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Revolucion industrial I

oterodan9:08

Transcription

La Revolución Industrial en [Risas] Inglaterra. [Música] Vayamos con nuestra imaginación a Inglaterra como era hace 200 años. Era muy diferente a lo que estamos acostumbrados a ver hoy. Era una Inglaterra de aldeas tranquilas, de pequeñas fincas, de inmensos pastos sin cercar y grandes arboledas. En muchos lugares había habido muy pocos cambios desde la Edad Media.

La mayor parte de la población se dedicaba a la agricultura o a otras ocupaciones propias de los campesinos. El nivel de vida era muy bajo, las fincas demasiado pequeñas y los métodos de cultivo muy primitivos. Se sabía muy poco acerca de la rotación de las cosechas y de muchas otras prácticas que hubieran aumentado la producción. En cuanto a las ovejas, tenían muy poco que comer en el invierno, excepto lo que les mandaba Dios Todopoderoso, y la mayor parte de ellas se moría.

Veamos ahora cómo estaba la industria y, específicamente, la situación en la industria textil. La lana, en aquel tiempo, era la columna fuerte de la prosperidad inglesa. En todas las casas de la aldea o del campo se encontraba una rueca y en todas las aldeas había un telar. Este método de fabricación se conocía como el sistema doméstico.

"Timothy, ven aquí. Encárgate de esto. Tú sabes hacer."

Este era el sistema doméstico. Pequeños maestros que vivían en las aldeas o en casas retiradas, con las comodidades de la época, y establecían sus negocios con su propio capital. El maestro también trabajaba y casi todos los procesos a que debía someterse la lana se hacían en su casa. Además del telar, el maestro tejedor tenía una finca de una a si hectáreas en tamaño. Criaba aves, cerdos y alguna que otra vaca. Tenía un barril de cerveza hecha en casa, un traje para los días de trabajo y otro para los domingos. Tanto los jornales como los aprendices se hospedaban y comían en su casa.

"Sigue un ritmo igual, ¿eh?"

"Sí, maestro. Procuro mantenerlo."

"Ya lo sé, hijo."

Los maestros y sus obreros, por lo general, estaban unidos en sentimientos que no deseaban separarse si no era necesario.

"Eso es."

Y los maestros consideraban que tenían el deber de conservar sus obreros, aunque los tiempos fueran malos. Así, un obrero vivía y moría en el mismo sitio donde había nacido. El maestro y su familia usaban pocas cosas que no hubieran hecho ellos mismos.

"¿Crees tú?"

"Ay, le quedará muy lindo, ¿eh? Te voy a hacer un abrigo. Tienes mucha suerte, hijito. Ahora vete."

"Eh, mujer."

"Ay, por todos los santos."

Cultivaban en su propia finca lo que comían y lavaban en su propia casa la lana con que hacían su ropa y obtenían dinero para sus otras necesidades vendiendo los tejidos de lana que hacían.

"Bendice, Señor, nuestro hogar y estos alimentos que nos das. Bendícenos, Señor, y por tu hijo llévanos contigo al paraíso. Amén."

"Amén."

El maestro se sentaba a la cabecera de la larga mesa de nogal y, junto con su familia y sus obreros, rezaba antes de empezar. Y luego trincha la carne y servía la comida. Tal vez tomara una copa de cerveza él solo y no le daba a sus obreros. Pero eso era prácticamente la única diferencia en la forma de vivir.

"Pásamelo, hijo. Te falta aún mucho que aprender, chico."

"La paga que recibo es poca."

"No conviene a los chicos tener dinero."

Es cierto que esta situación tenía un aspecto muy triste que revestía una gran injusticia. Había, por ejemplo, ciertas leyes del parlamento que prohibían que los obreros fueran a la huelga para conseguir un aumento en sus salarios. Hubo una huelga el invierno pasado, pero la policía le puso fin de la forma acostumbrada: con las bayonetas y la cárcel. El obrero no se atrevía a ir a la huelga y no había otro sitio donde pudiera buscar trabajo. Ganaba muy poco dinero durante toda su vida. Ocupaba una posición media entre esclavo y hombre libre, o más propiamente, entre siervo y ciudadano.

Esta, aunque breve y no perfectamente descrita, era la situación de la industria textil en Inglaterra hace 200 años. Esta situación variaba de sitio en sitio y de tiempo en tiempo. Inglaterra no se asemejaba en nada al jardín del Edén, pero la vida siguió de gener su curso tranquilo. Y entonces, en los próximos 100 años, se transformó la nación. Fue en realidad una transformación total de la forma de vida inglesa. Las aldeas se convirtieron en pueblos, los pueblos en ciudades, y las industrias se mudaron de los tranquilos hogares a las [Música] fábricas.

Esta transformación es lo que llamamos la Revolución Industrial. Podemos decir, sin peligro de quedarnos cortos, que tres inventos destruyeron nuestro viejo mundo y construyeron uno nuevo. El primero fue un telar para hilar más de uno a la vez. El segundo fue un telar de fuerza hidráulica. El tercero fue la máquina de vapor. El primer telar llamado Spinning Jenny, el segundo telar, y la máquina de vapor. Tres máquinas que, junto con muchas otras, transformarían el mundo del hombre.

Desde que la historia lo recuerda, el hombre ha estado haciendo y usando herramientas. Una herramienta hace poco trabajo. Los músculos del obrero deben suplir energía y su cerebro la destreza. Siglos y siglos haciendo herramientas y usándolas. Y entonces, en el año 1765, hace unos 200 [Música] años, Jenny, escucha. James Hargreaves inventó una máquina operada a mano a la cual puso el nombre de su esposa. La llamó Spinning Jenny. Este telar iniciaría una revolución en la industria de la lana en Inglaterra. Hilar siempre había sido un proceso lento. Solo podía hilar un hilo a la vez. Pero James Hargreaves montó ocho usos en un marco y los hizo girar a todos con una rueda, hilando así ocho hilos a la vez. El ingenio de Hargreaves le creó graves dificultades.