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7 Pasos Para Recibir La Bendición De Dios - Pastor Natán Alfaro

Pastor Natán Alfaro34:01

Transcription

Tome su Biblia y vaya conmigo a Segunda de Reyes capítulo 4. Segunda de Reyes capítulo 4.

Quiero tomar unos minutos en esta tarde para hablar con usted de uno de los milagros más poderosos que encontramos en la Biblia. Y es un milagro donde Dios hizo algo maravilloso para una mujer. Y en los pasajes que vamos a ver, podemos encontrar nosotros la respuesta de cómo recibir la bendición de Dios.

Yo lo anhelo, yo lo deseo. Si usted hoy ha llegado con una necesidad, usted puede recibir la respuesta a su necesidad. Si usted necesita un toque de parte del Señor en su cuerpo por alguna enfermedad, alguna dolencia, hoy usted puede recibir eso también. Si usted necesita la bendición de un trabajo, Dios puede hacer eso para usted esta noche.

Dios quiere bendecirnos. Dios quiere darnos su bendición y su unción sobre nuestra vida.

La unción no es solo para que gritemos: "¡Gloria a Dios!" La unción es algo que la llevamos en todo lugar, a todo, eh, a todo lugar, en todo momento, a donde quiera que vayamos, con quien sea que hablemos, lo que sea que hagamos, ahí va la unción de Dios.

Y la unción del Señor es algo del cual yo no quiero vivir sin tener su unción. Yo no quiero experimentar ninguna de las luchas, de las pruebas o de las cosas que la vida trae cada día. Algunas son buenas, otras son terribles, y yo no quiero enfrentar ninguna de esas sin la bendición del Señor, sin la unción del Señor en mi vida.

Y hay una historia aquí en Segunda de Reyes capítulo 4 que es muy poderosa, y quiero que la veamos hoy. Vamos a leer de los versículos 1 al 7, y acompáñeme ahí en su Biblia. Y luego no cierre su Biblia, porque le voy a dar hoy siete pasos que están en este pasaje: siete pasos para que usted viva su bendición o la respuesta a su necesidad.

Al ver el milagro que Dios hizo con esta mujer, una mujer de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: "Tu siervo, mi marido, ha muerto, y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová. Y ha venido el acreedor para tomar dos hijos míos por siervos."

Y Eliseo le dijo: "¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa."

Y ella dijo: "Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino unas vasijas de aceite."

Y le dijo: "Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. ¿No qué? ¡No pocas! Entra luego y enciérrate tú y tus hijos, y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte."

Y se fue la mujer y cerró la puerta, encerrándose ella y sus hijos, y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Tenía un poquito de aceite y lo echaba en las vasijas.

Versículo 6: "Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: 'Traedme aún otras vasijas.' Y él dijo: 'No hay más vasijas.'"

Entonces, ¿qué pasó? Cesó el aceite.

Vino ella luego y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: "Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores, y tú y tus hijos, vivid de lo que quede."

¡Oh, por ser una persona y estar ahí en ese cuarto y presenciar ese milagro! Por ver lo que sucedió cuando ella toma ese poquito de aceite que tiene y empieza a llenar una vasija, y está llenándola del aceite, y el aceite no se acaba. Se llena la vasija, y le traen otra vasija, y le empieza a llenar, y la llena, y no se acaba el aceite, y sigue con todas las vasijas que prestó.

Aquí Dios nos enseña a través de este relato que Dios toma lo que tenemos y lo utiliza para su honra y su gloria.

La mujer al inicio respondió y dijo: "No tengo nada, no tengo nada en casa, no tengo nada." Lo único que tenía: unas vasijas, una vasija vacía.

El profeta le dice: "Ve, habla con tus amigos, habla con los vecinos. Busca, busca vasijas y trae, consigue vasijas vacías, no pocas." ¡Oh, por vivir a la par de una fábrica de vasijas, verdad, y prestarlos!

Dios usa lo que tenemos. Y puede que usted diga: "Pastor, lo que yo tengo es insignificante, lo que yo tengo es muy pequeño, lo que yo tengo no hace la diferencia porque es insignificante." Una vasija vacía también era insignificante, pero Dios usa las cosas que parecen ser insignificantes.

Algo grande: usó la vara de un hombre llamado Moisés, una vara para pastorear animales, y la convirtió en la vara de Jehová. Con esa vara se hicieron los milagros en Egipto.

