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El perfil del hombre y la cultura en México- Samuel Ramos

Wendy Noely7:09

Transcription

El perfil del hombre y la cultura en México de Samuel Ramos.

En este libro se habla sobre el tipo de identidad del mexicano, es decir, de dónde viene y cómo se creó a partir de México como nación independiente. En la postura analítica de la historia de México, para comprender la filosofía de sus acciones y su cultura, es necesario saber que México no tiene una cultura de primera mano. Es decir, que desde hace muchos años México se alimenta de la cultura europea.

México en el siglo XIX, después de su independencia, tuvo todo un siglo de inestabilidad política. Es importante comprender que el sector social que tuvo a cargo al país fueron criollos, es decir, es comprensible su falta de sentido para gobernar un país, más un país recién nacido. Puesto a que el sistema colonial en el que nos encontrábamos estaba estructurado para que las élites locales no tuviesen el conocimiento de la toma de decisiones importantes que un país necesita. Comprendiendo lo anterior, la inestabilidad político-social de todo el siglo es algo lógico.

De esta manera, México se tuvo que disfrazar de un país ya civilizado. De un solo paso quiso tener los años de experiencia que las culturas europeas ya tenían. Cuando se comparaban con otros países, se daban cuenta de que no tenían o no habían alcanzado el nivel de país que querían ser y tomaron la medida estándar extranjera. No fue lo mejor para un país nuevo. Esto creó un conflicto psicológico de lo que se quería hacer y lo que se podía hacer. Lo que se hizo fue imitar las ideas, instituciones y sistemas europeos, lo que solo creó ficciones colectivas, es decir, un mundo artificial.

Los fracasos de México en el siglo XIX no se deben a una deficiencia interna de la raza, sino a la excesiva visión de las minorías dirigentes. Explicando cómo que los fracasos se deben a la imitación que se ha practicado en México, mientras ignoraban que estaban imitando, creían fielmente que incorporaban la civilización al país, condenado al mismo tiempo a la cultura de los fracasos nacionales.

El indio mexicano parece inadmisible a la civilización, no es porque sea inferior a ella, más bien distinto a ella. De este modo se comprende que la identidad del mexicano quedaba a la deriva de la anarquía y la guerra civil, por lo que ese sentido de pertenencia se llenaba imitando lo que conocían o creían conocer, que era lo europeo. De esta manera, lo europeo se volvió lo ideal y de mejor calidad según los mexicanos, sin darse cuenta que lo único distintivo que tenían era lo que condenaban: la cultura indígena y prehispánica, siendo que México alcanzó la estabilidad cuando fue gobernado por indígenas, Benito Juárez y Porfirio Díaz.

Ahora, el psicoanálisis del mexicano dice que si este no recibe elogios, lo toma como que estás en su contra. Al darle la razón cuando no la tiene, es la manera más fácil para destruirlo.

El tipo de hombre que nació a partir de las decisiones que se tomaron son dos. Uno lo conocemos como el pelado. Este es un tipo al que se le consideraba un desecho humano de la gran ciudad. En el ámbito económico era menos que un proletario y en cuestiones intelectuales era un ser primitivo. A este le tocó una vida difícil, por lo que se hace una persona grosera y agresiva, lo que era un recurso para recuperar la fe en sí mismo. El consuelo que tenía era decirle al mundo: "Tengo muchos huevos". Llena su vacío con el valor que alcanza el del macho. Al compararse con el hombre civilizado extranjero, se auto consuela pensando: "Un europeo tiene la ciencia, el arte, la técnica, etcétera. Aquí no tenemos nada de eso, pero somos muy hombres", refiriéndose a que es un macho que disfruta de la potencia animal, lo que este tomaba como su valor, su fuerza y su valentía. Cuando la verdad es que iban por la vida a la deriva, con miedo y desconfianza. Lo que caracterizaba a un mexicano era que estos eran violentos, iracundos, pasionales, malhumorados, agresivos y guerreros, pero no por fuerza, sino por debilidad, ya que carecían de voluntad para controlar sus acciones. Se explica la violencia de sus actos por la sobreexcitación que les causa su desequilibrio psíquico.

Por otra parte, tenemos al burgués mexicano. Este no es tan diferente al pelado, solo que se comporta con cierta finura y una falsa cortesía. Este tiene un complejo inmenso de inferioridad, lo que lo disfraza con una superioridad intelectual, claro, una falsa superioridad intelectual. Pero son igual de susceptibles y tienen una lógica similar.

Lo que se necesita es tener el valor de ser nosotros mismos y la humildad de aceptar la vida que nos tocó sin avergonzarnos. Es decir, no elegimos ser mexicanos, ni la cultura, ni el pasado que tenemos, pero podemos elegir aceptarlo y honrarlo. Muchos de los sufrimientos que hoy tenemos seguirían el día que dejemos la vanidad.

Los mexicanos, en general, no conocen ni se interesan por el fondo de la cultura, sino que se han quedado en la superficie, deslumbrada por sus apariencias brillantes. El único camino que nos queda es seguir aprendiendo de la raza europea para así comprender mejor el mestizaje cultural mexicano.

En conclusión, la educación. Esta es la única herramienta que nos queda para no terminar de enterrar la verdadera autenticidad de la cultura. Y no solo eso, de esta manera también aprender a ver con los lentes analíticos y no imitadores. La educación de las futuras generaciones es cómo podemos desatar a la cultura como esencia y no como materia. Y desatar la espiritualidad cultural es un factor importante para conseguir la individualidad plena y eliminar los factores que le impiden, como la vanidad, el egoísmo, el temor y las conveniencias sociales. Todo esto para generar una cultura de acción que te da la finalidad de la existencia humana. De este modo se vencerá el sentimiento de inferioridad y tomaremos un amor por la tierra y la cultura nativa.