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SIMÓN RODRÍGUEZ- Serie Maestros de América Latina

unipe: Universidad Pedagógica Nacional26:34

Transcription

Ha nacido en Venezuela a mediados del siglo XVIII. Simón Rodríguez fue alimentando el anhelo de una América libre. Maestro, pedagogo y pionero de la educación, fue mentor e inspirador de Simón Bolívar, junto a quien abrazó el sueño de la Patria Grande. Simón Rodríguez presentó las ideas más democratizadoras de la época de la emancipación y promovió la escuela pública y la educación popular. Luchó por los derechos de mujeres, niños e indígenas, impulsando siempre un pensamiento crítico.

Él es el 28 de octubre de 1771 cuando en Caracas, territorio del Virreinato de Nueva Granada, nace Simón Narciso de Jesús Carreño Rodríguez, hijo natural de Rosalía Rodríguez y de un hombre desconocido. A sus 22 años de edad, el Cabildo de Caracas lo autoriza para desempeñarse como ayudante del maestro de primeras letras en la primera escuela que tiene la ciudad. Por ese entonces, para ser maestro solo era necesario demostrar ante el Cabildo saber leer, escribir y contar, y tener moralidad.

Estamos hablando de esa época en la que aparece la escuela pública, digámoslo de una vez, si aparece el maestro público, que un personaje no existía. Y entonces, el maestro público para la Corona Española es alguien que, ¿de dónde va a salir? Pues gente que más o menos tenía nociones de lectoescritura, medio leía, medio escribía. Y ellos empezaron por su propia cuenta, incluso, a instruir a los niños que andaban ociosos. Empezó a decir "ociosos", esa palabra no existían los mismos niños de siempre. Y resulta que ahora la Corona empezó a verlos como ociosos, es decir, algo tienen que estar haciendo para que puedan ser más productivos. Y ahí fue cuando, con muchos maestros por iniciativa propia, empezaron a instruir. Y la Corona puso los ojos sobre esos personajes y empezó a regularlos, a controlarlos, ya casi casi volverlos funcionarios de la Corona.

Hay muchas historias bonitas de esos primeros maestros, en que empezamos a enseñar para la Corona, para bien de, ya se hablaba de la patria en ese sentido. Romano de la patria, todavía éramos colonia, pero por la gloria de Dios, etcétera. Pero era, es, y ellos debían recibir un estipendio de la Corona, cosa que no sucedía. Las distancias, los meses pasaban, años, y los maestros todavía pedían su salario. Ese era el contexto en el que Simón Rodríguez aparece.

Simón Rodríguez recibe en aquellas aulas, por primera vez como alumno, a Simón Bolívar. Corre el año 1794. A partir de su experiencia en la escuela pública de Caracas, Simón Rodríguez eleva al Ayuntamiento una memoria titulada "Reflexiones sobre los defectos que dice en la escuela de primeras letras en Caracas y medio de lograr su reforma por un nuevo establecimiento". Allí expresa: "Los objetivos de la escuela son los más laudables, los más interesantes: disponer el ánimo de los niños para recibir las mejores impresiones y hacerlos capaces de todas las empresas, para las ciencias, para las artes, para el comercio, para todas las ocupaciones de la vida es indispensable".

Simón Rodríguez propone en el informe la creación de nuevas escuelas, cuestiona la falta de experiencia de algunos maestros, reclama mejores condiciones materiales y salariales, y defiende la inclusión de pardos y morenos en las escuelas de primeras letras. En 1795, el Cabildo aprueba provisoriamente las de Simón Rodríguez y eleva el informe a la Real Audiencia, órgano que debe tomar decisiones definitorias en el asunto.

Lo que sucedía con la aristocracia, la élite de la época, era que agredía a esa escuela sin hacer referencia a conceptos pedagógicos. La escuela Rodríguez nunca es nombrada como escuela, se refiere ya como prostíbulo, lupanar, lugar de perdición. Y esto se debe, según mi punto de vista, a que lo que está sucediendo en esa escuela es algo absolutamente novedoso para la época. Y la novedad tiene que ver en que, por primera vez en la historia de América Latina, se va a partir de una idea de igualdad, no como un objetivo, sino como un principio del cual se parte. Es decir, Rodríguez dice: "En este espacio todos son iguales", no para alcanzar igualdad, no para demostrarla, sino para comprobarla en los actos, es decir, yo la afirmo y la practico.