Una piedra lisa, sencilla, a la orilla de un arroyo, llegó a ser el instrumento que Dios usó para derribar al gigante Goliat.

Dios es maravilloso en este. Toma lo que otros no valoran, lo que otros no ven, y hace algo grande y maravilloso en nuestra vida.

Usted le sirve a un Dios de abundancia, a un Dios de abundancia. Y si algo nos enseña esta historia es que Dios no es, como decimos popularmente, no es, no es codo, es generoso, es generoso.

Y Dios quiere hacer algo para usted hoy, esta noche, y yo estoy convencido de eso, estoy convencido de eso.

Quiero darle los próximos minutos siete pasos que usted puede seguir para recibir lo que usted necesita de parte de Dios, tomando este pasaje y viendo lo que sucede aquí.

Y lo primero, el primer es reconocer la necesidad: reconocer la necesidad.

Si usted quiere algo de parte de Dios, si usted quiere una bendición de parte del Señor, si usted quiere que Dios supla algo en su vida, usted necesita reconocer su necesidad, reconocer que esa es una necesidad.

Esta mujer reconoció que tenía una necesidad: su esposo murió, y ahora el hombre que les prestó a ellos, o que le prestó a su esposo, ahora ella asumía esa deuda y no tenía forma de cómo pagar la deuda. Entonces venían por sus hijos como forma de pago, y ella está desesperada. Reconoce su necesidad.

Parecería como que este es un paso no importante o insignificante, pero usted no se imagina con cuántas personas yo converso que no conocen que tienen una necesidad, que no tienen una necesidad de Dios o no tienen una necesidad de arreglar algo en su vida, algo en su carácter. Tienen mal carácter, pero creen que no tienen mal carácter. ¿Conoce a personas así?

Personas que están viviendo una mentira y creen que es una verdad, y están convencidos de algo y no es así. Y una de las cosas que necesitamos todos reconocer para poder recibir lo que deseamos del Señor y recibir esa bendición y esa unción de Dios que nos va a llevar a todo lo que hagamos en cualquier lugar, en cualquier momento, con cualquier persona, necesitamos reconocer que dependemos completamente de Él, dependemos de Él.

Usted está aquí esta noche porque usted reconoce que usted necesita de Dios. Usted se sorprendería de cuántas personas dicen que necesitan de Dios, pero no lo reconocen como una necesidad en su vida, es solo de palabra.

Si usted va a recibir algo del Señor, usted necesita reconocer que usted lo necesita.

Juan 3:16 dice: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna."

Es impresionante cuántas personas dicen que creen en Dios, pero no creen que tienen una necesidad de Dios. Usted necesita convencerse.

Si usted está luchando con alguna adicción, con algo, y usted quiere superar eso, y usted va a conseguir ayuda profesional para vencer y superar esa adicción o ese problema, regla número uno es que usted reconozca que tiene un problema.

Para que Jesús pueda salvar su alma, salvar su vida a través de ese sacrificio que le acabo de mencionar de Juan 3:16, usted tiene que creer. Por eso dio a su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él crea, creer que tengo una necesidad espiritual, que necesito acercarme a Dios, que necesito un encuentro con Dios.

Esta mujer hizo eso, y esta mujer representa cada uno de nosotros que tiene una necesidad. ¿Y qué hizo ella? Fue y clamó a Eliseo, fue al profeta y habló con el profeta.

La oración, el clamor, el gemir es fundamental para recibir lo que necesitamos. Reconoció su necesidad y fue a Eliseo y le dice: "Aquí yo tengo un problema, vienen por mis hijos." Ella no sabía cómo Dios iba a solucionar esto, pero sabía que tenía un problema, no tenía la solución aún, pero tenía el problema.

Si usted no tiene la solución esta noche, pero tiene el problema, ha venido al lugar correcto, porque esta es la casa de oración. Jesús dijo: "Mi casa será llamada casa de oración." Este es el lugar a donde usted puede ir en oración a su Padre celestial.

Número dos: El segundo paso para recibir la bendición de Dios es reconocer la autoridad de Dios.

Reconocemos nuestra necesidad y reconocemos la autoridad de Dios. Reconocemos que Dios es el que puede suplir esta necesidad.

