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Se suele contar que el responsable de la formación de la palabra metafísica fue Andrónico de Rodas, mientras catalogaba y ordenaba las obras de Aristóteles. A la hora de situar las en las estanterías, lo hizo ateniéndose al título y a la temática. Los libros que trataban sobre el alma y la personalidad no tenían título, así que los puso tras los ocho libros de física. De modo que los estudiosos tenían que referirse a ellos como "los que están después de los libros de física", que en griego vendría a ser "la meta la física". Así pues, según esta anécdota, la palabra metafísica en principio denotaba el orden de colocación de los libros en la biblioteca.
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Todos. [Música] Hola, ¿qué tal? ¿Cómo estás? Hoy comenzamos una nueva unidad didáctica, la cuarta. Trata sobre la explicación metafísica de la realidad. Bien, vamos con el sumario de la sesión de hoy. Tras aclarar qué estudia la metafísica, el profesor se ocupará de las preguntas propias de la metafísica: la pregunta sobre el ser, la pregunta sobre el origen y estructura de lo real, y la pregunta acerca de la verdadera realidad.
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Saludamos al profesor. Profesor, ¿de qué se ocupa la metafísica? Un saludo. Sean bienvenidos. ¿De qué se ocupa la metafísica? Esa es la pregunta. En la antigüedad, la metafísica era considerada la primera de la filosofía, algo así como la madre de la ciencia. La filosofía natural, en ese entonces, no existía el método científico y la manera de poner a prueba la realidad no tenía que ver con un experimento verificable, sino con la deducción de leyes lógicas a partir del pensamiento.
Todos los saberes y toda la ciencia tiene un objeto de estudio específico, es decir, cada ciencia se ocupa de un área o se ocupa de un aspecto de la realidad, y cada ciencia estudia las particularidades de ese campo concreto de lo real. Todas las ciencias, pues, estudian algo concreto. Así, por ejemplo, la biología estudia la vida, la geología se ocupa de la tierra, la botánica de las plantas, y el campo de estudio de las matemáticas son los entes matemáticos. La metafísica, sin embargo, no se ocupa de una parcela concreta de la realidad. La metafísica estudia la realidad en sí misma, estudia el hecho de que algo tenga existencia real y efectiva, estudia el ser, pero no un ser concreto como las otras disciplinas que se ocupa de un área o un aspecto muy concreto de la realidad. Como hemos visto, la metafísica estudia aquello en lo que coinciden todas las cosas: la esencia, los aspectos universales e inmutables de lo real, el ser.
Por tanto, es el objeto de estudio de la metafísica. Estudia el ser, sí, pero ¿no puedes especificar un poco más? La ciencia se ocupa de investigar la realidad concreta mediante la experimentación, por ejemplo, estudia los órganos del cuerpo, estudia las plantas o estudia, qué sé yo, los organismos que han existido en el pasado a partir de restos fósiles. La metafísica no se ocupa de investigar la realidad concreta. No, la metafísica se interesa por aquellos aspectos de lo real que son inaccesibles para los científicos, por aquellos aspectos que dan pie a las grandes preguntas trascendentales sobre la experiencia. Estas preguntas, en líneas generales, son tres: ¿Qué es el ser? ¿Qué es lo que hay? ¿Por qué hay algo en lugar de no ver nada? Y la metafísica establece sus propias bases para interpretar el mundo. Por lo que no se trata de una ciencia o de un método de observación, sino de qué se trata. Se trata de una forma de pensamiento.
Así pues, el ser es el objeto de estudio de la metafísica. Por eso, el saber que trata es de lo más general, el saber más abstracto que existe. Bien, ¿y qué es la abstracción? La abstracción es un proceso por el que el pensamiento se queda con aquello que es común a un grupo de seres y prescinde de lo individual, es decir, se olvida de lo particular de cada uno de ellos, de estos seres.
Veámoslo con un ejemplo. Para construir el concepto de árbol, no prestamos atención a las características particulares de cada una de las especies de laurel, palmera o pino, por sí, sino que nos centramos en aquello en lo que todos los árboles coinciden, nos centramos en aquello que hace que un árbol sea un árbol. Por eso, el concepto, todo concepto, es una abstracción. El mismo concepto "palmera" es una abstracción. Prescinde de las características particulares de cada una de las palmeras y constituye una abstracción, el concepto "palmera" que existe en la mente y sirve para pensar todas las palmeras.
La metafísica es el saber más, el más abstracto, porque quiere descubrir los rasgos que caracterizan al ser en general, no a este ente o al otro, no a los seres vivos o algún tipo de ser concreto, no, sino al ser en general. La metafísica estudia en qué se parecen todos los seres por el hecho de ser. Cuando decimos "ser", nos referimos a un perro, a una mesa, a una farola o una manzana que existe. Todos estos entes son diferentes, pero todos tienen una coincidencia: son todos, es decir, comparten la característica de ser.