El siglo XIX en Latinoamérica está signado por el pasaje de la dominación colonial a la consolidación de las naciones modernas. Es un proceso de duras y largas luchas en las que se debaten los fundamentos de un nuevo orden social y político. En América Latina comienzan a distinguirse paulatinamente un conjunto de naciones modernas que luchan contra las tradiciones y los vínculos coloniales.

Simón Rodríguez abandona Venezuela y parte hacia Jamaica en 1797. Ahí cambia su nombre por el de Samuel Robinson para evitar ser apresado por los realistas. De allí viaja a los Estados Unidos, donde vive hasta 1800 en Baltimore y en Filadelfia. Un año después, se traslada a Francia, donde habrá una escuela para la enseñanza del español y profundiza su conocimiento de las ideas ilustradas.

Simón Rodríguez concuerda con la noción de progreso social mediante la educación, para el cual son necesarias la independencia y la construcción de sistemas políticos democráticos. Esto es importante porque el contexto de Simón Rodríguez es el contexto de una sociedad de castas, de una sociedad desigual e incluso de una sociedad en guerra por la independencia. Entonces, en una sociedad de guerra, donde se gastan dinero en las guerras, se propone utilizar el dinero, no malgastarlo, en crear escuelas. Y él escribir esto es por demás interesante, porque ¿quién puede crear escuelas en un momento de guerras de independencia? Bueno, uno de los argumentos de Rodríguez es que una cosa es la guerra por la independencia y otra es la libertad. Él dice que no hay que confundir independencia con libertad. La independencia se hace por medio de las armas, las libertades por medio de la escritura. Entre la independencia y la libertad hay un espacio inmenso que solo con arte se puede recorrer. El arte está por descubrir. Muchos han trabajado en él y principios más o menos generales, rasgos ingeniosos, indicación de movimientos molestos o impracticables, medios violentos, sacrificios crueles, es lo que tenemos en los libros.

Rodríguez sueña con una sociedad en la que convivan en igualdad hombres y mujeres, blancos, negros e indígenas, pobres y ricos, sanos y enfermos. Y él dice puntualmente: "Esto que sucede es nuevo, esto sucede es la República y tiene un nombre y ese nombre es educación popular". Entonces, educación popular es un concepto que desde mi punto Tomás Rodríguez para poder explicar, nombrar eso que está sucediendo en los hechos. Es decir, es un pensé, es un concepto que surge a partir de una práctica y esa práctica es precisamente la afirmación de la igualdad, que es una novedad, te voy a decir, en América Latina, porque los distintos proyectos educadores de los Estados nacionales lo que pretenden es justamente alcanzar la igualdad, es decir, tornar a aquellos que afirman como desiguales para paulatinamente ir alcanzando en igualdad. Bueno, Rodríguez parte del otro lugar porque dice: "De esta forma lo que se hace es afirmar la desigualdad, poner la igualdad en un objetivo y no llegar nunca a esa igualdad. Yo voy a hacer al revés, voy a decir que estos son iguales, los voy a afirmar y voy a practicar y llevar una práctica consecuente con eso que demuestra esta igualdad, que pruebe esta igualdad".

Rodríguez considera que debe prepararse a todos los hombres, sin ningún tipo de distinción, para el goce de la ciudadanía mediante la incorporación del saber social, corporal, técnico y científico simultáneamente. Y esta idea de ciudadanía de Rodríguez no es una idea de ciudadanía asociada a la propiedad privada, sino que está asociada a ser ciudadano por pertenecer a una República. Entonces, todas y todos, por pertenecer a una República, deben ir a ir a la escuela. No concurrir a las escuelas para Rodríguez, sinónimo de inhumanidad, es decir, es inhumano que esté negado el derecho a la educación.

Simón Rodríguez sienta las bases durante la primera mitad del siglo XIX de algunos debates pedagógicos que serán recuperados a lo largo del siglo XIX y del XX. Entonces, el reto de Simón Rodríguez es pensar un poco como piensa Bolívar, un personaje que además tuvo delirios de emperador. Es decir, él sabía que tenían la responsabilidad de pensar, de inventar estas nacientes repúblicas. Era un invento y es un invento americano, o sea, esto no es europeo. Había que inventar. En Europa las monarquías cayeron mucho después. Nosotros inventamos esto. Y hay un texto muy bonito de Simón Rodríguez que se llama así: "Inventamos o erramos". Es decir, ya sabían la responsabilidad histórica que tenían en sus manos. Era: ¿cómo vamos a construir esta idea de república cuando tenemos cuatro siglos de vasallaje, de dominación? Y esta es nuestra responsabilidad. Entre acelera, yo pienso Simón Rodríguez un poco como el 11, pues, de los cerebros que acompaña a Bolívar en esta idea de inventar la la república.

