lo bautice. Este tampoco es. Y el otro tampoco es. Y el otro tampoco es". Tenía una una revelación de Dios. La revelación consistía en que al que tú veas que desciende sobre él el Espíritu Santo y se reposa sobre él como paloma, ese es. Entonces, cuando él vio esa señal cumplida, él reconoció que era el Mesías. Es decir, lo vio, lo bautizó, habló con él, vio al Espíritu Santo sobre él. Y hay un momento en el que dice: "¿Será él o esperaremos a otros?".

Si estas cosas le pasaban a grandísimos hombres de Dios, como por ejemplo Juan el Bautista, que de los nacidos de mujer no ha habido otro más grande que él, imagínate lo que nos puede pasar a ti a mí si nos apartamos un milímetro de los caminos del Señor. Si estos grandísimos hombres de Dios que llegaron a unos niveles espirituales tremendos les pasó lo que les pasó cuando se apartaban, se enfriaban, se despertaban de las cosas del Señor, ¡qué cuidado tenemos que tener nosotros hoy en día con nuestra vida, con nuestra relación con el Señor, de no perder ni un momento la mirada del Señor! Como dice la Biblia: "Cuidar nuestra salvación con temor y con temblor, no sea que nos deslicemos". Amén.

Hermanos, oramos en esta tarde a nuestro Dios y le damos gracias al Señor por el ejemplo de este grandísimo hombre de Dios, que al final de sus días selló su ministerio entregando su cuerpo como sacrificio vivo delante de Dios. Lo decapitaron y pasó a la historia como un grandísimo varón de Dios. Que el Señor nos guarde y nos ayude a todos y a cada uno de nosotros a mantenernos firmes, cerca de su corazón, de su palabra, pidiéndote a ti cada día, Señor, que nos ayudes, que nos sostengas de la mano, creyendo que tú nos vas a cuidar, creyendo, Señor, que en este tiempo en el que estamos viviendo, tú cuidarás a tu amada iglesia y que habrán luchas, pruebas, dificultades, persecuciones y tantas cosas, pero tú has prometido estar con nosotros. Aunque andemos por valles de sombra y de muerte, sin temor alguno, porque tu vara y tu callado me infunden, me transmiten aliento. Gracias, Señor, porque tú nos cuidas. Y ayúdanos a cumplir con nuestro ministerio y a sellarlo como tú quieras que lo hagamos, pero siempre apegados a ti, a tu palabra. Gracias por tu palabra en esta tarde. La atesoramos, la valoramos y pedimos, Señor, que siempre la amemos con todo nuestro corazón, como a ti te amamos. En el nombre de Jesús. Amén y amén.