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¿Qué es lo que hay? ¿Qué es lo real? ¿Qué es la realidad? ¿Qué existe? Estas son las preguntas que se formula la metafísica. Podemos ver que son preguntas más o menos sinónimas. Efectivamente, todas preguntan por el ser. La pregunta por el ser es un punto de partida de la filosofía.
Refirámonos al concepto de ser. Todo cuanto hay es ser. El concepto de ser es el más general de todos los conceptos, puesto que abarca todo lo real. Todo. En el concepto de ser hallamos dos significados: como verbo y como sustantivo. En el concepto de ser como verbo, en principio, podemos establecer dos funciones. Una función atributiva, cuando lo usamos para atribuir una propiedad a un sujeto. Por ejemplo, en la proposición "Sócrates es ateniense", el verbo "es" atribuye al sujeto "Sócrates" el atributo "ateniense". Una segunda función del concepto de ser como verbo es la función existencial. Esta función se da cuando usamos el verbo "ser" como sinónimo de "existir". Es decir, usamos el verbo "ser", pero no lo usamos para atribuir un atributo a un sujeto, solo queremos decir que existe, que está en el mundo. Ser significa existir. Por ejemplo, "érase una vez una persona triste". "Era" se significa que existía la persona referida.
En relación al concepto de ser como sustantivo, podemos decir que cuando actúa como sujeto de la oración, es sinónimo de "ente", es decir, es el algo que existe en la realidad de forma individual y del que se pueden señalar características. Por ejemplo, si decimos "el ser vivo es el objeto de estudio de la biología", estamos empleando el concepto "ser" como sustantivo.
Aristóteles inventó un par de conceptos fundamentales para entender el concepto de ser. Estos dos conceptos son sustancia y accidente. Sustancia es etimológicamente aquello que está sirviendo de soporte, lo que soporta son las propiedades. Lo entenderemos enseguida. La sustancia es la cosa misma, una cosa que existe de modo independiente. Decimos que es accidental o no esencial lo no es necesario, lo variable, lo que puede ser modificado de una cosa, sí que cambia la naturaleza de esa cosa sin que deje de ser tal cosa. Se trata de toda aquella propiedad o atributo que podemos predicar de una cosa, pero que no pertenece a la esencia de la cosa.
El siguiente ejemplo nos ayudará a diferenciar el concepto sustancia del concepto accidente. El color rojo del libro que aparece en la pantalla es un accidente, entre otras cosas, porque podría cambiar. No es algo esencial para el libro el que sea o deje de ser rojo, porque bien podría ser azul o negro y seguiría siendo un libro. El libro sirve de soporte a los accidentes: que sea rojo o sea rayado o sucio son propiedades que no repercuten en que el libro deje de ser un libro. No son propiedades esenciales del libro. La esencia no desaparece.
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Me voy a ocupar ahora de la pregunta por el origen y estructura de lo real, es decir, de la búsqueda del arjé. Según los presocráticos, aunque el mundo es muy variado y plural, existe algo que es el principio de todo. Es decir, frente a la diversidad y multiplicidad de todos los seres, los primeros filósofos buscan la unidad de un origen. Y a este origen, a este principio, lo llaman arjé o arché.
Según Tales de Mileto, considerado el primer filósofo, el arjé de todo es el agua. El agua es el origen de la multiplicidad de todo. Para Anaximandro, el origen de todo se halla en los números, en la proporción. Toda la realidad tiene una estructura matemática. Según Parménides, el origen está en el ser. Este ser único y eterno se capta con el pensamiento, aunque los sentidos pretendan enseñarnos y hacernos creer que hay muchos seres. Según Parménides, solo hay uno. Para Heráclito, por su parte, el origen de todo es el fuego, es decir, el cambio. Los sentidos nos muestran la realidad en permanente cambio. Todo nace y muere, aparece y desaparece. Lo único permanente es el cambio mismo. Eso siempre sucede, el devenir.
En el caso de Demócrito, Demócrito apela a que toda la realidad está compuesta de una combinación de átomos y partículas indivisibles que se mueven continuamente en el vacío y conforman la realidad. Según Platón, que fue discípulo de Sócrates, la realidad originaria son las ideas. El arjé son las ideas. Las ideas no son conceptos, son realidades abstractas previas a las cosas, y las ideas son la causa de que las cosas existan. Existen las cosas bellas porque existe la belleza en sí misma, es decir, existe la idea de belleza. Existen los seres humanos porque existe la idea de ser humano, y los seres humanos participan de ella.
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La interrogación metafísica sobre la verdadera realidad nos lleva al problema apariencia y realidad. La etimología de la palabra "verdad" en griego es "aletheia", lo desvelado, aquello que se descubre tras su apariencia. Como hemos visto, para los presocráticos, aunque en apariencia las cosas son múltiples y cambiantes, todas ellas tienen un origen común, un arjé.
