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El qué dirán... - Sabiduría Psicodélica

Sabiduría Psicodélica19:21

Transcription

[Música] Estás escuchando Sabiduría Psicodélica, por Yanina Tomasini. Hola, hola ¿cómo están, amiguitos? Bienvenidos al onceavo episodio de Sabiduría Psicodélica. ¡Unos episodios qué locura! Todos estos temas que se han generado en este espacio son observación de mi día a día. Todo el material les viene de la observación de diferentes cosas, así que le quiero agradecer a mis amigos que me comparten sus historias, a mis clientes del sapo que me comparten sus historias, a mi familia, a mi marido, a todos los que abren la boca y me comparten cosas; porque gracias a eso es de donde yo saco todos estos materiales: de la experiencia personal, del día a día.

Y yo creo que todos podríamos aprender muchísimo más si prestamos más atención a todo lo que nos rodea. Todo está enseñándonos constantemente. No hay un solo segundo en tu vida en el que no estés evolucionando, transmutando, convirtiéndote en otro ser. No, entonces solamente es cuestión de prestar atención para poder generar contenidos. En el tema de hoy es el “qué dirán”, y esta frase del “qué dirán” me suena como a canción de Chayanne. [Risas] El qué dirán, el qué dirán. Pero pues es así, o sea, es igual de absurdo enfocar tu energía en el “qué dirán” que una canción de Chayanne. ¿Qué es el “qué dirán”? No sé por qué nos importa tanto que opinen de nosotros.

Yo me pregunto: ¿cualquier persona que ya esté muerta creen que está desde el cielo observando y diciendo: “No mira, Juani Tico, que te están diciendo cosas de mí. Debió haber sido de tal manera, o debía haber corregido este o el otro”? Te mueres y valió madre, o sea, dejen de estar enfocando tanto tiempo en lo que dice la gente de ustedes. Nada de eso importa. Y al final de cuentas, ¿por la gente que critiques? No, o sea, como que toda persona que esté generando juicios con respecto a la vida de los demás, pues ¿qué pedo? Porque bastante difícil es ser ser humano, y que no haya entendido esta lucha, pues es alguien que no ha comprendido nada. Yo observo a los demás en esta lucha y me observo a mí misma, y me observo con compasión. Me observo como: “Venga ya, ni nada, tú puedes, venga, logras que un día más, ¡qué chingón! No te traumas, te… no te tomaste nada personal, ¡qué padre!” Pero todos tenemos estas ganas, ¿no? Y creo que eso es algo muy bonito y muy sagrado que debemos de respetar: la lucha personal de cada individuo. Nunca sabemos quién está en frente de nosotros, nunca sabemos por qué está pasando lo que está pasando a la persona que está en frente de nosotros; así que juzgar o criticar, pues viene desde un lugar muy… tenemos que parar la crítica y tenemos que parar la cantidad de tiempo que invertimos en el “qué dirán”.

Me gustaría compartirles una historia que observé en Instagram. Yo sigo a una blogger de moda –lo que así se llaman, bloggers de moda– que me gusta mucho porque está muy clavada en la cuestión del “werning man”, y es como muy fiestera y se viste increíble. Y pues es un portal a explorar como una vida muy ajena a mí, ¿no? Porque ella es como… como una chava como multimillonaria que se viste en Prada, Fendi, Uach, infor… cosas que yo en mi vida… que se la vive en las fiestas más cabronas del mundo, bla bla bla… ¡hay que padres! A mí la observo y digo: “Wow, qué cool persona”. Y el otro día subió una historia porque ella se fue a Art Basel –les cuento el chiste de la vida a esta persona, pero bueno, es parte del hecho como mucha fiesta, y yo no sé qué– mensajes para esto… esta chava tiene una hijita, y hay épocas que su hijita aparece como mucho en sus vídeos, y hay épocas que como que ya está muy sumergida en la cuestión fiestera y la hijita no aparece en las historias de Instagram. Y no sé qué mensajes recibió esta blogger en lo que se fue a Art Basel, que regresando a Estambul –porque ya vive en Estambul– subió unas historias a Instagram diciendo que no era justo que toda la gente le criticara que era una mala madre, que una madre debería estar con su hija, ¿qué carajos? Así, en las fiestas… que mucha gente le mandó mensajes criticando, básicamente diciéndole que ¿qué hace de pegar? ¿Y por qué no está con su hija dándole chicha? No, casi casi.