Interesante que esta mujer fue al profeta, no fue a hablar con los hombres a los cuales su esposo les debía, no fue a hablar con los banqueros, no fue a hablar con los prestamistas, no fue a hablar con nadie más que con el profeta Eliseo.

Versículo 2 dice: "Y Eliseo le dijo: '¿Qué te haré yo? ¿Para qué vienes a mí?' Le dice: '¿Qué puedo hacer yo?'"

Ella fue a Eliseo. Eliseo es un tipo de Jesús, es un tipo del hombre ungido de Dios, y Jesús es el ungido de Dios. Fue la fuente correcta. Si usted necesita una respuesta a su vida, usted necesita ir a la fuente correcta, y ese es Dios, ese es Dios.

Aquí Eliseo representa el poder de Dios a través del Espíritu Santo. El lugar correcto donde usted puede ir a buscar a Dios es esta casa, es decir, donde Dios está.

"¿Qué haré yo?", le dice el profeta. "El único que puede resolver algo de esa magnitud es Dios, pero yo te puedo dirigir a enseñarte lo que debes de hacer para que Dios lo haga." Y entonces le da las instrucciones de que busque vasijas.

"¿Qué tienes en casa?", le dice. "No tengo nada, solo una vasija." "Consigue esa vasija y busca muchas más vasijas, presta vasijas, consíguelas." Y le dio las instrucciones de qué tenía que hacer.

Queridos hermanos, hay instrucciones que Dios nos ha dado en su palabra. No son instrucciones complicadas, son instrucciones sencillas. Nada de este libro es complicado. ¡Aló! Muy pocos amenes. Aunque usted no lo crea, nada de ese libro es complicado.

El enemigo quiere hacernos creer que eso es difícil de cumplir y, por lo tanto, no hay que cumplirlo porque es difícil cumplirlo. Esto no es difícil, no es difícil, es fácil, pero uno tiene que estar yendo a la fuente correcta.

Y si usted dice: "Pastor, mire, yo estoy enfrentando una lucha complicada y yo no sé qué hacer", vaya a la fuente correcta, vaya a Dios. Dios le va a aclarar, Dios le va a enseñar.

Una de las cosas más sabias, más inteligentes que hizo esta mujer es que fue a la persona correcta. Imagínese que se hubiera ido a hablar con la vecina y le hubiera dicho a la vecina: "¿Qué hago, vecina?" Y le hubiera dicho: "Ni modo, te fregaste. Te dije que no te casaras con aquel bandido, solo anda prestando, prestando, y ahora te dejó en problemas." Eso le hubiera dicho la vecina.

Gracias a Dios que no fue a la vecina a pedirle consejo, le fue a pedir vasijas vacías. Sepa qué pedir y a quién pedir.

El tercer paso: El tercer paso es dar un salto de fe para involucrar a otros, dar un salto de fe para integrar a otros, involucrar a otros.

Un tiempo en mi vida, yo estaba pasando por una situación muy difícil. Estaba en el seminario teológico y tenía una situación que en ese momento era una montaña enfrente de mí. Y hablé con un amigo pastor y le dije: "Necesito un milagro de parte de Dios en cuanto a esta situación."

Y él me dio un consejo que nunca se me ha olvidado, y él me dijo: "Nathán, si tienes una situación financiera o un problema financiero o necesitas un milagro financiero, busca a alguien que necesita un milagro financiero mayor que el tuyo y ayúdales a ellos. Si tienes una dificultad física, busca a alguien que tiene una dificultad física mayor que la tuya y ayúdales a ellos. Si tienes una situación en tu vida y la ves como algo grande, busca a alguien, integra a alguien, involucra a alguien con una necesidad mayor y haz todo lo posible para ayudarles a ellos a lograr lo que necesitan."

Yo aprendí esa gran lección, porque si yo estoy en una situación que se ve enorme para mí, siempre hay alguien que enfrenta una situación aún mayor que esa. Y cuando yo propongo en mi corazón unirme con esa persona en oración y clamar a Dios y unirme con la necesidad de ellos, hace que mi problema se vea más pequeño, y yo cumplo mi deber, mi responsabilidad como cristiano de ser bendición a otros, de ayudar a otros.

Si usted está enfrentando una dificultad en su vida, busque a otros que tienen una dificultad mayor y ore por ellos. Haga esa necesidad de ellos como si fuera la suya.