En 1804, Rodríguez se reencuentra con Simón Bolívar en la ciudad de Viena. Un año más tarde, emprenden un viaje hasta Italia. Y Bolívar, que será viudo para ese entonces, va a Europa y se encuentra con su viejo maestro. Maestro y discípulo emprenden una caminata donde el maestro le vuelve a recordar las viejas lecciones sobre las libertades, las igualdades. Antes de partir, Rodríguez le regala a Bolívar el "Emilio" de Rousseau. De ahí hay un dato bien interesante para pensar en ese vínculo pedagógico, que además es un vínculo pedagógico y amistoso. Aquí el viaje concluye con un juramento en el Monte Sacro de Roma: juran libertar a América del poder español.

Simón Rodríguez se suma al sueño bolivariano de la Patria Grande. Trabaja para la construcción de un nuevo sujeto político popular en el que tengan lugar mujeres, negros e indios. Considera que no son las razas las que vuelven estúpidos o esclavos a los hombres, sino las sociedades. Es el año 1823 cuando Simón Rodríguez regresa a América. Simón Bolívar lo convoca para reencontrarse en Perú. En ese momento, Bolívar lo manda a llamar y le envía una carta maravillosa, que es la famosa carta de Bolívar a su maestro, donde le pide que, por favor, no vaya a buscar, que no puede creer que él haya llegado a América Latina y no le haya comentado aún nada. Ya Bolívar, para ese entonces, como el patriota, uno de los patriotas de América Latina. Y de ese encuentro surge la idea de qué cargo quiere ocupar Rodríguez. Y Rodríguez da una respuesta, para mí, maravillosa, que es: dice, "Yo hubiera podido hacer lo que quisiera, pero quise construir escuelas y ser maestro".

Por esos años, Simón Rodríguez da clases de agricultura y botánica en el Colegio de Latacunga, Ecuador. Bolívar recibe a Simón Rodríguez en Lima en 1825 y lo incorpora a su grupo de colaboradores. Ese mismo año, lo nombra Director de Enseñanza Pública, Ciencias Físicas, Matemáticas y Artes, y Director General de Minas, Agricultura y Caminos Públicos de la República Boliviana.

El otro tema que a mí me interesa mucho de Rodríguez es esta idea de cómo construir libertades e independencia. Por eso, el mundo del trabajo, para no ser esclavos, para no tener más amos, es necesario lo que podemos llamar autonomía productiva. Es decir, está pensando en establecer colonias, colonias agrícolas. El proyecto de Rodríguez no es la reforma agraria, pero sí la, digamos, la propiedad pequeña de parcelas. Entonces, para eso hay que educarse, para eso hay que formarse. "Mi gran proyecto por entonces consistía en poner en práctica un plan bastante meditado que estriba en colonizar la América con sus propios habitantes para evitar lo que tenemos: acontezca un día, es decir, que la invasión repentina de inmigrantes europeos, más inteligentes que nuestro pueblo actual, venga a avasallarlo de nuevo y a tiranizarlo de un modo más cruel que el del antiguo sistema español".