Entonces, esta chava que yo la sentía tan empoderada, tan libre, tan chingona… como que toda esta imagen de ella vino abajo cuando vi que subió stories justificándose a ella misma. Y yo me pregunto: ¿quiénes son estos trolls asquerosos que se atreven a mandar una historia juzgando, son un mensaje diciéndole de que eres una mala madre? Ellos, ¿qué carajos saben de la vida de ella? Y ella, ¿por qué empodera estos seres pokemones del infierno que vienen a juzgarla? Yo digo: ¿en qué momento tenemos que justificar nuestra vida a través de las redes sociales? ¿En qué momento nos importa el “qué dirán” a ese nivel? ¿En qué momento la credibilidad de nuestra existencia está en manos de desconocidos? Porque yo aprecio mucho a toda la gente que me escucha, ya mucha gente que me sigue en las redes sociales, pero el 90% de ellos tal vez son personas que yo no sé ni quién son. Entonces, no voy a estar dando una vida para que ellos estén contentos, y yo, al final de cuentas, un día voltee y me sienta infeliz porque soy una mentira. No. Entonces, esta chava, ¿por qué decidió empoderar a estas personas? ¿No? ¿O en qué momento todo lo que ella hace de su vida tiene que ser justificado? Porque ya creó un personaje en las redes sociales que tiene que tener ciertos estándares para entrar en el patrocinio de las marcas, o entrar en el rol de las bloggers de moda: en lo que debe de ser, en lo que no es correcto, en lo que es incorrecto. Y porque tal vez mucha gente que está participando en esto vive de sus redes sociales, ¿no? Porque es un negocio, seamos honestos, esto es un negocio. Bueno, para mí no, yo de esto no… hagan un gesto… pero pero si hay mucha banda que vive de este pedo, ¿no? Y este… y yo pues… esta historia que les… les estoy compartiendo me hizo reflexionar mucho, porque yo digo: ¿qué tanto estamos construyendo en una red que es el internet, que es efímera y que no es real? Al final de cuentas, ¿cuántos de estos contenidos que vemos son contenidos idealizados? O sea, yo tengo muchos conocidos que suben unas fotos a sus redes sociales sin barros, con el pelo perfecto, hasta más delgados, con una ropa como que parece que están en un photoshooting de la revista Vogue, pero que pues en la vida real eso no son ellos. Y que tal vez te dan una imagen de que su vida es muy perspectiva y maravillosa, y yo me sé la historia detrás de ella, lo mejor, y están en cuatro pastillas ansiolíticas, antidepresivos, y su vida es una cosa muy confusa. Entonces, no nos dejemos engañar por todos estos contenidos mentirosos, porque claro, todos estamos pretendiendo subir la imagen perfecta para que el mundo hable de nosotros maravillas y crean que somos un cascabel, y jajajajaja, todo es perfecto, miren mi vida, miren mi bolsita de marca, pero que detrás de ese ser humano… ¿sabe?

