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[Música] Salmo 119, versículo 88. Vivifícame conforme a tu misericordia, y guardaré los testimonios de tu boca. En la versión Lenguaje Actual dice: Dame ánimo y te obedeceré, pues tú eres un Dios de amor.
En este versículo encontramos la segunda petición de David. Nueve veces en este salmo, David está pidiéndole a Dios que lo [Música] vivifique. Aprendimos que vivificar es dar vida. Para comprender el significado de este importante verbo, vivificar, es necesario ir más allá de su significado lingüístico. Es necesario ver cómo es utilizado en las escrituras.
En el Antiguo Testamento, David pide a Dios que lo vivifique. Nosotros le pedimos su gracia. Observe cómo Dios nos define esta palabra en Efesios 2:4 y 5: "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecado, nos dio vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos." Cuando Dios nos dio vida, nos dio gracia para ser salvos. Observemos cómo los términos "dio vida" y "gracia" aparecen en paralelo en este versículo.
Usando palabras contemporáneas, la petición de David es: Señor, sé que me amas. Por lo tanto, dame la gracia que necesito para guardar tu palabra. David tiene suficiente sabiduría y honestidad para reconocer que está al límite de su capacidad. Está casi echado por tierra. Casi. Recuerda, casi la única manera de poder seguir adelante es si Dios le otorga su gracia.
Aún ahora, como cristianos, no debemos creer que ya no necesitamos la gracia de Dios. Es todo lo contrario. Necesitamos mucho de su gracia para vivir. Pedro, en segunda carta, amonesta a los lectores a crecer y les dice: "en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador." Eso lo puedes leer en segunda de Pedro 3:18.
¿Qué podemos hacer cuando estamos con la espalda contra la pared y no podemos seguir adelante? Cuando casi estamos echados por tierra, lo mejor es aguardar la gracia de Dios para que infunda nueva vida y tengamos poder. Recordemos, David pide que lo vivifique, que le dé gracia. ¿Te sientes agraciado, agraciada?
Preguntémonos: ¿Por qué deseamos recibir gracia? ¿Queremos escapar de la aflicción? ¿Queremos solo sentirnos mejor? ¿Quieres solo llenar tus necesidades? No, no, no deben ser esas las preguntas. Si tú le estás pidiendo a Dios que te aferres hoy, ¿por qué quieres recibir la gracia de Dios? Yo te animo a que no te rindas. No te rindas. Espera, aguarda la gracia de Dios y aférrate a la palabra de Dios. No te preocupes de cuán mal estén las cosas. No te preocupes de tus enemigos. Solo aguarda y aférrate.
Esta es la clave de la vida de David. Su actitud hacia la palabra de Dios es poderosa. Él no va a dejarse agarrar de la palabra. Y solo una cosa le sirve para seguir adelante. ¿Sabes cuál es? La palabra de Dios.
Acompáñeme a orar. Amado Señor, Dios bueno, muchas gracias por animarnos y por instruirnos una vez más. Gracias por mostrarnos en el corazón de David que podemos, padre, pedirte que nos des vida, pero para que guardemos tus enseñanzas, para que las vivamos, para que las practiquemos en nuestro diario vivir. Ayúdanos, señor, a mantenernos firmes y desear y necesitar siempre tu gracia. Gracias en el nombre de Jesús. Amén.
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