Simón Rodríguez idea entonces un proyecto educativo que presenta dos grandes líneas de acción: la implementación de la escuela popular y la colonización de las tierras por los propios americanos. La combinación de ambas acciones contribuirá a fundar las sociedades americanas. Habría que decir que hay dos ideas centrales de Simón Rodríguez que le aportan a la pedagogía y le aportan al pensamiento educativo. Una es la idea de reconocer que nosotros tenemos algo que nos hace distintos a Europa, yo, incluso Occidente. Sino, Rodríguez alcanza a decir: "No tiene respuestas, pero alcanza a decir: somos diferentes". Y habla de América. Ya dígame, y tenemos que pensarnos América para los americanos, pero no como lo diría después Monroe con la doctrina de los Estados Unidos sobre el resto de América, sino América éramos nosotros. Y el bien, y él entiende que en la educación está la clave, es decir, qué es lo que el alma americana tiene que en la escuela. Y allí empieza a pensar en la escuela, en una escuela pública para todos y para la gente más humilde. Ese es un proyecto muy ambicioso y esa es una primera idea: es América, algo en el alma de la gente, la cultura popular. Y allá habla de cultura popular y habla de educación popular. Empieza a hablar de eso. Lo primero, bueno, y lo segundo es eso, lo popular. Lo primero es América y lo segundo es lo popular, es decir, tenemos que encontrar es eso, esa identidad americana en esa educación popular. A mí me gusta pensarlo dentro como un precursor de las pedagogías latinoamericanas y como un pensador relacional, en el sentido de que puede vincular la educación con el mundo del trabajo. En uno de sus proyectos pedagógicos y políticos era construir fábricas adentro de las escuelas. Uno de sus proyectos fue construir una escuela donde tuviera dos fábricas y que además las lenguas fueran el quechua y el castellano. Es decir, que uno puede suponer o puede intuir que en Rodríguez ya hay una imagen, un germen de un estado plurinacional. No, no es casual que esta experiencia sea, digamos, en Chuquisaca. El proyecto pedagógico contempla la instrucción de mujeres, la generación de empleos para los padres de los niños, el cultivo de las tierras baldías y la atención preferente a la población indígena. En las escuelas deben estudiar juntos los niños y las niñas, primero porque así desde niños los hombres aprenden a respetar a las mujeres y segundo porque las mujeres aprenden a no tener miedo a los hombres. Se ha de dar instrucción y oficio a las mujeres para que no se prostituyan por necesidad ni hagan del matrimonio una especulación para asegurar su subsistencia.

Simón Rodríguez parte hacia Cochabamba a instalar una escuela semejante. Parece entonces, hay una lista de aproximadamente 700 niños postulantes. Los litigios que mantienen con las autoridades eclesiásticas y las continuas discrepancias que lo enfrentan con Antonio José de Sucre y Alcalá, quien es designado presidente de Bolivia, lo llevan a renunciar a su proyecto. Simón Rodríguez reemprende su marcha y se dirige hacia Arequipa, Perú, donde dos años más tarde publica el denominado "Pródromo", prólogo de la obra "Sociedades Americanas".

Luego de la muerte de Bolívar, escribe "La Defensa de Bolívar". Bolívar muere en 1830, Rodríguez en 1854, es decir, que sobrevive el maestro al discípulo. Y entonces tiene la tarea de escribir esa defensa de Bolívar y hace un trabajo que hoy llamaríamos semiológico, de qué conceptos se usan, qué adjetivos se usan para descalificar a Bolívar. Entonces, por supuesto, tiranía, dictadores, decir que en 1830 se adelantan más de un siglo y medio a todo un trabajo de semiología. De hecho, para Rodríguez, todo el tema de la escritura, de la palabra, de la lengua es fundamental. Él cree que no hay pedagogía y no puede haber educación si no hay un cuidado de la letra, de la escritura.

Simón Rodríguez llega a la ciudad de Concepción, Chile, en 1834. Allí asume la dirección de una escuela gracias a la propuesta del intendente de la ciudad, quien le pide a Rodríguez que lleve adelante el mejor plan posible de educación científica. Es el año 1834. Rodríguez reedita en Valparaíso "Luces y Virtudes Sociales" y publica 11 artículos en el periódico "El Mercurio" bajo el título "Partidos", los cuales poseen un fuerte contenido político. Por sus oposiciones con el poder local, debe irse de la ciudad.

Rodríguez se muestra en toda su obra preocupado por sentar las bases de un modelo pedagógico que responda a los problemas y a las aspiraciones de las recientemente creadas repúblicas. En "Sociedades Americanas" afirma: "¿Dónde iremos a buscar modelos? La América española es original, originales han de ser sus instituciones y su gobierno, y originales los medios de fundar uno y otro, o inventamos o erramos". Asimismo, expresa sobre la concepción de la educación: "No solo en poner a disposición de todos la instrucción, sino de dar medios de adquirirla, tiempo para adquirirla y obligar a adquirirla".

Bueno, para mí, Rodríguez es uno de los precursores de las pedagogías latinoamericanas. En el caso de las pedagogías latinoamericanas, a mí me gusta pensar que son están siendo una gramática en construcción, es decir, que tanto Rodríguez como muchos otros maestros y maestras de América Latina e incluso que están hoy vivos forman parte de esa gramática. Es una gramática que recupera lo que sucede en las aulas, lo que sucede en las salas, pero también lo que sucede en los movimientos sociales y lo que sucede en los estados educadores plurinacionales. Esta gramática es una gramática que se está construyendo y esta gramática tiene como eje central pensar las diversidades, porque nuestra América Latina es compleja, es diversa. Nosotros pensamos que las pedagogías tienen que ser diversas, relacionales, complejas e incluso mestizas, porque América Latina es mestiza.