¿Por qué no posteamos imágenes más reales sobre nosotros mismos? ¿Qué tanto estamos sacrificando de nuestro ser para complacer a otros? Ese es el problema del “qué dirán”, que un día voltees y digas: “Ay, wey, no sé quién soy”, simplemente por inercia ya estoy cumpliendo los estándares que establecía en este personaje, pero no me estoy dando la oportunidad de salirme del margen de lo correcto o lo incorrecto, ¿no? Porque eso es… o sea, el “qué dirán”, el pedo del “qué dirán”, es que entras como en un sistema de reglas: “Porque así debo de ser, porque en este grupo social en el que estoy debo de callarme, porque en mi oficina tengo que dar una imagen de éxito y compro ropa que no me alcanza, pero tengo que ser este personaje”. Y entonces empiezas a entrar en unos roles innecesarios que sacrifican tu verdadera personalidad, y literal, volteas un día y dices: “¿quiénes Yanina?” El otro día tuve una sesión con un amigo y me decía: “Ay, es que mi novia no puede creer que seas facilitadora de sapo y vayas a…” ¡y yo! ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Supongo que esta mujer se hizo comunidad en su mente de que yo, sí facilitó una medicina sagrada, yo tendría que ser como una monja del Tíbet, ¿no? Y crear como un papel falso en el que no tomo, no como animales, no le tiro mala onda a nadie, soy un ser elevado de conciencia que nunca la caga. Y pues saben que no, hay cierto… o sea, soy un ser humano igual que todos ustedes y no puedo entrar en esas falsedades como de “el ego chamánico”, hay de que: “No, pues es que yo lo hacía, hermanos, y yo… todo en mi vida es en…” y solo prendió incienso y solo hablo de espiritualidad… ¡qué web away! O sea, no puedes crear esos pinches falsos personajes de perfección por el “qué dirán”, para darle gusto a una persona. Discúlpenme, pero imagínense, a cada individuo tiene una opinión distinta de todo, ¿no? Entonces, ¿cómo le vas a dar gusto a la sociedad? Si al final de cuentas, pues no hay una cuestión uniforme. A lo mejor hay una persona que dice: “Mi facilitadora de sapo debería de vestir de blanco”, y yo he visto de colores como arcoíris. O alguien dice: “Mi facilitadora de sapo debería de ser una mujer casada, nunca divorciada, güey”. ¡También ese súper! O sea, todo, todo, todo son construcciones que nosotros vamos elaborando y haciendo suposiciones, pero nosotros no podemos enfocar nuestra energía en darle gusto a los demás, porque se te va la vida en ello.

Yo el otro día veía a una señora que regresaba del trance del sapo y lloraba y lloraba y lloraba y lloraba, y les juro que lloró como una hora sin parar, a una mujer ya adulta, este… como no, 70, 80 años de edad, y lloraba y lloraba y lloraba. Y le dije: “¿Por qué lloras tanto?” Y me dijo: “Porque me da mucho coraje pensar cuánto tiempo de mi vida desperdicié en darle gusto a los demás”. Y sí es cierto, se nos va la vida en eso. Podrías un día voltear y decir: “Huevos, tengo 80 años y nunca fui realmente quien quise ser. No fui ese ser extrovertido o loco e imprudente si quieres que debiste de haber sido”. No, o sea, porque la experiencia de vida es permitirte este sentir, esta improvisación, esta locura que tenemos dentro. Que no se nos olvide que somos animales amaestrados, o sea, desde que naces te empiezan a decir: “No vayas a gritar en este lugar, no debes de decir eso, no comas con las manos, no pintes la pared”, y te empiezan a amaestrar, o sea, como que te limitan de muchas maneras, y desde ahí empieza como sistema de creencias y de limitantes que no te permiten explorar tu lado animal. Hoy de… pero somos animales vestidos con ropita mamona, o sea. Entonces, esta cosa como de ideal… el “qué dirán”, y ahí tengo que ser de esta el modo, es tan innecesario. Yo creo que ahorita de manera mundial está viendo un fenómeno que reconozco constantemente, que es que nada es suficiente. No, como que tal vez eres la mamá perfecta que hace lonche, que lava la ropa, que lleva a sus hijos a terapia, que se viste hermoso, que hace ejercicio, que cocina pastelitos en las tardes, y que aún así sigue sintiendo en el fondo de tu corazón que no eres suficiente, porque siempre va a haber alguien más subiendo un stories extra en el que lleva a sus hijos a viajar por el mundo, y entonces tú ya te sientes completamente… norte… avaí. Creo que eso falta, ese elemento falta en mi vida, entonces no estoy siendo suficiente. Me toca ver también eso mucho en la gente, que es como: “El éxito profesional era llegar hasta aquí”, y cuando llegan ahí y tienen cierta cantidad de barro y cierto estilo de vida, yo creo que no es suficiente, me falta aún más. Entonces, “¡Nave suficiente, wey!”, y estás viviendo en un sistema en el que estás angustiado todo el tiempo porque siempre puede haber más. Pero este fenómeno es culpa de no saber vivir aquí y ahora, porque siempre estamos pensando en el futuro, en el que vamos a subir al rato al internet, porque todo también es culpa del internet, y estamos todo el tiempo pensando en el futuro, pero no estamos aprendiendo a estar en este momento. En este momento estoy aquí, estoy haciendo esto, este es… este es el ser humano que soy, y es más que suficiente. No hay que entrar en estos rollos, amiguitos. Esta sociedad, este modelo social de perfección, pues es una ilusión óptica, porque la neta es que, pues ¿qué es lo que significa perfección? O sea, piensa en la palabra por sí misma, es muy vaga. Yo creo que sirve bastante dejar este rol de perfección por un rato. Ahora yo, que estuve adentro del “werning man” y me desconecté varios días, y que uno se siente tan fundamental y tan necesario… te desconectas ocho días y sales y te das cuenta que el mundo no colapsó sin ti, o sea, que no tienes que estar subiendo nada, ni tienes que estar compartiendo nada, ni tiene que estar… te importando lo que digan de ti, y todo sigue funcionando y todo sigue su curso. ¡Qué rico! La neta es desconectarse un rato de esta necesidad imparable de atención, ¿no?

