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LA GRACIA 2026/05/02 La fe fundada en la verdad de Cristo

fraynelson9:48

Transcription

El 2 de mayo, nuestra Iglesia Católica recuerda a San Atanasio, un auténtico campeón de la fe. Y creo que la palabra campeón es muy apropiada porque estamos hablando de alguien que tuvo que luchar y que finalmente en el nombre de Cristo logró vencer.

¿De qué lucha estamos hablando? Bueno, ubiquémonos a finales del siglo tercero y comienzos del siglo de nuestra era. Se estaba difundiendo a gran velocidad y con un impacto descomunal la doctrina de un sacerdote que lamentablemente cayó en herejía. Ese sacerdote se llamaba Arrio. Y básicamente lo que enseñaba Arrio es que Cristo era una creación, era criatura, creatura de Dios. Es decir, que Arrio enseñaba que Cristo había sido hecho, había sido creado por Dios. Y por consiguiente, Cristo no era eterno como el Padre, ni merecía la misma gloria del Padre, ni era de la misma sustancia y naturaleza del Padre.

Esto parece que es un debate como muy abstracto y alguien podría preguntarse, bueno, pero ¿cuál es la importancia de discutir esas cosas? Otro tal vez podría decir, pues sí, cada uno tiene su opinión. Hay gente que dice unas cosas sobre Cristo, hay gente que dice otras cosas. Cada uno pues va haciéndose poco a poco su idea.

Mira, la fe católica no funciona de esa manera. La fe católica no tiene esa clase de e versiones y de opiniones como si diera lo mismo una cosa que otra. No, no nos dejemos engañar por eso. ¿Por qué es tan importante esto de la divinidad de Cristo? Pues será tan importante que el emperador de aquella época llamado Constantino en el año 325, o sea, hace 1700 años, convocó reunión de todos los obispos en una población de lo que hoy es Turquía. Esa población se llamaba Nicea. Y ahí se reunió el primer concilio, primer concilio universal, o sea, de todas partes del mundo. Es lo que significa la palabra ecuménico en ese contexto. Concilio ecuménico quiere decir de todas las partes del mundo habitado, porque la palabra oicumene quiere decir eso, mundo habitado. Entonces ahí se reunió el primer concilio. O sea, que para Constantino este era un tema un tema importante, este era un tema delicado, pero seguimos sin saber por qué es tan delicado y por qué no es un tema en el que simplemente podamos decir, bueno, pues que cada uno opine lo que quiera.

Yo creo que si tú eres católico, ya sabes que nosotros los católicos no funcionamos de esa manera. Es decir, no funcionamos con que cada uno eh diga lo que quiera. Y yo quiero empezar por aclarar por qué eso no es católico. Es decir, ¿por qué no se puede hablar de que simplemente cada uno opine lo que a bien le parezca? ¿Sabes por qué no se puede? La razón profunda por la que no se puede hablar de esa manera es porque si cada uno puede tener una versión distinta, quiere decir que ninguna versión importa. Y si no importa la opinión que tú tengas, tampoco importan los hechos. Y eso significa que tampoco importa si Dios de verdad se encarnó o no, si Dios de verdad eh murió, si Dios de verdad resucitó, esas cosas no importan. Porque si cada uno puede tener su opinión, entonces quiere decir que no importa una cosa o la otra. Pero esa no es la fe católica. La fe católica no es que cada uno pueda decir lo que le parezca, porque eso significa que estamos despreciando lo que Dios hizo.

La pregunta fundamental es, ¿Dios lo hizo o no lo hizo? ¿Hay encarnación o no hay encarnación? Si es una materia de opinión, quiere decir que no importa una cosa la otra. Y si no importa una cosa o la otra, tampoco importa si Dios se ha encarnado. Y por eso la fe católica no puede depender de opiniones, porque si estamos sometiendo a opinión todas las cosas, quiere decir que las obras de Dios, que son sus providencias y que son la manifestación de su amor y que son la fuente de nuestra salvación, no importan. Y si eso no importa, entonces nada importa. Así de sencillo. Por eso ser católico no es compatible con que cada uno opine lo que se le venga en gana. Eso no es ser católico.