De un salto de fe, involucre a otros. Ella hizo eso. Le dice el profeta: "Ve y pide vasijas, vasijas vacías." Hay más personas con vasijas vacías. Tú no eres la única con vasijas vacías. Ve de casa en casa, de vecino en vecino, y date cuenta que hay muchas personas con vasijas vacías. Pídelas prestadas.

Y yo no sé, yo estoy seguro. Mire, no sé, cuando llegue al cielo voy a buscar a esta señora que ni su nombre sé, ni su nombre conocemos. Imagínese, ¿por qué Dios no nos daría su nombre? Porque es más importante lo que ella hizo y en quién ella puso su fe, es que de quién era ella. Y a veces lo que más queremos nosotros que sobresalga es quién somos.

Ella involucró a otros. Y yo no sé, yo me imagino, mire, si esta, si yo fuera vecino de esta señora y ella viene y pide vasijas vacías y me dice: "¿Para qué?" "No sé, me dijo el Señor que las va a llenar, no sé de qué, pero las va a llenar." Yo le digo: "Bueno, cuando las llene, me traes una, o por lo menos cuando las vacíes, déjale un tuquito en el fondo para yo recibir de lo que..."

Si usted quiere que Dios le llene a usted, usted tendrá que vaciarse de todo aquello que impide que el Espíritu Santo llene su vida.

Número cuatro: El cuarto paso, ella tuvo disposición inmediata. Ella no se puso a debatir, no se puso a argumentar, no se puso a hacer un análisis, no, no, no sacó un archivo de Excel para ver costos beneficio, no una foda. ¡Aló!

Inmediatamente tuvo disposición, inmediatamente. Versículo 4 dice: "Entra luego y enciérrate tú y tus hijos, y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte." Y esta mujer inmediatamente fue.

"¡Entra luego!", le dice. "¡Entra luego! ¡Entra inmediatamente! No hagas otra cosa." Hay ventanas de oportunidad, hay puertas de oportunidad que muchas veces Dios nos abre, y esa oportunidad, esa puerta es para ese marco de tiempo, y si erramos, la vamos a pasear.

Y le dice el profeta: "Esto no es para mañana, esto no es para más tarde. ¡Entra luego! Consigue las vasijas, y lo primero que vas a hacer, vas a entrar a tu casa y te vas a encerrar. ¡Entra luego!" Eso significa disposición inmediata.

Muchas veces Dios nos dice algo, y nosotros somos más que lentos para cumplir lo que Él nos está pidiendo. ¡Aló! ¿Se fueron?

Mire, dígale a la persona que está a su lado: "Si de vez en cuando vos decís Amén, nadie va a pensar que él está hablando de vos." Dígale: "Cuando Dios nos dice que hagamos algo..."

Gracias, gracias. No le dice: "Cuando esté llena la vasija, apártala inmediatamente, consigue otra vasija vacía y llénala. Cuando se llene, apártala." Y hay vasijas de todo tamaño: hay vasijas pequeñas, hay vasijas medianas, hay vasijas grandes.

Yo imagino que primero empezaron a llenar las grandes de forma estratégica, por si esto se termina, llenemos las vasijas grandes. Inmediatamente accionó.

Número cinco: El quinto paso, una obediencia total e incondicional. Dice el versículo 5: "Y se fue la mujer y cerró la puerta, encerrándose ella y sus hijos, y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite." Se fue, cumplió.

¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios por los que inmediatamente, obedientemente, fielmente, incondicionalmente siguen a Jesús!

Jesús dijo: "Si alguno quisiere venir en pos de mí", significa que hay algunos que no van a querer ir en pos de Él. "Pero si alguno quisiere venir en pos de mí, esto es lo que tiene que hacer: niéguese a sí mismo, tome su cruz y, ¿qué? ¡Y sígame!"

Si yo vengo para acá, sígueme; si voy para allá, sígueme. Es una disposición de corazón: "Señor, inmediatamente, incondicional, te seguiré, haré lo que pidas. No me voy a poner a debatir que si esa es la mejor decisión, que si eso es lo que más nos conviene, yo voy a obedecer."

Usted quiere una respuesta de Dios, usted quiere la bendición de Dios sobre su vida, usted debe de obedecer: obediencia total e incondicional.