Bueno, por último, en este episodio me gustaría compartirles que hay una alarma en Instagram que te puede decir todos los días cuánto tiempo estás conectado en esta red. Yo creo que sería bueno que veamos cuánto tiempo en nuestra vida estamos invirtiendo en esto, porque está del terror enterarte de cuánto… vayan a la parte de su perfil, y en la parte derecha de hasta arriba hay unas rayitas con una como notificación; ahí le dan, en “Tu actividad”, y en la actividad dice: “Mi tiempo diario de Instagram es de una hora, 12 minutos”. Una hora, 12 minutos de mi día se está yendo en esta madre, o sea, ¡qué locura! Y en la parte de abajo hay una cosa que dice: “Programar recordatorio diario”, y entonces diario te puede decir: “Ya rebasaste… la media hora, rebasar el tiempo que ustedes quieran establecer”. Pero yo creo que sí sería bueno que tengamos esto presente, porque nos está importando mucho este medio, y nos está importando mucho lo que observa la gente de nosotros a través de este medio, y tal vez poner una alarma nos podría disminuir este… este vicio, ¿no? Porque si es un vicio, ¿no? Enfoquen su energía en el “qué dirán”. Cuando mueran, nada de esto va a importar más que sus buenas acciones, pero en la vida real, y no qué bolsita atraen, y que de eso se dan con su marido para que parezca la relación perfecta, y a lo mejor y se agarran del chongo todo el día. Sean seres más auténticos, libérense de tanta cosa y enfoquen su energía en el momento presente. Yo creo que la meditación es fundamental para educar la mente, estar aquí. Nunca vas a callar tu cerebro si no lo enseñas a callarse, y la meditación es justo eso, es justo decirle a la mente: “Te callas y te enfocas en respirar”, y vas educando a la mente a tranquilizarse y no estar tan sediento de tantas pendejadas que no necesitamos. Vale, les mando mil besitos, mil abrazos, espero sus comentarios a través de mi Instagram, que lo… a través del Instagram que tanto les estamos criticando a… casete… Art… ahí estoy para servirles, su servilleta Yanina Tomasini, les mando besos y abrazos. Adiós. [Música]