Resuelta esa primera parte, ahora vamos a la otra pregunta. Y la otra pregunta es, ¿por qué interesa tanto hablar de la divinidad de Jesucristo? Por dos razones. Primero, que es ya es muy profundo, pero vas a ver que la otra razón es todavía más profunda. Primero, porque la revelación nos dice claramente cosas y nuestra fe tiene que venir de eso que nos dice la revelación. Por ejemplo, al comienzo del evangelio de Juan encontramos estas palabras. En el principio existía la palabra y la palabra estaba con Dios y la palabra era Dios. Y luego más adelante en el versículo 14 leemos, "La palabra se hizo carne y acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria." Yo no puedo negar la divinidad de Cristo sin negar la autoridad de la escritura.

Alguien me dirá, "Bueno, pero es que hay otros textos que van en otro sentido." Por ejemplo, San Pablo dice que Cristo es el primogénito de toda la creación y eso da a entender que Cristo es como una criatura. O también en el evangelio de Juan, Cristo mismo dice que el Padre es mayor, que el Padre es más grande. Sí, yo sé que son discusiones teológicas muy serias y en esas discusiones entró San Atanasio y por eso él escribió decenas y decenas de páginas de muy profunda doctrina. Pero para decirte una respuesta, déjame expresártelo de esta manera. Si bien es cierto que hay algunos textos que parecen sugerir la igualdad entre Cristo y el Padre, por ejemplo, la palabra era Dios, lo que encontramos en Juan, capítulo primero. Y hay otros textos que parecen indicar que Cristo era menor que el Padre. Por ejemplo, cuando Cristo dice, "La hora final no la sabe el Hijo, sino solo el Padre." Si bien hay textos que hablan de igualdad y textos que hablan de diferencia, en el momento en el que yo niego la divinidad de Cristo, no tengo ninguna ninguna posibilidad de explicar los textos de igualdad. En cambio, si yo afirmo la divinidad de Cristo y afirmo la encarnación, eso fue lo que hizo San Atanasio, entonces tengo la posibilidad de afirmar tanto la igualdad como la diferencia, porque puedo decir, como enseña la Iglesia Católica, que Cristo es verdaderamente Dios. Y puedo afirmar al mismo tiempo que Cristo en su condición de encarnado, es decir, Cristo en cuanto es Dios en nuestra naturaleza humana, por asumir nuestra naturaleza en esa naturaleza, era inferior al Padre en algunos aspectos. [resoplido]

Entonces, te das cuenta que es verdad que hay algunos textos que hablan de igualdad, otros textos hablan de diferencia entre el Hijo y el Padre o de distancia entre el Hijo y el Padre. Pero si yo niego la divinidad, no tengo manera de explicar los textos que hablan de igualdad. Mientras que si yo afirmo la divinidad a través del misterio de la encarnación puedo explicar unos textos y otros. Eso fue lo que hizo San Atanasio. Esa fue la genialidad de San Atanasio.

La otra razón por la que es tan importante hablar de la divinidad de Jesucristo es porque eso es lo que hace a Cristo esencialmente diferente de todos los demás profetas. Hay muchos profetas que sufrieron como Jeremías, como Isaías. De hecho, Cristo dice que todos los profetas fueron perseguidos. es una especie de generalización que nos presenta Cristo en el evangelio. Entonces, hay sufrimiento en los profetas, pero hay algo muy bello y es que el sufrimiento de los profetas, aún siendo tan profundo y, por supuesto, tan doloroso, no se compara al sufrimiento o al valor del sufrimiento de Cristo, porque se trata del Dios encarnado. O sea, que el misterio mismo de nuestra salvación depende de que Cristo no es un profeta más. Y Cristo no es un profeta más, porque ningún otro profeta era Dios verdadero como es Cristo. Ningún otro profeta supone el grado de anonadamiento, de abajamiento y de sacrificio que tiene Cristo. Esa es la importancia que tiene proclamar la divinidad del Señor. Y si hoy te lo puedo decir con esta claridad, se lo debemos sobre todo a un santo. Y ese santo se llama Atanasio. Bendita sea su memoria. Y que él ruegue por la iglesia en estos momentos en que muchas veces parece que la confusión se generaliza, se extiende y se canoniza. San Atanasio, ruega por nosotros.