Un relato importantísimo en relación con este asunto de apariencia y realidad es el mito de la caverna de Platón. El mito de la caverna cuenta, en el libro séptimo de "La República" de Platón, escrita en el año 380 antes de Cristo, se trata de un diálogo escrito por Platón en el que su maestro Sócrates y su hermano Glaucón hablan sobre cómo afecta al conocimiento y la educación filosófica a la sociedad y a los individuos. En este diálogo, Sócrates pide a Glaucón que imagine a un grupo de prisioneros que se encuentran estos prisioneros encadenados desde su infancia detrás de un muro dentro de una caverna. Así, un fuego ilumina al otro lado del muro, y los prisioneros ven las sombras proyectadas por objetos que se encuentran sobre ese muro, los cuales son manipulados por otras personas que pasan por dentro. Sócrates dirá a Glaucón que los prisioneros creen que aquello que observan, aquellas sombras que observan, creen que es el mundo real, sin darse cuenta de que son las apariencias de la sombra de esos objetos.
Más adelante, uno de los prisioneros consigue liberarse de su cadena y comienza a ascender. Este prisionero se ha quitado las cadenas, observa la luz del fuego más allá del muro, y el resplandor le ciega y casi lo hace volver, regresar a la oscuridad. Poco a poco, el hombre liberado se acostumbra a la luz del fuego y, con cierta dificultad, decide avanzar. Sócrates propone que este es un primer paso en la adquisición de conocimiento. Después, el hombre sale al exterior, abandona la cueva, la caverna, en donde observa primero los reflejos y sombras de las cosas y las personas, para luego verlas directamente. Finalmente, el hombre observa las estrellas, la luna y el sol. Sócrates sugiere que el hombre aquí razona de forma tal que concibe a ese mundo exterior como un mundo superior, el mundo de las ideas.
El hombre entonces regresa para compartir esto con los prisioneros de la caverna, ya que siente que debe ayudarles a ascender al mundo real, a ellos también, que tengan esa experiencia de realidad. Cuando regresa a la caverna a por los otros prisioneros, el hombre no puede ver bien porque se ha acostumbrado a la luz exterior. Los prisioneros piensan que el viaje les ha dañado, les ha perturbado, y no desean acompañarle fuera. Platón, a través de Sócrates, afirma que estos prisioneros harían lo posible, lo imposible, para evitar dicha travesía, llegando a matar a quien se atreviera a intentar liberarlos.
Los prisioneros son una metáfora de las personas que están férreamente atadas a sus percepciones y a las imágenes que se representan. Las sombras son el mundo físico que él percibe y que creen que es el conocimiento verdadero. Sin embargo, aquello que observa dentro no es más que un conocimiento subjetivo. Cuando uno de los prisioneros se libera de sus cadenas y sale de la caverna, este viaje representa su ascensión al mundo inteligible, en donde adquiere el verdadero conocimiento, el "aletheia" moderna.
El problema sobre la apariencia y realidad se planteará en la lucha entre el racionalismo y el empirismo. ¿Cuál es la auténtica realidad? ¿Aquella que captamos con la razón o la que nos muestran los sentidos? Descartes, autor del siglo XVII, y los racionalistas defenderán que es la razón la fuente primordial de conocimiento y que existe una intuición intelectual que nos permite captar la realidad en metafísica, aquellas que no se captan con los sentidos. Ejemplo de realidad de este tipo son las sustancias, o Dios, o el alma. Sustancia, Dios o alma serían realidades metafísicas, realidades que no se captan por los sentidos.
Los empiristas, como David Hume, autor del siglo XVIII, negarán que exista una intuición intelectual a qué se refieren los racionalistas. Para los empiristas, solo es válida la intuición sensible, es decir, la intuición de lo que se capta por los sentidos. La mente, al nacer, es como una hoja en blanco que poco a poco se va llenando con la información que nos proporcionan los sentidos.
El problema entre apariencia y realidad se reformula con Kant, con la aparición de dos conceptos: fenómeno y noúmeno. El fenómeno es lo que aparece ante nosotros, el mundo tal y como el ser humano lo puede conocer. El noúmeno es la realidad tal y como es en sí misma, con independencia de nuestro conocimiento. El ser humano solo puede conocer el fenómeno, nunca el noúmeno. Para Kant, no podemos conocer el mundo tal en sí mismo, sino el mundo fenoménico, el mundo filtrado, ordenado, categorizado por nuestro modo de conocer. El tiempo y el espacio, por ejemplo, no nos pertenecen a la realidad en sí misma, sino que son la única manera que tiene el hombre de conocer las cosas. El ser humano es espacio-temporal, solo así puede conocer la realidad en un lugar y en un tiempo determinado. Espacio y tiempo no pertenecen a la realidad, sino al modo de ser del sujeto que conoce.
Bueno, pues en este punto, hablando del problema entre apariencia y realidad, hemos llegado al final de la clase de hoy. Me despido de ustedes hasta la próxima ocasión, que será la segunda sesión de esta unidad didáctica. Efectivamente, aquí termina la primera sesión de esta unidad didáctica sobre la explicación metafísica de la realidad. Espero que la clase os haya resultado útil y provechosa. Os agradezco la atención prestada y os emplazo para la próxima sesión. Un saludo a todos y a todas.
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