Simón Rodríguez se traslada a Latacunga, Ecuador. Allí da clases en el Colegio de San Vicente. En 1851 publica "Consejos de Amigos dados al Colegio de Latacunga". Esta es su obra póstuma y forma parte central de su legado pedagógico. Entre otros consejos, propone que en aquella escuela se enseñe castellano y quechua, química e historia natural en lugar de latín y teología, y que se construyan dos pequeñas fábricas, una de loza y la otra de vidrio, para que en ellas los niños puedan aprender los tres oficios principales: albañilería, carpintería y herrería, porque con tierra, madera y metales se hacen las cosas más necesarias. Para Rodríguez, articular la educación y el trabajo es la continuación necesaria de la empresa revolucionaria que habían iniciado los criollos en América. Y creo que en ese lugar ubicamos a Rodríguez como uno de los precursores, porque pensó en términos de bilingüismo, porque pensó que lo que digamos los mestizos, las mestizas, los pardos y las pardas como sesiones, entonces también tienen derecho a la educación. Hay una frase que a mí me gusta mucho de Rodríguez que dice: "Yo no deseo que los cholitos y las cholitas rueden en las calles, sino que puedan ingresar a las escuelas". Me parece que hay un proyecto pedagógico que tiene que ver con las con las igualdades, con las autonomías. Entonces, en ese sentido, creo que es uno de los precursores. Creo que hay como un gesto Rodríguez, lo que tiene que ver con las dignidades, con este todas y todos tienen derecho a estar en las escuelas.

En 1853, Simón Rodríguez emprende un nuevo viaje a Perú. El 28 de febrero de 1854, a los 84 años, fallece en Amotape. Pero entonces, es una persona que nunca priorizó su conveniencia, su buen vivir. De hecho, murió en la miseria y gran parte de su vida la pasó en la miseria. Cuando tenía cargos públicos, salía endeudado porque le ponía plata de su bolsillo para amueblar escuelas, para se contrataba carpinteros para que hicieran los pupitres para los pibes, como él consideraba que tenían que hacer. Compras, que tenían que ser, compraba material. Entonces, y un caso emblemático también de esta idea de la militancia. Ya en sus últimos años, él estaba muy viejito y esto lo relata un viajero francés que se llama Paul Marco y que lo encuentra en el Altiplano Andino y se pone a verse. "Me encontré con un viejo que habla el francés a la perfección y yo pensé que era un francés que estaba ahí". Le preguntó si él era francés, que no. Hasta que llega y lo descubre y se protege: "Simón Rodríguez, nuestro Bolívar". Y entre otras cosas, "Yo soy el maestro de Bolívar". Y seguí, y casi acá con una persona de su importancia y su relevancia para la historia latinoamericana está en estas condiciones. Él dijo: "Mire, yo quiero hacer del mundo un lugar digno para que todos puedan vivir y en ese intento lo terminé convirtiendo en un infierno para mí". Lo que es interesante de esa frase es que, a pesar de que la interpretación negativa que le hace a su vida, en ningún momento decide cambiarla. Teniendo la posibilidad, él es una persona que donde lo hubiese querido podría haber trabajado como profesor, como catedrático o hasta como funcionario público. Sin embargo, él eligió entre la comodidad, esta militancia por la educación popular.

Simón Rodríguez fue un pedagogo americano que creyó en la posibilidad social y humana de construir un mejor futuro y luchó para que la educación tuviera un lugar destacado en ese proyecto, un proyecto inclusivo y liberador. Creía en la razón y en la duda como motor del conocimiento. Y me parece que Rodríguez nos está diciendo algo desde el siglo XIX. A mí me gusta pensar que él escribió tan fuerte, no, que sus trazos fueron tan fuertes, que nos estaban esperando. Creo que Rodríguez, más que decir: "Bueno, esto es lo que nos dejas", Rodríguez es pensar que él estaba, él nos estaba esperando, lo estaba guardando. Primero, un tiempo en América Latina que fuera capaz de recibir todas sus ideas, todas sus creaciones, toda su obra. Comprende los problemas educativos como problemas sociales latinoamericanos de su época y fiel al juramento que realizó junto con Bolívar, Simón Rodríguez transitó su vida guiado por una promesa: libertar América.