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Las 8 Etapas de desarrollo Psicosocial de Erik Erikson cómo evolucionamos psicológica y socialmente

Psicología Animada8:59

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En la psicología del desarrollo, la teoría del desarrollo psicosocial de Erick Erickson es una de las teorías más extendidas y aceptadas. A continuación, vamos a describir algunas de sus fundamentaciones, así como sus etapas y conflictos.

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Ericsson siente con Freud la relevancia que este último otorgó al desarrollo sexual para explicar el desarrollo evolutivo del individuo. Ericsson entiende que el individuo, a medida que va transcurriendo por las diferentes etapas, va desarrollando su conciencia gracias a la interacción social. Por ello, propone ocho etapas de desarrollo.

La primera: confianza contra desconfianza, que va del nacimiento al año y medio. Este estadio depende de la relación o vínculo que se haya creado con la madre. Si la madre satisface sus necesidades adecuadamente y le provee un ambiente seguro y con un adecuado nivel de bienestar, el niño aprenderá que el mundo es un lugar confiable. De otra forma, el niño sentirá desconfianza hacia el mundo y las personas que le rodean, y eso le puede llevar a sentimientos de frustración, sospecha o insensibilidad por lo que ocurre en un entorno del que espera un poco o nada.

Segunda etapa: autonomía contra vergüenza y duda, del año y medio a los tres años. Aquí el niño comienza su desarrollo cognitivo y muscular. Aprende a caminar, hablar, controlar sus esfínteres, entre otras cosas. Al poder completar tareas por sí mismos con éxito, obtienen un sentido de independencia y autonomía. Así, al permitir que los niños tomen decisiones y ganen en control, los padres y cuidadores pueden ayudar a los niños a desarrollar un sentido de autonomía. Los niños que completan esta etapa con éxito suelen contar con una autoestima sana y fuerte, mientras que los que no lo hacen suelen quedarse con una sensación de caminar sobre un suelo demasiado inestable.

Etapa 3: iniciativa contra culpa, de los 3 a los 5 años. Aquí crece el interés por todo lo que le rodea y por relacionarse con sus iguales. El juego adquiere una gran importancia y los niños que tienen éxito en esta etapa se sienten capaces y confiados para guiar a otros. Aquellos que no logran adquirir estas habilidades sociales es probable que se queden con un sentimiento de culpa, dudas y falta de iniciativa. La culpa es buena en el sentido de que sirve para reconocer que algo se ha hecho mal. Sin embargo, la culpa excesiva e inmerecida puede hacer que el niño descarte desafíos por no sentirse capaz de afrontarlos. El sentimiento de culpa es uno de los nutrientes más importantes del miedo.

Etapa 4: laboriosidad contra inferioridad, de los 5 a los 13 años. En este periodo aparecen las comparaciones con los demás, el querer hacer infinidad de actividades y planes. Los niños ya son capaces de reconocer sus habilidades y las de sus compañeros y quieren ponerlas a prueba continuamente. Insisten en enfrentarse a tareas más desafiantes, quieren apuntarse a todas las actividades habidas y por haber. Surgen los enfados cuando pierden en un juego o una competencia. Es importante ofrecerles una estimulación positiva por parte de padres, profesores y amigos, no subiéndoles demasiado la autoestima al grado que tengan expectativas irreales sobre sus capacidades, pero tampoco señalarles únicamente sus errores y defectos, ya que esto lo llevará a una sensación de inferioridad del tipo "todo lo hago mal" o "no soy lo suficientemente bueno". Si este eco de inferioridad no se aborda adecuadamente y el niño no recibe ayuda para la gestión emocional de sus fracasos, puede optar por descartar cualquier tarea que sea difícil por miedo a volver a vivir esa sensación. De aquí que sea tan importante considerar el esfuerzo del niño a la hora de valorar una tarea, sin importar tanto el resultado obtenido.

Etapa 5: exploración de la identidad contra difusión de la identidad, de los 13 a los 21 años. Durante esta fase, el adolescente se pregunta continuamente una sola cosa: ¿quién soy? Es el momento en que comienza a moldear su propia personalidad, elige a quien quiere parecerse y qué rol quiere desempeñar en la sociedad. Para ello, la vida social adquiere un papel muy importante. Aquí debemos permitirle cierta independencia, darles más libertad de elección y de acción, pues ya no es un niño, pero hacerle ver que la libertad va de la mano con la responsabilidad.

Etapa 6: intimidad contra aislamiento, de los 21 a los 40 años. El entorno y la vida social empiezan a dejar de ser tan importantes durante estas edades. Se empiezan a trazar ciertas líneas invisibles sobre aspectos que la persona ya no está dispuesta a sacrificar por agradar al resto. Una vez que las personas han establecido sus identidades, están listas para hacer compromisos a largo plazo con los demás. Se vuelven capaces de formar relaciones íntimas y recíprocas y voluntariamente hacen los sacrificios y compromisos que tales relaciones requieren. Si durante esta etapa las personas no encuentran un compañero, es posible que se sientan aisladas o solas. El aislamiento puede crear inseguridades y un sentimiento de inferioridad, ya que las personas pueden pensar que hay algo malo en ellas.

Etapa 7: genera actividad contra estancamiento, de los 40 a los 60 años. Genera actividad significa cuidar a las personas más allá de sus seres queridos directos. En esta etapa, las personas reconocen que la vida no se trata solo de ellos mismos, sino que tratan de hacer cosas que trasciendan en la sociedad a través de sus acciones. Esperan hacer contribuciones que se conviertan en un legado. Cuando alguien logra este objetivo, recibe una sensación de logro. Sin embargo, si no se siente que ha contribuido al panorama general, entonces puede pensar que no he hecho o no está capacitado para hacer nada significativo.

Etapa 8: integridad del yo contra desesperación, a partir de los 60 años. La forma de vivir se altera completamente. El individuo ya no es tan productivo como antes y no se puede evitar echar la vista al pasado. Esta mirada hacia tiempos anteriores puede evocar nostalgia y desesperación o, por el contrario, la sensación de que ha merecido la pena lo logrado. Tener una visión u otra nos hará afrontar los cambios físicos de la vejez y los duelos propios de esta etapa de una forma más o menos positiva.

Una de las fortalezas de la teoría psicosocial es que proporciona un marco amplio desde el cual ver el desarrollo a lo largo de toda la vida. También nos permite enfatizar la naturaleza social de los seres humanos y la importante influencia que tienen las relaciones sociales en el desarrollo. Sin embargo, esta teoría puede ser cuestionada sobre si sus etapas deben considerarse como secuenciales y solo ocurren dentro de los rangos de edad que sugiere. Existe un debate sobre si las personas solo intentan definir su identidad durante los años de la adolescencia, si una etapa no puede empezar hasta haber cerrado completamente la anterior, tampoco detalla exactamente qué tipo de experiencias son necesarias en cada etapa para resolver con éxito los conflictos y pasar a la siguiente.

Y bien, ¿qué piensas de esta teoría? Cuéntanos en los comentarios lo que te pareció más relevante. Y recuerda que si necesitas ayuda psicológica, puedes contactarme a través de mis redes sociales. Mi nombre es Fernando Rodríguez, psicólogo estratégico, y nos vemos en otro vídeo. ¡Hasta la próxima!