La Biblia habla mucho de eso, y si tuviera más tiempo esta noche, le hablaría de pasaje tras pasaje donde Dios dice: "Si guardas mis estatutos, si guardas mis mandamientos, ninguna de las enfermedades que estuvieron allá sobre los egipcios estarán sobre ustedes. Si guardas mis estatutos, si guardas mis mandamientos, yo te voy a dar éxito y te bendeciré cada día de tu vida a donde quiera que vayas."

La Biblia está llena de eso. Y Jesús dijo: "Si me amas, guardarás mis mandamientos. Si no guardas mis mandamientos, si no haces esto, si no obedeces incondicionalmente, no puedes decir que me amas." Es puro bla, bla, es solo de labio.

Esta mujer inmediatamente se fue a encerrar, cerró la puerta. Nadie más, más que sus hijos y ella, presenciaron lo que sucedió. Fue obediente.

El sexto paso: El sexto paso es no poner límites al accionar de Dios. No le pongan límites a Dios.

No trate de encajar a Dios en un cuadro, en una caja, y que si Dios va a hacer algo, lo tiene que hacer así, está obligado a hacerlo de esta manera. No, no limite al Señor. Nunca le ponga límites al accionar de Dios.

Él es el Dios Todopoderoso, Él es el soberano, el absoluto, el Rey de reyes, Señor de señores, que reina en majestad, y Él puede hacer como Él quiera, cuando Él quiera, con quien Él quiera, porque Él es Dios. No limite al Señor, no limite al Señor.

Si no tiene nada más que vasijas vacías, entrégaselas al Señor y dígale: "Señor, yo no puedo hacer nada con vasijas vacías, pero tú sí, tú las puedes llenar. ¡Llénalas, llénalas!" No le ponga límites al Señor.

Y El séptimo paso, le dije que le hablaría de siete cosas. Hay muchas más cosas que pudiéramos hablar, pero la séptima cosa, el séptimo paso es estar preparado para un tiempo de refrigerio, un tiempo de recibir la respuesta de parte del Señor.

¿De qué sirve estarle pidiendo algo al Señor y no estar a la expectativa de que Dios va a hacer algo? ¿De qué sirve estar orando por su matrimonio, pidiéndole a Dios que haga un milagro y que restaure su matrimonio, y usted sigue peleando como perros y gatos?

¿De qué sirve estar a la expectativa? Haga de su parte, esté preparado para esa respuesta, para esa bendición. Viva su vida de esa forma.

Cuando usted viene a la iglesia, mire, le digo de todo corazón, no lo digo por mí, lo digo por usted, venga con la expectativa de que Dios le va a hablar. Venga con su alma y su espíritu mirando hacia arriba: "Señor, háblame hoy, ¿qué tienes para mí?"

No venga de forma indiferente, no venga como: "Bueno, voy a aguantar los gritos del pastor Nathán, y ni quiera Dios se extienda demasiado." No me voy a extender, pero venga a la expectativa. Desde que usted se estaciona, usted sale de su vehículo, esos pasos que usted está dando para venir a entrar debajo de esta carpa, usted va diciendo: "Señor, hoy me vas a hablar, hoy tienes algo para mí, hoy tu bendición estará sobre mí." Venga a la expectativa. No vengo a perder mi tiempo, vengo a escuchar de ti.

Esta mujer agarró ese aceite siguiendo las instrucciones, y ella empezó a vaciar el aceite. Yo no sé si ella sabía lo que iba a pasar. Le voy a preguntar cuando la encuentre en el cielo, pero yo sí le aseguro que llenó una, llenó otra y llenó otra.

No sabemos, no sabemos cuántas vasijas tenía. Lo que sí sabemos es que era suficiente para pagar la deuda que valía la vida de sus dos hijos. No era cosa pequeña, no eran 10 pesos el precio de la vida de dos de sus hijos. Pagó esa deuda y todavía le quedó para qué... para sobrevivir.

Empezó, no sé, ahí fue la primera venta de aceite. Yo imagino que regresó las vasijas a los vecinos y le dijo: "Mire, le regresó la vasija, pero le cobró el aceite."

Viva de ese tiempo de refrigerio de parte del Señor sobre su cuerpo físico, sobre sus finanzas, sobre su matrimonio, sobre su familia, sobre la empresa, sobre todas las áreas de su vida.

Yo quiero vivir así. Yo quiero vivir así. Yo quiero la unción y la bendición de Dios sobre mi vida. Y usted, póngase sobre sus pies.